CAPITULO 6
…...
Por la mañana, tras abandonar la tienda que había compartido con la hija de Siggy, se dio cuenta, o pensó, que, posiblemente, sería el único que ya se había despertado, solo para tropezarse con la cerca que correspondía con los humanos y ver que esta ya estaba casi llena. Incluso había una pareja que se estaba despidiendo, lo que solo le hizo fruncir el ceño.
Faltaba uno de aquellos hombres que portaban túnicas blancas. Pero lo que le parecía más increíble de todo era que estos aceptaran estar allí, a pesar de tener compañeras con las que pasar sus vidas.
-Athelstan- llamó Ragnar, a su espalda, haciendo que se volviera hacía él con un sobresalto.-Debes conocer a alguien- afirmó este, con aquella sonrisilla suya que le ponía nervioso, pues significaba que planeaba algo.
Después de lo que había pasado la noche anterior, le sorprendía que estuviera tan tranquilo, pero Floki estaba allí también, así que no podían hablar de lo sucedido.
A regañadientes, los siguió.
Solo para encontrarse dentro de la tienda del rey Horik, pues así se dio cuenta de que era él, viendo como Ragnar y él se presentaban.
Escuchando de la vida de este allí dentro, oyendo como ascendió al trono, como decía que había matado a los 6 tíos que habían matado a su padre, a su madre y a todos sus hermanos, Athelstan se recordó que, aunque simpatizara con ellos, estos seguían siendo bastante sangrientos.
Ragnar pronto dejó claro para qué había ido a hablar con él. Quería ir a Inglaterra con grandes partidas, tanto de barcos como de hombres. Y quería aliarse con Horik para ello. Quería que ambos unieran fuerzas para semejante empresa. También le habló de los otros reinos que había en Poniente, no solo Inglaterra, si no la tierra de los francos, más grande y rico que el de Inglaterra. Estaba tratando de convencerlo con todo lo que conocía.
-Athelstan, ven- le llamó, comprendiendo en el acto para que quería que fuera a presentarse frente a su rey.-Ven- indicó, viendo que él solo se ponía en pie con reticencia.
De nuevo, a regañadientes, obedeció y se sentó a su lado.
-Este hombre lo ha visto.
-Yo era monje cristiano en Inglaterra- le aclaró al rey Horik, viendo su confusión.-Y viajé a otras tierras como misionero.
El rey sonreía, pareciendo complacido con lo que escuchaba.
-He oído hablar de los cristianos y de su Dios. ¿Y tú, aun, eres cristiano?
-No- fue lo que pudo decir, con un hilo de voz.
-¡Claro que no!- exclamó el rey Horik, poniéndose en pie de golpe.-¿Cómo podría un cristiano caminar entre nuestros dioses?- comentó, haciendo que Ragnar riera.
Aunque, en verdad, Athelstan se sintió muy incomodo por tener que negar a Dios. Se sentía como san Pedro negando a Jesucristo.
Pero, en seguida la conversación volvio hacía las conquistas y el rey Horik no tardó en admitir que quería unirse, que quería que el nombre de Ragnar y el suyo estuvieran unidos cuando se hablara de aquellos que encontraron nuevos mundos, invitándolos a comer.
Aunque, tras la comida, prefirió dejarlos solos, pues parecía que los hombres tenían cosas que hablar a solas.
…...
Mientras paseaba por el lugar de nuevo, caminando hacía el salón donde se encontraban la representación de los dioses nórdicos, no pudo evitar detenerse en seco cuando se vio frente al Profeta de la ciudad.
No recordaba que este hubiera viajado con ellos, pero, sin embargo, allí se encontraba.
-Ven- fue todo lo que le dijo el extraño hombre. Y, aun con miedo, como solía sucederle con Ragnar, solo pudo caminar tras él.
Le hizo pasar a la sala, pero, cuando echó un vistazo atrás, este ya había desaparecido, sin saber bien qué quería que hiciera en aquel lugar. Aunque él hubiera ido para pasear, este le había hecho entrar al lugar por alguna razón. Examinó el lugar, pero no le pareció que hubiera nadie allí, colocándose frente a la representación de Odín.
-¿Has venido aquí por voluntad propia?- le preguntó aquel extraño sacerdote que le había rociado con sangre el primer día que llegaron a Upsala, haciendo que se sobresaltara.
No había notado que hubiera alguien allí.
-Sí- afirmó, pues el Profeta había desaparecido de la entrada del lugar.
