Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J.K. Rowling.


Advertencias:

EWE?/Slash


Pairing: Harry Potter/Draco Malfoy


Los alientos se mezclaron.

Los sudores se unificaron.

Los cuerpos se fundieron.

Y en un momento, en un instante, breve y eterno, ambos corazones se encontraron bajo la palma del amante. Las piernas se enredaron en torno a las estrechas caderas y el primitivo empuje se intensificó. Lágrimas saladas llenaron los ojos color de la plata, y el rostro pálido dejó de ser pálido para volverse carmesí, y esconderse, avergonzado en el hueco del hombro del que llevaba esmeraldas en los ojos.

Los gimoteos se hicieron más fuertes, más desesperados, y mientras se tomaban, cada uno a su distinta manera, ambos se aferraron cómo quién se aferra a la vida. Ambos se adoraron, desvistiendo sus almas para encontrarse, para amarse en ese lugar perdido y olvidado del mundo.

Un poderoso último empuje los mató y les hizo renacer con el alba. Malfoy salpicó sus vientres de blanco. Potter le hizo doblarse al derramarse en su interior, y durante segundos eternos, ambos simplemente se aseguraron de sentirse lo más posible, cómo para darse fuerzas, cómo para buscar un último consuelo antes de tener que separarse.

Antes de tener que aguantar un día completo sin poderse tocar, sin poderse siquiera mirar.

Y luego, se observaban, bebiéndose su imagen, tratando de resguardarla detrás de sus párpados, intentando no tener nada más en su cabeza que no fuse el rostro del contrario pues pronto sería hora de separarse.

Y aquello dolía. Dolía más que los Crucios, pensaron ambos.

Porqué Harry amaba a Draco de una manera tan apabullante, tan intensa, tan poderosa y a la vez tan inocente, que le laceraba el alma. Que le lastimaba el corazón pero que a su vez le sanaba las heridas que pudiese tener a lo largo y ancho de su ser.

Porqué Harry amaba a Draco y Draco amaba a Harry de una manera que sólo ellos dos, y el universo que ambos crearon con sus cuerpos podían comprender.

-Mi amor.—Susurró Harry, besándole tiernamente el mentón. Draco sonrió, le gustaba cuándo Harry lo llamaba así, con tanta devoción, con tanta ternura.—Mi amor, mi amor, mi amor…

Le llenó el rostro de besos haciéndole reír.—Eres tan empalagoso.

-Pero así me amas.—Aseguró, presuntuoso.

-¿Qué remedio, no?

Ambos rieron, se miraron y volvieron a reír. Porqué bastaba la cercanía del contrario para verse inundados de una felicidad absurda y absoluta. A Draco le gustaba. Era cálida y se arremolinaba en su pecho cómo un soplo primaveral. Cómo un suave susurro veraniego.

-Tenemos que irnos.—Las palabras malditas. Draco asintió, y cerró los ojos unos momentos más antes de comenzar a moverse, antes de comenzar a separarse.

¡Qué injusta era la vida!

Primero le brindaba el maravilloso resguardo y calor de Harry y luego, cuándo más le amaba, se lo arrebataba con cada amanecer. Por eso Draco odiaba los amaneceres. Por eso el dragón odiaba el día, y amaba las noches. En las noches podía ser pleno y libre de abrazar los hombros de Harry y sumergirse en apacibles sueños bien agarrado a él, sin temor de encontrarse con pesadillas.

En las noches podía dejar de ser Malfoy, de ser un Slytherin y de ser un futuro mortífago, para quedarse solo con el nombre que Harry susurraba tan tiernamente.

En las noches, escondido entre sus brazos, podía darse la placentera y bella libertad de ser sólo Draco.

La Sala de los Menesteres se cerró a sus espaldas y se observaron una última vez antes de tomar rumbos separados, dejando en el camino rumbo a sus Salas Comunes, un rastro de pedazos de sus corazones.


