I. En momentos como estos, el silencio es oro.

Está atrapado entre dos indecisiones, dos amores que le han dado y quitado a partes iguales. Las consecuencias de sus actos están ahí, atrapándolo junto a su pequeño hijo; Kenta.

Itachi lo toma de ambas manos y las aprieta de modo que le hace recuperar el tiempo. Los dos atrapados, los dos fugitivos encontrados.

- Esto iba a pasar tarde o temprano – su voz se escucha lenta y suave para tranquilizar a su bebé que se aferra a su cuello y balbucea.

- Lo sé. – Itachi no puede decir que estaba preparado para eso porque estaría mintiendo. Quiere mantener la serenidad pese a la situación. - Cometí un error, y no quiero que pagues por ello – Naruto lo mira como siempre lo ha hecho; con esos cielos plagados de curiosidad.

4. Vámonos lejos

Itachi tiene en sus manos algo que jamás debió tener, algo que cayó por desgracia divina en su posesión. Lo lee detenidamente, arruga las hojas después de leerlas.

De aquel encuentro con el niño rubio, siguió frecuentándolo a escondidas de Sasuke. Naruto tenía un poder especial para tranquilizarlo, cuando lo abrazaba sentía una paz arrolladora. Por eso busco alternativas para poder detener la enfermedad. Quería seguir viendo esos ojos azules y quería seguir sintiendo los bracitos de su pequeño alrededor de su cuello.

Él no estaba enfermo. Le habían mentido descaradamente, y pagaron por qué así fuera.

Su padre lo estaba medicando para una enfermedad que no existía, y su madre lo sabía. El dolor de la traición lo amargó hasta sentir nauseas.

- ¿Itachi? – Sasuke está afuera de su habitación tocando insistente. Él trata de componer su mejor cara para su hermano pequeño.

- Salgo en unos momentos – avisó en tono exasperado para no descubrir su nueva revelación.

La comida familiar que se celebraba cada año. Sus padres estaban esperándolo.

Itachi se siente verdaderamente enfermo, todos sus familiares lo saludan y algunos lo abrazan, ve en sus ojos la lastima prendada exclusivamente para él y quiere gritarles en la cara que no está enfermo, que sus padres le han estado mintiendo.

- Querido mío – su madre esboza una sonrisa que lo deslumbra y provoca que por míseros minutos olvide que ella no está detrás de todo esto.

Sasuke se les une, están vestidos con traje de etiqueta. Itachi no quiere estar ahí pero es deber como hijo mayor recibir al clan Uchiha.

- Quiero presentarlos con la familia Uzumaki – Namikaze – la matriarca los toma de las manos como si aún fuesen niños pequeños y los guía en contra de su voluntad en dirección a esa familia. – Son personas muy importantes – comenta en voz baja – tienen un hijo muy bonito – ríe, a ellos les parece que su madre puede ser incluso letal enfadada pero cuando ríe es como si un ángel hubiese ocupado momentáneamente su cuerpo.

- No quiero conocer a amigos tuyos, seguro son estirados y aburridos. –dice Sasuke, Itachi sonríe por la indiscreción de su hermano, Mikoto le da un golpecito en la nuca.

- Compórtense – regaña antes de vislumbrar dos cabelleras rubias. – ahí están – señala con la mirada. A los hermanos se les seca la boca cuando ven a un rubio en especial.

- ¿Él es…

- ¿El hijo de tus amigos? – termina Sasuke porque Itachi no pudo continuar de la impresión. Mikoto ignora su comportamiento.

- Si – llegan con los dos rubios. Minato es guapísimo, su sexualidad viril exuda en cara poro de piel, sale por cada punta de su cabello y adorna esa bella sonrisa despreocupada.

- Minato, querido. Ellos son mis hijos, de los que tanto te he hablado – el hombre mayor los estrecha de las manos. Sasuke e Itachi lo reciben con gusto, detrás de las piernas de Minato se esconde un pequeño travieso que frecuentan ambos en el parque.

- Hijo, preséntate – el menor los observa. Sasuke sonríe de lado, Itachi solo espera a que el niño los salude.

- Ya nos conocemos – menciona sonrojado. Los dos se ven muy bien de traje, opacando a los demás invitados.

Pero Naruto a pesar de querer sentirse feliz por descubrir que sus amigos del parque son hijos de los amigos de sus padres se siente triste, su mami está muy enferma, y su papi le dijo que solo irían a saludar por educación, además Kushina se lo exigió.

Los dos Uchiha se dan cuenta que esos ojos azules lucen opacos, apagados y secos. El mar se está drenando.

Mikoto se lleva a Minato mientras ella habla y habla, Minato escucha y escucha.

Itachi se acerca al menor para posar una mano sobre su hombro.

- ¿Estás bien? - pregunta en voz trémula, Naruto asiente y luego niega con la cabeza. - ¿Qué sucede? – Sasuke se cruza de brazos e ignora que su hermano le ha ganado la partida por esta vez.

- Mami está enferma – solloza – no quería venir pero ella me dijo que debía asistir o seria falta de respeto. – habla tan suavecito como el pequeñito que es, y a Sasuke se le encoje el corazón porque su solecito está conteniendo las lágrimas. Aparta a Itachi y lo estrecha en sus brazos.

