Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J.K. Rowling


Advertencias:

EWE?/Slash/Lemon explícito.


Pairing:

Harry Potter/Draco Malfoy


TEDDY

Capítulo IV

"Recordando"

-¿Planeabas nunca decírmelo?

Draco bufó. Se cruzó de brazos y le miró, con una amarga y retorcida sonrisa formándose en sus labios. Los labios que alguna vez habían gemido su nombre, pensó Harry, aturdido. Los labios que alguna vez y con tanta devoción, le habían dicho que le quería.

-Esa es una pregunta estúpida.

Harry frunció el ceño.—¿Estúpida? Tengo derecho a hacer todas las malditas preguntas estúpidas que quiera, joder.—Gruñó.—Haberme lanzado un jodido Obliviate me lo otorgó.

-¿Qué quieres escuchar, Potter?—Pronunció su nombre con tanto desprecio que casi le pareció haber escuchado cómo lo escupía.—¿Qué nos encerrábamos en la Sala de los Menesteres y follábamos hasta que perdíamos la consciencia? ¿Eso?—Bufó de nuevo.—Pues ya te lo digo, tú y yo nos encerramos en la jodida Sala de los Jodidos Menesteres, dónde dejaba que me cogieras hasta la inconsciencia, ¿contento?

Sin poder evitarlo, Harry se ruborizó hasta el cuero cabelludo ante aquellas palabras. Oh, claro que sabía esa parte. En su mente imágenes de lo que ambos habían sostenido permanecían inamovibles. Por supuesto que sabía que se había cogido a Draco hasta la inconsciencia, pero en esos momentos eso no era relevante. Él quería respuestas.—Eso ya lo sè. Lo que no entiendo es, ¿Por qué?

-¿Por qué? Oh, la razones varían, te diré. Estábamos en sexto curso, un día me perseguiste, nos peleamos a golpes, rodamos por el suelo y de pronto te tenía enterrado hasta el fondo.—Rodó los ojos.

-Malfoy, sabes perfectamente a qué me refiero.—Sus ojos llamearon.—No sólo follábamos. Actuabas cómo… actuabas cómo si me quisieras.

-Luego del sexo a cualquiera le puede dar por ponerse meloso.—Replicó.

Harry bufó, desesperado.—Teddy me dijo que venir aquí, contigo, sería buena idea.

-¿Le contaste a mi sobrino, de cinco años, sobre lo que sea que haya estado pasando por tu retorcida mente?

Harry se mostró ofendido.—¡Por supuesto que no! ¿Quién me crees? Teddy tiene la loca idea de que yo era el causante de tus dichosas caras tristes.—Se echo para atrás.—Y de pronto comienzo a recordar todo, retazos de lo que pasó entre nosotros. Yo sólo quería respuestas.

-Follamos. Eso fue todo.

-Mientes.

Draco se sintió desesperado. Conocía esa mirada de "No voy a dejar de joderte. Me voy a encargar de joderte hasta que escupas la verdad en pársel, de ser necesario"—¿Y qué ganarías con eso, exactamente? Además de una erección y muchísimos problemas con los Weasley?

-Sabría la verdad.

-Tú, más que nadie debería saber a éstas alturas que la verdad tiene demasiadas caras.—Bebió un trago de su té helado. Se recargó en el asiento del restaurant y miró fijamente a Potter.—Así que creo que deberás dejarlo por la paz, olvidarte de todo y regresar a los flamantes brazos de la Comadrejilla.

-No la llames así.—Dijo, casi por inercia. Y de pronto, ahí estaba. Harry la vio, y supo porqué razón Teddy se sentía tan afligido. La expresión que momentáneamente cruzó el rostro de Draco fue descorazonadora. Sus ojos, por un breve instante, destilaron un dolor indescriptible y sus rasgos se fruncieron, cómo sí algo le hubiese provocado repentinamente, un profundo malestar.—Y además, Ginny y yo ya no estamos juntos.

-¿Teddy, la tía Ginny y yo queríamos…?¿Y dices que no están juntos? Vaya Potter, te creía menos descarado.—Alzó la ceja, despectivo. Harry volvió a enrojecer.—Es una costumbre. Sólo eso.

-No parecía eso el día en la casa de mi tía Andrómeda, ¿sabes? Me miró cómo si tuviera miedo de que te fuera a robar.

