Bienvenidos a un nuevo capitulo, el mas largo hasta ahora. Espero que sea de su agrado.


Capitulo 8


-Lo juro. Aunque sea lo último que haga encontrare una cura y recuperare a Abril-

En el pasado, específicamente unos días antes de la llegada de los niños, sus pensamientos habían sido abrumados con la culpabilidad y la desgarradora perdida de su mejor amiga. Era una constante indudable que se mantenía en la superficie de su mente.

Abril...

Pero ahora más que nunca su mente insistía en recorrer los recuerdos de su tiempo con ella; y todo culpa de sus hermanos. ¿Por qué tenían que molestarlo con eso? Burlarse de su desafortunada vida amorosa y compararla a un tonto programa de televisión; Fuerza Super Robo Mecha Cinco.

Se levanto del asiento retirándose de su mesa de trabajo.

Cometía un error tras otro en la creación del retomutageno, no tenía idea de lo que estaba mal; solo que debía empezar de nuevo al ver como su último intento termino congelándose.

Camino frustrado hacia un espacio infantil, creado para los niños en el rincón más alejado y aparentemente seguro del laboratorio. Un corral medianamente grande, rodeado de almohadas y algunos juguetes que había encontrado en la superficie; todos perfectamente higiénicos (o lo más limpio que se puedan mantener en una alcantarilla)

Detuvo brevemente sus pensamientos para observar a la pequeña tortuga de color morado poner su completa atención en un viejo libro de biología que el propio Donatello leía cuando era niño.

Contenía una variedad agradable de información, con imágenes que detallaban el organismo de los animales, ya sea de mamíferos, reptiles o anfibios.

Le era curioso, el tiempo que el niño se gastaba con el texto. No estaba seguro si podía leer o no. Su pequeño clon no le permitía indagar ese hecho. Cada vez que le acercaba un libro con la cantidad correcta de letras para empezar con el aprendizaje de la lectura, el niño se negaba rotundamente.

¿Tal vez, aun era demasiado pequeño? No podría saberlo. Por lo menos, ahora le permitía acercarse sin encogerse fuera de su alcance o llamar a sus hermanos por un respaldo. Y no era el único, todos sus clones mostraban una actitud más agradable hacia ellos.

Bajó la cabeza, sorprendiéndose con la mirada fija que niño le dedicaba.

-Vamos- exclamo Donatello con una sonrisa en el rostro. Por un breve momento, vio el entrecierre de los ojos en el rostro de la tortuguita, dándole un aspecto malhumorado. Aunque inmediatamente después, se levanto sin soltar el libro.

Donnie lo tomo en sus brazos. Se había percatado del afán que el niño tenía hacia su laboratorio; y el descontento que este mostraba cada vez que era hora de salir.

No podía culparlo, Donnie también adoraba su laboratorio...

-¿Quien es Abril?- Don amplio sus ojos espantado ante la repentina pregunta. Había creído que el niño no prestaba atención a lo que divagaba normalmente alrededor de su laboratorio. No podía haber estado mas equivocado...

Sus mejillas enrojecieron de vergüenza. ¿Cuántas veces al día mencionaba a su amiga? Seguramente, una cantidad no muy saludable de veces.

Dirigió su mirada al niño en sus brazos. -Es una muy buena amiga...- o era una muy buena amiga, concluyo la frase en su mente.

-¿Como es ella?- Donnie detuvo sus andadas, pensando en la pregunta. ¿Cómo es ella? Era una persona maravillosa, gran corazón, fuerte voluntad, valentía sin igual...

-Es alguien especial- frunció el ceño en su vaga repuesta. No quería derramar sus tripas en el pobre niño. Además no creía que lo entendería...

-Ella... te gusta?- Donnie amplió sus ojos en el asombro. Debería dejar de subestimar a sus clones. Parecen reconocer su entorno más de lo que aparentaban.

-Abril, es importante para mí- expreso tristemente. -Estoy seguro, que te agradara si la conoces- Donnie sonrió con añoranza.

Ante la falta de respuesta del niño, se sintió incomodo. -¿Te gustaría conocerla?- pregunto tentativamente.

-No...- Donnie sintió un escalofrío ascender por su columna vertebral. No sabía si el niño habría querido decirlo en voz alta. El tono era tan bajo, que juro haberlo imaginado. Sin embargo, un corto vistazo a la tortuguita confirmo la negativa.

