—Aurelius, dime— pedí con desesperación.
Apenas entrar al hospital Haymitch me informó sobre lo que había pasado con Peeta, ni siquiera pasé a verlo, no podía verlo, no cuando despertó sin que yo estuviera a su lado. No quería ni pensar lo que él diría de mí cuando supiera que le permití a Gale dormir al lado mío, aunque no me haya tocado, aunque no me haya abrazado, simplemente había estado demasiado cerca de mí, y yo se lo había permitido. Se lo había permitido porque había visto el dolor en sus ojos y ese mismo dolor había estado en los míos, sólo por esa razón le dije que sí.
Pero Gale debía entender que yo había dejado de ser suya, y él había dejado de ser mío.
Porque ahora:
Peeta es mío. Y yo soy suya. Cualquier otra idea era totalmente imposible.
Imposible en el modo de que Peeta me hacía feliz, me hacia olvidar las pesadillas en la noche cuando me abrazaba con sus fuertes brazos y su olor a canela inundaba mi nariz. Y en que él, más que nadie, había hecho menos doloroso la perdida de Prim.
—Últimamente solo me das malas noticias, Aurelius—le digo cansada
Me sonríe para confortarme y luego comienza a hablar -Es solo una pequeña contusión en el cerebro el que no le permite moverse- dice tallándose los ojos -. El coma y la enfermedad no afectaron absolutamente nada, solo necesita adaptarse
—Entonces, ¿volvera a caminar?
—Si, lo hará. Por eso no te preocupes. Necesita acostumbrarse, volverse a ponerse en movimiento.
Suspire aliviada, un acontecimiento menos por el cual luchar. Era algo reconfortante.
—Gracias—dije
—¿Por qué?
—Por la noticia. Al menos se que Peeta volverá a caminar.
—Así es- asintió —. ¿Quieres pasar a verlo?
Me negué —No. No puedo. ¿Esta Haymitch con el?
—Effie también.
—Solo necesito a Haymitch, ¿podrías hablarle, Aurelius?
Le dije que lo esperaría en la cafetería, y el asintió alejándose por el pasillo. Camine con el olor de comida guiándome por el hospital, mis tripas rugieron, y me di cuenta que no había comido nada desde que me había despertado.
Solo pedí un café, para sentirme mas aliviada, y como no soy amante de esta cosa negra, le agregue dos cubos de azúcar, como Finnick me había enseñado, sabia mejor con ellos, y me senté en una de las mesas más alejada de las personas.
Me puse a pensar, que es lo que mi patito hubiera dicho y no encontraba nada aconsejable en mi mente, no logre nada, más que un dolor de cabeza y que mis ojos se humedecieran al mínimo, pero no lo suficiente como para soltar una lagrima. Me di cuenta que el dolor de la perdida, ya no era tan intenso y que al tratar de recordar sus cabellos dorados o sus ojos que me miraban con amor, su voz, ya me era bastante difícil. La estaba olvidando físicamente, pero mi cariño seguía intacto, como si estuviera viva conmigo y la muerte no me la hubiera arrebatado. La muerte de un ser amado, jamás lo olvidas, pero dejas de sufrir al tiempo.
—Deja de pensar, cielito— susurró Haymitch sacándome del abismo al tiempo que tomaba asiento.
—Quería hablarte— balbuceo distraída mirando un punto lejos de la cafetería, olvidando el vaso sobre la mesa.
— Eso suponía. No me hubiera hablado Aurelius por nada.
—¿Cómo se encuentra Peeta?—dije nerviosa jugueteando con mis dedos
—¿Eso es de lo que querías hablar? ¿Porque no entras a verlo por ti misma? Está tan ansioso de verte...— dijo evidentemente enojado por mi terquedad de no pasar a ver a Peeta, al tiempo que abandonaba la mesa.
—Algo pasó en el doce— murmuré llamando su atención, volvió a tomar su lugar en la silla
—¿El qué?
Mordisqueé el interior de mi mejilla —Gale durmió conmigo
Su puño se estrelló contra la mesa a una velocidad imperceptible para mi vista despistada del momento —¡Perfecto! ¡Ya estarás contenta, cielito! — grito en un ataque de cólera —, ya dormiste con los dos, ¿ahora qué le dirás a Peeta? ¿Lo disfrutaste? ¿Eh?