-Ginny tiene la idea de que un tiempo separados nos hará bien. Que podremos volver y seguir con nuestra relación.—Draco sonrió. Una sonrisa amarga, destrozada y helada. Te quiero, Harry. El recuerdo de su susurro le hizo estremecer.—No he podido sacarme de la cabeza las cosas que tú me decías. Sè que no sólo fue sexo.

-Pues créelo o no, lo fue.

-¿Te quiero, Harry? ¿De verdad pretendes que me trague tu monserga de que sólo fue jodernos y ya? Recuerdo las historias que me contabas, recuerdo también que hablabas en susurros porqué pensabas que eso le daba emoción. Recuerdo el relato de Abraxas Malfoy corriendo detrás de ti, una mañana de Navidad en los jardines de Malfoy Manor. También recuerdo que te gustaban las estrellas porqué tu madre y tú las veían cuándo eras un niño y tu padre estaba lejos.—Tomó aire ante la expresión desencajada de Draco. Joder, el vómito verbal fue incontrolable.—De igual manera puedo recordar que decías que las estrellas guardaban en su interior los recuerdos más bellos que podía tener una persona. Que cuándo les mirabas al penar por algo, acudían a ti esos recuerdos y así…

-…el dolor no se te queda tan dentro.—Draco lo recitó por instinto. Las palabras de su madre, quién con una sonrisa, acariciaba su cabello mientras ambos estaban en una de las terrazas de Malfoy Manor, viendo el cielo estrellado y eterno.

-Sí, eso.—Harry se inclinó sobre él.—También recuerdo que la última vez que hicimos el amor, le pediste a la Sala de los Menesteres un cielo estrellado y te lo dio. Fue ahí cuándo…

-¡Calla, Potter!

-¡No me voy a callar!

-¿¡Y por qué no!?

-¡Quiero jodidas respuestas!

Sus gritos hicieron que la clientela les mirase, sorprendida. Draco sintió su rostro arder y avergonzado sacó la billetera y arrojó sobre la mesa un montón de dinero muggle, antes de salir a volandas del lugar. Harry lo siguió, y gracias a Merlín que lo alcanzó a sujetar antes de que se desapareciera.

Draco le empujó con fuerzas cuándo ambos se aparecieron en un pequeño apartamento cogedor y pintoresco.—¡Déjame en paz, Potter! ¡Ya basta, aléjate de mí!

-¡No!

-¿¡Por qué no!?

-¡Porque quiero que me digas la verdad!

.¡Fue porqué te quería, de acuerdo!—Se desplomó contra el muro más cercano y bajó la mirada. Harry se quedó helado.—Estábamos en sexto curso, fue poco antes de que muriese Dumbledore. Yo había sido llamado para tomar la Marca. Sabía… sabía que harías alguna estupidez, que irías tras de mí o te le plantarías de frente a Voldemort para evitarlo, así que tuve que hacerlo. No me quedó opción. Tu conexión con él, todos nuestros recuerdos, la Marca… sabía… sabía que te perdería sino borraba todo. Sino hacía que despareciera...

De pronto, Harry sintió el arrebatador deseo de abrazarlo. De hacer que su dolor parara de fluir. De besarlo, de follarlo, de todo… Le asustó. Retrocedió.—Jamás había hecho algo que me doliese tanto. Ni la Marca fue tan… horrible. Tan insoportable.—Lo miró con los ojos grises reluciendo en lágrimas, en agonía, en rabia.—¿Crees que la pasaste mal? ¿Crees...? ¿Cómo mierda crees que me sentí yo, viéndote por ahí, de la mano de la Comadrejilla? ¿Cómo crees que me sentí cuándo supe que habías profanado el lugar dónde...? La llevaste, ¿recuerdas? La metiste en nuestro sitio. Perdí a Crabbe en el fuego que devoró esa Sala, pero agradezco a Merlín cada día y cada noche que la suciedad que llevaste a nuestro lugar haya desaparecido con el fuego maldito.—Sonrió con desprecio.—Y luego, ¿cómo olvidarme del Sectumsempra? ¿Cómo olvidarme de todo? ¿Piensas que la pasaste mal, Potty? No tienes ni idea de lo que es arrancarte una parte de ti mismo para proteger a la persona que se ama. No tienes ni idea de lo mucho que duele que esa persona te mire con desprecio. Que esa persona te llame cobarde, te diga infinidad de veces cuánto mal te mereces. Que esa persona ande de la mano de otra persona, que la presuma, que luzca su amor frente a todos cuándo el nuestro tuvo que quedarse encerrado bajo llave en una Sala carbonizada… No, no tienes idea.