El niño se había acurrucado en sus brazos con una mirada perdida en su rostro, sus labios ligeramente separados -no...- repitió, sin apartar la vista del suelo, apretando su agarre en el libro.

Donnie trago grueso sin entender el nuevo comportamiento. El niño se había mostrado interesado por Abril, pero ahora parecía totalmente renuente a la posible presencia de la chica. Alguien que, por cierto, no se supone que conoce.

Su mente dio un giro en un intento de comprender. Tal vez, el niño era reacio a conocer a cualquier otra persona fuera del círculo familiar que estaban creando.

No quería tensionar al niño, con una posible aparición que evidentemente el pequeño no deseaba.

Soltó un suspiro desanimado. En esos momentos su prioridad debería ser el pequeño bulto en sus brazos. Tenía que decir algo reconfortante. -Abril... no vendrá por un tiempo...- hizo silencio, pensando en sus siguientes palabras, desafortunadamente nada agradables (por lo menos, para él) -...o nunca.-

El niño se removió en sus brazos. -¿Por qué?- Donnie lo miro sorprendido por el cambio de actitud.

Grandes ojos amarillos le devolvían la mirada inquisitivamente.

-Hice algo que... la lastimo- Donnie se encogió de hombro, abrazando instintivamente con mayor fuerza al niño, en busca de confort ante el recuerdo. Sin percatarse que casualmente se culpo de todo lo acontecido ese día.

-¿Daño?- Donnie despejo sus preocupaciones y sonrió al niño preguntón. -Sí, le hice daño.- confirmo.

-¿Cómo?- Don se tenso en su sitio. La voz baja del niño hizo que su corazón diera un vuelco inesperado.


DarkDon observaba con interés el comportamiento de Donatello. Habría sonreído, si esa acción no le trajera incontables problemas. No creía que su original apreciara alguna burla hacia su desafortunado amorío.

Frunció el ceño en el pensamiento, no le agradaba aquellos sentimientos que parecían carcomer el alma de Donatello. Había pasado varios días en custodia de su original y no recordaba un momento en su presencia que aquel nombre no haya sido mencionado.

Por supuesto, sabia de quien hablaba. Abril, amiga humana de las tortugas. Mujer casada con un hombre llamado Casey Jones. Dueña de una exitosa e influyente empresa de tecnología…

Abril, ahora el interés romántico de su original…

-¿Otro día… de acuerdo?- DarkDon detecto el desvió directo de la conversación. Donatello no parecía querer explicar o incluso recordar el acontecimiento que alejo a su mejor amiga. DarkDon no tenía demasiado problema con eso. Él ya conocía la historia por boca de su hermanito menor.

La tortuga mayor reanudo su caminata, dirigiéndose a la cocina, donde Miguel Ángel residía de espaldas a ellos, preparando... Quién sabe.

-TETSU!- DarkDon hizo una mueca desagradable ante el grito estridente de su hermanito. DarkMikey, se encontraba sentado en la mesa, con manchas de polvo blanco (probablemente harina) por todo su cuerpo.

Miguel Ángel se dio la vuelta sonriendo con sorpresa. -¿Donnie?- DarkDon miro a su original, también extrañado de estar en la cocina.

-Eh... Mikey, podrías cuidar de Tetsu, un momento?- Miguel Ángel, pareció dudar en la petición. Aunque una rápida mirada en la tortugauita le hizo ampliar su sonrisa y asentir enérgicamente. -Claro!-

Donatello suspiro aliviado, acercándose a su hermano menor. Le tendió a la pequeña tortuga donde Miguel Ángel acepto estirando sus brazos para recibirlo tiernamente.

DarkDon no se sentía aliviado. Frunció el ceño, intentando que ninguno de los mayores se percatara de su molestia. Desvío su mirada encontrándose con la curiosidad exudada por los ojos de DarkMikey.

La pequeña tortuga creía saber la razón del mayor para dejarlo con Miguel Ángel. Después de todo, la prioridad de Donatello parecía estar en el retromutageno y para ello debía mantener una concentración absoluta en todo lo que hiciera. Algo que con la presencia de un pequeño niño no podría ser del todo acertada.

Vio la partida de Donatello. DarkDon suspiro molesto. No podía creer que su original colocaba tal empeño en aquella formula, con el objetivo de crear una solución para alguien a quien no parecía importarles.

