Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Edward's Eternal, yo sólo traduzco.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is Edward's Eternal, I just translate.
Gracias a mi beta Isa por revisar y corregir este capítulo.
Outtake 1
Bella
—Ven a mí, Isabella
Su voz.
Baja, oscura, sexy.
El sólo escucharla, el saber quién estaba susurrando mi nombre con voz ronca, me hizo estremecer.
Su mano se envolvió en mi muñeca, jalándome hacia el colchón. Su cuerpo cubrió el mío, sus labios en los míos, su boca abierta, su lengua presionando; caliente, profundo y brusco.
Dios, lo deseaba.
Quería su brusquedad, su control.
Quería perderme a mí misma en él.
Y podía, porque sabía que nunca me dejaría perderme sola.
*()*
Masen
Se veía tan dulce debajo de mí. Su piel estaba ligeramente húmeda por su ducha, olía al fragante jabón corporal que usaba y su sutil aroma único que siempre llenaba mis sentidos. Sus manos agarraron la parte trasera de mi cuello, sosteniéndome contra ella mientras violaba su boca.
Esta noche todo era sobre ella, sobre mí, sobre nosotros.
Podría ser todo para ella ahora. Confiaba en mí.
Edward. Un amante controlador y apasionado que la amaba. Que la deseaba.
Masen. El hombre que haría cualquier cosa por complacerla y que siempre, para toda la eternidad, la mantendría a salvo.
Gimiendo, mis manos buscaron sus curvas, acariciando la suave piel, acunando sus pechos en mis manos. Sus pezones se endurecieron y se arqueó bajo mi toque. Sabía que cuando metiera mis dedos entre sus piernas, ella estaría mojada para mí.
Tan sensible.
Solté lentamente sus labios, mi boca bajó por su cuello, lamiendo, mordiendo, probando su sabor con mi lengua mientras pellizcaba y retorcía sus pezones. Unos suaves jadeos escaparon de su boca cuando me encaminé hacia abajo, chupando y tirando de sus pechos mientras ella gemía. Mis dientes mordieron ligeramente, y jadeó mi nombre.
—Masen.
—¿Te gusta eso, nena? Dime —le ordené, mordiéndola una vez más.
—Sí… oh Dios, sí.
—Quiero escucharte esta noche, Isabella. Todos tus sonidos son míos. Los quiero. Quiero todo.
Mi mano bajó por su costado, agarré su pierna y la subí de golpe, embistiendo mi polla dura en su calidez.
—Quiero escuchar lo mucho que me deseas. ¿Sientes lo mucho que te deseo yo a ti? ¿Lo desesperado que estoy por estar ya enterrado en tu interior?
Bajé la voz.
—Carajo, mi polla está llorando por ti, Bella. —Alzándome, acerqué mis labios a su oído—. ¿Quieres probar lo mucho que te desea? ¿Quiere tu boca envolverse a mi alrededor y mostrarme lo mucho que la desea, que me desea a mí? —Chupé la piel detrás de su oreja entre mis dientes, una vez más marcándola como mía—. Quiere entrar en tu boca, nena. —Embestí contra ella, sonriendo cuando gimoteó—. Lo quiere con todas sus fuerzas.
Sus manos empujaron mi pecho, y la dejé empujarme contra la cama. Su boca dejó besitos dulces al bajar por mi pecho y pasar por mi estómago, su lengua se sentía caliente y giraba sobre mi piel. Siseé cuando sus manos se envolvieron alrededor de mi erección, acariciando y provocándome.
—Tu boca, Bella. Quiero tu boca —gruñí. No le había pedido esto antes. No sabía cómo me iba a responder, pero la deseaba con ansias. Deseaba esto con todas mis fuerzas.
Mi cabeza cayó, enterrándose más en la almohada cuando ella me tomó sin advertencia alguna. Gemí y maldije ante la sensación de su boca; cálida y mojada, su lengua lamía y giraba sobre mi sensible cabeza mientras ella se movía sobre mí. De manera lenta, me fue metiendo más profundamente, su boca y mano trabajaban en equipo mientras ella chupaba y lamía.
