Nuevo Capitulo!
Después de una larga espera he regresado con un nuevo capitulo que espero sea de su agrado.
Capitulo 5
La extrañeza de los días se hacía cada vez más evidente conforme los minutos y las horas pasaban. La estadía en la guarida era un escenario hilarante. Cada tortuga se hizo responsable de uno de los pequeños visitantes llenándolos de dudas e inseguridades. No sintiendo una verdadera preparación para dicho compromiso, los hermanos se mostraron torpes al atender a su colorido galápago.
Era una experiencia que comenzaba a tornarse aterradora. Las pequeñas tortugas compartían un trato distante y mínimamente colaborativo. No parecían querer estar cerca de ninguno de ellos.
El alejamiento repentino que gobernó en las personalidades de sus protegidos, comenzó a atormentar los pensamientos del menor de los hermanos. No tenía idea de su causa. Solo suponer, que algo había hecho para recibir tal comportamiento despectivo de niños tan pequeños.
Mikey se cuestionaba cada frase o palabra salida de su boca. Nada de lo que había dicho parecía tener alguna relevancia. ¿Por qué los niños dejaron de hablar con ellos? No podría saberlo. Le pregunto a sus hermanos; y estos también se encontraban en una pérdida de lo ocurrido.
Estaba desesperado, tenía que saber el origen de su trato.
Los niños no habían querido separarse uno del otro. Las tortugas no querían forzarlos. Temían empeorar el temperamento de los menores.
Miguel Ángel, se había esforzado por agradar a los niños. Siempre creyó tener un talento único en la materia. Los niños, se supone que adoran la diversión y el era un amante de ella, pero estos pequeños parecían haber sido despojados en su gran mayoría de tal esencialidad.
Algo no estaba bien y Mikey debía averiguarlo.
La tortuga de naranja se acerco a los pequeños a paso ligero. Estos parecían ignorarlo, cada uno preocupado por sus propios intereses. A pesar de que Mikey no podía saber la complejidad de la mente de un niño de dos años, Mikey asegura que ningún niño debe tener tantas preocupaciones y problemas sobre sus pequeños hombros.
-¿Hotaru?- se sentía nervioso al llamar al nombre de su pequeño. Desde que dicho nombre fue colocado algo había cambiado. No quería aceptar que era ese precisamente el problema, pero cada vez era más notable lo incomodo que las tortuguitas actuaban a sus llamados.
El pequeño galápago de piel amarilla se giro de inmediato en busca del dueño de la voz. Mikey experimento una sensación gratificante al ser atendido por su niño.
-¿Podrías venir, por favor?- pregunto con timidez. No quería alejarlo, ya había llamado su atención, así que lo menos que deseaba era asustarlo de alguna manera.
El niño lo miro fijamente, sus brillantes ojos naranja llenos sorpresa revoloteaban entre él y sus hermanos. Mikey comenzó a juguetear con sus manos en espera de una repuesta. Si el niño se negaba, el no podría hacer nada para evitarlo.
Hotaru asintió después de lo que pareció una silenciosa conversación con los otros y bajo del sofá de un salto casi tropezando con sus pies, provocando ciertas risitas de dos de sus hermanos. Él se giro indignado sacando la lengua a su público, una vez satisfecho de que estos no rieran mas se giro trotando hasta detenerse frente a Mikey.
Miguel Ángel miro toda la escena con divertida satisfacción, le era muy agradable la ligereza que aun exudaban los pequeños de vez en cuando. Mikey levanto su mano para que el pequeño la tomara, una clara indicación que lo movería del lugar, como consecuencia alejándolo de sus hermanos. Mikey esperaba que su despiste haya sido heredado por el pequeño amarillo, de manera que a este no prestara demasiada atención a sus movimientos y se dejara llevar.
Con una amplia sonrisa en su rostro vio como Hotaru tomo su mano, siendo casi minúscula en comparación con la suya. Su alegría pareció contagiosa ya que el pequeño comenzó a sonreír, aunque no tan ampliamente como le habría gustado.