Se suponía que era un accidente que el padre de la chica había terminado mutado, sin embargo, a ella no le importo sus explicaciones y se fue. Formando un gran vacío en los corazones de las tortugas... especialmente en la de su cuidador.

Entrecerró los ojos con mayor intensidad. No le agradaba Abril; y sobretodo no entendía la devoción de Donatello, dándola como una emoción innecesaria y sin sentido por parte de su original.

Distrayéndolo de lo que verdaderamente podría ser importante...


Al día siguiente...

DarkDon negó con la cabeza a su original. Donatello había intentado cargarlo para llevarlo al laboratorio como el día anterior, pero la tortuga morada tenía otras cosas en mente que debía poner a prueba.

Se movió con incomodidad ante la expresión triste de Donatello. La esbelta tortuga se puso de pie nuevamente, retirándose con lentitud a su laboratorio.

-¿Por qué hiciste eso?- escucho el siseo enojado de su hermano mayor.

-Quiero intentar algo- respondió simplemente, sin girarse si quiera a mirarlo.

DarkLeo frunció el ceño con desconcierto. No le gustaba la idea de que sus hermanos se pusieran demasiado creativos para cumplir con su objetivo.

-¿Necesitas ayuda?- pregunto en duda.

-Aleja a las otras tortugas del laboratorio- la tortuga morada pidió distraídamente mientras observaba con intensidad la entrada de dicho laboratorio.

El mayor asintió pensativamente. -¿Qué es exactamente lo que vas hacer?- DarkLeo cuestionó.

-Donatello está más distraído de lo normal, este podría ser el momento para obtener un poco de ese mutageno- en el rostro infantil de DarkDon se extendió una sonrisa astuta.

DarkLeo se sintió confundido con la actitud de su hermanito. Noto de inmediato una cierta tensión en el cuerpo de la pequeña tortuga morada. Había algo que le molestaba. ¿Donatello habrá hecho algo para impulsar la ira de DarkDon?

-¿Que harás una vez que lo obtengas? no tienes los equipos para analizarla.- DarkRaph se acerco hablando con cautela después de haber escuchado la conversación desde un punto cercano en la sala de estar.

-No se preocupen por eso. El mutageno consta de muchas utilidades para nuestros propósitos.- la sonrisa aun no desaparecía de sus facciones. -Llego el momento- DarkDon se alejo con rapidez, caminando casualmente hacia el laboratorio.

La tortuga roja miro con extrañeza al genio. Al girar su cabeza a un lado en un intento por encontrar la relevancia del momento, se percato de las presencias del Maestro Splinter y Donatello, quienes caminaban directo al dojo. Busco con la mirada a su hermanito, viendo a DarkDon atravesar con sigilo la entrada del laboratorio.


DarkDon entro con cautela al laboratorio, en busca del otro individuo problemático que pueda arruinar su cometido. Por suerte, Cabeza-Metálica se encontraba en una de las esquinas de la habitación, ocupado en sus propios asuntos.

Definitivamente, esta sería su oportunidad.

Se traslado hacia la mesa de trabajo que ocupaba su original. Por lo general, Donatello dejaba los frascos de mutageno encima de ella. Se subió a la silla para llegar, tomando en cuenta su incapacidad para tomarlo con normalidad... Oh, como detestaba su diminuto cuerpo... pensó con amargura al ver lo dificultoso de una acción aparentemente sencilla.

Parpadeo con sorpresa ante la vista. El brillante líquido verdoso se encontraba esparcido por toda la superficie de la mesa. Antes de que la confusión lo abrumara, saco de su cinturón un pequeño tubo de ensayo sumergiéndolo por toda la sustancia.

Con suma precaución lo guardo nuevamente, asegurándose de que estaba cerrado y sin ningún liquido adicional escurriéndose por los bordes.

Sonrió complacido. Esta pequeña muestra sería suficiente, si se le llegase a presentar una emergencia. Incluso eso podría ser la clave para regresarlos a su verdadero tamaño…

Un crujido repugnante, sobresalto los pensamientos de la pequeña tortuga.

-Tengo que encontrar a Abril…- DarkDon se giro espantado con la voz desconocida. Antes de darse cuenta, una enorme sombra se cernía sobre él. Algo grande y viscoso rodeo su cuerpo alejándolo de la silla.

