Capítulo 3 - Fuegos artificiales, prueba de valor y fin del verano
Hoy me desperté con ganas de hacer algo… especial. Después de todo, el verano ya estaba terminando. Todavía quería ir a ver los fuegos artificiales, hacer una prueba de valor, cazar insectos, estudiar juntas y cosas así. Y el día de los fuegos artificiales era ya mañana, y todas vendrían a verlos conmigo, incluida Mocha, quien por el momento estaba quedándose a dormir unos días hasta el fin del verano en Rabbit House.
-Umm… ¿Cuál debería ponerme… ? -Estaba yo, escogiendo el yukata* que me pondría para el día tan esperado.
-Creo que el rosa te sentará mejor que el rojo. -Dijo Mocha, quien estaba a mi lado.
-Supongo, sí. Pues lo pondré. -Dije, guardando el otro.
*Un yukata es un kimono de tela fina.
En ese momento, Chino entró en mi cuarto repentinamente.
-Acabo de recibir una llamada de Megu… Dice que no tiene un yukata para mañana. ¿Tienes alguno que le puedas prestar? Es que yo sólo tengo el mío… -Dijo.
-Sí, tengo uno rojo. Pero igual le queda grande… -Dije, enseñándoselo.
-Este está bien, es mejor que nada. Va a venir ahora a jugar, también viene Maya, puedes dárselo.
-Vale.
Chino se fue y Mocha me enseñó su kimono. Era un yukata naranja, precioso, con girasoles.
-¡Es muy bonito! ¿Tienes accesorios para el pelo? Algo como pinzas de girasol quedarían genial… -Dije.
-Sí, mira. -Me las enseñó. Eran muy bonitas- Y tengo unas que te podrían quedar muy bien a ti con las rosas de tu yukata…
Me mostró unas pinzas de rosas rojas. Las cogí con cuidado y las observé durante unos cuantos minutos. Eran muy bonitas.
-Gracias, son preciosas. -Dije, dándole un abrazo.
En seguida, vinieron Maya y Megu y pasamos la tarde jugando.
[…]
El día siguiente, me desperté más pronto de lo normal. Apenas había dormido por la emoción de los fuegos artificiales. Me levanté perezosamente y, cuando estaba casi alcanzando el pomo de la puerta, tropecé con algo blandito y caí sobre ello. Me levanté lentamente y observé con detenimiento. Era Mocha, quien se había arrastrado desde su futón* hasta la puerta. Abrí la puerta con mucho cuidado de no darle y bajé a la cafetería todavía con el pijama puesto. Ahí estaba Chino con una chaqueta abierta azul claro, una camisa blanca con un lazo negro, y una falda negra con volantes.
*Colchón fino en el suelo con una sábana y una almohada fina.
-¡Chino! -Le dije, abrazándole- Hoy estás muy mona.
-Quise ponerme mi ropa del día a día. No tengo muchas oportunidades para hacerlo para enseñarle a Rize.
Me aparté de ella y volví a subir las escaleras para vestirme yo también. Me puse una chaqueta amarilla con un vestido rosa de muchos lazos blancos y volantes. Me puse también unas botas negras y unas pinzas blancas con una flor rosa. Volví a bajar.
-¿Qué tal estoy yo, Chino? -Le pregunté, ansiosa por saber su opinión.
Se quedó mirándome silenciosamente un momento, y luego suspiró.
-Después de todo, Cocoa, eres un Cocoa sin remedio*.
-¿Eeeh? -Suspiré yo también- Yo pensé que te gustaría…
-Es demasiado… cómo decirlo, es muy… brillante y decorado para mi gusto.
*Hace una frase hecha con el café Cocoa (caffe latte), porque los Caffe Latte que hace Cocoa son terribles. En resumen, es como decir ''Cocoa no tienes remedio''.
