Capítulo 3 - Peeta
Después de que Effie se fuera volví a quedarme sola. Sae viene cada mañana con comida a asegurarse de que la coma realmente y se va hasta que mi plato está un poco más abajo de la mitad. Las pesadillas no paran de surgir, si tan solo hubiera tomado la pastilla Jaula de Noche ya estuviera muerta y no tuviera que estar sufriendo.
Tomo una ducha y después decido ponerme unos pantalones, mis botas y la chaqueta de mi padre, luego me trenzo el pelo como mi madre le enseño a Cinna y después salgo por la puerta principal en dirección al bosque. Hoy, tengo que poder cruzar, me estoy condenando a mí misma en este encierro
Escondo la nariz y la boca en la bufanda de lana que me coloque alrededor del cuello antes de salir, volteo hacia abajo y observo como las cenizas me ensucian las botas. Escucho el sonido de los rieles de tren y el silbato de este. Ya debe de funcionar la estacioncita. Continúo caminando y justo cuando levanto la vista, ahí está. Peeta.
Es el su pelo rubio ceniza que cae en ondas sobre su frente, ojos azules, piel pálida, contextura robusta con una pequeña maleta agarrada sobre la mano derecha. Lo miro y el me mira, doy un paso al frente y el también hasta que estamos uno frente al otro.
-Katniss…- dice en un susurro
-Volviste-
-Al parecer si-
Logra sacarme una diminuta y débil sonrisa –Creí que estarías más tiempo en…tratamiento-
-Dicen que estaré bien, que volver me hará recordar quien soy o quien era antes de…- deja la frase sin terminar pero ya se lo que trataba de decir sin necesidad de hablarlo.
Asiento, no hay nada más que decir.
-¿Iras al bosque?- asiento -¿Y…y Gale te está esperando?-
Frunzo el ceño, que pregunta tan rara –No, él se fue al Distrito 2 justo después de que volví-
-¿Y tu madre?-
-Ella…ella se fue al Distrito 4, no soporto la idea de volver aquí donde los recuerdos de Prim nos ahogan la mente-
-Y tu si- me dice con la mirada vacía.
Me encojo de hombros –Este siempre ha sido mi hogar, mi padre vivió y murió aquí, no soportaría la idea de irme-
El asiente con la cabeza.
-Bien- dice después de un largo silencio incomodo –Creo que iré a mi "casa"- dice aplicándole ironía a la palabra "casa"
-Está bien, adiós Peeta- le digo
-Adiós Katniss-
Peeta
Ella. Con su pelo ondulado y castaño, amarrado en una trenza, con su hermosa piel olivácea y sus profundos ojos grises. Ella. Tan…muto. No, muto no. Tu muto, no yo no. Presiono mi cabeza por la parte de mis sienes para olvidar todo esto, aún tengo ataques, les dije que no me podría controlar pero insistieron en que estaría bien. Me da miedo levantarme en la noche con uno de ellos e ir hasta la casa de Katniss y matarla por mi descontrol.
No, no podría soportarlo, me dirijo hacia una esquina de la habitación y me voy resbalado sobre la pared hasta quedar hecho bolita en la oscuridad. Tapo mis orejas con las manos. Muto…ella…culpable. ¡No! Las palabras no dejan de controlar mi mente, aprieto los ojos con fuerza hasta que me duelen y estos se ven rojos, inyectados en sangre, pateo una mesa que está cerca de mi mientras escucho un estruendo que me hace abrir los ojos.
Una foto de mi padre se encuentra con el vidrio roto sobre el suelo. Mi padre un hombre de hombros anchos, con cicatrices de quemaduras de años por el horno, de buen corazón, respetuoso, y algo flexible, aunque permitía que mi madre hiciera lo que quería, inclusive golpear a sus hijos, era un buen hombre, comprensivo y cariñoso.
Y mis hermanos… los extraño mucho, mi familia… ya no existe, todo por culpa de ella, no Peeta, ella no… fue Snow. ¿Cuál era la frase? ¿Cuál era? ¿Cuál? Ah sí No soy una pieza de sus juegos lo termine siendo. No, no lo soy. Continuare con mi vida, yo puedo.
Y Katniss… está sola, igual que yo, viviendo en una espantosa y grande casa, vacía y llena de recuerdos. Decido que no puedo hundirme en esto y que tengo que hacer algo por Katniss, que algo me atrae a ella. Salgo de la casa y me dirijo a la parte de atrás para coger una vieja carreta y una pala oxidadas por el tiempo. De algo servirán pienso.
