Disclaimer: Los personajes de The Hunger Games no me pertenecen. Éste fic participa del reto: "Una pareja para Cato", del foro El diente de león.
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Capítulo Dos
Los Traidores
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El anuncio nos toma a todos por sorpresa.
Hay una gran conmoción en la Aldea de los Vencedores, gritos, cosas rotas y algunos ataques de histeria fuera de mi ventana. Yo solamente me quedo mirando la pantalla fijamente hasta que la transmisión termina. No digo ni hago nada cuando mi hermano llega corriendo desde la plaza, preocupado. Le abro la puerta, lo dejo entrar a casa y le ofrezco un té, disculpándome por no haber ido al restaurante todavía. Él no dice nada, pero se queda conmigo el resto de la tarde, distrayéndome de las protestas que aún se escuchan afuera.
Deberemos regresar a la Arena, dos de nosotros, dos vencedores de cada distrito. Tal vez yo sea uno. Y el pensamiento me enoja al principio, pero con los días veo que hay algo bueno en todo esto porque ya no hemos sido llamados al Capitolio, tal vez porque el presidente tema que intentemos convencer a nuestros influyentes amantes de parar el Vasallaje. Pero, sea por la razón que sea, intento verle el lado positivo a las cosas para no estallar como muchos de mis vecinos.
Hay nueve vencedores esperando frente al escenario del Distrito 2 el día de la Cosecha; cinco hombres y cuatro mujeres. Enobaria espera a que se haga la elección y después se apresura a presentarse voluntaria. Yo no tengo tanta paciencia y lo hago antes de que nuestro acompañante saque el nombre del tributo masculino.
Es curioso como a diferencia de años anteriores la gente no se ve emocionada, sino más bien temerosa, y no los culpo; si las cosas pueden ponerse tan negras para un vencedor, quien supuestamente estaría a salvo de cualquier penuria por el resto de su vida tras haber ganado los juegos, ¿qué es lo que queda para ellos y sus hijos?
Algo ha cambiado en el ambiente, pero no me doy cuenta de eso. Mi única motivación de ser voluntario es volver al 12 una vez más, y, como "vencedor de vencedores", poder reclamar a Madge a mi lado.
Durante cada entrenamiento es eso lo que me motiva, busco aliarme con Katniss y Haymitch, pero ellos no nos aceptan, por lo que deberán estar primeros en mi lista a eliminar, aunque no puedo evitar pensar en Madge cada vez que Brutus menciona eso. Sin embargo, los del 12 son enemigos del Estado ahora, y hay que hacer lo que sea para quitarlos del medio. Motivos no nos faltan, pues aunque nadie lo dice estoy seguro de que todos pensamos en lo mismo. Es por ella, por Katniss Everdeen que ocurrió esto; por su culpa muchos de nosotros tendremos que regresar a la Arena, para quizá jamás salir ésta vez. Sobrevivimos para ahora volver al lugar donde todo comenzó por culpa de una chiquilla que ni siquiera es la líder que el presidente teme; no es más que una muchacha egoísta y desorientada que una vez más nos llevará a todos a la muerte. Creo que esa es razón más que suficiente para odiarla.
Cuando todos los vencedores nos damos la mano en el escenario la miro, porque ella lo inicia, y porque es por ella que estamos aquí.
El descontento es general; nadie en el Capitolio está feliz, pero sé que todo se les pasará en cuanto empecemos a matarnos en la Arena. Así es esto; así es esta gente.
oOo
No siento miedo cuando el tubo me lleva hasta mi nuevo destino, tampoco cuando veo la inmensa extensión de agua a pesar de que no sé nadar, como muchos aquí, a excepción de Mags y Finnick del Distrito 4, claro.
Las primeras horas son bastante agitadas; el baño de sangre es lo más difícil, porque conozco a todos los que tuve que asesinar. Todos eran excelentes personas, pero no pienso en eso cuando mi espada se clava en sus cuerpos.
No hay votaciones, pero me permiten liderar el equipo, y Enobaria, Cashmere y Gloss me cuidan las espaldas mientras me encargo de todo. Sé que tal vez no lo parece, pero para ninguno es fácil. El que seamos profesionales no nos hace de piedra, aunque sí muy buenos fingiendo.