- Dobe, no llores – e igual lo hace, se suelta entre el abrazo protector de ese hombre que huele a menta, a toques de tabaco y al propio Sasuke. Itachi acaricia sus cabellos, los morenos están consolándolo.

- No sabía que eran hermanos – susurra contra el cuello cálido del Uchiha menor.

- ¿Itachi es el chico de ojos rojos con el que platicas en el parque por las tardes, después de hablar conmigo? – no quiere sonar celoso pero lo está. Naruto dice un silbante "siiiiii" Itachi lo mira todo.

- ¿Te molesta? – pregunta cauteloso, Sasuke dice que no pero quiere decir que sí, porque hasta ese momento no quería pensar que era Itachi con quien se encontraba su rubito.

- Naruto – llama Itachi para molestia de su hermano menor. El rubio se aleja del huequito entre el cuello y la clavícula de Sasuke para mirar al joven de ojos escarlata. -¿Quieres un helado? – el niño se remueve inquieto ante la mención del postre.

- ¡Si quiero! – los dos hermanos se embelesan por la soltura con la que sonríe como si olvidara los problemas con tanta facilidad que lo envidian.

5. Vámonos lejos.

A los pocos meses de conocerse, la madre de su querubín murió. Ya no iba al parque a corretear palomas o pescar hojas secas, el otoño terminó, y el invierno crudo apagó la luz del sol vibrante que corría entre sus piernas cuando estaba muy alegre.

- Todo estará bien pequeño – Naruto se niega a aceptarlo, solo se aferra con más fuerza a la almohada. La muerte de Kushina dolió pero se iba recuperando a paso lento. Su papá no comprendía y tampoco quería perderlo como a ella, su pelirroja. – Itachi ha venido a verte – él alza la cabecita con los cabellos enmarañados. - ¿Quieres que lo haga pasar?

- Si – no se niega a la visita de su amigo, del hombre de ojos carmesíes, el que le revuelve los cabellitos y lo carga entre sus brazos.

Itachi hace su entrada haciendo una leve reverencia al señor Minato, el papá de Naruto decide dejarlos solos, sabe lo bien que le hace a su hijo la presencia de los hermanos Uchiha. Solo que Sasuke no se ha parado ni un día a ver a su pequeño.

- ¡Itachi! – se arroja a sus brazos siendo atrapado con maestría por el mayor. Él le sonríe, su sol está muy apagado, el clima de invierno nunca se miró tan desolador en una persona como en Naruto.

- Te extraño

Y sucede, eso que no debería suceder porque es diez años más grande que Naruto y el rubio es un niño, un alma inocente con ojos tan grandes, tan demandantes que no puede evitarlo. Atrapa sus labios a los de ese amor prohibido, ese niño que parece un ángel caído del cielo. Se debilitó, tenerlo en sus brazos le hizo mal.

Naruto se siente raro, sus manitas cosquillean y se aferran a los hombros del moreno, entierra sus uñas en la ropa. Eso es un beso, no es estúpido y lo ha visto en las novelas rosas que veía su mamá, cuando sus papas se demostraban cariño descuidadamente frente a él. Él no se guía por los movimientos lentos de Itachi, solo se queda así, estoico y ojos abiertos.

Itachi se da cuenta de que está actuando precipitadamente, se separa del rubio porque no quiere arruinar su amistad con él, no quiere ser malinterpretado y echado de la casa.

- Lo siento – su voz ronca lo delata, el deseo está impreso, se avergüenza de sus acciones pasadas. – No debí – pero antes de alejarse más de su sol, el niño enreda sus brazos pequeñitos en su cintura.

- Por favor, no te vayas. – en la mirada azulina hay una súplica muda, algo que lo obliga a acostar la cabecita de Naruto sobre su pecho mientras acaricia sus cabellos. – Mami me cantaba una canción, ¿puedes hacerlo tú?

- ¿Cuál era?

- Mama te va a comprar un ruiseñor, y si ese ruiseñor no canta…

- Mamá va a comprar un anillo de diamantes.

- Y si el anillo de diamantes se vuelve de latón.

Sasuke se detiene en la puerta, detrás de la madera está Naruto junto a Itachi. Estaba dándose valor en todo el camino pero no es capaz de hacerlo, algo le duele en el pecho.

Venganza, solo quiero que me paguen el haberse burlado de mí.

Toma el pomo de la puerta, cuando abre la luz lo deslumbra un poco, una vez que se acostumbra los mira. Sentados en un sofá de tres plazas está Itachi abrazando a Naruto quien llora amargamente mientras tararea una canción de cuna, la recuerda porque su madre solía cantársela a él.

- Mama te va a comprar un espejo, y si ese espejo se rompe…

Se queda callado. Itachi dirige su mirar a él, y Naruto con un poco más de reticencia traga saliva y después gira su cabeza. Después de cinco años tres colores se unen; rojo, azul y negro.

Sasuke cierra la puerta detrás de sí, luego de eso solo se escucha silencio.