Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Edward's Eternal, yo sólo traduzco.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is Edward's Eternal, I just translate.
Gracias a mi beta Isa por revisar y corregir este capítulo.
Epílogo
Unos años después…
Alcé la vista de las gráficas que estaba estudiando, mis ojos instantáneamente buscaron a Bella. Podía verla en su escritorio al otro lado de la oficina con la cabeza agachada, trabajando. Incapaz de resistirme, agarré mi celular.
¿Cómo está hoy la chica más bonita de toda la oficina?
Leyó el mensaje en su celular y sacudió la cabeza, sonriendo mientras tecleaba una respuesta.
No sé. ¿Por qué no la encuentras y le preguntas?
Sonreí. Todavía despistada.
Ya lo hice y estoy hablando de ti, mi hermosa esposa. ¿Estás bien?
Alzó la vista y, aun al otro lado de la oficina, sabía que estaba rodando los ojos.
Estoy bien. Ya detente. Es mi último día, incluso James me lo está poniendo fácil.
Me reí entre dientes. Más le valía ponérselo fácil, de otra forma tendría que lidiar conmigo. Y unos años atrás eso no habría significado nada, pero ahora las cosas habían cambiado.
Yo había cambiado.
Por ella, había cambiado, para mejor.
*()*
Bella y yo salimos por poco tiempo. Muy poco tiempo. Dos meses luego de que empezamos a salir, ella se mudó conmigo; a la casa en la que mi abuela me había criado, una vez más transformándola en un hogar feliz. Cuatro meses después de eso, me casé con ella en el patio trasero de nuestra casa.
Mi abuela vio a Bella en varias ocasiones y en el día de nuestra boda estuvo lo suficientemente coherente para reconocernos a ambos, estaba emocionada porque yo había encontrado a mi chica, y el anillo que ella amaba tanto ahora residía en el dedo de Bella. Murió poco después, y Bella estuvo a mi lado, ayudándome en cada paso del camino con el proceso de duelo.
Me quedé en la compañía donde nos conocimos. Ocupé la vieja oficina de Alice y ahora era uno de los miembros de gerencia. Mi mayor responsabilidad era coordinar marketing con los diferentes departamentos, y trabajar con su información analítica. Amaba los números, las tablas y gráficas, y trabajaba de cerca con los equipos de contabilidad y marketing en lo correspondiente a tendencias y ventas. También iba de la mano con el departamento de ingeniería y con los sistemas que corríamos, haciendo que mi trabajo fuera exigente pero gratificante.
Finalmente, luego de un año de estar trabajando en él, y de traerlo lentamente a este siglo, conseguí que James regresara a la red y usara su computadora a todo su potencial, y no sólo como una máquina de escribir. Logré convencerlo que teníamos los firewalls más potentes, antivirus y prevención de robo para proteger sus preciados documentos. Luego de que se acostumbró, demostró ser muy apto para ello.
Y eso logró que Bella saliera de la sala de copiado.
Alice seguía en la compañía, pero su oficina estaba al final del pasillo. Sólo trabajaba aquí tres días a la semana y el resto del tiempo trabajaba desde casa. Su esposo de dos años, Jasper, se quedaba en casa y cuidaba de su pequeña hija y era escritor independiente. Ellos eran, como sabía que serían, buena pareja. Nosotros cuatro nos habíamos acercado a lo largo de los años y ahora nosotros éramos los padrinos de su hija Lily.
Ni Emmett ni Rose seguían trabajando aquí. Su cita había salido bien, tan bien, que unos meses después se fueron a un viaje largo por Europa y nunca regresaron. Vivían en una pequeña villa en Italia donde Emmett cosechaba uvas y hacía vino, mientras Rose le daba órdenes y hacían muchos bebés. Dos parejas de gemelos en dos años.
En las fotos que mandaba, se veían increíblemente felices.
Y exhaustos.
Mis ojos se regresaron hacia Bella. Estaba de pie ahora, tambaleándose alrededor de su escritorio para ir a ver a Alice. Tambaleándose porque, a tres semanas de dar a luz, eso era todo lo que podía hacer. Yo no había querido que ella siguiera trabajando, pero lo disfrutaba y quería estar aquí. Le gustaba estar cerca de donde yo estaba, y tenía que admitir que también me gustaba tenerla cerca.
Con su apoyo me había hecho más seguro y franco. Cuando me gradué y entré como miembro del equipo de gerencia, sabía que tenía que cambiar de ser el tímido Masen y canalizar un poco del seguro Edward en mi vida diaria. Con todos los cambios en mi vida, encontré que meterme en ese rol era más fácil de lo que pensaba. Mi posición dentro de la compañía era única con mi historia y los títulos que tenía, y usé eso a mi favor. Me negué a tener asistente, en lugar de eso ocasionalmente usaba a alguien de la oficina, muchas veces Bella me ayudaba cuando lo necesitaba. Ella entendía mis procesos y mis pensamientos mejor que nadie, y ya que ya no pasaba tanto tiempo sacando copias para James, su tiempo ya no era tan restringido.