El resto del día no hacemos mucho, porque estamos exhaustos, tanto física como emocionalmente, y hambrientos, y no tenemos agua ni comida. Encontramos un lago casi al anochecer y allí nos quedamos. Cashmere busca algunas raíces ya que ninguno es muy bueno cazando, y así pasamos la noche.
Al día siguiente un grito nos despierta. Del otro lado de la isla donde estamos hay movimiento; a través de los árboles puedo ver como una ola gigante arrasa con todo, pero se detiene antes de llegar a nosotros.
Nos asustamos, así que nos reunimos y planeamos cómo terminar con la alianza de Katniss y Finnick antes de que Arena se ponga más peligrosa. Entonces nos ponemos al acecho. Gloss es el mejor de nosotros rastreando, así que nos guía hacia la playa, donde vemos a todos, Haymitch Abernathy, Johanna Mason, los dos tributos del 3 y Katniss y Finnick. Están en la Cornucopia, y parecen hablar de algo. Y ni siquiera lo planeamos; Gloss y Cashmere se adelantan, pero Katniss les dispara con sus flechas, logrando asesinar a Gloss después de que éste matara a la mujer del 3; creo que la llamaban Wiress. Johanna va a atacar a Cashmere con su hacha, pero la detengo lanzádole una espada, y ella logra escapar a tiempo antes de que la Cornucopia empiece a girar sin control y nos expulse de su superficie. Cashmere y yo caemos al agua, y perdemos todo rastro de Enobaria mientras la locura continúa.
Cuando la isla de la Cornucopia deja de dar vueltas y el peligro pasa consigo salir a la superficie, al otro lado de la playa, donde Cashmere también fue expulsada. Mi compañera de distrito nos encuentra rápidamente y de nuevo emprendemos la retirada.
Nos reagrupamos e intentamos seguir cazando al resto de los tributos, pero aunque somos profesionales no nos sentimos cubiertos sin Gloss, así que paramos por un momento, pero la meta sigue siendo clara: debemos eliminar a la competencia.
Volvemos a seguirlos de cerca, pero lo suficientemente alejados para que no nos descubran.
Ellos se están moviendo como si planearan algo, pero no podemos saber qué es. Decidimos terminar con esto antes de que se ponga el sol esta noche.
Yo voy tras Finnick, Enobaria y Cashmere tras Katniss y Johanna, que después de él son las más fuertes. Pero algo sucede; encuentro a Finnick corriendo entre la maleza, y lo ataco antes de que pueda ponerse alerta. Lo golpeó con mis puños, y él intenta defenderse pero no le doy tiempo suficiente. Logro quitarle el tridente y desarmarlo, y Finnick se defiende con sus puños. Forcejeamos y terminamos en el suelo; atrapo su garganta con mis manos e intento asfixiarlo, pero entonces me detengo, porque al alzar la cabeza encuentro a Katniss, que sale de lo profundo de la selva, herida. Así que dejo a Finnick inconsciente y cambio de dirección, siguiéndola hasta un claro donde vemos a Beetee, del Distrito 3, tirado en el suelo. Ella lo mira, recoge un cable del piso y lo ata a una de sus flechas, preparándose para tirar cuando revelo mi presencia.
—Vaya, eres muy difícil de encontrar, Katniss— le digo, sorprendiéndola mientras me acerco a ella con mi espada en la mano.
—Cato, por favor, no— pide, sin soltar su arco— No entiendes...
—No necesito hacerlo— le digo, recordando las palabras que Brutus me dijo la mañana que comenzaron los juegos, que no importaba cómo, Katniss Everdeen debía morir a cualquier precio.
Y por un momento pienso en Madge, pero no puedo anteponerla a los deseos del presidente.
Finalmente empuño mi espada nuevamente y me acerco a ella cuando parece que una tormenta se va a lanzar sobre nosotros. Entonces, con un rápido movimiento, Katniss deja volar la flecha sobre mi cabeza, distrayéndome. Inevitablemente me doy la vuelta para seguir la dirección que tomó y la veo golpear su objetivo y desvanecerse, arrastrando consigo el hilo de oro detrás.