—Carajo…
Me arqueé cuando su mano comenzó a jugar con mis bolas, metiéndose debajo para acariciar mi perineo, haciéndome que me arqueara más hacia su boca mientras maldecía. Mi mano se estiró, acunando su nuca, guiándola arriba y abajo sobre mi erección.
—Sí… oh carajo… Bella… justo ahí… sigue así, nena. No te detengas. Carajo. ¡No te detengas, nena!
Labios. Lengua. Dedos. Lamiendo. Chupando. Tocando. Acariciando. Gimiendo. Vibrando.
Era el paraíso.
No quería que terminara jamás.
Pero tenía que terminar. Podía sentir un poderoso orgasmo comenzando y necesitaba detenerlo ahora.
Quería muchísimo más que una mamada esta noche.
Tiré con gentileza de su cabello.
—Nena —susurré con voz ronca—. Es suficiente.
Mi polla dolió por la pérdida cuando su boca se apartó. La subí por mi cuerpo, estrellando mi boca con la suya y besándola profundamente, probando el penetrante sabor de mi líquido preseminal en sus labios.
—Hiciste eso tan bien, Bella. Chupaste muy bien mi polla —la alabé—. Amo tener tu boca en mí. —La besé de nuevo hasta que estuvo gimoteando, sus manos tiraban de mi cabello. Moví mis labios a su oído—. Mi turno.
Se estremeció.
*()*
Bella
No había nada tan intenso como sentir la boca de Masen en mi adolorido y húmedo coño. Su lengua lamía y provocaba mi hinchado clítoris, llevándome a un frenesí de necesidad. Sus dedos se metían dentro de mí, uno, luego dos, y finalmente un tercero que me estiró y con el que embistió mientras me trabajaba con su talentosa boca. Le di exactamente lo que dijo que quería; largos jadeos en voz alta y mi voz gritando su nombre mientras me arqueaba y le rogaba por más. Me provocó y trabajó, llevándome cerca de la liberación sólo para retirarse, haciéndome rogarle mientras él se reía y tocaba con su lengua mi piel de manera dulce, besando mis rodillas, mis muslos, mi estómago, antes de regresar al lugar donde estaba ardiendo por él, sólo para provocarme de nuevo.
Se alzó sobre mí.
—¿Qué quieres, Bella, hmm? —susurró su voz, mientras sus pulgares me acariciaba, causando que mis caderas se levantaran del colchón—. ¿Mi boca… mis dedos… o mi polla?
Gemí.
—Todo. Quiero todo de ti, Masen. Por favor.
Se rio sombríamente.
—Puedo hacerlo.
Sus manos tiraron de mí.
—Sobre tus rodillas, Isabella.
Casi sollocé por la brusquedad de su voz. Estaba llena de tanto deseo. Su simple orden me dejó sin aliento a causa de mi deseo.
Sus dedos acariciaron mi espalda, rozando gentilmente la orilla de mi espina, llenándome de anticipación. Su cuerpo cubrió el mío, la calidez de su piel traspasó a la mía cuando se pegó a mí. Su dura polla punzaba contra mi abertura, causando otro lloriqueo de necesidad.
—Mi boca —murmuró al besar mi cuello, sus dientes me mordieron ligeramente—. Mis dedos —gimió cuando acarició el húmedo calor entre mis piernas—. Mi polla —gruñó al enterrarse en mí con fuerza, haciéndome jadear—. Querías todo de mí, nena. Lo tienes. Ahora tómalo.
Comenzó a embestir profundamente, su cuerpo me empujó hacia el colchón, sus dedos acariciaban mi clítoris y su boca susurraba palabras sucias en mis oídos, lamiendo mi cuello y besando mi piel.
Él me consumía.
Cada parte de mi cuerpo estaba ardiendo por el deseo que sentía por él.