—Haymitch, ¿de qué estás hablando?— grite enojada, uniéndome al escándalo que había creado —. ¡No fue de la forma en que estás pensando!— me miró desesperado —. Solo durmió en la cama, no hubo nada, ni nos tocamos— susurre lo más bajo que pude.
—¿Eso era todo?— pregunto con un tono jocoso en la voz
—Si
Comenzó a reírse a carcajadas —A veces eres tan Inocente que me cuesta creer que fuiste el Sinsajo. Peeta no se enojara por eso, pasa a verlo...
PEETA
...Incapacitado, en silla de ruedas, con Katniss empujándome a todos lados. Así era como habíamos vuelto al Distrito 12.
No pude contar cuantas personas fueron las que se alegraron al vernos volver, muchas se acercaban a saludarnos y aunque podía notar un poco su sorpresa al verme en el estado en que estaba, lograban recuperarse en segundos y comenzar una plática simpática con nosotros. Nos habían ofrecido un transporte desde la estacioncita hasta la aldea, pero Katniss y yo nos negamos al momento.
Sería bueno recorrer las calles de nuestro hogar, aunque estuviera en una silla, lo cual no lograba desanimarme, pues tenía a Katniss apoyándome, a Haymitch aguantando el camino a pie con la mitad de una botella de licor en la mano y a Effie del otro lado sosteniendo una sombrilla de color rosa brillante, con su singular andar.
Estaba feliz; aunque no pudiera moverme de cintura para abajo, mis brazos si tenían tacto, era todo lo que necesitaba. Lo primero que había hecho había sido tocar las mejillas y labios de Katniss con las yemas de mis dedos, también recorrer su cabello mientras su olor a bosque; que permanecía con ella, emanaba de su cuerpo...
...Al llegar a la aldea, Haymitch se despidió de nosotros, Effie también lo hizo y alcanzó a Haymitch como pudo con sus incómodos zapatos. Nosotros dos, nos dirigimos a nuestra casa.
Aunque nos atoramos un poco al querer entrar por la puerta. Nos caímos varias veces sobre la tierra, y tenía que poner todas las fuerzas que había en mis brazos para volver a colocarme en la silla, pero al final, logramos hacer que entrara. Avance por la entrada, moviéndome por el suelo de madera, todo seguía igual, ahora había un leve olor a canela en la casa de cuando solía hornear aquí, pero también el olor a pino, el lugar estaba un poco frío por el abandono, pero estaba seguro que con nuestra estancia aquí, tomaría poco a poco vida de nuevo el lugar.
—Le pedí a Effie que mudara nuestras cosas a la habitación de abajo mientras te recuperabas— dijo Katniss mientras dejaba tres valijas cerca de la entrada.
—No tenías porque hacerlo, yo podía dormir en la habitación de abajo y tu seguir en la de arriba
—Nada de eso, después quien te iba a cuidar en las noches
—Yo pude haberlo hecho solo, creo que...
—Que no, Peeta— me callo tomando mi mano —. Como mi esposo, es mi deber ayudarte
Sonreí al escuchar la palabra esposo siendo pronunciada desde los labios de Katniss —No te sientas obligada por ello
—Te estás volviendo terco al igual que yo. Quiero cuidarte, ya me has cuidado lo suficiente tú a mí, ¿porque no me dejas una vez ser yo la que lo haga?
—¿Cuáles?— pregunte riéndome
Un leve sonrojo apareció por su cuello y sus mejillas —Las noches en el tren de la gira de la Victoria, cuando me abrazabas y me cuidabas de las pesadillas.
Sonreí de tal manera que hasta mis ojos se iluminaron —Ven— la llame animándola a que se sentará en mis piernas, con una leve vacilación lo hizo y repetí nuestro mantra —¿Real o no real?
—Real— respondió ella, al tiempo que me acercaba para besarla.
Volvía a sentir mariposas en mi estomago, sentía una eternidad desde la ultima vez que la había besado. Recorrí sus brazos con mis manos, su piel olivácea era tan suave, la había extrañado, aunque la había tenido en sueños durante los meses del coma, nada se compara a sentirla real, sentir que Katniss es realmente mía...
Gracias a los que siguen aquí conmigo y que continúan las historia aunque tarde mucho en actualizar, hacen mis días mejores y espero que los tuyos también se vuelvan felices cuando leen las actualizaciones.
Hasta luego.