Mi cabello se pone en punta y el rayo golpea el árbol. Una luz blanca me ciega y la paralizante descarga eléctrica me recorre de pies a cabeza, expulsándome lejos del árbol junto a Katniss. Reacciono de inmediato, pero apenas puedo respirar, y no puedo moverme. Justo antes de que empiecen las explosiones, encuentro un pedazo de cielo verdadero a través de las vigas del Estadio.
Todo parece erupcionar a la vez. La tierra explota en lluvias de polvo y plantas. Los árboles estallan en llamas. Incluso el cielo se llena con fogonazos de brillantes colores. No se me ocurre porqué está siendo bombardeado el cielo hasta que me doy cuenta de que los Vigilantes están lanzando fuegos artificiales allí arriba, mientras la destrucción de verdad sucede en el suelo. Sólo por si acaso no es lo bastante divertido el mirar la destrucción de la arena y de los restantes tributos, o tal vez para iluminar nuestros sangrientos finales.
Y de repente, un aerodeslizador se materializa sobre nosotros sin avisar, y su garra cae del lateral hasta que está justo encima de Katniss primero, y después sobre mí. Quiero gritar, correr, salir de aquí a golpes, pero estoy paralizado, impotente para hacer nada salvo esperar fervientemente morir antes de alcanzar a las figuras oscuras que me esperan arriba; y cuando sus pinzas metálicas nos levantan, mi primer pensamiento es que Snow de seguro nos asesinará, el segundo es que tengo miedo, por primera vez en mucho tiempo estoy asustado, y el último, quizás el más aterrador de todos, es que este es el final de todo.
oOo
Cuando despierto descubro que estoy atado a una camilla, en algún Lugar extraño que parece el interior de un aerodeslizador.
Con la visión todavía borrosa me doy cuenta de que hay alguien a mi lado, inconsciente. Es Katniss. Y a nuestros pies se encuentra alguien más. Creo que es Beetee, y junto a él, para mi sorpresa, se encuentra Cashmere. Intento levantarme, pero descubro que estoy atado de pies y manos y tengo una mascarilla de oxígeno cubriendo mi boca. Me asusto. Me muevo tratando de liberarme, pero es inútil. Entonces empiezo a desesperarme; aprieto los dientes y me muevo sin parar, haciéndome daño con las correas. Me doy cuenta de que me duele todo el cuerpo como si me hubieran dado una monumental paliza, pero no parezco tener heridas.
Sigo peleando contra las correas cuando una puerta se abre, y como un depredador me quedo quieto, esperando.
Entra un hombre que no conozco. Se detiene un segundo y me mira para después volver a salir antes de que pueda decirle nada. Finalmente regresa, con una jeringa en la mano, y me inyecta algo frío en el cuello, ahogando mis protestas al instante. Y una vez más me hundo en la bruma de la inconsciencia.
Eso pasa tres veces más. La segunda sigo en el mismo lugar pero Katniss ya no está a mi lado, y es otra persona quien me inyecta. La tercera estoy siendo trasladado sobre una camilla a alguna parte por cuatro personas vestidas de blanco; ya no estoy atado, y alguien me vistió con una bata blanca, pero no me detengo a pensar en eso. Sin pensarlo dos veces me quito la máscara de oxígeno, me levanto de un salto y me arrojo de la camilla, empujando a las personas que me transportan para quitarlas de mi camino.
— ¡Está despierto!— grita un hombre, pero los demás no reaccionan a tiempo, y no pueden contenerme. Alguien intenta sujetarme y lo golpeo; no sé de dónde consigo un bisturí y tomo a una mujer como rehén.
— ¡Aléjense!— ordeno, histérico, pero uno de ellos reacciona:
— ¡Llamen a los guardias!— gritan, y llevándome a la mujer conmigo empiezo a correr lejos, dándome cuenta de que estamos en un largo pasillo de paredes blancas, lleno de puertas cerradas a los lados, pero parece no tener fin. La mujer a la que arrastro conmigo tiembla de pies a cabeza y suplica débilmente por su vida, pero empiezo a escuchar el sonido de pesadas botas de batalla acercándose, así que no tengo tiempo para prestarle atención.