No podía acercarse lo suficiente a mí.
Acarició el fuego, aumentando las llamas con su pasión. La habitación se llenó con nuestros sonidos al hacer el amor. El deslizar de piel sobre piel cubierta de sudor, el susurro de las sábanas cuando Masen se empujaba contra mí, el sordo golpeteo de la cabecera chocando con la pared a ritmo con sus embestidas, mis largos gimoteos y sus profundos gemidos.
Sus palabras, su labios, su cuerpo; todo eso me llevaba cada vez más alto, empujándome hacia la cima.
Estaba tan cerca.
Se alzó abruptamente, jalándome con fuerza contra su pecho. Ambos gemimos por lo profundo que se enterró en mí mientras continuaba moviéndose con fuerza. Sus brazos me rodearon, abrazándome muy fuerte. Los míos se envolvieron en su cuello, sosteniéndolo cerca de mi piel, necesitaba sentir tanto de él contra mí como fuera posible. Su caliente boca encontró mi oído, su voz sonó casi vulnerable.
—Te amo, Bella. Carajo, te amo tanto. Eres mía… siempre mía. Nunca te dejaré ir.
Me desmoroné. Todo mi cuerpo se tensó por sus dulces palabras. Mi boca se abrió en un largo gemido de placer cuando enterró la cara en mi cuello, gimiendo por su liberación.
Nos mantuvimos conectados, sus brazos eran dos bandas de acero a mi alrededor. Se inclinó hacia enfrente, poniéndome gentilmente sobre las sábanas frías, estirándome las piernas y masajeándome la parte trasera de éstas. Se acostó junto a mí, jalándome a sus brazos, sus labios rozaron mi frente.
—¿Estás bien, Bella? —susurró su ansiosa voz—. ¿No te lastimé?
—No, Masen… fue maravilloso —le aseguré—. Yo, um, me gusta este lado de ti —añadí tímidamente—. Me gusta cómo me haces sentir.
—Dime.
—Me haces sentir… deseada. Sexy.
—Eres ambas. Quiero que te sientas así siempre. —Inhaló profundamente—. Eres tan perfecta, Bella. Te sientes tan perfecta a mi alrededor. Gracias por confiar en mí.
Besé su piel húmeda.
—Tú eres perfecto para mí, Masen. Cada parte de ti. Te amo.
Sus brazos me acercaron más.
—Te amo, Bella.
Me acurruqué en su calor.
—Esta es mi parte favorita —susurró contra mi cabello.
—¿Qué?
—Abrazarte. El poder mostrarte todo de mí y luego estar cerca de ti.
—La mía también.
Se movió, nuestras piernas se enlazaron, teníamos la piel sucia.
—Estamos todos pegajosos —me reí sobre su pecho.
—Nos prepararé un baño de burbujas.
Sonreí. Amaba como iba de apasionado y controlador a dulce y cariñoso.
—Me gusta estar pegajosa contigo. —Lo besé de nuevo—. Olemos a… nosotros. Me gusta oler así; es un aroma increíble. Es tan sexy.
Gimió cuando lo acerqué más con mi pierna.
—Sigue hablando así y vamos a estar muchísimo más… pegajosos, nena.
Bostecé. Intenté ocultarlo y se rio entre dientes.
—Duerme, luego nos daremos un baño. O… —su voz se apagó sugestivamente mientras su mano bajaba por mi espina dorsal para acunar mi culo.
—Hmmm… me gusta ese "o".
Sus brazos se apretaron.
—A mí también.
Suspiré. En realidad estaba demasiado cómoda para moverme justo ahora. Los brazos de Masen eran el mejor lugar en el mundo.
—Duerme, nena. Estaré aquí cuando despiertes. —Me besó suavemente—. Siempre estaré aquí.
Suspiré contenta.
Sabía que aquí estaría.
Primer outtake, espero que les haya gustado. ¡Gracias por sus alertas, comentarios y favoritos!
