Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J.K. Rowling

Advertencias:

EWE?/Slash

Pairing: Harry Potter/Draco Malfoy


TEDDY

II

"El Tío Draco"

Si a mí me preguntaran, ¿Quiénes son tus personas favoritas en el mundo? Yo diría que cuatro.

Aparte de mamá Tonks y papá Remus y el abuelito Ted, yo tengo cuatro personas que son mis favoritas en el mundo. Y esas son la abuelita Meda, la tía Cissy, mi padrino Harry y mi tío Draco.

Ellos son buenos, me abrazan y juegan conmigo. Y me dan dulces.

Especialmente el tío Draco que cada vez que me visita, luego de llegar desde el mundo muggle con un portafolios negro y brillante, me tiene cajitas encantadas. A pesar de verse chiquititas, dentro hay muchísimas golosinas, todas muy, muy ricas, envueltas en lazos plateados.—¿Estas son turfas, verdad tío Draco?

El tío Draco ríe y yo sonrío. El tío Draco tiene una risa muy, muy bonita.

-Trufas, Teddy. Son trufas de chocolate.—Me corrige y yo asiento, concentrado.

-Son tru-fas. Tru-fas. ¿Escuchaste, tío Draco? Ya puedo decirlo cómo tú, tru-fas.

Me agita el pelo.—Muy bien, Teddy. Eres un niño muy listo.

-¿De verdad piensas que soy listo, asombroso y fabuloso y… y listo también?.—Se echa a reír, mientras yo lo abrazo. Me gusta mucho cuándo el tío Draco ríe. Es muy bonito, aún cuándo está triste, pero cuándo ríe es ¡aún más bonito!—Sí, Teddy. Eres listo, asombroso, fabuloso y listo de nuevo.

Me tiene en su regazo, lo que me hace más fácil abrazarlo cómo me abraza mi padrino Harry. Él me acaricia el pelo y al final, me da otra golosina.

El tío Draco es una de mis personas favoritas en el mundo. Yo lo quiero mucho. Yo puedo cuidarlo a él y a la tía Cissy de las señoras feas que les dicen palabras feas. Ellas los llamas "mortífagos" No sé que sea eso, sólo sè que mi tío Draco debe sentirse mal cuándo llaman así a su mami, por eso me enfado y le lanzo el helado a la señora fea.—¡Teddy!.—Exclama la tía Cissy, sorprendida.

-¡Señora fea, no llame así a mi tía Cissy! ¡Señora fea, señora fea, señora gorda y fea!.—El tío Draco me carga de inmediato y tras tomar a la tía Cissy de la mano nos conduce hasta llegar a la chimenea más cercana. La tía Cissy parece a punto de llorar. Estiro mi mano para tocar su bonita cara que tiene las mejillas empapadas y digo.—No llores, tía Cissy, no llores. ¡Alguien tan bella cómo tú no debería hacer más que sonreír!

Ella ríe, al igual que el tío Draco. Y entonces también me pongo a llorar. No me gusta verla triste. Ella es tan bonita y tan amable cómo para estar triste. Cómo el tío Draco que también es muy bonito y que siempre está triste.—Oh, ven querido mío. Ven aquí.—Y ella me envuelve en un abrazo que se siente tan bonito cómo los abrazos de la abuelita Meda. Cómo me imagino a veces que habrían sido los abrazos de mamá Tonks.

Esa misma tarde, mientras la abuelita Meda y la tía Cissy hablan en la cocina, se aparece mi padrino Harry por la chimenea. Tan pronto el tío Draco lo ve, sus ojos del color de la plata se ponen tristes. Lo abrazo.—No te pongas triste. Teddy no dejará que vuelvan a decirle esas cosas feas a tu mami. Yo quiero mucho a la tía Cissy, es cómo mi otra abuelita y la quiero y también te quiero a ti. Así que ya no estés triste…

El tío Draco sólo me abraza y me sostiene en su regazo sin apartar su vista de algún punto perdido. Mi padrino Harry frunce el ceño. Siempre que ve al tío Draco, mi padrino Harry pone cara rara. Cómo la que pone la abuelita Meda al tratar de acordarse de algo.—Teddy, ven aquí. No deberías molestar a tu tío.

-Él no me molesta en lo absoluto, Potter.—La voz del tío Draco suena enojada. Nunca había hecho esto pero frunzo el ceño a mi padrino Harry, molesto. Yo quiero mucho a mi padrino Harry, pero me enfada que no se preocupe por esa cara triste que pone el tío Draco.

Que ponga su cara de que se está acordando de algo e ignore el sufrir del tío Draco. Que diga esas cosas desagradables.

¿Qué no ve que el tío Draco está triste? ¿Por qué rayos me dice eso? Yo no quiero apartarme del tío Draco. El tío Draco me quiere y yo lo quiero a él. Los ojos verdes de mi padrino parecen sorprendidos.—¿Teddy?