— ¡¿Dónde está la salida?!— le grito, pero ella está tan asustada que es incapaz de responder, así que, como solo es una carga innecesaria, la dejo caer al suelo y sigo corriendo por el inmenso corredor, buscando una salida. Pero no logro avanzar mucho cuando una puerta se abre y aparece una media docena de guardias armados.
— ¡Quieto!— grita uno con voz de mando. Levanto las manos de inmediato en señal de rendición, pero cuando consigo que se acerque lo suficiente lo golpeo y le quito su arma. Los demás retroceden de inmediato, pero cuando intento dispararles alguien me inyecta el mismo líquido frío de las otras veces por la espalda, y de nuevo caigo inmediatamente dormido, pesando que cuando el presidente Snow acabe conmigo desearé haber muerto en esa Arena.
La cuarta vez que despierto de ése incomodo sueño es también la última.
Estoy en un cuarto de paredes tan blancas que me dañan la vista, nuevamente atado de pies y manos. Ya no llevo la ropa que usaba en la Arena, sino una simple bata de hospital y unos pantalones blancos. En el enorme espejo que tengo delante veo que mi rostro tiene algunos golpes y cortes minúsculos que parecen casi cicatrizados del todo, así que no me preocupo por ellos.
Como las otras veces intento liberar mis manos, pero sólo consigo lastimarme. Aun así no me detengo, porque no sé dónde estoy, ni con quiénes. Si soy amigo o enemigo de estas personas, pero, a juzgar por el hecho de que me siguen atando a la cama, creo que más bien estoy metido en la boca del lobo.
En ése momento recuerdo la treta de Katniss Everdeen, y una vez más me paraliza la idea de que el presidente Snow me tenga aquí para ser castigado por su culpa. ¿Cómo decirle que soy inocente? ¿Cómo explicarle que no tenía idea de lo que esos dementes estaban planeando al destruir el Estadio?
Entonces sí tengo miedo, porque nadie se mete con el Capitolio y sale impune, y no soy solo yo quien pagará. También tengo familia, amigos, gente que me importa y que ahora mismo corren peligro, igual que la primera que hice enojar a Snow.
Me empiezo a desesperar, desesperar de verdad. Lucho, grito e intento zafarme con todas mis fuerzas, pero solamente consigo hacerme más daño.
Después de unos minutos, alguien grita por un intercomunicador que me detenga, pero no presto atención. Peleo contra las correas hasta que tengo las muñecas en carne viva y sangrando, pero no ceden. Entonces el intercomunicador se silencia, la puerta se abre y Katniss entra primero, seguida de un chico que nunca he visto en mi vida. Parece contrariada, y no se ve mucho mejor que yo; está mucho más delgada de cómo la recuerdo, y las ojeras de su rostro le dan una apariencia casi siniestra. Me detengo al verla. Hay un tenso silencio entre nosotros, y el miedo, por un segundo, desaparece, pues si ella está a salvo significa que yo también. Sin embargo, pasada la sorpresa de verla allí, como primer impulso intento volver a soltarme para romperle el cuello, pero las correas me recuerdan rápidamente que es inútil.
— ¡Sabía que tenías algo que ver con esto!— escupo, mirándola con odio. Katniss se sobresalta, quedándose muy quieta junto a la puerta— ¡Suéltenme!— exijo. Ella cierra los ojos un momento y veo que quiere retroceder, pero se obliga a mantenerse firme.
—Deberías agradecer que te sacáramos de ése lugar— dice el chico que la acompaña; se parece bastante a ella, aunque se ve mucho más fuerte y alto— Por sacarte a ti tuvimos que dejar a Finnick, y tal vez él esté...
