Capítulo 5 – Culpa

-¿Peeta?... – solo vi como los músculos de su espalda se tensaron, quedo paralizado completamente, no me respondía, no hacía nada -¿Peeta?... – lo llamaba a través de la blusa a causa del olor.

Sus manos que estaban a los costados las apreto en puños, de tal manera que la vena de su brazo resaltaba por la fuerza. Me acerque poco a poco hacia donde él estaba, mientras el olor era más fuerte. Me asome encima del mostrador para dar paso a una imagen que inundo mi mente de terror y... culpa.

Cuatro cuerpos. Cuatro cuerpos se encontraban tirados en el suelo cubiertos de gusanos, en estado de descomposicion, no se podía reconocer quienes eran, pero yo y Peeta, sí. Era su familia. Peeta tenía ante sus ojos a su familia muerta. Las lágrimas amenazaban por salir de mis ojos… esta imagen lleno mi mente de recuerdos de mi padre, no lo vi, nada quedo de, el después de la explosión pero… definitivamente prefiero eso a esto, no reconocer a la persona, verla como se pudre lentamente la carne que alguna vez estuvo viva. Pero esto no se compara a perder a un padre a toda tu familia.

Lleve mis dos manos a mi boca, mientras un grito ahogado se perdía entre mis cuerdas vocales, alce la vista hacia Peeta, sus ojos estaban rojos, lagrimas calientes que hacían que mi corazón se partiera más y más cada vez que caía una, resbalaban por sus mejillas.

-Peeta… - trate que mi voz sonara fuerte, pero en el último momento se quebró

Volteo a verme, había furia en sus ojos, tanto odio que me hizo retroceder un paso -¿Peeta?- lo llame.

Y entonces se abalanzó sobre mí…

Cerré mis ojos. Y pensé que si moría, estaría bien, porque sería Peeta el que me matara. Pero no lo hizo para hacerme daño, me rodeo con sus fuertes brazos y hundió su cara en mi cuello, me abrazo, mientras lloraba en mi hombro. ¿Qué podía hacer? Jamás había sido buena con las palabras y este momento no era la excepción

-Peeta, yo…-

-No- dijo interrumpiéndome –No digas nada. Solo… solo abrázame- y lo hice, lo abrace tan fuerte como si mi vida dependiera de ello. Segundos, minutos… no sé exactamente cuánto tiempo estuvimos abrazados.

-¿Peeta, talvez… - dije para romper el silencio –no crees que deberíamos… enterrarlos… darles una muerte… digna?-

-Sí, eso creo-


Después de eso, Peeta no me permitió quedarme con él, le dije que le ayudaría, que él no podría solo, no me dejo y me mando a casa, por una parte lo entiendo, son su familia de la que se está despidiendo, pero por otra, me duele que no me permitiera haberme quedado a su lado. Lo que quedaba de día me refugie en mi habitación esperando a Peeta, me levantaba cada tanto tiempo a observar por la ventana esperando su llegada.

Empezó a nevar, la noche estaba cayendo y la preocupación me invadio, estaba a punto de ir a buscarlo cuando lo vi entrar a la aldea de los vencedores, arrastraba sus pies sobre tierra y nieve, decaído y triste. Al llegar a la altura de nuestras casas, solo cayo, cayo de rodillas en el suelo, me dolía verlo así, atrapo su cabeza entre sus manos y empezó a balancearse cual mecedora. Minutos pase junto a la ventana con los pies descalzos en el piso helado observándolo, hasta que por fin se levantó, lo vi vacilar por un momento para después terminar yendo a sus casa.

Se fue pensé.

¿Y que esperaba después de todo? Fue mi culpa. Todo es mi culpa. Fue mi culpa que Prim muriera, se suponía que la salvaría, la mantendría con vida a ella y a Peeta. Fue mi culpa despertar a la serpiente en forma de Presidente Snow, por no haber comido esas bayas en la arena, debí de haber dejado que el solo viviera, la destrucción de todo un distrito, niños, familia, mujeres y hombres ¡Me culpo! Y Peeta no tiene familia por esa razón ¡Si tan solo él hubiera vivido y no yo! Podría haberme superado, es fuerte, lo se ¡Pero tenía que ser terca! ¡Tenía que probarme a mí misma y probar al Capitolio! Desafiarlo. Puse a todo un mundo en peligro por mi egoísmo y ahora ya no nos queda nada.

Y por eso y muchas cosas más, hoy, dormiré sola con mis pesadillas, con mis demonios. Me dirijo hacia mi cama, sabiendo lo que me espera al cerrar los ojos y colocar mi cabeza en la almohada, me acuesto sabiendo que tarde o temprano el cansancio me ganara y tendré que superarlo.


