Disclaimer: Las Tortugas no me pertenecen. Ni tampoco la imagen de portada. ;)
Siento la tardanza, pero se me ha hecho algo difícil decidirme por el curso que quería que la historia tomara.Ahora que tengo una mejor referencia de como quiero continuar, intentare no tardar en las actualizaciones... Aunque con las clases encima, temo que serán esporádicas.
Así que bienvenidos a otro capitulo.
Agradezco a las personas que han agregado a favoritos esta historia!
;3
Hola a todos!
CAPITULO 2
Dimensión 2012: Año 2013
Su corazón latía tan rápido y fuerte, que era lo único que podía oír.
Donatello permaneció inmóvil con la mirada fija en la pantalla de su computador, evaluando los resultados de las muestras de sangre que les había hecho a los niños.
Impactado se hallo incapaz de moverse durante un largo tiempo.
-Donny hay algo malo…?- preguntó el mayor de los hermanos en un tono bajo, no queriendo perturbar el extraño silencio que se había instalado en el laboratorio.
Al escuchar la interrogante, la tortuga de banda morada recobro sus sentidos. Giro en su asiento hacia donde sus hermanos reposaban inquietos.
Los miro seriamente pensando en la mejor manera de explicar lo que acababa de ver.
-Recuerdan que les dije que esos niños podrían ser la mutación de unas tortugas... así como la nuestra?- dijo Donny con nerviosismo.
-Sí, eso fue lo que dijiste… Qué? no es así?- pregunto algo confuso Leonardo inclinando su cabeza a un lado.
-No, Leo. Esos niños no son simples tortugas…-
-Entonces, de que se trata hijo mío- el Maestro Splinter entro al laboratorio tranquilamente, ignorando la tensión.
-Bueno es complicado…-
-Sin rodeos Donny- exclamo un exasperado Raphael, cansado de las divagaciones de su hermano.
Donatello lo miro con molestia, pero ante la mirada indiferente de la tortuga temperamental, se limito a suspirar y continuar con su explicación –Estas tortugas no son simples mutaciones… Son creaciones, a partir de nuestro ADN…-
-¿Qué quieres decir con eso?- Leo abrió ampliamente los ojos en la declaración.
-A eso iba Leo…- Donny observo a cada uno de los miembros de su familia esperando que no interrumpieran de nuevo, satisfecho con el silencio continuo hablando. -Quería saber si estas tortugas habían pasado por una mutación como la nuestra y para eso utilice mi propio ADN con el que me permitiría comparar las muestras y llegar a una conclusión certera…Solo una de ellas coincidió con mi sangre mostrando apenas media docena de diferencias entre las secuencias de ADN del chico y las mías...-
-¿Y qué pasa con esas diferencias?-
-No he logrado descifrar de donde provienen las otras células que conforman su organismo- dijo Donny con tristeza. No estando muy seguro de la razón de sus sentimientos. Estos niños eran tan pequeños y parecían haber sufrido. Y pensar que él y sus hermanos de alguna manera eran los culpables de su existencia le molestaba enormemente. Esas pequeñas tortugas no se merecían estar vagando de esa manera por las alcantarillas.
-WOH Eso es increíble hermanos!- exclamo con entusiasmo Mikey, quien había permanecido en silencio durante toda la conversación.
-¿Que es increíble?- Rapahel pregunta con desconcierto -¿Qué los Kraang hayan utilizado nuestro ADN para crear a otras tortugas y así acabar con nosotros?- termina con enojo.
-Rapha, apenas son niños- Leo le sonríe.
-Niños que podrían estar esperando el mejor momento para atacar y destruirnos...- dice Raphael, bajo la mirada incrédula de sus hermanos. -Nunca se sabe-
-Eso no es posible hermano. No te das cuenta lo que esto significa- Mikey miro intensamente a su familia, pero estos parecían confundidos con sus palabras. No queriendo alargar mas la esplendida noticia e ignorando la falta de comprensión de los demás ante algo tan obvio dijo: -Esto significa que SOMOS PADRES!- Mikey salto alegremente, inconsciente de la mirada horrorizada que sus hermanos habían adquirido con su revelación.