Draco no lloró. No se permitió hacerlo. Suficientemente desnudo había quedado ya diciéndole esas cosas cómo para permitirle que le viera llorar.

-Draco...

-¿Ahora ya no soy Malfoy?

-Cierra la boca.—Dijo con voz inexpresiva. La expresión del rubio se encendió de nuevo y de no haber sido porqué avanzó hacía él casi a zancadas, seguramente hubiera comenzado a acribillarlo de nuevo.

Le tomó de la nuca y le besó, furiosamente.

Mordió sus labios, introdujo su lengua en esa ardiente boca, lo saboreó, se bebió su aliento, y Draco… Draco se dejó hacer. Gimió dentro de ese beso, jadeó, le aferró contra sí. Te quiero, Harry, dijo una y otra vez ese recuerdo, ese precioso recuerdo, ahora recuperado de un Draco sonriente, sonrosado, preciosamente recién follado, desnudo y entre sus brazos... Te quiero, Harry. Te quiero, Harry…

-Draco.—Gimió, desesperado.—Oh Draco, Draco...

-H-Harry...

Escuchar su nombre de aquella voz nuevamente, hizo su cuerpo arder sin clemencia. El toque de Draco sobre su cuerpo eran llamas, fuego puro y salvaje. Ginny nunca… Ginny jamás.

-¡Ah!—La voz de Draco distorsionada en placer, sus manos desabrochándole la camisa, su palma acariciando su vientre, sosteniendo su polla, haciéndola endurecer, su cuerpo desnudo…

A duras penas llegaron a la cama, la cama de Draco, de sábanas suaves color verde escarlata, cómo aquellas en las que a veces se enredaban dentro de la Sala que viene y va...—Draco, Draco, Draco…

Lo penetró de una sola estocada, desesperado por sentirlo de nuevo, desesperado por recuperar ese poderoso sentimiento que luchaba desde las sombras del olvido por volver. El placer fue apabullante. Harry se sujetó con fuerzas a las caderas blancas, gimió y frunció el ceño, tratando de mantenerse erguido, pues el ardiente interior fue suficiente para casi hacer que se corriera. Draco gimoteó, se abrazó a sus hombros y con voz ahogada le suplicó.—Joder, , hazlo, hazlo ya… Harry

Su nombre, su jodido nombre siendo gemido por aquella voz fue suficiente para hacerlo perderse dentro de su propio instinto. El obsceno sonido de carne chocando contra carne, ese infernal calor rodeándole la polla, la presión del cuerpo de Draco contra el suyo, aquel placer divino…

-¡Ahí! Así, oh, así, ahí, Harry, ¡a-ahí!—La voz con la que Draco gimoteaba era pecaminosa, aguda, descompuesta, sin aliento y a duras penas brotando de su boca abierta. Su cadera daba todo cuánto tenía que dar, hacía tanto, hacía demasiado…

Parecerían siglos que no lo había recibido en su interior, olvidado, resignado a encontrar a alguna sangrepura con la cuál casarse, resignado a jamás volver a sentir aquel embriagador placer, aquella calidez única, aquella plenitud absoluta…

Harry lo recostó contra el colchón, aplastándolo con su cuerpo, subiéndole las rodillas a sus hombros y volvió a la carga, deshaciendo a Draco en gritos, en gimoteos, en rápidos jadeos sin aliento…Bajar su mirada de la de Draco, recorrer ese cuerpo perlado y blanco, ver su abdomen contraerse al ritmo de las embestidas, ver esa polla rosada y endurecida, y ese culo devorándose su verga… El fuego en su interior que no había podido nunca apagar con las caricias de Ginny Weasley se arremolinó en su pecho, a la altura de su enloquecido corazón y en su entrepierna que arremetía sin piedad contra el interior húmedo, enrojecido y torturado de Draco…

No podía parar, no quería, no querría jamás salir de aquel cuerpo al que se encajaba tan bien.

-Así, así, ahí, no pares, joder, Harry...—Su voz entrecortada, su expresión, una oda a la sensualidad, a la sexualidad, con ojos empañados y llorosos, mejillas sonrosadas y labios hinchados, todo en él, todo en Draco le perdía, pero a la vez le encontraba, le mataba y le revivía.

