Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Edward's Eternal, yo sólo traduzco.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is Edward's Eternal, I just translate.
Gracias a mi beta Isa por revisar y corregir este capítulo.
Outtake 2
El elevador se abrió y entré ansiosamente en la oficina; la plática de Alice se desvaneció de mis oídos al mirar hacia el escritorio de Bella. Decir que me sentí decepcionado al ver su silla vacía y la luz apagada es poco. Luego de estar lejos por un par de días, estaba ansioso por verla, esperaba que estuviera aquí esperándome y que me hubiera extrañado tanto como yo a ella.
Me tragué mi decepción sabiendo que la vería en unas horas. Tenía unas cuantas cosas que terminar, luego iría a casa y ella estaría ahí. Era viernes; sabía que probablemente había tenido una semana ocupada, estaría cansada, y por eso se había ido a casa a esperar por mí ahí.
Con Alice todavía murmurando detrás de mí, me acerqué a mi escritorio, y una sonrisa explotó en mi cara cuando vi lo que estaba ahí.
Un árbol de Navidad, hecho por completo de Werther's, mis dulces favoritos, me estaba esperando. Estaba decorado con moñitos y un montón de velas. Sonriendo, pasé mi dedo sobre los brillantes dulces envueltos en dorado.
Ella me había extrañado.
Me senté, me quité el abrigo y abrí mi maletín. Actualizaría estos archivos y luego podría irme. Quería terminar todo, así podría tener los siguientes días libres para pasarlos con Bella. Era nuestra primera Navidad juntos, y ambos estábamos emocionados por hacer cosas como pareja, incluyendo el invitar a nuestros amigos a cenar el día de Navidad. Bella había estado horneando muchísimo, llenando la casa con los más deliciosos aromas.
Alice se detuvo en mi escritorio.
—Me voy, Masen. No te vas a quedar mucho, ¿verdad?
Negué con la cabeza.
—Sólo actualizaré estos, revisaré el buzón de voz y me voy. ¿Nos vemos en Navidad para cenar?
Asintió.
—Estoy muy emocionada y, ah, igual Jasper.
Le sonreí; seguía siendo muy tímida cuando se trataba de su relación.
—Bella también lo está. Está planeando un festín. Creo que tiene suficiente comida en la lista para llenar a Emmett.
Se rio mientras se ponía los guantes.
—Dile que me llame si cree que hay algo más que podamos llevar. ¡Nos vemos en unos días!
Me despedí, luego ella desapareció en el elevador. Le lancé un rápido mensaje a Bella diciéndole que ya había regresado y que estaría pronto en casa.
Tenía pocas semanas que se había mudado conmigo, y aun me hacía sonreír enormemente cada vez que entraba por la puerta y la veía ahí. Ella hacía que la casa fuera un hogar y que mi vida estuviera llena y plena. Ya no podía recordar cómo era mi vida antes de ella.
Terminé rápidamente esos archivos, agradeciendo el haber hecho la mayor parte en el avión y que sólo tuviera que cargarlos al servidor y revisarlos. Estaba ansioso por llegar a casa con Bella. Estaba a punto de revisar mi buzón de voz cuando mi teléfono vibró. Lo agarré sonriendo, sabía que tenía que ser ella.
Te extrañé.
Respondí rápidamente.
También te extrañé. Iré a casa pronto.
Otro mensaje llegó.
¿Te gustó tu árbol?
Me encantó. Te amo.
Tengo otro regalo para ti.
Sabía lo que yo esperaba que fuera mi regalo. Ella. Sonreí mientras le respondía.
Estoy excitado. ¿Me lo darás cuando llegue a casa?
Me gusta que estés excitado. Puedes tenerlo más pronto de lo que crees. Como ahora.
Mis dedos pausaron sobre las teclas.
¿Oh?
Sí. Me siendo muy Navideña. Estoy de un humor dadivoso. Muy a la jo-jo-jo en realidad.
Ya veo. ¿Y cómo obtengo este regalo?
Una parte está en tu cajón superior.
Lo abrí y, riéndome, saqué un gorro de Santa. Chica tonta. La adoraba.
Lo usaré para ti cuando llegue a casa.
Úsalo ahora.
¿Qué estaba planeando? ¿Por qué querría que usara esto ahora? Una idea se me ocurrió y comencé a sonreír mientras le contestaba.
Bella, ¿dónde estás?
Sabes dónde estoy. Ven a encontrarme, Edward. Usa el gorro.
Me paré rápidamente, desabrochándome la camisa. Si quería el gorro, tendría el gorro. Y sólo el gorro.
Isabella estaba en el edificio. Y quería jugar.
Y ahora, también Edward.
*()*
BPOV
Me senté en la mesa, mis piernas se mecían con ansiedad. Con nervios, me ajusté los tirantes del camisón rojo que estaba usando. Bajé la vista a la bastilla esponjosa preguntándome si sería demasiado, pero se veía tan bonito en el gancho, tan fino y provocador: la parte de enfrente se unía con un moño, enseñando mis pechos. Edward amaba mis pechos. La tanga a juego era pequeña y de encaje. Ambos eran muy delicados y bonitos, junto con el extra añadido: sexys y fáciles de quitar, las otras dos cosas que Edward amaba, especialmente si se trataba de lencería.