—Gale— pide ella, y él se calla. Después se gira hacia mí, acercándose a pesar de las protestas de su amigo, y como si quisiera demostrarme que está de mi lado empieza a soltar mis pies— Deja de pelear. Solo estás haciéndote daño— dice en voz baja, deteniéndose antes de terminar con su cometido. Le hago caso por un segundo, esperando que termine de desatarme, pero ella sólo se queda quieta— Tal vez te preguntes qué es lo que pasa, y yo no lo entiendo muy bien todavía, pero déjame explicarte con palabras sencillas— la miro, dándole la razón sin palabras. Katniss toma aire profundamente y vuelve a concentrarse en liberarme de las correas— Tal vez no lo recuerdes porque te mantuvieron dormido por mucho tiempo, pero huimos del Capitolio. Había un plan en la Arena. Yo no lo conocía, pero había muchas personas involucradas, entre ellas Haymitch, Johanna, Beetee y Finnick. El ex Vigilante en Jefe Plutarch Havensbee fue quien lo organizó todo, y ahora estamos en el Distrito 13. Y no. No fue destruido— contesta a la pregunta que obviamente quería hacerle. Espero a que ahora desate mis muñecas, pero una vez más se detiene— Están planeando una revolución, Cato. La guerra ya comenzó. Y todos dicen que es imposible hablarlo contigo, pero quieren que yo sea quien los guíe, y yo quiero que tú te nos unas.
Katniss hace una pausa en ése punto, y yo parpadeo, mirándola fijamente, tratando de unir las piezas en mi mente. ¿Estamos en el Distrito 13, el mismo que supuestamente fue destruido por bombas nucleares hace más de setenta años? Empiezo a preguntarme el alcance que tiene todo esto. Qué es realmente todo esto. Y si ellos me sacaron del Estadio eso quiere decir que puede que haya más gente de la que mencionó involucrada, pero, ¿cuántos? ¿Quiénes?
Todo da vueltas en mi cabeza, sin embargo, consigo el aplomo suficiente para reírme en su cara.
— ¿Unirme a ti? ¿Quién demonios pasa contigo, imbécil? ¡Si ahora mismo hay una guerra allá afuera es tu culpa! ¡Más te vale que nunca pueda soltarme o te partiré el cuello en miles de pedazos!— no puedo contener mi ira y empiezo a tratar de escapar otra vez. Ella retrocede, aunque no demasiado.
Veo que baja la vista y parece contener las lágrimas.
—El Distrito 12 fue destruido— dice de pronto, con lágrimas en los ojos. Dejo de luchar. Sus palabras me sorprenden, pero me aseguro de no demostrarlo.
— ¿Y a mí qué demonios...?
—Madge estaba allí— suelta, y de repente siento como si alguien me hubiera lanzado un balde de agua encima— Ella murió.
Sin proponérmelo clavo mis ojos en ella, tratando de hallar algún indicio de que miente, pero no hay nada. Está diciendo la verdad.
Madge, esa hermosa chica que había logrado cautivarme con una sola mirada se ha ido. O no. Mejor dicho, la han asesinado.
Y en ese momento el mundo se derrumba.
Un dolor inexplicable se me anuda en la garganta, impidiéndome respirar. Un par de lágrimas caen sin que pueda contenerlas, de repente me estoy asfixiando con mi propio llanto ahogado, pero me fuerzo a mantenerme firme, bloqueando cualquier emoción que me haga perder el control, tal y como me habían enseñado desde niño. Entonces me doy cuenta de que no había notado cuando Katniss terminó de liberar mis ataduras, y en ése instante reacciono, girándome hacia ella.
—Sé que no...— no la dejo terminar, porque apenas soy consciente de que soy libre me apresuro a tomarla por el cuello y golpearla contra la pared mientras intento asfixiarla con mis propias manos.
Las emociones fluyen sin control. Ira, frustración, dolor. Todo es nuevo. Nuevo y atemorizante.
— ¡Fue tu culpa! ¡Tú la asesinaste!— escupo, ejerciendo presión para hacerle daño, pero no la suficiente para matarla, no rápidamente, al menos. Veo que Katniss se desespera por respirar, y que sus ojos vuelven a llenarse de lágrimas.