-Quiero quedarme con el tío Draco..—Digo con fuerza.

-La tía Ginny y yo queríamos...—¡Ahí está! La mirada triste del tío Draco regresa al mencionar a Ginny y entonces me enfado aún más. ¿No ves que le duele que hables de ella? No entiendo porqué, pero le duele. ¡No hables de ella! Quiero gritar. Entonces Ginny aparece en la chimenea y todo empeora. Incluso ella se atreve a mirar feo a mi tío Draco. Luego me tiende los brazos.—Anda Teddy. Vayamos a dar una vuelta.—Dice ella cómo si me quisiera mucho. Ella un día tiró de mi mano cuándo quise tomar una galleta de la abuelita Meda y me regañó. Ella es mala y hace que el tío Draco se ponga triste.—¡No!

Mi grito hace saltar al tío Draco.—¡Yo no quiero ir con ustedes! ¡Ella no es mi tía! ¡A mi tío Draco no le molesto, padrino! ¡Yo no quiero ir!

Y de la cocina salen apresuradas la abuelita Meda y la tía Cissy y Ginny frunce el ceño.—Teddy, ¿Teddy qué pasa? ¿Qué son todos estos gritos?

-Mi padrino Harry no entiende que yo me quiero quedar con el tío Draco. ¡Al tío Draco no le molesto!—Le digo, aún enfadado.

Sabía que a veces es un poco difícil para los niños controlar su magia. Y por eso, cuándo grito lo último y en mi pecho algo muy caliente me quema, estiro las manos y hago el intento de quitármelo. En ese momento, el candelabro de la sala se destrozó y la mesilla del té salió disparada hacía un lado. Mi padrino Harry aún me mira, sorprendido.—Quiero quedarme con el tío Draco, padrino.

-Teddy, cálmate. No creo que tu padrino haya querido dar a entender que tu tío Draco no te quiere, ¿cierto, Harry?.—El asiente con la cabeza.—Yo no quise...

-No hay problema, Harry.—Dice la abuelita Meda con una suave sonrisa. Yo simplemente me aferro de la manga del tío Draco.—¿Puedo ir contigo, verdad?

El tío Draco sonríe.—Por supuesto, Teddy.

Y sólo así mi enojo desaparece.

Dos días después regreso a casa cargado con todos los regalos nuevos que la tía Cissy y el tío Draco me obsequiaron y siento que soy el más afortunado del mundo al tener a personas tan bonitas y especiales en mi lista de mis personas especiales.

Sin embargo, no me olvido de algo de lo que me di cuenta cuándo mi padrino Harry se fue acompañado de Ginny Weasley por la chimenea, y eso fue, la cara más triste que jamás le había visto yo a mi tío Draco.

Y eso me hizo enojar.

(...)

-Teddy, ¿qué te ocurre? Desde que fui por ti no has hablado y pareces muy enojado.—Mi padrino Harry me miró con los brazos en las caderas y voz firme. Alzo la vista de mis dibujos, en los cuáles aparecemos mi tío Draco y yo, y lo observo.

-Nada.

Se sienta junto a mí en el suelo y mira mis dibujos. Están encantados, para que se muevan y el tío Draco me impulsa en un columpio color rojo.—¿Ese eres tú?

Asiento. Señalo al muchacho de pelo rubio.—Y él es mi tío Draco.

-¿Lo quieres mucho, Teddy?

Asiento.—Muchísimo, muchísimo. Me abraza y me da caramelos y me enseña a leer. Ya sè leer.—Lo miro.—¿Te muestro?

Me sonríe, emocionado.—Claro, Teddy.

Le muestro el libro de cuentos que me regaló la tía Cissy y comienzo a leer. En voz alta y clara, cómo dijo el tío Draco. Mi padrino Harry me abraza, orgulloso.—Bien hecho, Teddy.

-El tío Draco es muy, muy inteligente. Y me ha enseñado cómo convocar cosas sin varita pues dice que aún soy muy pequeño cómo para tener una varita.—Mi padrino Harry me mira, sorprendido—¿Te ha estado enseñando cómo hacer magia sin varita?

Asiento, emocionado. Me pongo de pie de un salto y cerrando mis ojos, me concentro, tal y cómo el tío Draco me dijo. Y entonces, exclamo.—¡Accio, caja de trufas!

Y en un abrir y cerrar de ojos, tengo la cajita de rufas y se la tiendo a mi padrino Harry.—¿Quieres? Son muy ricas el tío Draco me las trajo. Son tur… tru-fas.

-Teddy, eso es asombroso.

Sonrío, orgulloso.—Lo sè. Mi tío Draco dice lo mismo.

Se me olvida el enfado con mi padrino Harry y ambos cenamos hot-dogs con zumo de peras. Él hizo muchas preguntas sobre el tío Draco, aunque no fueron malas. Parecía… no sè. Estaba raro.

De nuevo puso esa cara de estar luchando por acordarse de algo.