Con que era aquello, pensó brevemente, mientras se hundía de nuevo en ese cuerpo tan anhelado. Aquella sensación de vacío, aquel sentimiento implacable de falta, de pérdida, de una insoportable soledad. Era Draco, dijo su mente. Era Draco, gritó su corazón y desesperado por volver a escuchar esas palabras brotar de nuevo de los labios del rubio, se dejó ir.

Una poderosa punzada le hizo inclinarse sobre Draco, quién gritó y una milésima después cubrió sus vientres con blanco néctar. Harry cerró los ojos y se corrió en ese interior preciado, antes de caer sobre el cuerpo del rubio, quién lo recibió con los brazos, piernas, corazón y alma misma completamente abiertos.

Draco sollozó.—Eres un imbécil.—Dijo en voz baja.—Eres un imbécil. Te odio.

-Lo sè.

-Te odio, te odio, te odio...—Escondió su rostro en el hombro sudado de Potter. Se ocultó, se refugió en su cuerpo y se desahogó.—Cinco años de soledad. Cinco años de una cama vacía y helada. De verte con ella, de saberte con ella, de…

-Cierra la boca.—Dijo finalmente, desesperado por callarlo. Por impedirle seguir diciéndole esas cosas.—Cierra la boca y bésame. Bésame, abrázame, fóllame si quieres, pero repíteme lo que mi mente me ha repetido durante tanto tiempo…

Draco se estremeció.

No podía. Era… era imposible.

-No puedo.—Dijo finalmente, destrozándole el corazón a Harry, arrancándose lo poco que quedaba en su pecho, matándose finalmente.—No puedo, no puedo…

-Mírame.—Rogó el pelinegro—Mírame, mírame…

-Déjame. Suéltame, no me toques más.

-No me pidas eso.—Susurró, desolado.

-Lo hago.—Se agitó, desprendiéndose de su abrazo.—Suéltame. Vete. Vete con ella.

-No puedo. No puedo separarme de ti, sabiendo todo lo que sucedió. Sabiendo todo esto. Sintiendo todo esto.

-No te creo. Te irás. Te hartarás de mí, te irás de nuevo con ella.

-Nunca, joder, nunca. ¡No me pidas eso! ¡No me pidas que te suelte, que te deje en paz, no me pidas eso!

-¡Te odio!—Exclamó Draco, rendido.—No sabes… ¡No sabes cuánto te odio! ¡Cuánto te aborrezco!

-Claro que lo sè.—Dijo con amargura el pelinegro.

-No lo haces, pues te odio casi tanto cómo…

Harry lo besó de nuevo.

Sus muslos enrojecidos y húmedos le aprisionaron casi tan fuerte cómo sus brazos lo hicieron. Draco jadeó ahogadamente antes de apartarse del calor de ese cuerpo y mirarle fijamente a los ojos. Verde contra gris, esmeralda contra plata, Potter contra Malfoy, Harry contra Draco.

Recordó todo de súbito. Los secretos, las historias, los arrumacos, la calidez de los brazos de Harry y finalmente, le obsequió lo más hermoso que Harry hubiese podido pedir. Una sonrisa. Una sonrisa melancólica, melancólica pero sincera, una mirada que relucía y unas palabras que liberaron por completo las memorias que luchaban por volver. Harry lo supo. Siempre lo había sabido, pero lo había olvidado. Y ahí estaba de nuevo.

-Te quiero, Harry...

Y Harry se siente en casa. Harry sonríe.

Harry se aferra a él.

Harry se decide a nunca más soltarlo.

(…)

Aquella tarde, luego de que Kreacher y yo termináramos con el pastel de chocolate de mi padrino Harry, nos sentamos a dibujar en el suelo.—Dibuja algo bonito, Kreacher.

-El amo ordena, Kreacher obedece.

Kreacher dibujaba muy bonito. Incluso mejor que yo. Pero no mejor que el tío Draco, él era muy bueno dibujando. El tío Draco era bueno para todo. Mi padrino Harry también, pero tampoco es bueno dibujando. Rio. Les echo de menos.

Ojalá y hayan podido volver a ser novios.

Kreacher me explicó que si dos personas se quieren mucho serían novios antes de casarse. Y cómo sè que mi padrino Harry y el tío Draco en el fondo se quieren mucho, pues sólo hace falta que se hagan novios, ¿no?

La chimenea se enciende. Kreacher se levanta de inmediato.

De las llamas salen los dos.

