Explicación
Realmente siento la espera, había planeado publicar este capitulo antes, (como lo indique en el anterior) pero me ocurrieron varias cosas que retrasaron dicha actualización; entre ellas: salí de viaje de improvisto. Al regresar e intentar continuar donde lo deje... mi computadora se quemo TT_TT perdí gran parte de lo que tenia. Por suerte mi laptop a revivido y ahora es donde escribo.
Fin de la explicación.
Bueno, pasando a lo importante. Les deseo un Prospero Año Nuevo.
El capitulo se llevara a cabo durante el tercer episodio de la segunda temporada. Solo habrá referencias y frases tomadas de la serie para una correcta continuidad. Sin embargo, no seré tan explicita en las escenas. Esto quiere decir, que sera visto desde la perspectiva de las Darks Turtle (la mayor parte) pero estas no son capaces de seguir a los mayores a todas sus aventuras. De esta manera no seré repetitiva con cosas que ya conocemos (eso espero) o_o
Capitulo 7
La oscuridad pululaba alrededor de la pequeña tortuga azul, aun despierta a altas horas de la noche. DarkLeo parpadeo con cansancio.
Tenía un mal presentimiento. ¿Que era lo que tanto le molestaba? ¿Tenia algo que ver con sus hermanos? ¿Las tortugas? Demasiadas preguntas.
Al verse incapaz de dormir, salió de la habitación que compartía con sus hermanos y se traslado con sigilo a la sala en busca de algo que calme su inquietud. Transcurrieron algunos minutos antes de darse por vencido. Sin nada relevante que pueda hacer permaneció en silencio, esperando la llegada de las tortugas.
La búsqueda del mutageno, era la responsabilidad que los mayores tenían con la ciudad de Nueva York, un hecho que los niños no conocían y no debían saber. Sin embargo, las salidas nocturnas era un evento molesto para los pequeños. Sin tener idea de adonde se dirigían o lo que hacían.
Dando el primer paso en su plan, lograron saciar su intriga. Después de un muy convincente berrinche por parte de DarkMikey, Miguel Ángel se vio incapaz de evitar desbordar parte del fracaso de su misión ocurrida semanas atrás. Contándoles la razón de sus salidas y como derramaron una sustancia peligrosa en la superficie, capaz de dañar a muchas personas inocentes.
DarkMikey se mostró satisfecho con la explicación, dándole luz verde a la tortuguita de larga cola para investigar la procedencia de este liquido toxico. DarkDon tenia un acceso directo pero limitado al laboratorio de su original, permitiendole escuchar y ojear parte de las evaluaciones de Donatello y el mencionado mutageno.
Aun no entendía lo que le molestaba pero algo le decía que debía estar ahí.
Al ver a las tortugas entrar una vez más a la guarida, noto de inmediato el estado sombrío. Su corazón se retorció en su pecho con incomodidad ante la vista de sus cuidadores de aspecto maltratado. Su mayor inquietud se despertó al pasar su mirada por cada uno. Solo había tres de ellos y ninguno era Leonardo.
Frunció el ceño con desespero, apretando sus labios en una línea delgada.
Las tortugas entraron y se esparcieron por la sala portando distintos niveles de angustia. Ninguno se percato de la presencia del niño.
Donatello caminaba de un lado a otro con nerviosismo. -No respetamos su liderazgo- declaro deteniendo sus andadas.
-Como vamos a explicarle esto al Maestro Splinter- pidió la tortuga de banda naranja.
-¿Explicarme qué, Miguel Ángel?- la gran rata apareció instando una explicación.
-Es Leo, Sensei… Karai lo ha capturado.- DarkLeo escucho vagamente la respuesta de Raphael. ¿Karai? Conocía ese nombre. Indago entre sus recuerdos, encontrando a la mujer vengativa en alguna base de datos que su hermano genio le había mostrado.
Sus dientes se apretaron con fuerza. Esa mujer era peligrosa. Sabía que les había ocasionado muchos problemas a sus originales en el pasado. Y ahora esa misma mujer tenía a su protector. Decir que estaba molesto era un eufemismo. Como se atrevía esa mujer a llevarse a la persona encargada de cuidarlo.
La conversación que se llevaba a cabo era un borrón en su mente. Pero su atención fue devuelta, una vez mas, con la mención de su cuidador.
-Encuentren a Leonardo, ahora eso es lo que importa- el Maestro Splinter sentencio enviando a sus hijos una mirada severa. Todos asintieron apresurándose a la superficie.
-Kazuo…- DarkLeo se estremeció ante la voz del Maestro -No debiste escuchar nuestra conversación- sus palabras salieron apenas en un susurro. La pequeña tortuga levanto la vista, sorprendiéndose de la mirada preocupada que el gran roedor le dirigía… Se sentía extraño.
-Mis hijos encontraran a Leonardo- declaro Splinter con confianza.