La tortuga de naranja comenzaba a alejarse hacia su habitación cuando dedico una última mirada a los otros niños. Se estremeció ligeramente con la mirada calculadora que parecía dedicarle el mayor. Detuvo sus andadas brevemente ante el rápido pensamiento de una inteligencia más allá de la simpleza de dos años.
Donatello les dijo que existía la posibilidad de que desarrollaran sus habilidades mentales mucho más rápidos. Mikey conocía las altas probabilidades, pero no podía apartar de su mente que eran niños. Niños que no han podido conocer lo que era una verdadera infancia… Él se los demostraría. Los ayudaría a crecer sanos y fuertes… Y sobre todo, sin más dolor o el temor a lo desconocido.
Miguel Ángel soltó su mejor sonrisa a su espectador de piel azul. Este pareció tomado por sorpresa, ampliando ligeramente sus ojos mientras arqueaba hacia arriba el borde de sus labios. Mikey tuvo que contenerse y no comenzar a carcajear ante la sonrisa casi instintiva que le devolvió el mayor de los niños.
Eso era exactamente a lo que se refería, solo son niños.
Ellos aprenderían a comportarse como tal cuando entraran en familiaridad. Tendrían que darles todo el tiempo que necesiten para acostumbrarse y no desconfiar de él o alguno de sus hermanos. Todos ellos estaban haciendo su mejor esfuerzo para acercarse a sus niños. Hasta Raphael comenzaba a impacientarse con lo terco que era su pequeño doble, quien se negaba a responder a cualquier pregunta hecha por su cuidador; expresándose solo con bajos gruñidos donde Raph había aprendido a diferenciar entre un sí y un no.
Mikey observo con creciente interés la perdida de tensión que había envuelto al pequeño azul. Con más calma, ambas tortugas se dirigieron a la habitación de Miguel Ángel.
-¿Qué sucede Mike?- se escucho en voz muy baja la pregunta del pequeño a su lado.
-Hotaru…- no pudo continuar al sentir el temblor de las manos del niño en la mención de su nombre. Mikey entristeció considerablemente ante la posible causa de su malestar.
Se detuvo frente a la puerta de su cuarto. Miró con opresión al pequeño, este le devolvió la mirada con desconcierto, impaciente por una respuesta de su parte.
-¿No te gusta tu nombre?- Hotaru amplio con ligereza sus ojos, separando sus labios con sorpresa.
Mikey desvió su mirada, cauteloso del posible no que su niño le daría. De verdad había puesto un esfuerzo muy grande en la búsqueda de un nombre adecuado. Sabía que tenía que ser diferente, aventurero y destacado de todos los nombre al azar que colocaba a las cosas.
Los nombre que mas sobrevolaban su cabeza se relacionaban con la brillantez y la luz que el niño exudaba por sus poros. La piel tierna y amarilla que cubría todo su pequeño cuerpo, ponía en manifiesto la vitalidad que este parecía acumular con sus sonrisas centellantes. Había sido muy adorable verlo correr de un lado a otro y saltar a su alrededor, brillando sin descanso.
Como una luciérnaga, irradiando la luz que despejaría los lugares penumbrosos. Un diminuto destello de esperanza que evitaría la total oscuridad.
Hotaru: Luciernaga
Esa había sido su respuesta, cuando la tortuguita amarilla pregunto por el significado de su nombre. Se sentía ansioso por la reacción de su pequeño al escucharse a si mismo derramar sus pensamientos.
El niño pareció impactado. Luego de un momento de constantes parpadeos sin sentido, Hotaro había bajado su cabeza asintiendo al nombre. Mikey casi podía jurar que vio una lagrima rebelde deslizándose por la mejilla de su pequeño, sin poder dar crédito a lo que veían sus ojos la humedad desapareció sin dejar ningún rastro de estar ahí en primer lugar.
Mikey deseaba haber prestado más atención en aquel momento de su reacción evitando así nombrar al pequeño individuo de una forma que él detestara.
-N- no es eso- Mikey despejo su mente de dudas para escuchar las palabras que el niño le diría. -Sí, me gusta- expreso en voz baja mientras miraba a los lados con nerviosismo.
