Desde el exterior de la panadería podía observar a Peeta concentrado en un glaseado de tonos azules y detalles amarillos. Los pasteles en exhibición en las estanterías eran hermosos, como siempre. Observaba un pastel primaveral con un glaseado en tonos verdes y anaranjados, precioso.

A veces, cuando tenía un poco de tiempo y venía a la panadería, finjo que tengo dieciséis años y que Prim esta a mi lado mirando los pastelillos.

— Mira ese pastel Prim, a que es hermoso— decía yo.

— Lo es— exclama con una sonrisa— , ¿crees que algún día podamos permitirnos comprar uno?

— Algún día, te prometo que comprare uno lleno de coloridas Prímulas para ti— prometía mientras ella feliz se alejaba sin saber yo a donde se dirigía.

La campanilla de entrada sonó cuando entre a la panadería y el delicioso aromo cubría a todo el lugar desde la cocina, aspire satisfecha con el ya muy familiar olor. En cuanto Peeta me vio, dejo el glaseado para después para saludarme.

— Hey— saludo con una sonrisa.

— Hey— responde de igual manera.

— Fui a cazar— digo, colocando la bolsa de caza con mis presas sobre el mostrador.

— Eso puedo verlo— dice, con los ojos brillando en diversión y su comentario sarcástico. Se ríe cuando levanto las cejas no muy de acuerdo con su respuesta. —. ¿Y los niños?

— Con Haymitch— respondo —. Pasamos por la tienda de dulces de regreso, a Willow se le antojo algo de regaliz y dulces de menta, y por supuesto que el tío Haymitch no pudo decir no como respuesta.— explico poniendo los ojos en blanco.

— Tiene muy consentida a Willow.

— Ummm... mira quien lo dice.

— Bueno, ¿y qué fue lo que cazaste?— pregunta curioseando en la bolsa.

— Déjame ver—murmuro abriendo la bolsa —. Dos conejos, un pavo silvestre y... dos ardillas.

— Ummm... ardillas— dice saboreándose—. Señora Everdeen ¿le interesaría intercambiar una de sus ardillas por tres piezas de pan recién hechas?

— Solo si son de queso, Señor Mellark

— Lo son— afirma metiendo los panes en una bolsa de papel mientras yo le entrego la ardilla enrollada en papel de cera. Las había despellejado y guardado en el bosque, antes de venirme.

— Muy bien, pero no creo que este haciendo un trato justo para usted.

— Eso es lo que menos me importa— dice con un movimiento de mano, restando importancia—. ¿Podrías llevártela a casa? Puede servirnos para a cena.

— Claro que sí— accedo—. Por cierto, los pasteles están hermosos. Sobre todo el verde con anaranjado.

— A que sí— exclama orgulloso de su trabajo—. Lo hice para ti, sabía que te gustaría.

Sonrío mientras la campanilla de la entrada suena y Haymitch entra junto con Willow tomada de su mano y Rye en sus brazos con una bolsa de dulces cada uno.

— A ver mugrosa— le dice a Willow—. Ve a saludar a tu padre.

Haymitch ni termina de decírselo cuando ella corre hacia Peeta.

— ¡Papá! ¿A qué no sabes lo que el tío Haymitch me enseño mientras mamá cazaba?— grita emocionada.

Peeta rodea el mostrador para darle un abrazo y un sonoroso beso en la mejilla y la escucha mientras toma entre sus dedos una de las dos trenzas de cabello negro que Peeta le hace cada mañana antes de irse a trabajar. Tomo a Rye en brazos despeinando su precioso cabello dorado de rizos. Willow le explica sin parar que de camino entre los arboles se encontraron un ganso y que junto a su tío Haymitch lo persiguieron hasta lograr atraparlo, se había caído varias veces, incluso tenía una herida en la rodilla que su tío había vendado después de atrapar al animal. Ahora, este estaba fuera de la panadería en una especie de jaula hecha con ramas que les había ayudado a construir.

Y después fue el turno de Rye. Encontré uno de los arcos de proporción pequeña en uno de los troncos huecos del bosque, por lo que Rye se intereso mucho y me pidió que le enseñara a cazar mientras a Willow la cuidaba Haymitch, logro darle en una pata a un conejo, pero después se arrepintió y me insistió en curarlo, a lo cual accedí, pero solo por esa vez.

— Voy a ir al mercado del pueblo antes de llegar a casa— informo a Peeta mientras Haymitch se va con los niños.

— ¿Necesitas dinero?— pregunta buscando en los bolsillos de su delantal.

— No hace falta. Sae pagara muy bien por el pavo silvestre, lo cual me dará para comprar cordón y parafina, además, tengo los dos conejos, con los que comprare leche, huevos y cereal para el desayuno de mañana. Las ardillas quedarán para un estofado.

— Bien, y yo llevare pan— afirma.

Sonrío y le doy un beso de despedida — Te veo para cenar.

Tomo mi bolso con las presa y la bolsa con los panecitos de queso y camino hasta la puerta. —Katniss— me llama Peeta antes de salir a lo que volteo a su dirección —. Vi un hermoso vestido para Willow y un tren de madera de juguete en la boutique del centro del Distrito— dice en tono inocente —, deberías pasar por eso, las cosas ya están pagadas.

Sonrío y asiento con la cabeza —Te veo luego, Peeta.

— Hasta luego, Katniss.