DarkDon amplió sus ojos atemorizado con la pila de viseras frente a él. -Te necesito- se escucho la voz distorsionada de la criatura.

La pequeña tortuga abrió la boca, impotente. Tenía que llamar por ayuda -DON…- se mordió el labio con fuerza, sintiendo las lagrimas aproximarse a sus ojos. De todas las tortugas en la guarida ¿por qué tenía que llamar al genio, a quien ni siquiera le importaba?

Su tiempo se había terminado.

La enorme criatura se balanceo hacia la pared donde hace unos momentos reposaba. Se impacto con la fuerza suficiente para reventarla, ocasionando una gran explosión que retumbaba en toda la guarida.

Continúo tambaleándose con la pequeña tortuga en uno de sus manos, buscando una abertura que lo trasladara a la superficie…


-¿Qué ha sido eso?- El Maestro Splinter pregunto, moviendo sus orejas en dirección al estruendo.

Donatello fue el primero en llegar al laboratorio y ver el enorme agujero en la pared.

-Timothy- exclamo, el joven genio -Se fue…- declaro evaluando la estructura destrozada.

El Maestro Splinter, aparto la mirada de la gran abertura deslizándola por toda la habitación.

-Sí, que desastre. Cabeza-metálica.- respondió Donnie a los murmullos aparentemente inentendibles del pequeño robot.

-¿Donnie? ¿Sensei?- inquirió Mikey desde la entrada, deteniendo sus palabras para maravillarse con el extraño panorama -Whaaoo- abrió la boca con asombro.

Detrás de él tropezaron Raph y Leo. -¿Qué ha pasado?- la tortuga de banda azul pregunto igual de sorprendido. Con un siguiente pensamiento indago sobre la seguridad de los presentes -¿Se encuentran bien?-

-Timothy logro escapar. Creo que fue a buscar a Abril. Vamos, les contare en el camino-

-Donatello- la severa voz de Splinter detuvo de inmediato sus andadas. Todos se giraron expectantes hacia su padre. El silencio se extendió por apenas unos segundos, pero el joven genio no podía esperar por más tiempo. -Sensei, debemos apresurarnos. Tengo que salvar a Abril…- no pudo continuar. El rostro de Splinter endureció considerablemente.

Confundiendo las acciones de su padre Donnie se corrigió rápidamente. -Tenemos. Si, tenemos que salvar a Abril-

Los rasgos de Splinter se suavizaron ante la inconsciencia de su hijo más listo.

-¿Qué paso?- exigió una voz infantil. Todos se giraron encontrando a tres de los pequeños galápagos, de pie uno junto al otro.

-¿Dónde está Tetsu?- la tortuga azul se hizo notar.

Un suspiro triste dejo los labios del gran roedor. -Vayan, yo me hare cargo de los niños.- el Maestro Splinter le dio la espalda a sus hijos, sabiendo que ya todo lo que debía decirse, se ha dicho.

Donatello amplió sus ojos con incertidumbre. ¿Tetsu? Su clon no estaba en su laboratorio cuando se fue al dojo con su padre…

Miro detenidamente a la pequeña tortuga azul, percatándose que verdaderamente algo faltaba. Si lo pensaba mejor, toda su familia estaba presente y aun así su pequeño clon no había aparecido a indagar sobre el reciente caos.

Sus manos se apretaron en la realización. Tetsu, estaba en manos de un mutante descontrolado.

Asintió furiosamente en el entendimiento y se apresuro por la enorme abertura a una velocidad que no conocía poseer.


DarkDon se estremecía con cada paso de la pesada criatura. Su estomago estaba revuelto y el mareo constante de su cabeza comenzaba a abrumarlo con la cantidad de sensaciones desagradables que se aglomeraban en su pequeño ser.

El enorme frasco repleto de viseras, parecía ajeno a su malestar. Continuaba balanceándose por toda la ciudad en busca de Abril. Preguntando su paradero a cada persona con la que se topara y lanzándola a un lado si no le agradaba la respuesta. Donde hasta ahora, ningún humano había salido ileso de dicha pregunta.

Hasta unos policías, fueron víctimas del atropello desenfrenado de la criatura.