-Señorita Eveerden, ni los más fuertes, pueden derrocar el poder del capitolio-

Snow. Es la voz del Presidente Snow hablándome por unas bocinas. ¿En dónde estoy? Me levanto del suelo con un terrible dolor de cabeza, dando unos pequeños pasos para estrellarme con una pared de cristal. No puedo ver nada, paso mis ojos por la oscuridad de la habitación, hasta detectar una figura humana al fondo.

-No quiso escuchar- dice

Una luz prende, dejando al descubierto a Snow, sentado en una silla blanca, grande -Como un trono- pienso. Levanta una mano del reposabrazos y pica un botón en una máquina que hace unos segundos no sabía que se encontraba ahí. Puedo observar varios tubos de vidrio. Mi ceño esta fruncido por la confusión.

-¿Qué pretende?- mi voz parece como pito fracasando totalmente en sonar serena y calmada.

No me contesto, solo se limitó a apretar otro botón. En total eran cinco tubos, por los cuales se elevaban cinco personas a las cuales no distinguía.

-¿Qué hay en los tubos?- pregunte

La primera luz se encendió, esa personas es… ¡Prim!

-¡Dios mío! ¡Prim!-

Estaba asustada, lo veía en sus ojos, la desesperación me invadía, golpeaba el vidrio con rabia y sin éxito.

-No puede escucharla, ni verla-

-¡¿Qué va hacer?! ¡No le haga daño!- gritaba dañando mi voz

Solo sonrió, causándome escalofríos, apretó un botón y luego otro. Peeta… mi Madre… Gale… Haymitch… los cinco estaban en los tubos. Clave mi mirada en Snow, haciéndole saber lo mucho que lo odiaba.

Los gritos empezaron -¡Prim!- eran gritos de dolor, mis puños dolían a causa de los golpes que daba al cristal -¡Prim!- no podía ver que le estaban haciendo, y luego se unió otra voz desgarradora -¡Peeta!- y otra -¡Gale!- y otra -¡Madre!- y otra -¡Haymitch!- dolor, solo se podía escuchar dolor -¡¿Qué les estás haciendo?!- pregunte mientras mis lágrimas mojaban mis mejillas

-Un regalo para usted, Chica en Llamas-

Luego algo se hizo más fuerte, un destello de colores rojo, naranja y amarillo. Llamas. Los envolvían a los cinco mientras se retorcían de dolor, como lombrices. Los estaba quemando vivos.

-¡Katniss!- gritaban -¡Katniss, ayúdame!-

-¡Nooo! ¡Ya basta! ¡Ya basta!-

El olor llegaba hasta donde yo estaba, la carne, cabello y piel quemada hacían una apeste peor que los ácidos.

-Señorita Eveerden, las cosas que más queremos son las que, nos destruyen-

-¡Nooo!-


-¡No! ¡Prim!- grite mientras despertaba bañada en sudor, con la respiración agitada y la mirada perdida en la oscuridad. Volteé a todas partes mientras mis ojos se acostumbraban a lo negro de la noche.

Sabía que esta noche las pesadillas volverían y no hay Peeta que me calme. Arranco prácticamente las sabanas mojadas de mi piel para poner los pies descalzos sobre el piso e ir a la ventana para observar como una luz grisácea ilumina todo alrededor con una ligera capa de nieve encima. Decido que una ducha con agua caliente no estaría nada mal, me dirijo al baño y expulso con rabia de mi cuerpo las ropas ensopadas por el sudor como si fueran un recordatorio de mis demonios, me coloco en la bañera hasta estar totalmente dentro y me pego mis rodillas al pecho, haciéndome un ovillo.

Me llamo Katniss Everdeen. Tengo diecisiete años. Mi casa está en el Distrito 12. Fui el Sinsajo. Vencí al Capitolio. El presidente Snow me odiaba. Él mató a mi hermana. Yo lo mate a él. Mate a Coin. Me perdonaron la vida creyendo que estaba mentalmente desorientada. Volví al Distrito 12. Peeta también.

-Él está muerto Katniss- me susurro –Esta muerto y tú estás sola- digo refiriéndome a Snow

Salgo del agua hasta que mis dedos están arrugados. Cojo un simple pantalón y un suéter color azul cielo, dejo mi pelo mojado y enredado por encima de él y camino en círculos por toda la habitación mientras froto mis brazos. De pronto recuerdo lo que tengo guardado en mi pequeño cajón junto a la cama, doy zancadas largas y en un nanosegundo llego ahí, abro el cajón y saco la perla que Peeta me regalo en el Vasallaje y me la llevo a los labios y empiezo a hacer pequeños circulos con ella.