TEDDY

Capítulo III.

"En la Sala de los Menesteres"


"Susurros..."

A Draco le gustaba charlar.

Luego de haber hecho el amor hasta casi la muerte, gustaba de deslizarse sobre el desnudo cuerpo de su amante y recargarse sobre su pecho para contarle historias sobre sí mismo a susurros. La primera vez que había hecho eso, Harry había sonreído.—¿Por qué susurras? Aquí nadie puede escucharnos.

-Eso le brinda emoción al relato.

Harry había reído, había envuelto su cintura con los brazos y había escuchado atento todo lo que Draco tenía que decir.

Al poco tiempo sabía muchísimas cosas del rubio. Sabía que amaba a los pastelitos de limón, a los dulces y por sobre todas las cosas, al chocolate. Sabía que a pesar de haber heredado el color de ojos de Lucius, tenía la mirada de Narcissa, a quién Harry había comenzado a creer todo menos indiferente. Sabía que cuándo Lucius no estaba, Draco era libre de acurrucarse contra su madre, mientras ella le acariciaba el pelo, cómo Harry había comenzado a hacer luego de enterarse de aquello. Conocía la historia del legendariamente estoico Abraxas Malfoy corriendo entre risas a través de los jardines, detrás de un Draco emocionado una mañana de Navidad. Sabía también que el color favorito de Draco era el verde y que cada que tenía oportunidad le decía que el verde de sus ojos era por mucho el más bello. Sabía que Draco le amaba.

Y eso bastaba para que Harry sonriese cada noche, y disfrutase de escuchar a Draco hablar a susurros contra su pecho.

-Hoy Pansy me dijo que me seguiría.—Murmuró luego de un breve silencio.

Harry se tensó. No confiaba en Parkinson. No del todo.—Tú… ¿tú confías en ella, no?

-Es cómo de mi familia.—Harry se abstuvo de decir qué tan merecedora era su familia, exceptuando a Narcissa, de su confianza. Simplemente besó su frente.—Estás… ¿estás bien con eso?

-Si tú lo estás, yo lo estoy.—Harry le depositó sobre la cama y le cubrió con las sábanas.—Debemos dormir un poco. Antes de que el amanecer llegue, quiero dormir un poco a tu lado.

Draco sonrió, se acurrucó contra él y cerró los ojos.

Harry deseó quedarse ahí eternamente.

Cuándo el frío de la madrugada comenzó buscó de inmediato el consuelo de los brazos de Draco. Lo encontró. Fue feliz hasta que el Tempus que invocaron al entrar a la Sala les hiciese saber que el alba había llegado.

Antes de separarse una vez más, Draco le sostuvo el rostro con devoción entre sus manos y le dedicó un último susurro.—Te quiero, Harry.

"Pesadillas"

Draco lo sostiene con fuerzas contra su delgado cuerpo.

Las llamas de la chimenea atenúan la oscuridad reinante dentro de la Sala de los Menesteres.

La desnudez de ambos produce placenteros choques electricos. Los jadeos de Harry se vuelven vocablos, y esos vocablos pronto toman el nombre de quién le sostiene entre sus brazos.—Despierta, Harry.—Dice, casi desesperado.—Vuelve, vuelve a mí.

Los ojos verdes se abren, le miran aterrados.

-Yo no quise...—Susurra él, lleno de pesar.—Él... los muggles, yo…

-Está bien.—Dice Draco, abrazándolo, impidiéndole terminar.—Está todo bien, Harry.

-¿Harry?.—La confusión en su mirada aterra al rubio.

-Sí, Harry. Tu eres Harry, mi Harry. Y te amo.—Le sonríe, acariciándole el negro cabello. Harry sonríe, y con ternura le mira, alzando la mano, recorriéndole la mejilla pálida con dulzura.—Draco.

-Sí, ese soy yo.