El extraño y desconocido sentimiento que me produjo la noticia sobre la muerte de Madge hace que ni siquiera piense en lo que hago, pero entonces siento un fuerte golpe en la nuca, y ya no puedo seguir sujetándola.
oOo
No sé cuánto tiempo pasa antes de que otra vez despierte, y al hacerlo me doy cuenta de que de nuevo estoy atado a la cama, solo que ésta vez también ataron mi torso y rodillas para estar seguros. Un tembloroso asistente entra a darme de comer y después vuelven a dormirme.
Me mantienen así cerca de tres semanas, hasta que al fin un día despierto y ya no estoy atado. Pasa otra semana en que me tienen encerrado, alimentándome por una rendija de la puerta. Descubro que hay un pequeño baño tras una puerta escondida en la pared que se abre con un poco de presión en un punto específico, pero no hay ningún lugar por dónde escapar.
Sé que me están observando, pero no tengo mucho que hacer entre éstas cuatro paredes más que dar vueltas, dormir, y ocasionalmente ejercitarme con flexiones para pasar el rato y no pensar en Madge y en su muerte.
Por las noches descubro que es casi imposible dormir sin drogas; que aunque durante el día puedo fingir, por las noches no puedo escapar a las pesadillas. Allí la veo todos los días, tan hermosa como siempre, hasta que de pronto llegan los aerodeslizadores y yo no puedo hacer nada para salvarla. En ése punto es cuando casi siempre despierto, gritando antes de correr a algún rincón de la habitación y hacerme un ovillo. No sé si es algún tipo de tortura del 13, pero pasada otra semana ya no puedo soportarlo. Estuve prisionero una vez en una habitación como ésta, en el Capitolio. Fue la primera vez que me negué a acostarme con alguien, y entonces Snow me mandó a encerrar en ese lugar por una semana. Creí que ese sería el castigo, pero al regresar a casa supe que mi padre estaba muerto.
Los recuerdos me atacan nuevamente.
Necesito salir de aquí o me volveré loco.
Haré lo que sea para que me saquen de esta prisión. Así que pienso en mis opciones, y no es que tenga muchas, así que no tardo mucho en decidirme.
— ¡Quiero ver a Katniss Everdeen!— le grito al espejo, levantándome de la cama de un salto. Espero unos segundos, pero no pasa nada— ¡Dije que quiero ver a Katniss Everdeen ahora! ¡Tráiganla! ¡Díganle que quiero verla!
De nuevo me responden con silencio, una y otra vez, como si quisieran hacerme saber que no les importa lo que diga.
Entonces me enfurezco, y empiezo a destruir la habitación, tratando de derribar alguna pared para escapar o para que alguien me escuche, pero pasan tres días en los que grito que quiero que Katniss venga a verme y nada sucede, así que, al cuarto día, frustrado, empiezo a golpear el vidrio espejado con mis puños, exigiendo ver a Katniss.
Ellos siguen ignorándome, y el encierro empieza a llevarme a la locura, así que, como siguen sin hacer caso de lo que pido, empiezo a desmantelar mi cama para usar las patas como garrotes, pero antes de intentarlo la puerta finalmente se abre, y Katniss entra tambaleándose como una niña temerosa, ella sola.
Luce cansada y todavía tiene algunas marcas en el cuello, pero parece estar bien.
Sé que yo lo exigí, pero realmente me sorprende verla después de lo que pasó la última vez. Me descontrolé, lo acepto, pero ella se lo merecía. Quizá todavía lo merece, pero no creo que sus amigos, los que me mantienen encerrado aquí, perdonen que otra vez intente matarla.
Dejo caer la barra de metal que tengo en la mano y me giro a verla como si nada hubiera pasado. Soy un experto en eso.
No digo nada, y ella tampoco lo hace, pues parece esperar a que sea yo quien hable primero. Así que lo hago:
—Te estuve llamando— le digo. Ella se sorprende— ¿Te dieron el mensaje? Que amables. Y solo se tardaron un mes.
—Estuve en el hospital— dice, con voz rasposa. Supongo que sí le hice daño al intentar asfixiarla, pero no intento disculparme, y ella tampoco parece querer una disculpa. Pero estoy cansado de rodeos, así que voy directo al grano, tratando de no perder los estribos nuevamente.