DarkDon miraba de un lado a otro esperando la aparición de su salvador. No importaba quien apareciera, solo quería que alguien lo alejara de esta cosa. Volver a la guarida, rodeado de las cosas familiares y reconfortantes, incluso no le importaría escuchar de nuevo el parloteo incesante de Donatello.

Su cuerpo tembló de miedo al sentir mayor presión alrededor de su cintura, donde se mantenía la mano de la criatura. Su respiración se hizo más trabajosa y sus ojos se humedecieron una vez más. Gimió de dolor esperando que se percatara del daño que le estaba causando. Sin embargo, el enorme frasco permaneció inconsciente de cualquier dolencia por parte de la pequeña tortuga.

Su vista se había hecho difusa. Sus parpados comenzaron a ser demasiado pesados. Sus dientes chirriaban en el ardor de su plastrón, cuando la criatura comenzó a secretar ácido sin saberlo. Cerró los ojos brevemente esperando encontrar una solución a su difícil situación.

-Quédate aquí.- abrió sus ojos desconcertado al sentir una superficie plana debajo de sus pies Miro hacia abajo, encontrándose con el suelo. La criatura lo soltó entre la basura, alejándose por un callejón. Sin poder mantenerse de pie cayó de bruces contra el duro pavimento.

Estaba ligeramente aliviado de su libertad. Respiro profundamente intentando recobrar la energía perdida arrepintiéndose de inmediato con el olor nauseabundo de su alrededor.

Llevo sus temblorosas manos hacia su cinturón. Aliviado, apretó entre sus pequeñas manos el tubo de ensayo. No se había quebrado.

Su cabeza se alzo con sobresalto ante un ruido estridente proveniente del callejón donde la criatura había desaparecido. Quería alejarse del lugar, correr lo más lejos del monstruo.

Pero sabía que no podía hacer eso.

La criatura atraería a las tortugas y por ende a sí mismo.

Gateo hasta el callejón plagado de voces desconocidas y sonoros estallidos.

Amplio sus ojos con temor al ver un gran contenedor de basura salir del callejón dando vueltas.

-¡SI!- escucho el grito victorioso de una voz masculina.

Un chico aproximadamente de la misma edad que sus cuidadores, salió del contenedor de un salto, comenzando a batear basura con un tubo directo a la criatura.

-¡Goongala!- sorprendido observo al adolescente correr, sin miramiento alguno, hacia el mutante.

Más golpes se escucharon y DarkDon no podía reunir la valentía suficiente para asomarse y ver el espectáculo. -¡Atrás monstruo!- una voz femenina se alzo con fuerza en el callejón.

DarkDon apretó sus ojos frustrado. Estaba asustado. Quería regresar a casa. Todo esto era su culpa. Él había cometido un error y ahora debían sobrevivir en ese mundo extraño, atrapados en aquellos cuerpos inútiles. Sus hermanos seguramente lo detestaban por su incompetencia de hacer correctamente una máquina del tiempo.

Él creyó que todo estaba en su lugar. ¿Por qué fallo?

Se levanto apresurado, ignorando el dolor que se extendió por cada extremidad. Antes de poder tomar una decisión concreta de lo que haría a continuación: -Ahhhh!- DarkDon salto hacia atrás cayendo sobre su caparazón ante el grito de una chica que ahora yacía tumbada frente a él.

-¿Pero qué…- la chica lo miraba pasmada, sus ojos llenos de sorpresa y confusión.

-Cuidado pelirroja!- eso pareció ayudar con el trance en el que había caído la chica. Levantándose a tiempo para esquivar montones de basura lanzadas en su contra.

Ella lo miro nuevamente y corrió hacia su posición. DarkDon se estremeció al verla acercarse, intento huir pero su cuerpo había dejado de funcionar. Demasiado dolor…

-¿Estás bien?- la chica de grandes ojos azules le pregunto con preocupación. No sabía el por qué de aquella emoción en sus ojos, pero estaba agradecido.

Su labio inferior tembló con angustia. Sacudió la cabeza negativamente, cerrando sus ojos con la sensación de humedad en ellos.


Abril observaba al pequeño individuo con ansiedad. Su forma inquietantemente parecida a la de una tortuga, piel morada y una cola que colgaba libremente hasta sus pies. Le recordaba específicamente a alguien que habría preferido mantener en lo profundo de sus pensamientos.

Donnie…

El nombre de su amigo invadió su mente. No podía evitarlo, no todos los días te encuentras con una tortuga mutante, a menos que tu nombre sea Abril O'neil.