-Pesadillas, Draco.—Murmura, ahogadamente.—Fueron pesadillas. No, ni siquiera fueron pesadillas. Fueron reales, Draco. Él estaba… la familia a la que atacó…

Los gritos desesperados de mujeres. El aullido tortuoso de un hombre. El llanto lejano de un bebé. Las risas crueles de Greyback, sus asquerosos susurros llegándole desde lo lejos.—Eran unas niñas, Draco.—Dice, horrorizado.—Ellas… había dos niñas y Greyback las…

-No lo digas.—Lo silenció. No podía escucharlo. No podía escuchar a Harry lamentándose por el horror qué, erradamente, creía era su culpa.-No fue tu culpa.

-No pude hacer nada…

-No hay nada que pudieras hacer, Harry.—Le estrecha contra él.—Tranquilo, aquí estoy

Harry asentía. Sí, pensaba, agotadísimo.

Draco estaba ahí. Con él. Y si bien no podía protegerlo de las pesadillas que no eran realmente pesadillas, sino escalofriantes realidades, las ahuyentaba con su cálida voz, con sus suaves besos, con su aterciopelado calor...

Cerró los ojos, y se encerró, con Draco cómo único pensamiento dentro de las barreras de su mente, alejándose, diezmándose de la tenebrosa psique que le rodeaba.

Voldemort no podría entrar ahí, dónde los sueños con Draco arrullaban a su alma y a su corazón.

No lo permitiría.

"Estrellas & Recuerdos…"

-Lo único que odio de éste lugar, es su falta de ventanas.—La voz del Slytherin rompió el cómodo silencio que a ambos envolvía. Estaban en el lecho, enredados, perdidos en un revoltijo de piernas y sábanas. Harry sonrió, acariciándole la espalda.—Tienes una extraña fijación por las estrellas. Lo he notado.

-¿Cómo si no? Eres un acosador consumado.

Harry ríe.—Es imposible no verte cuándo pones cara de niño en dulcería.

Draco bufa, indignado.—¿Y cuándo, por Salazar bendito, he puesto yo esa cara?

-Pues cuándo ves a las estrellas.—Harry se quejó en voz baja cuándo Draco se incorporó, haciéndole espacio a la frialdad que siempre sentía en el alma cada vez que Draco se despegaba de su cuerpo. El rubio se abrazó las rodillas y miró a la chimenea.—Llevo el nombre de una constelación.

-Lo sè.

-A todos los descendientes de la familia Black les otorgan nombres de estrellas o constelaciones.

-Eso también lo sè.—Su mano trazó delicadas figuras invisibles en la pálida espalda.

-Mi madre solía verlas conmigo cuándo era niño.—Dijo finalmente, luego de un largo silencio.—Cuándo padre no estaba, ella y yo nos quedábamos despiertos hasta muy tarde. A la media noche, me levantaba en brazos y ambos íbamos a una de las terrazas. Ahí se veía el cielo estrellado. Ahí ella me contaba historias y por un rato lograba que se me olvidara que era yo un Malfoy y que los Malfoy sólo nacen por razones de peso.

Harry frunció el ceño. Luego de incorporarse, le besó delicadamente el hombro. Draco sonrió.—Por eso es que me gustan las estrellas. Contemplan los buenos momentos y los atesoran en su luz. Y luego, cuándo estás triste sólo hace falta mirarlas. Ellas te los devuelven y el dolor no se te queda tan dentro.—Harry lo envuelve en un fruncido abrazo.

A veces escuchar a Draco hablar así, despojo de su habitual arrogancia y conocida soberbia, le asusta.

Le hace sentir que en cualquier momento se lo arrebatarán.

-Hagamos el amor.—Le susurra con ternura. Draco ríe, llevado su mano por su espalda, aferrando la cabeza de Harry contra él.—¿De nuevo? ¿No has tenido suficiente ya?

-Nunca tengo suficiente. No de ti.