Escuché sus pisadas en el pasillo y tragué con anticipación. Lo había extrañado muchísimo; esperaba que le gustara su regalo de bienvenida a casa. Me enderecé, sacando el pecho y adoptando lo que, esperaba, fuera una pose sexy sobre la manta que había extendido en la mesa. Las velas en la habitación lanzaban un tenue brillo y su aroma llenaba el aire. Quería que estuviera complacido. Quería que deseara esto tanto como yo. La puerta de la sala de copiado se abrió, y se me atoró el aliento en la garganta.
Ahí estaba él, la luz del pasillo se metía por la puerta. Se recargó en el marco, su gorro de Santa estaba puesto en su cabeza, su sonrisa era de presunción y, aparte de la cadena en su cuello que yo le había dado, no había ningún otro objeto en su glorioso cuerpo. Tragué al verlo, notando no sólo su expresión llena de lujuria, sino también la larga y pesada erección que llevaba. Obviamente también me había extrañado y deseaba esto —a mí— con muchas ganas. Mi respiración se aceleró al verlo acariciarse a sí mismo mientras me veía, sus ojos nublados y astutos.
Feliz Navidad para mí.
—Jo, jo, jo, Santa —murmuré.
Entró, cerrando la puerta detrás de él.
Su voz sonó baja y ronca, la que sabía que yo amaba escuchar en la oscuridad.
—Hola, Isabella.
*()*
EPOV
Si había tenido dudas de dónde estaba, desaparecieron cuando vi la enorme corona de dulces Werther's colgando de la puerta de su sala de copiado. Antes de entrar, agarré un dulce y lo chupé, masticándolo y liberando el sabor por completo en mi boca.
A Isabella le gustaba la dulzura cuando la besaba.
Y planeaba besarla, con fuerza.
Al entrar en la sala, sólo había luz suficiente para verla y ver lo que estaba usando. O no usando. Mi pequeña duende que intentaba ser agresiva era una sirena en un sexy numerito transparente de color rojo que enseñaba sus mejores atributos y sabía, por la forma en que se removía, que estaba más que nerviosa.
Era hora de dejarla relajarse y de que Edward se hiciera cargo.
Me acerqué a ella sin prisas. Sabía que comenzaría a jadear suavemente. Sabía que estaría deseando mi beso. Sus pezones ansiaban mi toque. Su dulce coño estaría húmedo y desesperado por sentirme enterrado profundamente en ella.
Pero no todavía.
—Alguien ha estado ocupada, ¿no, pequeña duende?
—Sí —exhaló.
—¿Tan sexy y esperándome, Isabella? Apuesto a que ya estás mojada, ¿no? ¿Me deseas?
—Oh, Dios… sí.
Me reí entre dientes.
—Dios no está aquí ahora… pero puede que grites por él muy pronto.
Gimoteó, inclinándose hacia enfrente, buscando mi toque. Me mantuve fuera de su alcance, provocándola.
—Santa tiene un regalito para ti, mi chica.
Su voz sonó sin aliento a causa del deseo.
—Creo que no es tan chiquito, Santa.
Me reí en voz baja al pararme frente a ella. Ciertamente no lo era.
Sin prisa alguna, moví mi dedo sobre su clavícula, sonriendo por el estremecimiento que pasó por ella. Dejé que mi toque bajara, acariciando suavemente sus endurecidos pezones, antes de tirar y girarlos mientras ella empujaba su suavidad en mis manos. Ese gimoteo sin aliento que me resultaba tan erótico escapó de sus labios, y no desperdicié tiempo para jalar su cara a la mía y chocar mi boca con la suya. Mi lengua la poseyó, embistiendo y lamiendo. Enterré mis manos en su cabello, ladeando su cabeza, controlando cada movimiento de nuestro beso.
Profundo. Duro. Posesivo.
Deseoso.
Necesitado.
Todo por ella. Siempre por ella.
Me fui sobre ella una y otra vez. Había extrañado su boca. Su sabor. El cómo se sentía debajo de mí.
Jodida perfección.
Estremecimiento tras estremecimiento pasaron a través de su pequeña figura. Sus manos tocaron, agarrándome la nuca, aferrándose a mis hombros. Las mías subían y bajaban por su espalda, agarrando su apretado culo, jalándola hacia mí mientras embestía mi adolorida polla en la húmeda seda de su tanga.
Por muy pequeña que fuera, tenía que irse.
Un rápido tironeo de mi mano y el lindo encaje ya no era un problema. Un movimiento de mi muñeca, y la tela transparente de su camisón se abrió, quedó desnuda contra mí, su cálida y suave piel se presionó contra la mía. Metí primero uno y luego dos dedos en su humedad, embistiendo con largas y lentas caricias mientras besaba arriba y debajo de su cuello, mordiendo y lamiendo a mi paso. Se arqueó contra mi mano, y sus músculos se apretaron alrededor de mis dedos. Gimió en protesta cuando aparté mi mano para lamer mis dedos.