-¡Vámonos!- escucho la urgencia en la voz de Casey. Miro rápidamente hacia el callejón. El joven pedaleaba furiosamente lejos de la criatura en un intento por alcanzarla. No había tiempo…

Sin pensar demasiado en las consecuencias, tomo a la pequeña tortuga en sus brazos. No podía dejarla en ese horrible lugar.

Salto hábilmente hacia la bicicleta. Se había horrorizado cuando pensó que caería. Por suerte, Casey la estabilizo con una de sus manos. Colocandola una vez más en el manubrio, acelerando con mayor urgencia.

Abril abrazo fuertemente a la temblorosa tortuguita en su regazo. Giro su cabeza hacia atrás para ver la distancia que tenían del monstruo…

La enorme mano de la criatura tapo su visión. -¡Ahhh!- gritó de sorpresa en el acercamiento. Viendo con aprensión el acido que caía de sus dedos. -Regrésamelo, Abril- las palabras escurrieron de manera distorsionadas del gran frasco.

-Haber si le gana a esto- Casey lanzo una pequeña parte del tubo que aún conservaba, después de que el acido derritiera gran parte de ella. El tubo impacto con fuerza, impulsando a la criatura hacia atrás.

Ambos adolescentes cantaron su victoria, alejándose del desastre ocasionado por el monstruo de Donnie…


-No hay señales de horribles monstruos orgánicos- declaro Casey, volteándose a la chica distraída -¿Qué vas a hacer con él?- inquirió en la observación del pequeño… mutante?

-No lo sé…- Abril bajó su mirada a la tortuga inconsciente. Suspiro con cansancio. ¿Por qué siempre tenía que pasarle las cosas más extrañas? Pensó con cansancio.

-¿Crees que estará bien?- ella visualizo el cuerpo de la tortuguita. Tenía cicatrices, que parecían llevar algún tiempo tatuadas a su tierna piel.

Levanto un poco la cabeza en la incertidumbre, viendo la ira florecer en los ojos del adolescente más alto.

El pequeño niño comenzó a retorcerse entre sus brazos, indicando su despertar.

Al abrir sus ojos, comenzó a sollozar desconsoladamente.

-¿Q-que le sucede?- tartamudeo Casey.

Abril examino su cuerpecito con mayor detalle, deteniéndose en unas extrañas manchas que adornaban su delicado plastrón.

-Oh no…-

-¿¡Qué!?- exigió Casey.

-Tenemos que limpiarlo. Rápido, Sígueme-


Cerró sus ojos en la concentración después de entrar a su casa. Parecía que su tía no se encontraba. Una buena señal. No quería a la mujer gritando por la presencia de un mutante o peor… un chico.

Se apresuro al cuarto de baño y con cuidado coloco el cuerpo maltrecho del niño en la bañera. Comenzó a lavar con agua la zona afectada por el acido. Evitando que esta se escurriera para otra parte del cuerpo, uso movimientos suaves en una misma dirección.

-¿Aun te duele?- preguntó -Solo un poco…- Abril amplio sus ojos sorprendida sin haber esperado realmente una respuesta por parte del pequeño mutante.

Su corazón se encogió con la vista del niño.

Tenía que llevarlo a alguien con mayor experiencia en la materia. No quería que le pasara nada. Estaba profundamente preocupada por la tortuguita.

-Casey…- comenzó.

-¿Hay algo que pueda hacer?- el adolescente se agacho junto a ella.

-Lo llevare a un lugar donde lo puedan atender- susurro con inquietud, no sabía que esperar del adolescente irascible.

-¿Qué dices? No pensaras llevarlo a un veterinario- reprocho Casey.

-Por supuesto, que no.- respondió a la defensiva. Se levanto lentamente con la pequeña tortuga en brazos, sin acercarlo demasiado a su cuerpo, para no lastimarlo.

-Conozco a alguien que podrá ayudarlo…-


-¿Cómo estas, hijo mío?- Donatello se alarmo ante la voz inesperada. Bajo la mirada al suelo consternado.

-Sensei, cree un monstruo que me arrebato a alguien que me importa y pudo haber aplastado a la chica que me gusta. ¿Cómo cree que me siento?- llevo ambas manos a su rostro apartando las lagrimas que ansiaban desbordar de sus ojos.