— ¿Fue Snow?— pregunto; Katniss me mira, confundida, así que aclaro— ¿Él mandó a destruir tu distrito?— ella asiente, entonces guardo silencio por unos minutos; respiro profundamente, porque me cuesta pronunciar lo que he estado pensando desde hace días, pero necesito saberlo. Una parte mía necesita escucharlo para que la otra termine de convencerse de lo que es muy claro— Y los aerodeslizadores... Los que bombardearon la ciudad... Salieron del Distrito 2, ¿no es así?
Realmente no necesito una respuesta, pero aun así la quiero. Necesito convencerme, terminar de tratar de mantenerme fiel a quienes me han hecho tanto daño a mí y a tantas otras personas.
Katniss baja la mirada, pero vuelve a asentir, haciendo que se me seque la boca de repente al pensar en que quienes mataron a Madge probablemente eran mis amigos, o vecinos en el Distrito 2; que quizá eran clientes del negocio de mi familia, personas a las que alguna vez admiré o con las que compartí parte de mi vida. Esas mismas personas me arrebataron a aquella chica que pudo haber sido tan especial para mí. Y me lleno de ira, no hacia ellos o Katniss, sino hacia el hombre que siempre controla los hilos de todo lo que pasa en Panem. El verdadero culpable de todo lo malo que ha sucedido en mi vida.
—Sé que también estás molesto. Ayúdanos— Katniss vuelve a llamarme la atención, casi sin voz y sin aire en los pulmones, y la miro de inmediato— Para derrotar a Snow...debemos tomar el la fortaleza de tu distrito primero y lograr que la gente del 2 se nos una— respira profundamente, como si cada palabra le doliera— Por eso te necesitamos. Ellos... Tu gente te seguirán a ti, como el resto de Panem...a mí.
Termina agitada y sujetándose la garganta. Yo la miro y abro los ojos, anonadado. Mi mente se niega a creer que acaba de pedirme que convenza a mi gente de rebelarse contra el Capitolio e ir a una guerra que podría acabar con todos nosotros. ¿Ésta chica es estúpida o qué?
—Estás loca— le digo, dándole la espalda— No puedes entrar al centro de mando del 2 a así como así. Está rodeado de montañas y vigilancia. Además hay túneles custodiados las veinticuatro horas. No es tan fácil. Es más, es imposible si no conoces la geografía del lugar.
—Por eso necesito que vengas con nosotros— dice como si nada, como si estuviéramos hablando de ir a dar un paseo por la plaza. Eso confirma mi teoría de que es estúpida— Sabemos que es imposible entrar, pero si tú pudieras convencer a todas esas personas de salir... De ayudar a los rebeldes, podríamos tener una oportunidad.
Lo pienso por un momento, indeciso. Mientras tanto Katniss me mira a la expectativa.
—Aun así tienes un problema.
— ¿Cuál?
—Que no quiero ayudarte— le digo, echándome de nuevo sobre lo que quedó de mi cama. El Cato con un alto sentido de la autopreservación ataca de nuevo— Mejor enciérrame o vuelve a atarme a esta cama, porque no traicionaré a mi distrito jugando a la guerra contigo y tus amigos muertos de hambre. No hablaré con nadie, no los acompañaré ni guiaré a ningún lado. Sólo quería decírtelo en la cara. Cierra al salir— le ordeno, aunque la realidad es que no quiero que vuelva a dejarme encerrado aquí, solo con mis tormentosos recuerdos.
Por el rabillo del ojo veo que se enfada, pero no dice nada. Katniss se queda en su lugar, pensativa por varios segundos, hasta que finalmente dice:
—Creí que tal vez querrías ayudarnos. Quería darte la oportunidad de hacer algo bueno, pero veo que me equivoqué.
—Exacto. ¿Por qué te ayudaría? Yo todavía tengo un hogar al que volver— le digo, tratando de sonar burlón, y sé por sus ojos llenos de lágrimas que he dado en el blanco, pero eso, por extraño que sea, no supo tan bien como hubiera creído.