DarkLeo bajo la cabeza de inmediato. No quería evaluar más esa mirada, no la entendía. ¿Por qué el Maestro lo ve de esa manera, cuando era su hijo a quien habían secuestrado? Escucho el suspiro en calma de la rata. Ladeo la cabeza a un lado sintiéndose confundido.
Ante sus propias acciones indecentes (como sus compulsivas ganas de llorar). Alego que su comportamiento era para mantener las apariencias (a pesar, que sus pensamientos eran un lió en esos momentos)
¿Cómo esa mujer había capturado a Leonardo? Si, puede que sea un adolescente algo tonto, pero era un ninja en formación y con grandes habilidades.
Una mano peluda acaricio su mejilla, deteniendo sus pensamientos.
Abrió sus ojos con espanto al no haberse dado cuenta cuando el Maestro Splinter lo había levantando en sus brazos. La gran rata lo llevaba en silencio a su habitación, acariciando el caparazón del niño.
DarkLeo inexplicablemente se había calmado, sus parpados se sentían pesados y su cabeza cayó en el hombro de Splinter ante el repentino cansancio que lo invadió.
Le molestaba sentirse tan vulnerable.
Habia estado tan orgulloso en el control que estaba desarrollando en su cuerpo de dos años. Pero ahora no podría estar más equivocado. Era culpa de su cuerpo, no era nada más que las emociones difusas que un niño debía experimentar sobre la pérdida de su representante. Eso era todo. Él no se preocupaba por Leonardo, así que no podrían ser sus verdaderas emociones con las que estaba tratando.
No queriendo imponerse a ellas y hacer que empeoren, se dejo llevar por el Maestro.
Las cálidas sabanas y la suavidad de la almohada fue su último recuerdo, como el abrazo al mundo de los sueños lo envolvió con ternura. Se retorció inconscientemente aun con una molestia en lo profundo de su mente.
-zuo…- DarkLeo parpadeo desorientado. -Kazuo…-
Abrió sus ojos con cansancio distinguiendo una silueta cernida sobre él en la oscuridad. Se estremeció ligeramente en la posibilidad de un intruso. Su cuerpo aun consumido por la somnolencia se movía con torpeza en la búsqueda de cada uno de sus hermanos al no poder verlos entre la penumbra que lo rodeaba.
Algo tomo de su mano deteniendo sus intentos por llegar a sus hermanos. Fue lo último que necesito para ampliar sus ojos con terror. Esta persona podía inmovilizarlo fácilmente y él no podría hacer nada si este intentaba lastimar a los otros. Sus ojos parpadearon con la repentina humedad de su fracaso.
Un arrullo acogedor pasmo su inquietud de inmediato. Seguido de la emoción desconcertante por la agradable tonada.
¿Qué estaba pasando?
-Tranquilo, vas a despertarlos.- la serena voz de Leonardo recorrió su mente. Observo sorprendido como la figura borrosa tomaba la forma de su protector.
Suspiro con abrumador alivio. Era Leonardo, el ser encargado de protegerlo, él no les haría daño. No había manera que la tortuga frente a él atentara contra la vida de sus hermanitos. Y ahora estaba de vuelta, lejos de aquella mujer vengativa.
Antes de darse cuenta su cuerpo reacciono por instinto saltando a los brazos de la tortuga mayor. No le dio la oportunidad de reaccionar cuando se alejo sintiéndose satisfecho con el contacto. Ahora que su mente tomaba la lucidez que necesitaba, su rostro adquirió una expresión impasible pero visiblemente más tranquila que antes.
Miro de reojo a sus hermanos no viendo rastro de daño alguno. Su atención se dirigió una vez más al joven líder. Este aun parecía aturdido. DarkLeo no lo culpaba, él mismo estaba teniendo algunos problemas para acostumbrarse a sus impulsos infantiles.
Leonardo sonrió con cariño acercando su mano y acariciar la palma del niño.
-Siento haberte preocupado esta noche- expreso con un deje de tristeza. -Yo fui descuidado… Pero ya estoy de vuelta.-
DarkLeo tenía que decir algo, antes que el nerviosismo de la tortuga de banda azul se extendiera y saliera de ahí sin más que decir. -¿Te hizo daño?- pregunto en una pérdida de palabras. Realmente no se preocupaba, pero creyó que sería lo más normal para pedir.
Leonardo realizo un movimiento negativo con la cabeza sin apartar la sonrisa de su rostro. -Estoy bien- susurro.
La pequeña tortuga asintió aparentando satisfacción. Ya había adquirido una vez más algo de control en sus emociones. Esperaba que palabras no deseadas salieran de su boca sin consultárselo antes.
-Vuelve a dormir. Mañana seguiremos hablando.- DarkLeo se recostó nuevamente en las cálidas sabanas disfrutando de su suavidad.
Observo de reojo la partida de Leonardo.
Arqueando sus labios en una sonrisa tranquila, el sueño lo envolvió con mayor rapidez. Ignorando como la molestia en lo profundo de su mente había desaparecido.