Draco cierra los ojos y sonríe. Eso le hace feliz. Le gustaría tener sobre ambos el precioso cielo estrellado, para que las brillantes esferas distantes y hermosas guarden en su luz el recuerdo de su dicha.

Entonces abre los ojos y la Sala que viene y va le regala lo que desea.

Harry le hace el amor bajo una capa de estrellas y Draco se siente infinito.

Al finalizar, los ojos verdes siguen el camino que los orbes grises habían trazado ya, y la boca del moreno se curva en una suave sonrisa.—Son hermosas. Artificiales, pero hermosas.

Draco asiente.—Espero que guarden estos momentos para cuándo sea necesario recurrir a ellos.

Harry se tensa.—No habrá nunca necesidad.

-Lo que dices es mentira, y lo sabes.

Harry no sabe nada. No quiere saber nada.

Sólo necesita sentir a Draco junto a él. El resto no importa. No cuándo están refugiados dentro de la Sala que viene y va. No cuándo están ambos ante los ojos de un millar de estrellas, guardándoles en sus brillantes vientres, aquella historia de amor imposible, que ambos, de buena gana han hecho posible.

Harry se queda dormido.

Draco lo abraza, aferrándolo con sus muslos, envolviéndolo con sus brazos. Sonríe y acariciándole la frente, murmura.—Te quiero, Harry…

"¡OBLIVIATE!"

Abre los ojos de golpe.

Todo está a oscuras. A su lado, el peso de Teddy indica que el niño ha acudido de nuevo a su habitación. Se incorpora, preocupado. Sabe que cuándo Teddy lo hace es porqué ha tenido pesadillas. Abraza con fuerzas el dragón de peluche que Malfoy le había obsequiado haría ya casi una semana.

Desde entonces, Teddy no se separa de él.

Se recuesta de nuevo y su mente le lleva esa última imagen de Draco Malfoy, aferrándolo contra él, sonriéndole, diciéndole algo que pecaba de irreal.—Estúpido.—Dice a la mañana siguiente, mientras Teddy come sobre la barra los panqueques que tanto ama.

Haría un día ya de lo acontecido en la casa de los Weasley y había desconectado la chimenea para evitar intrusiones indeseadas. No era que les considerase de esa manera, pero Teddy aún estaba demasiado alterado y ver a ninguno de los pelirrojos ayudaría en nada a cambiar eso.—¿Te sirvo más miel?

Teddy asiente.—Padrino… ¿puedo hacerlo yo?

Harry parpadea, luego asiente, sonriente. El niño cierra los ojos, grises, pues a Teddy le ha dado por ponerse los tonos Malfoy a toda hora y exclama.—¡Accio, miel de maple!

Y la miel de maple acude y por un rato más a Teddy se le olvida lo que le hizo tener pesadillas la noche anterior.

-¿Padrino Harry?

El niño aún está en pijama. Lleva en su manita el dragón de peluche. Harry se gira hacía él.—¿Qué pasa?

-¿Sí irás a dónde el tío Draco?

Se congela unos momentos. Te quiero, Harry. Asiente.—¿Te lo prometí, no es así?

Teddy sonríe.—Gracias a ti el tío Draco nunca más estará triste de nuevo.

Lo dudaba. Tantos años de odio, y un sectumsempra de por medio no eran buenos comienzos. Ni siquiera tontos sueños extraños corregirían nunca eso. Te quiero, Harry, repite la voz de Draco en su cabeza. La del Draco desnudo, sonriente y enamorado. La imagen le aterra y le fascina a partes iguales.—Kreacher, siéntate conmigo a jugar a los caballeros y a los hechiceros.—Dice Teddy al malhumorado elfo.

Cualquiera hubiera pensado que aquella arisca criatura era incapaz de sentir afecto, y más alejados de la realidad no podrían estar, se dice Harry al verlo ponerse frente a Teddy, obedientemente. Teddy se había ganado al elfo luego de que un día, Teddy encontró una vieja capa que perteneció a Regulus Black cuándo éste fue niño y se la puso sobre sus hombros, dejándose el pelo negro y los ojos grises de la noble y ancestral casa.

