Capítulo 1 – El regreso a mi "Hogar"
Mi nombre es Katniss Everdeen. Mi hogar es el distrito 12. Estuve en los Septuagésimos Cuartos Juegos del Hambre. Fingí estar enamorada para poder sobrevivir y lo logramos. El Presidente Snow nos condenó. Volvimos a la arena en el Vasallaje de los Veinticinco. Escape. Peeta fue capturado por el Capitolio. Viví en el Distrito 13. Rescataron a Peeta. Peeta intento ahorcarme. Fui el Sinsajo. Me entrene para derrocar al Capitolio. Mi hermana fue asesinada por una bomba detonada por Coin, la presidenta del Distrito 13. Mate a Coin. Me perdonaron la vida creyendo que estaba mentalmente desorientada. Volví al Distrito 12.
Sangre, Prim, bombas., personas muriendo. Es lo único que puedo ver ante mis pesadillas. No puedo dormir, no puedo cerrar los ojos sin que esos recuerdos vuelvan a mí. Y solo hay una persona que puede lograr que mis noches sean tranquilas. Peeta. Pero no está, tiene que seguir su tratamiento en el Capitolio, estoy solo, mi madre… se fue al Distrito 4 para ayudar en un nuevo hospital en lugar de regresar al Distrito 12, era demasiado doloroso regresar aquí para ella.
Donde Prim vivió, saber que ella recorrió estas mismas paredes. Me mata, me consume por dentro. Y Gale, bueno él se fue al Distrito 2, donde trabaja para los militares. No lo culpo por la muerte de Prim. Después de todo no fue el, fue su bomba, pero él no la lanzo, fue Coin, así que no hay nada que perdonar.
Haymitch, pues él se la pasa bebiendo todo el alcohol que las míseras monedas le permiten comprar, yo también lo haría, emborracharme para tratar de olvidar, pero no serviría de nada si después de estar "sobrio" vuelves a la realidad. Effie está en el Capitolio, o lo que queda de él, después de la guerra y de que todos los ciudadanos se volvieran locos y colapsara por completo.
Me despierto de mi "sueño" no sin antes concluirlo con un grito desgarrador por las pesadillas, el sudor corre por mi frente y mis mejillas, saco los pies de la manta y los coloco en el frio suelo, saco las ropas mojadas de mi cuerpo quedándome en ropa interior, cojo una bata color celeste de seda que está descansando sobre el respaldo de una silla y salgo de la habitación escaleras abajo para salir por la puerta principal por aire fresco.
Levanto mi mirada y observo como el sol se va poniendo, como sale de las grandes montañas dejando ver unos cuantos rayos de luz, la luz grisácea de las mañanas mientras el aire frio me congela la sangre y pega sobre mis mejillas. Jamás había salido a ver un amanecer desde que volví al Distrito, solo divagaba por la habitación hasta calmarme o bajaba por un vaso de agua para quedar rendida de nuevo en el sofá donde la luz y el calor de la chimenea me hacían sentir a salvo.
Observo a mi alrededor y mis ojos se clavan en la casa de Peeta, tan sola, vacía, sin ninguna luz en su interior y no puedo evitar pensar en que ya no tiene familia, perdió a sus padres y sus hermanos durante el bombardeo, así que nuestra situación es más o menos la misma. No puedo evitar recordar mis primeros Juegos del Hambre, el dolor en los ojos de Peeta al saber que todo fue una farsa sobre los amantes trágicos y la mugrienta estacioncita; que ahora está reducida a cenizas.
-¿Una última vez? ¿Para la audiencia? como empezó a alejarse de mí, como tome su mano para la cámara y ese temor por el momento en que no me quedaba más remedio que dejarlo marcar. Supongo que lo quería desde entonces pienso.
Es extraño no tenerlo aquí, sus sentido del humor, su olor a canela tan familiar, sus latido de su corazón que eran un arrullo para mí en las noches, sus brazos alrededor de mi… alejo todo eso de mis pensamientos porque es tan duro pensar que no volverá a estar ese Peeta a mi lado.
-Hola, preciosa- dice Haymitch apareciendo en el umbral de su casa con una botella de licor en la mano y lleno de porquería sobre sus pantalones.
-No estoy de humor, Haymitch- le contesto mientras bajo las escaleras del porche y me arrodillo en lo que era un pequeño jardín empezando a arrancar las hierbas con rabia
-Y cuando lo estas, cielito- dice mientras escucho sus pasos y el crujir de la nieve bajo ellos
-Solo vete- le escupo. Empiezo a desquitarme más y más con las plantas
-Vamos Katniss, tu estas sola, yo estoy solo, hablar no le hace daño a nadie ¿O sí?-
No le contesto, ya que acabo con las hierbas continuo con las flores. Primroses, Prim, mi hermana. Como odio al Presidente Snow, a Coin, me la quitaron, me ofrecí voluntaria precisamente para salvarla ¿Y qué conseguí? Una rebelión y que acabara muerta.
-Katniss- toma un trago de su botella –Las flores no te han hecho nada, deberías buscar otra cosa para canalizar tu ira…o ya veo…Primrose ¿No es así?...bueno, supongo que aun después muerto Snow sigue causando daño-
Me levanto tan rápido de donde estoy que me mareo un poco por tan repentino movimiento –Solo cállate Haymitch, cierra tu maldita boca… ¡Debí haber huido cuando Gale me lo dijo, debí haber ido con él, haber llevado a Prim y a mi madre conmigo al bosque! ¡Nada de esto hubiera pasado!-
-Y entonces estarías muerta- dice dándole otro gran trago a la botella
Miro por todos lados y encuentro una piedra sobre el suelo, no pienso, solo la cojo y se la arrojo a Haymitch haciendo que su botella se rompa y que se derrame el alcohol sobre él.
Coloca sus ojos sobre mí, llenos de furia y sé que lo que hice estuvo mal -¡Nada habría evitado que el nombre de tu hermana saliera elegida! ¡Llámalo suerte o destino o como sea pero hubiera salido elegida aun si hubieras huido o no! ¡Y entonces las buscarían y las encontrarían en ese maldito bosque!-
-¡No nos encontrarían!- le grito con furia yo también
-¡¿A no?!-
-¡No!-
-Pues sea como sean las cosas Katniss, pasan por alguna razón. Liberaste a todo Panem, ya no hay más juegos, por fin podemos vivir sin miedo en que manden a más jóvenes a esa "celebración" horrible, tal vez no haya salido como esperabas pero lo lograste, hiciste toda una rebelión y lo lograste-
-Pero a que costo Haymitch- digo mientras me acerco a las escaleras de la entrada de mi casa y me dejo caer en ellas
-Solo piénsalo, preciosa…ser el héroe tiene sus sacrificios y en esta batalla te toco ser a ti el que nos salvara-
-Yo no quería nada de esto- recargo mis codos en las rodillas y mi cara en los puños para ocultar la acidas y calientes lagrimas que caen de mis ojos
-Nadie lo quería- dice mientras se aleja hacia su casa.