-Eso no es así Mikey… son clones. Para ser padre tiene que haber una unión entre dos seres de géneros opuesto…- Donny fue cortado de lo que sea que iba a decir, cuando una mano verde de tres dedos sujeto firmemente su boca impidiéndole hablar.
-De verdad estabas intentando explicarle "eso" a Mikey- dijo Raphael disgustado con el cerebrito.
-No pensaba darle detalles, solo quería que entendiera que no podíamos ser padres- Donatello exclamó.
-Eso no es cierto hijo mío. Para ejercer esa responsabilidad, va mas allá de la unión que intentabas explicar...- el Maestro Splinter observo a su hijo genio, quien bajo la cabeza apenado al comprender las palabras de su padre. Después de todo, fue criado por una rata, que antes era un ser humano. Quien fue el responsable de comprarlos en una tienda de mascota.
-Aunque si considero que son demasiado jóvenes para este tipo de responsabilidad- agrego la enorme rata antes de estirar su barba pensativamente con las implicaciones de estos nuevos inquilinos.
-El Maestro Splinter tiene razón, ahora es nuestra responsabilidad cuidar de ellos- propone Leo con determinación.
-Y por qué habría de hacerlo, muy bien podría ser todo una farsa- Raphael mira seriamente a su hermano mayor.
-Se que está esa posibilidad Rapha. Pero mis análisis demuestran que son niños… solo eso- Donny miro a su hermano esperando que entendiera.
Donatello había procurado en tomar todas las prevenciones necesarias e incluso verificar por algún rastreador. Pero esas pequeñas tortugas demostraron ser inocentes de todo. Para su gran alivio.
Frunció el ceño, recordando las últimas pruebas que se había decidido por hacer. Se giro nuevamente a su computador.
-Hay algo más que quieras compartir Donatello?- su padre aun seguía de pie en la entrada del laboratorio.
-Si hay algo más…-
-Algo malo?- pregunta Raphael aun no muy convencido.
-No estoy muy seguro…- dijo Donny dubitativamente. Después de algunas verificaciones, dejo el teclado de lado para empezar con las nuevas explicaciones de su descubrimiento.
-Su crecimiento es acelerado- declaro simplemente.
-Eso es todo?- Raphael enarca una ceja incrédula.
-Que tan acelerado?- Leo ignora la pregunta de Raph haciendo una el mismo.
-Lo suficientemente acelerado para que un par de años ya sean unos adolescentes como nosotros- Todos miran alarmados al genio.
El Maestro Splinter desplaza su mirada por todo el laboratorio reposando brevemente en cada uno de sus hijos. Notando el nerviosismo y la tensión que se había elevado rápidamente conforme avanzaba la conversación. Y estaba seguro que su mayor preocupación se mantenía en la palabra que su hijo más inquieto había utilizado para identificarlos frente a los pequeños. A pesar que de seguro ninguno lo demostraría, tenían muy en claro su nuevo papel "padres".
Y quien sabe, tal vez un poco de responsabilidad de este tipo podría ayudarlos a madurar.
-Bueno, hijos míos- Splinter hablo en voz alta y firme recibiendo al instante la atención de cada una de las tortugas, que con mucho cariño había criado como sus propios hijos.
Él sabía más que nadie, que las mejores cosas de la vida vienen de las maneras más inesperadas. Así que les daría una oportunidad a estos pequeños de permanecer en la guarida bajo el cuidado de sus hijos, e intervenir cuando la situación lo amerite. (Solo en casos extremos)
Él ya no estaba en una edad para cuidar a niños tan pequeños. Por ello, servirá como un guía para cuando a sus hijo se le presenten dificultades.
Estaba aliviado de no sentir malas intenciones en los pequeños, la primera vez que los vio. A pesar de estar dormidos, no sintió nada malo de ellos. Solo algunas perturbaciones que podrían haber sido generadas por la crianza que han tenido hasta ahora. De la que estaba dispuesto en mejorar para que llevaran una vida mejor.