—Tienes razón— me dice, siendo fría y directa— Yo ya no tengo un hogar, porque me lo arrebataron las mismas personas que asesinaron a Madge— masculla, limpiándose la cara con las mangas de su camisa; me apoyo sobre un codo para verla mejor— Ella era mi mejor amiga, y creía que había algo de bondad en ti. Me lo dijo la última vez que la vi. Ahora veo que se equivocaba. Que como yo fue una tonta por creer que podrías querer ser una persona mejor, y no la egoísta mascota del Capitolio que todos dicen que eres. Sí, tú tienes un lugar al que volver; junto a las personas que bombardearon un distrito lleno de inocentes por orden de Snow, ¡ése hombre al que tanto defiendes y que mataría en un segundo, como hizo con Madge! ¡Ella está muerta por gente como tú!
A esas alturas está causándome directamente con la mirada llena de lágrimas. Eso me hace reaccionar de una forma que incluso yo no me esperaba, provocando una respuesta involuntaria en mi interior, una reacción primitiva y violenta, casi animal.
— ¡Deja de decir su nombre!— estallo de forma brusca, volviendo a tomarla por el cuello para golpearla contra la pared más cercana y Katniss se sobresalta, pero en ningún momento deja de mirarme fijamente, desafiándome.
— ¿Por qué no dejas de fingir de una vez que ella te importaba? Tú y yo sabemos que eso es mentira. A ti no te importa nadie más que ti mismo...
— ¡Cállate!
— ¿Te duele escuchar la verdad? A mi me duele perder a mis amigos, pero tú...— Katniss cierra los ojos y ahoga una exclamación, asustada por el golpe que mi puño le da a la pared tras ella. Me lleva unos pocos segundos tomar una decisión que le cierre la boca, y todavía no he olvidado que todo esto es su culpa, pero no solo de ella. Y quizá nosotros ajustemos cuentas más adelante, pero por ahora hay otros nombres primero en la lista.
La suelto y me aparto, respirando con dificultad por el enojo que corre por mis venas. Katniss toca la pared desesperadamente en busca de la puerta, y va a salir cuando una voz que se parece mucho a la mía la detiene.
—Jamás seguiré tus órdenes— digo, dándole la espalda para evitar la tentación de volver a poner mis manos alrededor de su cuello. Ella se queda quieta en su lugar, expectante. Y suspiro, tratando de volver a perder la calma— No seré tu amigo ni daré mi patética vida por ti— mascullo, volviendo a enfrentarla cara a cara; Katniss me mira fijo. Sé que entiende mis palabras y le sorprende que al fin haya cedido, pero no tanto como a mí— Pero si me sacas de aquí haré lo que ustedes quieran— Kattniss abre los ojos, sorprendida— Pero si mencionas a Madge tan solo una vez más...
—No lo haré— asegura con presteza, pero firmemente.
Y vuelvo a darle la espalda, porque ya no hay nada más que decir. Katniss se apresura a salir, pero su amigo, el que ella llamó Gale, regresa unos minutos después, con cara de muy pocos amigos, un uniforme negro, botas y una mochila.
—Vístete— me ordena, tirando todo sobre el colchón— Salimos en una hora.
— ¿Y mi arma?— pregunto mientras reviso la mochila, y obviamente no entiende el sarcasmo, porque se muestra ofendido.
— ¿Crees que somos estúpidos?
—En realidad sí. Tú especialmente.
El chico y se me acerca de forma intimidante, pero como no retrocedo se detiene cuando nuestras narices casi chocan. No es tan alto como yo, pero aún así se ve fuerte.
—No creas que porque Katniss te quiere en el equipo confiaremos en ti. Voy a estar vigilándote de cerca, y al primer error seré yo mismo quien te asesine como tanto disfruta hacer la gente de tu maldito distrito.
Lo miro atentamente, y no quiero caer en su estúpida provocación, pero no puedo evitarlo. Así que, como el Cato que ganó los juegos, sonrío y lo miro a la cara, tan simpático como me gustaba verme en el Capitolio.
—Buena suerte con eso— le digo. El tal Gale casi me gruñe, pero sin decir nada espera a que le abran la puerta y sale.
oOo
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Continuará...
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N del A:
Qué tal el capítulo?
Nos leemos!
H.S.