La miré caminar lentamente por el pasillo, su mano sobaba ausentemente su hinchado estomago mientras que la otra estaba en su espalda baja. Mirando mi reloj vi que era casi medio día, lo que significaba dos cosas: Bella tenía hambre y nuestro hijo se estaba moviendo, empujando en su espalda, lo que la hacía sentir la necesidad de caminar y estirar los músculos.
Sonriendo, me puse de pie. Podía ayudarla con ambos problemas.
Había pasado por comida para ella, sabiendo que querría comida china en algún momento del día, ya que la pedía a diario y, después de que comiera, le masajearía su adolorida espalda. Fui a buscarla, sintiéndome un poco triste, sabiendo que hoy sería el último día que comeríamos juntos en mi oficina por un largo tiempo, a pesar de que me complacía la idea de que ella ya no trabajara. En secreto, estaba esperando convencerla de quedarse en casa con nuestro niño. Me pagaban bien, tenía la herencia de mi abuela, y era dueño de la casa que ella, tan generosamente, me había dejado. No éramos ricos en absoluto, pero estábamos cómodos y yo era lo suficientemente anticuado para querer cuidar de ella y de nuestra familia si me lo permitía.
Me encontré con Bella en el pasillo. Sonrió al verme acercándome y estiró una mano, la cual tomé en la mía, levantándola a mi boca.
—Alice se fue hace un rato cuando estabas con James. Te llamará mañana —dije y sonreí cuando rocé mis labios sobre sus nudillos.
—Oh. Iba a preguntarle si quería fideos y dumplings. —Frunció el ceño, un pequeño puchero se formó en sus labios.
Envolví mi brazo a su alrededor.
—Entonces que bueno que tengo un poco para ti en mi oficina, ¿no?
Su sonrisa fue deslumbrante. Incluso después de tres años, nunca fallaba en calentarme por dentro. Acaricié su cabeza.
—Ven conmigo, esposa mía. Tengo tus fideos a la espera.
Su voz sonó esperanzada.
—¿Y un rollito?
Me reí entre dientes.
—Dos.
Suspiró con felicidad.
—Te amo, Edward Masen Cullen.
Apreté mi agarre mientras la ayudaba a sentarse en la esquina del sofá antes de levantar sus pobres piecitos hinchados.
—Te amo. —Le alcé una ceja—. Isabella.
Se rio mientras agarraba la bolsa que le ofrecía.
*()*
Mantuve mi mirada en ella toda la tarde. Parecía estar totalmente cansada en la comida e incluso más emocional, lo cual no era propio de Bella en absoluto. Siempre era tan fuerte. Caminaba mucho y sabía que su espalda le dolía, no podía ponerse cómoda. Estaba muy feliz de que hoy fuera su último día. La quería en casa, descansando.
Llevaba varios minutos sentada de cara al pasillo, con la cabeza ladeada. Moví el cuello, pero no estaba seguro de qué estaba viendo. Se alzó y caminó por el pequeño pasillo que no se usaba y que llevaba a la vieja sala de copiado. Luego de unos minutos, me paré para seguirla.
La sala ya no se usaba, excepto para guardar cosas. Nunca le había contado a nadie acerca de la puerta y, cuando estábamos saliendo, e incluso después de casarnos, todavía me escabullía y me besaba con Bella aquí en ocasiones. A veces eran más que sólo besos.
Y muchas veces las luces estaban apagadas.
Pero desde que James había aceptado la tecnología, ya no habíamos estado aquí.
¿Por qué entraría ahora?
Abrí la puerta para encontrarla de pie frente a la vieja copiadora, su dedo trazaba una figura en el polvo.
—Sabía que me seguirías.
—¿Qué pasa, Bella? ¿Por qué estás aquí?
Me miró sobre su hombro.
—Me dijiste Isabella hace rato. Me hizo pensar en esta sala. —Se encogió de hombros—. Para recordar, supongo.
—Ah. —Me paré detrás de ella, envolviendo mis brazos a su alrededor, pasando gentilmente mis manos sobre su redondeado vientre—. ¿Buenos recuerdos?
La sentí sonreír cuando se giró y besó mi mejilla.
—Muy buenos.
Se presionó de nuevo contra mí.
—Solías ser muy… dominante. Sexy.
Gruñí en su oído, jugando con ella.
—¿Solía?
Se rio.
—Me decías Isabella antes de follarme.
—Todavía te digo Isabella… y todavía te follo; con regularidad. También te hago el amor en medio de esas cosas. —Tiré de su lóbulo, sintiéndola estremecerse—. Creo que he sido bastante creativo durante los últimos meses, de hecho, dada tu creciente… condición. —Me reí entre dientes cuando mis manos pasaron sobre su enorme vientre—. ¿Te quejas de mi falta de atención?