-Al principio, me pareciste sospechoso. Note algo, así que hablé con el conde Ragnar. Él me contó tu historia. Que eras sacerdote, que antes eras cristiano y adorabas a un dios llamado Jesucristo.¿Es eso cierto?
-Sí- respondió.
Claro que era todo cierto. Excepto, tal vez, eso de que había adorado... No podría hablar en pasado de ello.
-¿Y todavía adoras a ese dios? ¿Tu corazón sigue siendo cristiano?
-No- afirmó, volviendo a negar a Dios.
Él mismo notó el pequeño titubeo que corrió por él al afirmar eso. Esperaba que aquel extraño sacerdote no se hubiera dado cuenta de ello. No quería hacer quedar mal a Ragnar.
-Dilo otra vez- le ordenó este.
-No- volvió a decir, remarcando más la palabra, clavando sus ojos en los suyos.
-Y, por tercera vez, dilo.
-No.
Aquella ultima negación la dijo con miedo. Sentía que aquello significaba algo, algo muy importante, pero no sabía qué era exactamente ni porqué tenía que estar allí, hablando con aquel hombre.
-Sabes porqué estas aquí, ¿verdad? Te han traído como sacrificio a los dioses.
Sorprendido, se dio cuenta de que aquello significaba formar parte de aquellos hombres vestidos con las túnicas blancas, metidos en aquella cerca, como si fueran ganado. Instintivamente, llevó su mano a la cruz que se había atado a la muñeca.
Pero aquel sacerdote debió de notarlo, pues tomó su mano y la vio, clavando sus ojos en él.
Lo único que Athelstan pudo hacer contra él fue soltarse y salir corriendo de allí antes de que aquel extraño tipo intentara algo contra él, corriendo en busca de Ragnar. Quería una explicación a lo que acababa de pasar.
Y lo encontró, cerca de la tienda del rey Horik, como si acabara de salir de hablar con él.
-¡¿Me ibas a ofrecer como sacrificio?!- le espetó en cuanto lo tuvo delante, indignado.
Ragnar lo miró, contemplándolo de arriba a bajo, tomándose su tiempo para contestar.
-Es un gran honor. Aquellos que veneran realmente a los dioses lo consideran de ese modo. El sacrificio tiene que ser voluntario y los sacerdotes se ocupan de que así sea.
-¡Me da igual ese ritual!- exclamó.-¡Lo que no me puedo creer es que hayas intentado sacrificarme como si yo fuera una cabra o un carnero!- le espetó, aun furioso.
Pero Ragnar se cruzó tranquilamente de hombros.
-¿Estás diciendo que nuestras festividades te dan igual?
Aquella pregunta hizo que su mal humor se esfumara, contemplándolo con atención. Tenía aquella sonrisilla suya de medio-lado, como si supiera todos los secretos del mundo. Y, de repente, lo entendió todo. Supo exactamente porqué le había dicho a esos monjes extraños que él sería un sacrificio.
-Sabías que estaba negando a mi Dios todo el tiempo, ¿verdad?.
-Fingías todo el tiempo que creías en nuestros dioses cuando nadie te obligaba a mentir y yo sabía que era mentira. Estaba cansado de que no pararas de decirlo todo el tiempo, como si fueras un estupido niño, así que pensé que sería bueno darte una lección, como con los niños.
-Entonces...¿has tratado de sacrificarme solo para que dejara de decirlo?
-Parecías incapaz de admitir a tu dios ante nadie, así que sí, busqué un modo para que dejaras de mentir. Y no te estaba sacrificando. Ya te dije que el sacrificio tenía que ser voluntario. Y, desde luego, tú no te dejarías asesinar.
-Pero...todo esto porque niego a mi Dios es...
Athelstan ni siquiera encontraba palabras para describir la magnitud de lo sucedido.
Una mano de Ragnar lo cogió por la nuca, obligándole a alzar la vista hacía él, haciendo que se perdiera en esos ojos, que bien podían parecer un mar en calma o un cielo lleno de rayos.
-¿De verdad creías que te iba a presentar al rey Horik y hacer contigo lo que hicimos anoche si de verdad hubiera querido sacrificarte? Te hubiera puesto aquella estúpida túnica blanca y te hubiera lanzado dentro de ese cercado en cuanto hubiéramos llegado.
-Ese hombre dijo que habló contigo cuando notó algo raro en mi- murmuró, clavando la vista en el suelo.
Estaba demasiado cerca de él como para poder permanecer tranquilo. En aquellos momentos, incluso sentía que su respiración se hacía más trabajosa y que se le secaba la boca.