No hace falta que digan nada, sólo tengo que ver esa manera tan bonita que tienen de tomarse de las manos para saber que todo está en orden de nuevo. O lo que quiera decir eso. La tía Cissy a veces dice frases muy guay, no entiendo a veces sus significado, pero son geniales y Teddy, ósea yo, que según el tío Draco soy impresionante, listo e impresionante de nuevo, tengo que decir frases así.

Así que lo digo y lo repito; finalmente las cosas están en orden de nuevo. Cómo siempre tuvieron que estar.—Hola, Teddy.—Me saluda el tío Draco. El buen tío Draco, que me da dulces ricos y me enseña a hacer magia sin varita. El que me abraza y me mece sobre sus rodillas. El que me dice que soy un niño impresionante, listo e impresionante nuevamente. Sonrío.

-¿Cenaremos juntos, verdad?—Preguntó, luego de abrazarlos a ambos. Con todas mis fuerzas.

-Sí, Teddy.—Responde mi padrino Harry sonriéndome desde su altura.

-¿Podremos dormir juntos? ¿En el sofá?

Soy impresionante, impresionante de verdad. El tío Draco sonríe, sonríe con felicidad y me enorgullezco de no ver esa fea tristeza invadiendo su rostro tan guapo. ¡Ahora, feliz, se ve aún más bonito!

Me alza en brazos y yo rio cuándo mi padrino Harry me da un beso tronador en mi mejilla. Al girarme, y ver en la pared la fotografía de Mamá Tonks y Papá Remus, sè que aunque siempre seré su hijo, puedo tener una familia nueva. Mamá Tonks me sonríe, agita su mano y me lanza un beso.

Ella fue terca. Decidida.

Y yo fui terco y decidido. Obtuve lo que quise.

Me sentí orgulloso de nuevo. Pero esta vez fue por saber que a pesar del tiempo, y de que nunca pude escuchar su voz, Mamá Tonks y yo somos más parecidos que ningunas otras dos personas en el mundo.

Y eso, eso me hace feliz.

-¿Podemos cenar panqueques con mucha miel, no?

Mi nueva familia, sonrió.

Y yo también sonreí.

Y al final, todos fuimos felices.

Hubo problemas, claro.

Cómo Ginny Weasley y su fea manera de escupir groserías o el tío Ron haciéndoles caras malas a mi tío Draco.

O cómo varias discusiones en la Mardiguera.

Problemas hubo, y fueron muchos.

Y sin embargo tenía la certeza de que cada noche, cada vez que tuviese miedo, luego de un día largo y desalentador, podría salir de mi habitación de Grimmauld Place, tocar a la puerta de enfrente y llamar a mi padrino Harry y a mi tío Draco.

Ellos me escucharían, responderían de inmediato y me alzarían en sus brazos cálidos. Entonces me llevarían con ellos y me recostarían en medio, abrazado por mi padrino, mirando la sonrisa suave del rostro de mi tío.

Una sonrisa sincera, feliz. Y entonces las pesadillas se irían y yo… yo lograría soñar de nuevo con cosas bonitas.

Hay una lista de cosas bonitas con las que sueño.

Es un poco más larga que mi lista de personas favoritas, pero es igual de especial.

Sueño con la sonrisa del tío Draco, con la risa de mi padrino Harry. Sueño con los abrazos de la abuelita Meda y con la bonita cara de la tía Cissy. Sueño con Mamá Tonks y con Papá Remus, sonriéndome.

¿Saben?

Justo ahora estoy pensando en esas cosas especiales. Estoy a punto de dormirme, en medio de esa familia que yo solito, con la necedad de Mamá Tonks y la gentileza de Papá Remus, logré construir.

Gracias por escuchar mi relato. Son ustedes muy amables.

Son impresionantes, fantásticos e impresionantes de nuevo.

Tal y cómo dice mi tío Draco que soy yo.

Y sí mi tío Draco lo dice y mi padrino Harry lo avala, es porqué debe ser cierto.

Tan cierto cómo que las pesadillas a lado de ambos se marcharán para no volver más.

Tan cierto cómo que a la mañana siguiente me levantarán y me llevarán a la cocina, dónde luego de darme un delicioso zumo de moras, se sentarán frente a mí, me sonreirán y comerán a mi lado, unos deliciosos panqueques recién hechos.

Con mucha, mucha miel.


FIN.


Espero que les guste el pequeño final.

Es meloso, y les quise obsequiar un lemon de esos dos siendo adultos ya y no solamente de recuerdos.

Teddy los ama. Tanto como yo.

Nunca lo olviden.

Con eterno cariño, Elisa.