Después de todo, los niños no son malos, las enseñanzas que reciban será la que los definirá en un futuro como seres completo.
No era por presumir, pero se sentía muy orgulloso del trabajo que había hecho con sus propios hijos. Tal vez, aun falten cosas que deban mejorarse, pero hasta ahora las tortugas que vio crecer, tenían un buen corazón; y para el Maestro Splinter eso era lo más importante… Y por supuesto la disciplina… Ya meditaría sobre eso después.
Con un largo suspiro el Maestro Splinter tomo su decisión -Donatello, hasta que descubras sus verdaderos orígenes, los niños podrán permanecer aquí en la guarida…- detuvo sus palabras, evaluando las expresiones de sus hijos. Sonrió ligeramente en la enorme sonrisa que portaba el menor de ellos, quien se removía emocionado.
-Cada uno de ustedes se hará responsable de un niño y lo cuidara en todo momento- continuó más seriamente, demostrando la gravedad del asunto.
Los miro satisfecho cuando sus hijos se pararon frente a él y asintieron con determinación. Incluso Raphael parecía decidido.
-Aprovechen en descansar mientas los niños aun duermen- sonrió divertido con lo siguiente que diría: -Lo necesitaran, más que nada a partir de ahora- salió del laboratorio, contento de la mirada un poco descompuesta que habían adquirido sus hijos con el final de sus palabras.
Puede que esto llegue hacer divertido. Aunque tenía muy en claro que los pequeños se quedarían bajo su cuidado mientras sus hijos estén en la superficie…Suspiro agotado de solo pensar en eso.
Dio un último vistazo a las tortugas antes de salir del laboratorio, camino al dojo.
Pasó junto al sofá de la sala, y se detuvo brevemente observando a sus nuevos huéspedes, quienes dormían plácidamente acurrucados.
Asegurándose de que estuvieran bien, los miro más detenidamente, examinando su estado. Observando con disgusto las marcas de lesiones que cubrían sus cuerpos o por lo menos lo poco que podían ver, por la manta que se les habían colocado para cubrirlos del frio. Y eso era porque esta se encontraba casi en el piso por culpa de una cierta tortuguita amarilla que no dejaba de retorcerse en sueños, jalando las sabanas y despojando a sus hermanos de ella.
El pequeño de morado era el único que parecía ligeramente perturbado por la exposición de su cuerpo, demostrándolo al envolver su cola firmemente alrededor de sí mismo. Sin embargo para alivio de esta tortuga, su hermano más grande pareció notar los temblores y en un movimiento descuidado dejo caer su brazo encima del pequeño acercándolo más a su cuerpo en un abrazo de oso.
El Maestro Splinter jamás pensó que volvería a vivir una etapa como lo es la infancia. Y nunca habría imaginado extrañarla tanto al ver a estos pequeños.
Sonrió contento ante el suspiro y la ligera sonrisa que adorno por muy poco tiempo el rostro de la tortuguita morada, quien se apego mas al cuerpo cálido de su hermano rojo para mayor comodidad.
No queriendo que los pobres murieran de frió, se acerco a las mantas y las coloco nuevamente encima de sus cuerpos. Todos parecían extasiados con la nueva fuente de calor, tomando con una mano el borde de la tela, seguramente esperando que esta no volviera a escapar.
La enorme rata satisfecha con su labor continúo su camino al dojo, pensando en cómo su vida y la de sus hijos ha sido hasta el momento.
Y ahora, como sus vidas van a cambiar, por la aparición de estas cuatro tortugas perdidas.
El Maestro Splinter no tiene idea de cuanta razón tiene al pensar en estas tortugas como seres perdidos.
Después de todo, la vida de esos clones no ha sido más que un intento por mejorar unos seres con el fin de destruirlos, y fracasar estrepitosamente para ser considerados meros errores genético.
CONTINUARA...