-Pues claro que notaba algo. Que eras cristiano. Seguro que te dio un buen susto, sacerdote- le dijo Ragnar, rompiendo a reír.
Athelstan lo empujó, queriendo parecer enfadado, pero, ante la risa de este, solo pudo reír a su vez, sintiéndose ridículo. Él mismo había llegado a negar a su dios 4 veces en aquel día. Y, sin embargo, había sido Ragnar el que le había tenido que dejar claro que no tenía porqué hacerlo.
Percatándose de ello, también había empezado a negar a su dios en la ciudad, por lo que Ragnar había planeado todo aquello antes de partir hacía Upsala.
-Eres demasiado fácil de engañar, sacerdote- le dijo este, dándole un rápido beso en los labios antes de que Athelstan fingiera sentirse indignado por el gesto.
-Disculpa si quiero confiar en las palabras de mis amigos. Y recuerdo a cierto conde que me dijo que pensaba traerme aquí, hubiera querido yo o no- comentó a su vez, dirigiéndose una sonrisa traviesa.
-Sí, a mi también me suena haber oído algo parecido.
Pero las risas de ambos solo duraron hasta que el Profeta quiso hablar con ellos.
Athelstan había aprendido su lección, pero, eso no era suficiente. Necesitaban un hombre más para tener los 9 sacrificios necesarios para el cierre del festival. Así que uno de ellos tenía que ofrecerse voluntario.
-Parece que tu dios por fín ha hecho algo por tí- comentó Ragnar, en mitad de la charla que el Profeta les estaba dando, con él como centro de su ira.
Aunque, tampoco era que pareciera enfadado. Era como si todos hubieran esperado que no fuera acto para el sacrificio.
Molesto porque se atreviera a hacer bromas en un momento así, cuando alguien más tenía que ser sacrificado, Athelstan le dirigió una mirada que hizo retroceder a Ragnar, que no parecía medir bien los momentos.
Aunque él no sirviera, otra persona de las allí presentes iba a tener que morir.
-Los dioses iracundos os castigaran a todos- les informó el Profeta, hablándoles de las consecuencias si alguien no se ofrecía voluntario.-Y privaran de su protección a todos nosotros.
Se hizo un silencio en la sala, pues, aunque era un honor presentarse como sacrificio, los allí presentes tenían deseos de vivir, de realizar gestas, pelear en grandes batallas, explorar otros mundos...Vivir.
-Antes de que ningún otro reclame ese honor- comenzó a hablar Reif, poniéndose en pie, haciendo que Athelstan lo mirara con sorpresa y miedo por él.-Yo deseo ser sacrificado. Por el bien de mi familia. Por el bien de todos vosotros. Mis amigos- comentó, mirando a su alrededor.
Algunos de ellos lo observaron a su vez, agradeciendo aquel gesto. Otros no fueron capaces de hacerlo, sabiendo que este moriría al día siguiente.
-Pero, sobretodo, por todas las personas de Midgard. Confío en que los dioses hallen aceptable mi sacrificio. En, cuyo caso, lo esperaré mañana con alegría.
El Adivino sonrió, pero no pudo imitarlo ninguna de las personas presentes en el cuarto, sintiendo como si ya hubieran perdido a este.
Athelstan no podía creérselo. No podía creerse que alguien aceptara tan alegremente morir en un altar, en una ceremonia tan sangrienta, tan...pagana.¿En qué contentaría a sus dioses que 9 hombres con toda la vida por delante se sacrificaran para ellos? ¿En qué les beneficiaria derramar su sangre? Aquello no tenía ningún sentido.
Sin embargo, Ragnar parecía contento con el resultado de los acontecimientos. Uno de sus fieles hombres se sacrificaría en el festival, pero era por el bien de todos ellos y acabaría accediendo al Valhalla. Había hecho planes con el rey Horik, muy buenos planes, y por fin había obtenido a Athelstan, dejándole muy claro que no quería volver a verle mentir sobre sus creencias, por mucho que él creyera que lo hacía por un buen motivo.
…...
¿Qué sentido tendría explicar lo que Athelstan sintió cuando vio aquellos sacrificios, con todo el mundo observando en silencio, como si aquello fuera lo correcto? Soportó la visión de las cabras, los carneros, las gallinas... Pero, cuando vio a los hombres, observando como, dentro de poco, Reif iba a estar en el mismo lugar que ellos, le hizo sentir que el estómago le daba un vuelco dentro de su propio cuerpo.