Timothy no le dio ninguna información sobre el niño. Nada que indicara el paradero de Tetsu. Espero tanto tiempo por una respuesta, pero su amigo mutado solo gritaba el nombre de Abril. Estaba harto de eso. Sabía que Timothy no tenía la culpa de lo que hacía, pero no podía evitar sentirse traicionado.

¿Por qué tenía que llevarse a su niño?

Cuando lo encontraron por primera vez, no vieron al niño con él. Donnie sintió verdadero pánico. Recordó seguirlo hasta la casa de Abril y no podía estar más angustiado.

Tetsu y Abril estaban en peligro, por algo que él creo.

Después de una infructuosa búsqueda regresaron a la guarida cuando el amanecer se aproximo en el horizonte.

-¿Y que tal si nunca lo encontramos?- se sentía enfermo. Esto era lo que Splinter sentía cada vez que ellos subían a la superficie con el peligro siempre acechando sus vidas.

¿Cómo lo soportaba?

-No pierdas la esperanza, Donatello- su padre hablo suavemente. Donnie no pudo hacer más que solo cerrar sus ojos, la opresión en su pecho no se iba. Ninguna palabra consoladora apartaría sus errores.

Si algo le pasara a Tetsu, el nunca se lo perdonaría. Y pensar que Timothy descansaba congelado en su laboratorio inconsciente de sus males, solo le causaba mas enojo.

Ni siquiera se atrevía a recordar la mirada que le dedicaron los niños una vez que estaban de vuelta sin su hermano…

-Donnie…-

Donatello se levanto de un salto ante la voz familiar. De pie en la entrada de la guarida estaba Abril, sosteniendo un bulto de mantas entre sus delgados brazos.

Tardíamente se percato que solo su nombre había sido mencionado. Ella vino por él… ¿Por qué?

-Abril ¿Qué- no pudo terminar. La chica camino con rapidez a su lado extendiendo el lio de mantas, presionándolas contra su plastrón.

Donnie estaba tan confundido. ¿Qué hacia ella aquí?

-Necesita de tu ayuda- explico, un tono de ansiedad bordeando su voz.

Lo tomo con prudencia, sintiendo el peso de las mantas. Acerco su gran mano apartándolas con cuidado para tener una mejor vista de su interior.

Su corazón golpeo fuertemente contra su caja torácica al ver los ojos amarillentos regresarle la mirada.

-Tetsu…- susurro, apretando inconscientemente a la pequeña tortuga entre sus brazos. Se detuvo de inmediato cuando un atisbo de dolor se reflejo en las suaves facciones de su niño.

-TETSU!- sonrió levemente cuando sintió la baja queja de la tortuguita morada ante el grito de su hermano más pequeño.

-¿Hay más?- Abril retrocedió varios pasos cuando tres coloridos galápagos se trasportaron a los pies del genio.

-¿Está bien?-

-¿Cómo esta?-

-¿Podemos verlo?-

Donnie vio la mueca adolorida del niño. Tetsu estaba en el dolor. Se giro hacia sus hermanos en busca de un poco de ayuda.

Leo, Raph y Mikey se acercaron; cada uno levantando a su clon en un apretado abrazo.

-Abril acompáñame, necesito saber que paso- sin tiempo que perder o esperar alguna respuesta de su amiga se apresuro hacia su laboratorio.

Aun sorprendida, Abril asintió caminando detrás del genio. Apenas, dedicándole una mirada a los amigos que prometió no volver a ver.

Ellos permanecieron muy quietos en su posición, cada uno tratando con un nivel de inquietud distinto por parte de los niños en sus brazos. DarkMikey, casi escapándose con la cantidad de movimientos aleatorios que su cuerpo flexible podría soportar.

Se sentía muy confundida. Quería saber sobre la presencia de aquellos niños…

-mmhm- una queja de dolor desintegro sus pensamientos, instándolos a un solo punto importante. Y ese era el pequeño galápago, quien se removía con incomodidad bajo la atenta mirada de su amigo.

Con movimientos fluidos y constantes, Donatello vendaba las quemaduras que cubrían el plastrón del niño.

-¿Estará bien?- pregunto preocupada.

Ante la falta de respuesta Abril, levanto la mirada con inquietud.

-¿Donnie?-


Gracias por leer.

Hasta el próximo capitulo ;3