Voy hacia el bosque en busca de Prímulas, esto podrá honrar la memoria de Prim. Es tan irónico que los dos seres que Katniss quería tanto; Su padre y Prim, hayan muerto en una explosión. Empiezo a cavar en la tierra cuidando no estar muy lejos del Distrito. Ahorita ella debe de estar en el bosque, cazando o tratando de aceptar lo que hay. Coloco las flores con todo y tierra sobre la carreta para luego llevármelas. Las personas me saludan sorprendidos de que haya regresado al pasar por la plaza y me dan sus condolencias. Yo solo respondo con un asentimiento de cabeza, sus lo siento no me devolverán a nada así que preferiría que se los guardaran.
Llego a la aldea de los vencedores y me paro justo enfrente de la casa de Katniss, miro hacia el suelo y las hierbas fueron arrancadas a lo loco, como si se hubieran desquitado y junto a ellas hay unas flores secas que fueron arrasadas de sus raíces, saco la pala nuevamente y un pequeño rastrillo para raspar y limpiar la tierra, después comienzo haciendo pequeños hoyos en el suelo.
En total son 13 flores, justo la edad que Prim tenia, espero que Katniss no se enoje por esto. Planto las flores y justo cuando estoy por la penúltima escucho unos pasos detrás de mí
-¿Qué haces?- me pregunta Katniss
-Plantando flores- le digo
-Si ya sé, pero ¿Por qué?- volteo a verla y observo que sus ojos están brillando por las lágrimas que quieren salir de sus ojos
-Pensé que sería algo bueno para honrar a Prim- ella asiente –Son…13 en total, la edad que ella tenía-
Ella frunce el ceño y puedo ver el dolor que pasa por su cara, toma aire para recomponerse pero aun así no lo logra –Esta bien- dice mientras continua su paso y entra en la casa.
Empiezo a plantar la última flor cuando escucho gritos dentro de su casa -¡¿Qué haces aquí gato estúpido?! ¡Ella no está, no volverá! ¡Está muerta, escuchaste! ¡Muerta!- después escucho platos romperse y es cuando realmente me preocupo, veo que abre la puerta de la entrada y sale por ahí un gato escuálido, Buttercup. Ese gato sí que tiene 7 vidas, pienso.
Escucho más cosas romperse y luego silencio total, me preocupo así que me levanto y me dirijo hacia la casa, subo las pequeñas escaleritas de porche y abro la puerta. Las sillas, plato, mesas, todo está regado por el suelo, veo un libro abierto sobre una hermosa planta que parece ser curativa, pintadas a mano, lo hojeo y tiene muchas hojas en blanco, supongo que era de su padre y cuando el murió… escucho los llantos de ella, que se encuentra sobre la mesa de la cocina recargada.
Me acerco poco con cuidado de no pisar los vidrios pero hago un pequeño ruidito y por supuesto ella se sobresalta, en cuanto me ve limpia las lágrimas de su rostro intentando parecer más fuerte.
-Peeta- dice –No te escuche llegar-
-Escuche gritos- le explico mientras dejo el libro sobre la mesa
-Si- comienza mientras se cruza de brazos –Ese gato siempre me ha molestado-
-Siempre te ha molestado, o, es porque te recuerda a alguien- digo con cautela
Una lagrima resbala por su mejilla –Creo que la segunda…- dice –En fin, ¿Ya terminaste de plantar todas las flores?-
-No, escuche gritos y muchas cosas rompiéndose y me preguntaba si estaba bien-
-Lo estoy Peeta, gracias por preocuparte-
-Está bien- digo mientras me dirijo hacia la puerta para irme
-Peeta- escucho que me llama antes de salir
-¿Si?-
-¿Te quedarías conmigo?- pregunta poniendo sus ojos en mi
Hola chicos :3 aquí esta el nuevo episodio, espero que lo disfruten, comenten por favor no les cuesta nada solo escribir ¡Hasta el fin de semana! ¡Bye! .lll.
Asiento mientras me acerco a ella, extiendo los brazos y ella va en busca de ellos para fundirnos en un abrazo protector, ella coloca su cabeza en mi pecho y yo hundo la mía en su largo y castaño cabello.
-Siempre- le susurro