Leonardo separo sus labios levemente para soltar un suspiro tembloroso, una vez que se vio fuera de la habitación de los niños.
La tensión en los músculos de su cuerpo disminuyo considerablemente en la interacción que tuvo con su clon. No esperaba una demostración tan afectiva cuando hace apenas unos días los niños no querían hablar.
Había pensado que el maltrato que recibieron era peor de lo imaginado y esa era la razón de su trato. Recordó hablar con su hermano genio en distintas ocasiones, preguntando sobre la mejor manera de acercarse sin recibir tanto rechazo. Donatello se mostró apenado en cada una de sus visitas sin saber cómo solucionar su pedido.
Sus clones representaban un gran misterio para todos. No tenían idea de sus orígenes, de lo que habían pasado o como llegaron a las alcantarillas el día que los encontraron. Solo podían llegar a conjeturas salvajes, al no poder preguntarles directamente. No querían arriesgar su frágil relación por lo que decidieron posponer durante un tiempo las preguntas incomodas relacionadas a su pasado.
Después del primer día que revisaron sus cuerpos y conversaron sobre las heridas. Detectaron muchos cambios de humor en los niños. A veces, se mostraban felices, pero al siguiente parecían reprimir sus emociones dejando un tapiz en blanco en sus rostros.
Era difícil tratar con niños que no actuaban acorde a su edad. Había tenido sus dudas e incluso su impotencia lo llevo a creer en las palabras de su hermano impulsivo, donde inquiría sobre una posible trampa por parte de los Kraang con sus creaciones, pero tan rápido como el pensamiento llego lo desecho de inmediato al ver el rostro extrañamente furioso de Miguel Ángel.
También esperaba que los niños no sean un peligro para su familia, eso rompería el corazón extremadamente emocional de su hermanito de claros ojos azules. Su padre no había detectado ningún mal en los niños, solo confusión y desconfianza. Eso renovó su iniciativa hacia la pequeña tortuga azul y el inesperado acercamiento que comenzaban a mostrar.
La sensación afable que experimentaba su cuerpo era desconcertante, pero muy bienvenida. En un principio, no había entendido las explicaciones de Miguel Ángel con respecto a lo que sentía cuando Hotaru le sonreía. Ahora le era más claro lo agradable que es ver a Kazuo mostrar tales emociones por él.
Por eso, recordó su conversación con el Maestro Splinter al regresar de su corto cautiverio.
Enfocado en las palabras de Karai, le pregunto sobre sus preocupaciones. Su Maestro negó haberle arrebatado a su madre… Alegando que era el propio Splinter padre de Karai.
Fue una gran sorpresa. Una que alejo sus inquietudes y calmó su alma de alguna revelación desafortunada.
Sin embargo, antes de finalizar su plática, el Maestro Spliner le relato lo ocurrido durante su ausencia al estar en manos de la joven kunoichi. Su asombro era grande. Kazuo había esperado su llegada cerca de la entrada a la guarida. El niño se mostró angustiado al no verlo entrar con los otros y su padre tuvo que llevarlo en brazos hasta su habitación para tranquilizarlo.
Sin tiempo que perder Leonardo se precipito hacia el cuarto de los niños. Había esperado que su ansiedad por ver a su clon se estabilizara. Una vez tranquilo entro con cuidado observando el murmullo suave de sus respiraciones.
-¿Cómo esta?- la voz en calma de su padre aparto los recuerdos de hace unos minutos. Se giro y vio la sonrisa suave en el rostro de Splinter.
-Él parecía estar mejor…- miro a su padre elevando la comisura de sus labios con deleite. -Kazuo parecía feliz de verme, sensei. Se veía aliviado de que estaba ahí- Leonardo no podía salir de su asombro. Incluso Splinter cerró sus ojos con ternura ante el entusiasmo de su hijo.
-Necesita que estés ahí para él, Leonardo. Con el tiempo se dará cuenta que eres importante en su vida y te aceptara- Leo considero sus palabras.
La sensación aun prevalecía en su cuerpo haciéndolo reír tontamente.
Ambos se despidieron y Splinter regreso al dojo, camino a su propia habitación.
El Maestro Splinter respiro lentamente en la concentración. La presencia de Kazuo esa noche, sin duda fue desconcertante. Ninguno de los niños había salido de su habitación después de las buenas noches. Sin embargo, la pequeña tortuga azul casualmente se presento en la entrada de la guarida en espera de sus hijos, para encontrar poco después que uno de ello no pudo regresar...
¿Lo habrá sentido?
Gracias por los comentarios; Alez Noelus e Invitado. Me gustaría tener una referencia mas clara que solo invitado, que por cierto, no era mi intención mantener la intriga durante tanto tiempo :(
Y a las personas que aun leen la historia se los agradezco.
Hasta el próximo capitulo ;3
Nota mental: no volver hacer promesas en vano... T_T