-Entonces, ¿por qué?- el galápago de naranja pregunto con una voz igual de baja, inclinándose a la misma altura del pequeño.
-¿Por qué te preocupaste en buscarlo?- el niño respondió con otra pregunta.
-Ahora eres mi responsabilidad al igual que tus hermanos. Me preocupo por ti. Y creí que ese nombre era el que merecías… Si no lo quiere aun podemos buscar otr…- Mikey fue interrumpido groseramente por unas pequeñas manos colocadas en su boca.
-Hotaru, me gusta.- repitió su niño. Una sonrisa encantadora toco los labios de la tortuguita amarilla haciéndola brillar con verdadera sinceridad. Esta no parecía ser falsa o cargada de algún tipo de conveniencia para que lo dejara en paz. El niño de verdad sonreía por su nombre. Mikey no podía estar más feliz.
-Nunca imagine que alguien haría eso por mi…- A pesar de sus dos años, Mikey podía ver el entendimiento en los ojos del niño. Le sonrió de vuelta acariciando su cabeza con ternura.
Tenía que admitir que estaba aterrado de cuidar de alguien más cuando apenas podía cuidarse a sí mismo. Sin embargo, la felicidad en su pecho indicaba su buena elección.
-Eso es lo que hace la familia- Mikey ensancho su sonrisa con alegría. Él niño (y de seguro sus hermanos) se sentían desequilibrados con sus nuevos nombres, no entendía del todo la exageración de algo tan simple pero esperaba hacerlo algún día. También esperaba que los pequeños dejaran de ser tan desconfiados y les permitiera a sus hermanos cuidar de ellos.
-Gracias- la tortuga de naranja sintió los diminutos brazos envolver su cuello. La repentina humedad que brotaba de la personita en sus brazos le dio la suficiente fuerza para levantarlo con la mayor alegría que pudo reunir.
Su niño estaba agradecido de su preocupación. Estaba tan feliz, estaba seguro que haría todo lo que este a su alcance para cuidar de estos pequeños.
La risa de júbilo que brotaba de la boca del niño ahuyento todas las preocupaciones de Mikey. Ambas tortugas hiperactivas reían con gozo, atrayendo la atención del resto de la familia. Antes de que todos llegaran escucho el susurro confidente en su oído -No le digas a mis hermanos- la tortuga de naranja vio la importancia de sus palabras.
-No te preocupes por eso.- Mikey le guiño un ojo y salto con regocijo dentro de su habitación ignorando al publico que habían atraído con su escándalo.
Tanto las tortugas como sus protegidos suspiraron sin comprender al par en su posible reconciliación.
Los hermanos se miraron mutuamente, esperando que alguno de ellos explicara el comportamiento que mostraban. Ninguno parecía entender, pero a todos los invadió los celos al ver como el menor encontró la manera de abrirse en el corazón de su pequeño.
Cada tortuga dirigió una mirada discreta a sus clones y estos sin mucho esfuerzo ignoraron sus intentos por un acercamiento mientras caminaban con curiosidad a la habitación donde la alegría parecía reinar.
A los hermanos solo les resto permanecer en su sitio sin atreverse a molestar a los pequeños deteniendo sus pasos. Los niños se escabulleron por la puerta cerrándola detrás de ellos, dejando a un confundido trió de tortugas con un conocimiento muy limitado de lo que ocurría. Además del hecho que su hermano menor parecía tener todo bajo control; y que este tal vez haya conseguido la causa que molestaba a los coloridos reptiles.
El siguiente capitulo sera desde la perspectiva de las tortugas oscuras, explicando con mas detalle lo ocurrido. No deteniéndome demasiado en los nombre como lo hice en este capitulo.
Agradezco la larga espera y los comentarios que llegaron a mi con nombres e ideas increíbles.
Invitado: aquí esta el nuevo cap, espero no haberte decepcionado. Después de tanto tiempo ausente no creí recibir un reviews desesperado para una continuación. Así que agradezco tu motivación.
Sin mas nada que decir, ademas de una disculpa no muy merecida por la espera; me despido.
Hasta el próximo capitulo ;3