-Para el Capitolio eres una persona inocente… para mí eres perfecta- dijo Peeta. Para el soy perfecta. -Era perfecta- me corrijo. Pienso en sus fuertes brazos, el único refugio para mis pesadillas que tuve por primera vez en meses, que hoy no sentí alrededor de mí protegiéndome. Peeta Mellark, el pan que me dio esperanza y el diente de león que me recordó que no estaba condenada. ¿Lo recuperare algún día? Soy lo suficientemente egoísta como para pensar en mi misma y no preguntarme ¿Se recuperara algún día? Pero en lugar de eso, pienso en si volverá a mí porque lo necesito.

Estaba tan enfrascada en mis pensamientos que no me percate del leve olor que llega hasta mis poros, el olor que me hace sentir una tranquilidad y paz. La casa entera huele a él, camino por el pasillo y bajo las escaleras de dos en dos mientras el olor me envuelve cada vez que me acerco, logro llegar a la puerta de la cocina y por supuesto, ahí está… pan, hay una cesta completa de ellos en la mesa. Me acerco y tomo uno delicadamente con mis manos, lo parto a la mitad e hundo mi nariz en él, aún están calientes, el humito sale de ellos, panecitos de queso. Me preparo una taza de té y coloco en un plato, tres panes para después encaminarme hasta la sala y pasar un momento en la chimenea.

Cruzo la casa para darme cuenta que justo enfrente de mi esta Peeta, sentado en uno de los sillones con su cabeza gacha.

-¿Peeta?- pregunto

Voltea a verme –Katniss…-

Me acerco a él y coloco el plato y la tasa en la mesita y cruzo los pies encima del sillón. Trae el libro de mi padre en sus manos, concentrado en lo que hace, mientras sus manos se mueven con el lienzo y el pincel.

-¿Estas… estas pintando?-

Dice que si con la cabeza mientras continua haciendolo. Tomo un sorbo a mi té y me acerco un poco más a Peeta para ver lo que pinta. Esta planta tiene un tallo de un hermoso color verde muy alto, con hojas similares a puntas de flecha y sus flores tienen tres pétalos de color blanco. Las raíces son pequeños tubérculos de color azulado. Sé exactamente que planta es, una Saeta o Katniss en inglés.

-¿Peeta? ¿Qué no esa planta ya está en el libro?-

Deja de pintar y voltea a las llamas de la chimenea pensativo –Lo sé pero… siempre me recuerda a ti y no solo porque te haya dado tu nombre sino porque fue lo que muchas veces te alimento, encontrarse a sí misma ¿Entiendes mi punto?-

-Si… ¿Peeta?- vacilo antes de preguntar –No volviste- digo refiriéndome a anoche, es egoísta, como siempre, pedirle explicaciones sobre sus decisiones

-¿Sabes Katniss?... no puedo seguir ahogándome en mis propios demonios, si, el capitolio me arrebato todo mis recuerdos, mi mente, mi forma de ser, me lo quito- sus palabras me lastiman más y más conforma habla – Pero me he dado cuenta que no soy el único que perdí en esta guerra, todo mundo tuvo repercusiones, tu por ejemplo, con Prim, o la destrucción total del Distrito, pero son sacrificios, Katniss, sacrificios que se pagaron por la Libertad… como tu padre lo dijo: Libertad… Existía sin el Capitolio-

Tiene razón, todo tiene un precio, para bien o para mal, pienso que tal vez con la muerte de mi padre yo aprendí a defenderme sola, a ser autosuficiente sola, defender a mi familia, crecer más rápido y tomar decisiones no perjudiciales para protegernos, pienso que si tal vez sin la muerte de mi padre, no hubiera logrado sobrevivir a los juegos, por que sea lo que sea, el nombre de Prim hubiera salido en esa cosecha y sé que me hubiera ofrecido voluntaria igual que lo hice esa vez. No hubiera tomado el coraje que necesitaba para salvarme y salvar a Peeta.


Hola :3 ¿Como les fue en estos días? Este capitulo fue un poco difícil para mi, ya que tenia la semana de exámenes encima, ya sabe portafolios, trabajos y demás, entonces concentrarse en esto y en aquello no es fácil, pero al fin lo termine a tiempo (O.O) Muchas, muchísimas gracias a los que comentaron, me encanta leer sus opiniones siempre me animan y ayudan a aclarar mis ideas sobre lo que estoy haciendo, si se dan cuenta este capitulo es diferente, Peeta es diferente (solo al final del capitulo) lo siento pero no puedo darles mas, me temo que hasta la próxima semana, depende de como estén los comentarios lo subiré el viernes, en vez de sábado, comenten por favor, recuerden que los amo mis adorados lectores y este pan ¡Ya se coció! ¡Hasta el fin de semana! ¡Bye!