Estaba sentada descansando sobre la hierba de la pradera, recargada sobre el tronco de un árbol que me protegía del sol con sus hojas. Veía a Peeta pintar a unos metros de mi una puesta de sol, estaba mezclando tonos amarillos y rojos para conseguir el color naranja perfecto para la puesta del sol.

Era una rutina de cada sábado, el pintaba y yo lo observaba buscar el tono perfecto para el sol. Aunque siempre pintaba lo mismo, algo que me había enseñado el es que ninguna puesta es igual, cada una tiene lo especial que los hace una puesta de luz perfecta, como lo humanos, todos tenemos dos piernas, dos brazos o dos ojos, pero nuestros sentimientos, talentos y forma de actuar son lo que nos hace especiales.

Esta vez Peeta no me permitió cazar como siempre, de hecho ya no me dejaba hacer cosas pesadas, lo entendía, estaba preocupado por mi salud, bueno, ya no era solo mi salud. Acaricio mi barriga sobre la tela de la blusa con cierto recelo, que causa el miedo. Esta redonda y cada día crece más y más. Lo que me hace recordar el día en que se lo confesé a Peeta...

...Era ya un poco tarde, pero yo aun seguía con la ropa de cama puesta. Estaba un poco sucia, manchada de las rodillas con tierra al arrastrarme por el baño cuando tenía ganas de devolver el desayuno que Peeta había hecho antes de irse a trabajar en la panadería. Huevos con panecillos rellenos de queso parecía una comida perfecta para empezar el día. Ya que últimamente había desarrollado una aberración por ciertos alimentos. Pero por alguna razón le había caído mal a mi cuerpo.

Además de eso, sentía cierto remordimiento, ya que había despedido a Peeta de mal humor, le había gritado un poco y él me había despedido con un beso en los labios. Volver a pensar en ello, me ponía triste.

Además de las nauseas y las ganas de orinar frecuentemente no me había dejado hacer mi rutina como siempre, los pantalones de caza que siempre usaba ya no me cerraban de la cintura, lo que era extraño, porque no notaba una diferencia de peso, pero si una hinchazón en el abdomen.

Me arrastre a la cama entre las sabanas y cerré los ojos para descansar cuando caí en cuenta de lo que estaba pasando. Me levante con los ojos abiertos y recargue la espalda en la cabecera, encogiéndome las piernas. No, por favor. El miedo me consumió y me mantuvo en un trance durante bastante tiempo, balanceándome sobre mi cuerpo hasta que escuche la puerta de la entrada azotar.

Baje las escaleras corriendo, tropezándome con el último escalón. El terror no me dejaba actuar. Peeta también corrió hacia mi.

— ¡Katniss!— Preocupación, se escucho en su voz.

— Peeta— susurre, lo que le preocupo más. No podía escuchar nada, mis oídos no captaban los sonidos.

— ¿Por qué no fuiste a cazar?— pregunto tomándome en sus brazos ¿adonde me llevaba? tal vez a la cama. — . Todavía estas con tu ropa de cama— afirmo, pero no conteste, sino que lo abrace con más fuerza del cuello — Katniss— me llamo con pánico, lo estaba asustando, tenía que tragarme el miedo.

— Peeta, estoy...— trague saliva y mi garganta ardió — . Estoy embarazada.

Se paro en seco. Al principio lo sentí reír, pero al ver mi cara, toda expresión se borro de su rostro excepto la duda. Seguramente estaba pálida, como si hubiera visto un fantasma, pero si lo había visto, enfrente de mi estaban los fantasmas de mi pasado.

— Tengo miedo— murmure y por alguna razón después de ello, comencé a llorar a lagrima suelta que ni Peeta pudo calmarme...

...Lo veo sonreírme desde la distancia y me saluda con la mano sosteniendo un pincel. Le devuelvo el gesto. Comienzo a sentir el estomago revuelto, no, no esta revuelto, se siente como un pez nadando de un lado a otro o como mariposas revoloteando. Pataditas del bebe.

— ¡Peeta!— grito con más pánico del que pretendía.

Antes de salir corriendo, cayo a la tierra con la pintura que estaba preparando ahora adornándole la cabeza.

— Katniss ¿pasa algo?

Levante mi blusa y lleve su mano a mi barriga — Siente— susurro. Sus ojos se iluminan, la sonrisa se dibuja y una lagrima cae con felicidad.

— Ese es... ese es el bebe.

— Lo es.

Con un nudo en la garganta coloco mi mano sobre la suya, lo que me reconforta, ahora Peeta es capaz de calmarme, aunque el embarazo han aumentado las pesadillas el siempre esta ahí para hacerme dormir de nuevo. No se si lograre proteger a este pequeño, o si lograre quererlo. Tampoco se que pasará con nosotros cuando nuestro hijo nazca, pero supongo que eso es lo bueno del futuro, el no saber lo que va a pasar, ya que te forma esperanzas sobre la vida que te espera. Veo a Peeta, con sus ojos puestos en mi barriga, acariciando la piel con cuidado, como si fuera un globo que fuera a reventar con cualquier movimiento rudo. Observo sus largas pestañas ahora si engancharse en sus cejas. Es una buena vida, lo será siempre que Peeta este a mi lado.


Hay una imagen que dice: "La primera vez que la sentí agitarse dentro de mí, yo estaba consumida por un terror tan antiguo como la vida misma. Solo la alegría de sostenerla en mis brazos pudo domarlo"

Es de mis favoritas.

Se me había olvidado comentarles en los agradecimientos que tenía la idea de estos fragmentos, como pequeños One-Shots, sin orden aparente de fecha. Espero que todavía se mantengan pendiente, sino se perderán de esto. Subiré solo cuando algo surja en mi cabeza, pero espero que cuando eso pase, lo disfruten como este.