Estábamos dibujando en el suelo, cuándo el fuego de la chimenea crece. Era Ginny y nos estaba invitando a la Madirguera.

-Yo no quiero ir a la Mardiguera.—Digo, cuándo mi padrino Harry me carga.—Quiero quedarme aquí y dibujar más cosas.

-Será divertido, Teddy. La señora Weasley cocina cosas muy ricas.—Quizás, pero de seguro no cocina mejor de Nani, la elfina de la tía Cissy.—Te la pasarás muy bien.

La señora Weasley es amable y sí, cocina muy rico. Pero extraño el silencio de Grimmauld Place, pues en la Mardiguera hay mucho ruido. Todos son pelirrojos y todos tienen los ojos muy claros. Entonces pienso que el color negro de mi pelo es aburrido y lo cambio de color y todos me miran, extrañados.—¿Rubio platinado?.—Pregunta amablemente la señora Weasley que me tiende un poco de pastel de cremas..

Asiento.—Es del color del pelo del tío Draco.—Contesto, orgulloso.

Ginny rueda los ojos de igual manera de la que mi tía Cissy dijo que jamás hiciera yo y el amigo de mi padrino Harry, Ron, frunce el ceño.—¿El tío Draco?

-Draco Malfoy es tu tío, ¿cierto, pequeño Teddy?

La tía Hermione es siempre muy amable.—Sí, él es mi tío Draco. Es inteligente y bonito y me enseña a hacer cosas cómo ésta.—Cierro los ojos.—¡Accio, vaso de leche!

El estruendo que llena el comedor de los Weasley me asusta. Ginny parece furiosa, el señor Weasley alterado y Ron grita y grita cosas muy feas.—¡Ese estúpido hurón! ¡De seguro quiere convertir a Teddy en alguien cómo él!

-¡Asqueroso mortífago!

Me enojo. Y de nuevo ese feo calor en mi pecho me hace sentirme ahogado. Todos los vasos de la mesa estallan, y de inmediato mi padrino Harry me levanta en sus brazos. La tía Hermione reprende con dureza a Ron, antes de que éste volviese a gritar.—¡Sabes bien que no miento! ¡Es un repugnante mortì…!

Otro chasquido y varias sillas se van para abajo.

-Teddy… ¡Teddy, basta!

Me echo a llorar en el hombro de mi padrino Harry.—No lo llamen así.—Sollozo, desesperado.—No llamen así a mi tío Draco, padrino Harry. ¡Yo lo quiero mucho, mucho…!

Nos desaparecemos.

Nos recibe la calma de Grimmauld Place que sólo se rompe con el sonido de mis sollozos, pero es que estoy tan triste. ¿Por qué nadie entiende que el tío Draco es bueno? ¿Por qué todos lo llaman mortífago? ¿Qué es eso? ¿Por qué nadie entiende que yo lo quiero mucho, mucho?

Mi padrino Harry palmea mi espalda.—Ya, ya pasó.

-Yo quiero mucho al tío Draco.—Repito, con la cara ardiéndome.—Y no quiero que lo vuelvan a hacer sentir triste. No de nuevo. Siempre lo llaman de esa forma tan fea y se pone más triste aún y… no de nuevo…

-¿Quién ha hecho sentir triste a tu tío Draco antes, Teddy? ¿Quién...?

(...)

Querido tío Draco.

Quiero invitarte a comer hamburguesas. Son muy ricas y aunque son comida muggle, cuándo les ponen mucho queso saben aún mejor. Irá con nosotros mi padrino Harry.

Dijo mi padrino Harry que no te dijera, pero yo te diré que dijo él que te quiere ver. Pero no le digas que yo te dije.

Nos vemos mañana.

Teddy Lupin.

Heredero de la Noble y Ancestral Casa de los Black.

Sobrino del tío Draco.

Draco lee por enésima vez aquella corta nota y no sabe si reírse por las cosas que dice Teddy o romperse el cráneo contra la superficie metálica más cercana, por haberse atrevido a acudir al encuentro.

¿Qué ganaba yendo? Nada.

Sólo ganaría más penurias al ver a Harry Potter feliz y ajeno a todo lo acontecido dentro de la destruida Sala de los Menesteres. Ah, y de la mano de la Comadrejilla.

Sólo eso.

Por ello, a punto de echarse para atrás y decidido a enviarle a Teddy una excusa, se pone de pié y decide salir del restaurant de hamburguesas.

Pero justo cuándo abre la puerta, la voz de Harry Potter le hace quedarse completamente congelado.—Malfoy, tenemos que hablar…

Parpadea, aturdido. Lo mira fijamente, tratando de parecer confundido.—¿Potter? ¿De qué...?

-De lo ocurrido dentro de la Sala de los Menesteres.

Continuará.

¿Les gusta?

Sip, Teddy le dice Mardiguera a la Madriguera XD

Espero que sea de su agrado.

Gracias por su apoyo.

Las quiero muchísimo.