—Mi sabor favorito —gruñí, luego choqué mi boca de nuevo con la suya—. Isabella.
Con un pequeño grito, las piernas de Bella se envolvieron en mi cintura, acercándome a su calor. Deliberadamente, froté mi erección en su humedad, mojando mi polla, haciéndola gimotear de nuevo. Me aparté de su boca y encontré su oído.
—¿Es esto lo que quieres, Isabella? ¿Mi polla? ¿Quieres la polla de Santa, mi sucia duendecita?
—Sí… oh Dios… ¡sí!
—Dilo —exigí, mordiendo su lóbulo—. Dime exactamente lo que quieres. Quiero escucharlo.
—Tu… tu polla… fóllame, Santa. Fóllame duro —jadeó.
—Feliz Navidad, Isabella —gruñí al entrar en ella.
Metiendo las manos debajo de su apretado culo, la levanté mientras embestía en su calor. Ella se apoyó en los codos, su cuerpo arqueándose como un moño mientras acompasaba mis embestidas con pequeños jadeos, y sus manos agarraron mis brazos para mantenerse unida a mí.
La sala se llenó con nuestros sonidos. La mesa crujió y se movió, golpeando la pared a ritmo con mis embestidas. Nuestra piel se reunía y se separaba, resbaladiza a causa del sudor y del deseo. Bella lloriqueó y gimoteó mi nombre mientras yo gemía y siseaba, el calor se construyó y pasó a lo largo de mi espalda, acumulándose en la parte baja de mi estómago. Sus manos se apretaron hasta el punto de causar dolor mientras ella se movía y gritaba. Yo seguí moviéndome, y finalmente la agarré en mis brazos cuando me detuve y me corrí con fuerza. Mi orgasmo estalló en olas de calor y estática que se extendieron desde mi polla y cubrieron cada poro de mi cuerpo. Enterré la cara en la húmeda piel de su cuello mientras gemía su nombre, derramándome en su interior.
Asegurándome de tomar la manta, la mantuve cerca y me hundí en la silla. Mis piernas temblaban, mi cuerpo estaba saciado, mi mente en blanco, y el jodido gorro de Santa seguía firmemente sobre mi cabeza.
Con un suspiro de satisfacción, acaricié su cabeza. Sus labios se presionaron suavemente sobre mi pecho. Nos quedamos callados dejando que nuestros cuerpos se relajaran y nuestras respiraciones se calmaran.
—Te extrañé muchísimo —susurró luego de unos minutos.
—También te extrañé. Esa fue una gran bienvenida —me reí en su cabello.
Echó la cabeza atrás y le aparté el cabello de la cara, besándola gentilmente.
—Quería sorprenderte —susurró.
—Bien hecho. Funcionó.
Su voz se hizo tímida.
—¿Te gustó?
—¿No lo notaste? —la piqué gentilmente—. No podía llegar al final del pasillo lo suficientemente rápido.
Se acurrucó más cerca.
—Qué bueno.
—Me gustan tus manualidades; la corona y el árbol. Muy festivos.
Se rio.
—Pensé que te gustarían.
Toqué la suave tela que colgaba suelta de sus hombros. A diferencia de su ropa interior, éste sí había sobrevivido nuestro sexo frenético.
—Esto está… bonito. También me gustó.
Estiró la mano y tiró de mi gorro.
—A mí me gusta esto.
Me lo quité de la cabeza con una sonrisa y se lo puse a ella.
—Te queda mejor a ti.
Riéndose, se lo acomodó mejor.
—Lo usaré más tarde para ti… si quieres.
—Quiero. —Levantando su mano, le besé la palma—. ¿Lista para ir a casa?
Me sonrió. Incluso con la tenue luz, podía ver el amor y la calidez en su sonrisa.
Mi sonrisa.
—Ya estoy en casa, Masen. En cuanto estoy en tus brazos, me encuentro en casa.
Se me atoró la respiración. Era lo mismo para mí. En cuanto estaba con ella, me encontraba en casa.
La profunda pasión y el juego que disfrutábamos como Edward e Isabella era un aspecto excitante y satisfactorio de nuestra vida, y amaba cada minuto, cada encuentro, ya sea aquí o en nuestra casa. Aún así, nada era tan gratificante o perfecto como Masen y Bella. Amaba nuestra vida.
La amaba a ella.
La acerqué más, dejando un pesado beso en su cabeza.
—Feliz Navidad, Bella. Te amo.
Sonrió, acunando mi mejilla. Sus dedos eran cálidos y gentiles.
—Feliz Navidad, Masen.
Este es el último outtake. Un toque sexy mezclado con un poco de dulzura al final, igual que Masen.
Espero que les haya gustado, ¡gracias por sus comentarios, alertas y favoritos!