Kreacher casi se puso a llorar cuándo lo vio, todo regio, jugueteando con Draco Malfoy, en las escaleras de Grimmauld Place, durante una visita de Andrómeda Tonks a su hogar. Desde entonces dejó de ser "Criaturita indeseable" para Kreacher y se convirtió en el "Joven amo Teddy"

-Cuida de él hasta que vuelva, Kreacher.—Ordena.—Mantén la Red Flu desconectada.

-El amo ordena y Kreacher obedece.—Responde el elfo sin dedicarle una mirada, demasiado entregado en entretener a Teddy. Harry suspira, besa la frente de su sobrino y se desaparece.

Luego de caminar unas cuántas cuadras, se encuentra ante las puertas del restaurant de las hamburguesas. Te quiero, Harry, una vez más se pierde en ese susurro, y justo cuándo alza la mano para abrir las pesadas puertas de vidrio, la figura de Draco Malfoy emerge, distraídamente, ajustándose presurosamente los guantes.—Malfoy, tenemos que hablar.

El rubio lo mira, parpadeando, aturdido.—¿Potter? ¿De qué…?

-De lo ocurrido en la Sala de los Menesteres.

(...)

Kreacher juega conmigo. Está sentado junto a mí.

Kreacher es un buen elfo.

-Kreacher.—Lo llamo. El me mira de inmediato, atento, a la orden.—¿El joven amo Teddy desea algún postre?

Le sonrío y niego.—¿Los magos pueden tener bebés?

Parpadea con sus grandes ojos celestes. Cambio mis ojos a ese color. Es bonito, suave y delicado. Es un color bonito. Es el color de los ojos de mi amigo Kreacher.—Oh, claro que pueden, joven amo Teddy.

-¿Hombres con hombres también?

-No es tan común, pero en las familias sangre-puras, cómo la noble familia Black, a veces los varones debían encargarse de brindar herederos.

-¿Bebés?

-Sí, bebés.

-Oh.—Le tiendo una galleta. Kreacher es muy sensible. Siempre parece querer echarse a llorar cuándo le doy galletas o abrazos. O cuándo me pongo guapo con la ropa cara que me compra el tío Draco.—¿Sabes, Kreacher?

-¿Sí, joven amo Teddy?

-He estado pensándolo seriamente y quiero un hermanito.

Mi amigo Kreacher luce afligido.—Oh, joven amo Teddy, eso es algo que Kreacher… que Kreacher no puede cumplir. Kreacher se avergüenza profundamente…

-No, no, Kreacher, está bien.—Le sonrío.—Fue sólo un deseo. Quiero un hermanito.

Creo que eso es algo que puedo lograr si consigo que el tío Draco y mi padrino Harry vuelvan a gustarse. Oh, porqué me he dado cuenta de que alguna vez ambos se gustaron. Mi padrino Harry sabe la formula necesaria para quitar para siempre esa cara triste que pone el tío Draco.

Yo lo sè.

Porqué soy listo, y fabuloso y listo, cómo dijo el tío Draco.

Yo sè que se gustaban. No sè porqué, sólo lo se.

Y que todavía ahora, aun con esa molesta y grosera Ginny Weasley en medio de todo, ambos se siguen gustando. El amor es complicado.

Espero que nunca llegue a gustarme una niña.

-Kreacher, juguemos a los detectives...


Continuará.

Espero que les agrade la continuación. Y que lo sucedido en la Sala de los Menesteres haya quedado lo suficientemente fluff. Teddy sabe lo que quiere.

Y Teddy quiere una familia, a los Weasley fuera y ya que estamos, Teddy quiere un hermanito.

Gracias por esos maravillosos reviews.