—No. Es que…
—¿Es que, qué?
Vaciló y la acerqué más.
—Dime qué estás pensando… Isabella.
Suspiró.
—Estoy pensando que quiero que me tomes en esta sala de nuevo.
—¿Ahora?
Levantó la cabeza y asintió.
—Justo ahora. Te necesito… Edward.
Gimiendo, bajé la cabeza y presioné mis labios con los suyos, acunando su nunca mientras ese intenso sentimiento pasó a través de mí. Todavía amaba tener el control y amaba que ella quisiera eso. Había aprendido a unir ambas partes de mí y nuestra vida amorosa era más que satisfactoria para ambos. La pasión que teníamos el uno por el otro no había disminuido con el tiempo, en absoluto. De hecho, en muchas formas había crecido. Ya que todavía podíamos tener sexo, y si eso era lo que ella quería justo ahora, lo tendría. Podría ser controlador y aun así gentil con ella.
Nuestros besos se profundizaron al igual que nuestras respiraciones. Mi lengua acarició y se frotó con la de ella, mientras mis manos subían su vestido suelto, dejando que mis dedos rozaran su culo lleno y luego se deslizaran dentro de su suave ropa interior. Gimiendo, sentí su resbaladizo calor recibiendo mi toque. La besé profundamente, acariciándola mientras gimoteaba en mi boca, sus caderas se movían mientras deslizaba mis dedos en un pequeño círculo alrededor de su clítoris. De repente su espalda se arqueó y se tensó, mi mano se mojó todavía más. Me aparté ligeramente, sonriendo contra la calidez de su cuello.
—Eso no tardó mucho, nena. Realmente lo necesitabas, ¿no?
Me miró con los ojos bien abiertos, sacudía la cabeza.
—¿Qué? Todavía no termino, nena. Dios, estás tan mojada, Isabella. Me encargaré de ti.
—¡Masen! —jadeó.
Fruncí el ceño. Estaba más mojada que nunca, pero ese no fue un jadeo feliz.
Bella se movió, forzándome a quitar la mano. Se giró y me encaró, una mueca pasó sobre su rostro al intentar sonreír.
—Lamento decírtelo, mi querido esposo, pero ni siquiera tú eres tan bueno.
Bajó la vista y mis ojos la siguieron. Los abrí como platos ante lo que vi.
—Bella…
Suspiró.
—Mi fuente acaba de romperse, Masen. Creo que tu hijo va a llegar un poco temprano.
La miré y luego miré el charco formándose a sus pies.
Santa mierda.
Estaba a punto de ser papá.
Estaba a punto de conocer a Adam James Cullen, nuestro primer hijo.
Necesitaba llevarla al hospital.
Envolví mi brazo a su alrededor, besando su cabeza.
—Vamos.
Mientras esperábamos el elevador, mantuve mis brazos bien envueltos en su cintura y su vientre, dándole todo el apoyo que me era posible. Alzó la vista hacia mí, sus ojos felices pero ansiosos. No quería que estuviera nerviosa; quería hacerla sonreír. Agachándome, puse mis labios sobre su oreja.
—¿Por cierto, mi sexy y hermosa esposa? Sí soy así de bueno. Y en seis semanas… te lo demostraré.
Me sonrió y se rio.
—Te haré cumplirlo… Edward.
La besé con gentileza.
—Hazlo… Isabella.
Las puertas del elevador se abrieron.
Le sonreí.
—Vamos a recibir a nuestro hijo.
Asintió, y sus manos agarraron mis brazos con nervios.
—¿No me soltarás?
Apreté mis brazos a su alrededor, acercándola más.
—Jamás, Bella. Siempre te sostendré.
La besé de nuevo.
—Siempre.
Y colorín colorado, esta historia se ha acabado… hasta aquí llegan las aventuras de nuestro sexy Edward Masen y su encantadora Bella. Muchísimas gracias por seguir esta historia, por esperarme los largos meses sin actualización y por disfrutar de lo que hago para ustedes.
Un agradecimiento extra especial para Isa, mi beta, que sin ella esto no hubiera sido posible. Siento que no le doy el reconocimiento que se merece, pero tengan por seguro que, aunque yo no lo diga, ella es parte vital de mis traducciones.
Le quedan dos outtakes a la historia, que espero poder subir esta semana.
A las que me siguen en Getting Blitzed, no voy a abandonar la historia, ahora que sólo tengo esa traducción espero poder actualizar más seguido. Sólo ténganme paciencia que los capítulos son largos y creo que ya van más de 60.
Un placer haber traducido una historia más para ustedes, muchísimas gracias por todo su apoyo y cariño.
Besos y abrazos,
Fungys.