Miré la hora. Ya iba siendo hora de despertar a Mocha… Subí y traté de despertarla, pero de ninguna manera lo conseguiría. Lo dejé de lado y me fui a desayunar. Una vez terminé, estuve ayudando a Chino con los deberes, llegó Rize y Mocha despertó. Pronto, llegaron las seis y media, y vinieron las demás. Nos pusimos los yukatas con dificultad, nos peinamos y maquillamos y salimos de casa una hora más tarde.
-Qué bonito, todo el mundo está en kimono… -Dijo Megu, muy feliz.
-Sí, es genial. -Dijo Chino.
Miré a Chino dulcemente, contenta de que se sintiera tan feliz, cosa que era extraño de ver en ella. Comenzamos a caminar hacia el lugar donde estaban los puestos, y donde luego pondríamos ver los fuegos artificiales.
-Me gustaría coger algo de comer… ¿Qué podría estar bien…? -Dijo Syaro.
-Mmm… ¡Bolitas de pulpo! -Exclamé, yendo hacia el puesto de dicha comida.
-Oye, no te separes de nosotras… -Susurró Chino, molesta.
-Querría unas bolitas de pulpo, por favor -Pedí al vendedor- Aquí tiene el dinero. Justo tocan una por cabeza… Genial.
Comimos las bolitas, las cuales estaban deliciosas, y luego jugamos a atrapar peces, en donde ganamos un peluche de conejo. En eso, Mocha y Syaro eran muy buenas, pero en el de disparar, Rize no tenía igual, aunque Chiya tampoco lo hacía nada mal. A las 12, comenzaron los fuegos y los vimos desde un campo.
-Son preciosos… -Susurré.
-Sí. -Dijo Chino.
Terminaron los fuegos artificiales y fuimos cada una a nuestras respectivas casas a dormir, con lo cual Mocha, Chino y yo fuimos directas a Rabbit House. Llegamos y dormimos rápidamente.
[…]
El día siguiente era el día citado para hacer la prueba de valor. Habíamos decidido hacerlo en el instituto Ryou*, al que asistimos Chiya y yo. Saldríamos de casa a las ocho, y ese día cerrábamos a las 7 por la repetición de los fuegos artificiales, aunque a partir de mañana ya trabajamos con el horario de siempre.
*Hace referencia a la academia de Lucky Star, que se llama Ryoo. Para no poner el mismo nombre, cambié la última ''o'' por una ''u'' y quedó como la academia Ryou. Este no es el nombre de la academia de Chiya y Cocoa, es sólo un nombre que inventé.
-Oye, hoy Rize llega muy tarde, ¿no? -Dije a Chino- Y eso que ya ha abierto el café.
-Recibí un mensaje de que hoy no puede venir, se me había olvidado decírtelo. Al parecer tiene que ir con su padre a algo del ejército. Espero que no se meta en eso de mayor, me preocuparía por su bienestar. Aunque estoy segura de que no lo hará.
-Olvidándote cosas importantes, preocupándote por el futuro de tus amigos… ¡Chino, todavía eres una niña! -Dije, abrazándole- Pero no te preocupes, Rize no entrará en el ejército, créeme.
-E… En serio, C-Cocoa, eres un Cocoa sin remedio… -Dijo, sonrojada.
-¡Qué linda, estás avergonzada~!
-Vuelve a tu trabajo, por favor…
Observé la vacía cafetería tristemente.
-Pero si no hay trabajo que hacer… -Susurré- ¿Hay algún método de que podamos conseguir más clientes?
Chino pensó un rato y luego negó lentamente con la cabeza. Suspiré. Ya me lo suponía, pero aún así, es una pena. Aoyama no había venido como consejera, y de alguna manera siempre atraía muchos clientes que le miraban en vez de beber los cafés que pedían…
-¿Tal vez nos falta encanto? -Pregunté a Chino- Ya sabes, como Aoyama siempre atrae los clientes, igual ella tiene más atractivo…
Chino se sonrojó y me ignoró.