Sabía que tenía que mirar, tenía que contemplar cada uno de aquellos sacrificios humanos, pues, de no hacerlo, de que hubiera una sola persona que no observara su noble gesto, le cerrarían las puertas del Valhalla para siempre. Y no podía condenar de aquel modo a alguien.
Cuando Reif los miró, sonriendo, despidiéndose de ellos, solo le hizo sentir como una horrible persona. Ni siquiera le había agradecido a este que se sacrificara por él. ¿No parecía un acto verdaderamente horrible no agradecer su sacrificio a una persona que lo iba a hacer en tu lugar, por que no habías tenido el valor de querer dejar de vivir, porque no habías dejado de creer en tu propio dios, incluso cuando le había dicho lo contrario a los demás?
Los sonidos del canto de la mujer que había junto aquellos extraños monjes o sacerdotes parecía el acorde perfecto, dándole a todo un aire de ceremoniosa magia, como si sus dioses realmente estuvieran allí, viendo su sacrificio. Sin duda, esa debería ser el principal motivo para que los hombres lo hicieran. Pensar que sus dioses les contemplaban, les veían dar sus vidas por su propia voluntad, en honor a ellos.
Si de verdad había un lugar que se pareciera a su Valhalla, allí es donde tendría que ir.
Un corte limpio en manos del rey Horik y Reif ya no se encontraba entre ellos. Solo ante esa mera idea, Athelstan no pudo evitar echarse a llorar. Detrás de la gente, nadie le prestaba atención. Y, aunque los demás tuvieran expresiones serias en su rostro, ellos no encontraban un motivo para llorar. No tenían porqué, pues, según ellos, este habría ido a un lugar mejor.
Entonces, si aquello era cierto, ¿por qué sentía aquel dolor en el pecho, pidiéndole perdón en mitad del silencio?
Solo Ragnar, delante de él, sin que nadie más le viera, dejó ver unas lagrimas en sus ojos, que no se permitió derramar, y elevó la vista al cielo, tal vez elevando una plegaria por su compañero muerto, tal vez pensando que ya se encontraría de camino hacía la morada de los dioses.
Nadie podría haberlo sabido con seguridad.
FIN DEL CAPITULO 6
Uffff. No quería ni imaginarme como tuvo que sentirse Athelstan cuando Reif aceptó sacrificarse por él, pero, en cierta manera, he tenido que hacerlo. Y,¡Dios!, ha sido horrible. No solo por el hecho de que él tuvo que acabar admitiendo que aun era cristiano, si no porque, por ello, por no decir la verdad, una de las pocas personas de su grupo había tenido que hacerlo por él.
Morir en batalla era una cosa, pero, como sacrificio... No quiero imaginar como se tenía que sentir esa gente cuando se tumbaban sobre aquel altar manchado con la sangre de otros cientos de jóvenes antes que ellos, notando el filo de la espada en el cuello.
Pero, dejemos ese desagradable tema. Como habéis podido ver, he querido contar qué fue lo que ocurrió cuando Athelstan salió de hablar con aquel monje-sacerdote (¿alguien me especifica qué demonios son?). Estaba segura de que hablaría con Ragnar. Del mismo modo que estoy segura de que este lo hizo con algún tipo de intención. Su hermano no se presentaría luego voluntario, Floki recién estaba con Helga y Torstein disfrutaba mucho de la vida. Eso dejaba como opciones al Tuerto y a Reif, a los cuales nunca se les dio mucho protagonismo.
En cuanto oí que el sacrificio tenía que ser voluntario y rechazar completamente la fe cristiana, viendo como negaba a Dios tantas veces delante de Ragnar, supuse que este era capaz de algo como aquello para darle una lección, así que esa es la explicación que he buscado para una parte que se han comido los guionistas.
Porque, si el motivo no era algo como eso, no sé si Athelstan realmente habría vuelto a dirigirle la palabra a Ragnar. Yo, desde luego, si no me dice que era todo una prueba para que aceptara que aun creía en su Dios, me hubiera largado de allí, pues me hubiera demostrado que sería capaz de pisar a cualquiera, en cualquier momento, sin el más mínimo miramiento, con tal de conseguir sus objetivos. Y un tío así me parece detestable. ``Mi libertad acaba donde empieza la tuya´´ es una de mis frases favoritas y Ragnar se pasaría mucho de la raya de no tener esa clase de intención.
Pero, en fin. Como os he dicho, es solo mi opinión. Si no nos lo revelan más adelante o algo, solo nos cabe especular de porqué hizo realmente aquello.
Me despido ya de vosotros. Espero veros en el siguiente capitulo, manteneos sanos y nos seguimos leyendo. Bye!