-¡N-no me refería en ese sentido, Chino…! ¡Siento haberte ofendido…! Bueno, aunque en parte estamos casi iguales en eso…
[…]
Llegó la hora de hacer la prueba de valor. Fuimos al punto de reunión, el instituto, y esperamos a que llegaran. Pasó media hora y sólo llegaron Maya, Megu y Syaro. Chino recibió de Rize que no podría ir por lo de su padre. Pero de Chiya, ni idea. Al poco rato, Syaro llamó a Chiya:
-Chiya, ¿estás ahí? -Dijo.
-¿Syaro? ¿Qué pasa? -Dijo Chiya a través del móvil de Syaro.
-¡Hoy era el día de la prueba de valor! -Dijo Syaro- ¡No das llegado, y ya es demasiado tarde porque el instituto ya ha cerrado!
-¿¡EH!? ¿¡Era hoy!? ¿¡Pero… no me dijiste que era mañana!?
-¡Te dije ayer que era mañana! ¡Y hoy es el mañana de ayer! ¿¡Cómo iba a ser mañana si mañana es el último día de verano y vamos a estudiar todas juntas!? -Gritó Syaro, molesta.
-E… en eso tienes razón… Perdón… Ya no se podrá hacer por mi culpa…
-Bah, ya la haremos otro año, no hace falta que te pongas así. Chao.
-A…adiós. Lo siento.
-Que no pasa nada…
Syaro suspiró. Regresamos a Rabbit House y otro día del verano fue desperdiciado.
[…]
Y llegó el último día de las vacaciones de verano. El día en que estudiaríamos todas juntas… yo estaba enferma, en cama, con fiebre.
-Lo siento Rize… por pedirte que me hagas la tarea… -Dije, tosiendo de tanto en tanto.
-No pasa nada. Yo ya terminé la mía. Es importante que descanses, aunque debiste ir haciéndola poco a poco.
-Sí, perdona.
Chino y las demás estaban en mi cuarto, haciendo sus deberes de verano. Al poco tiempo, me quedé dormida profundamente. Lo último que vi al dormirme fue…
[…]
Me desperté súbitamente. Estaba en otro lugar, en la calle. No recordaba nada de lo que pasara antes, sólo recordaba el rostro de Chino. El resto, no recordaba ni a mis seres más queridos. Caí de rodillas en medio de la lluvia. El charco sobre el que caí salpicó algo de agua cuando lo hice, la cual ensució mi pantalón del pijama que llevaba, posiblemente, antes de despertar, pero no le hice mucho caso.
Sabía que debía encontrar a la chica de pelo azul claro de mis recuerdos lo antes posible. Había olvidado hasta su nombre. La helada lluvia empapó mi pijama, y algunas gotas resbalaron por mi cara hasta mi cuello. Mi cabello también, naturalmente, se empapó. Estaba muy sucia por el barro del suelo en el que me había arrodillado y por el agua de la lluvia. No conseguía hablar. ¿Sería el cansancio? Tampoco podía llorar.
Sentía como si ya no importara nada. Pero debía encontrar a esa chica. Aunque no pudiera levantarme, aunque no pudiera gritar su nombre. Y, de pronto, como si un destello iluminara mi vista, salió el sol. Y esa chica apareció en la lejanía, corriendo hacia mí junto con seis otras chicas que me resultaban un tanto familiares.
Y, al fin, pude levantarme. Levantarme y salir corriendo hacia ellas. Grité su nombre, aunque no lo oyó. Yo tampoco lo había oído. Quizás ni lo había dicho, quién sabe. Seguí gritando su nombre secamente, una y otra vez, hasta que llegué a sus brazos y ya pude oír mis propios gritos:
-¡Chino!
Y los suyos por igual:
-¡Cocoa!
Entonces, una extraña pero amable sonrisa se reflejó en su rostro.
-Después de todo, pase lo que pase, por la eternidad… Cocoa, eres una Cocoa sin remedio.
FIN.
NOTA DE LA AUTORA:
Eso es todo del fanfic, lo siento por hacerlo tan corto. El final dudo que se haya entendido, pero es el sueño que tuvo Cocoa ese día. ¡Gracias por leerme hasta el final ^^!
