Buenas... Saludos a los lectores.

...Bueno ya no sobre pondré excusas, tarde pero segura aquí publicando una nueva parejita pedida por Silvia LedVal... Le debo pareja a serena tsukino chiba... Quiero darle las gracias a ambas por seguir este proyecto es un honor para mi escribir para ustedes... Sin mas que decir espero cumplir expectativas.


...Universo alterno...

Posible presencia Ooc

SesshomaruXKykio


Los personajes empleados en este fanfics son propiedad de Rumiko Takahashi.

Sin más que decir aquí se los dejo.


Efectos de lluvia y frió.

...

Mientras caía, miraba aquella figura envuelta en telas negras, darle una cara a esa imagen era necesario pero su condición alertaba que la muerte estaba cerca y que todo lo que formara parte de la vida ya no era necesario. Miro el cielo, miro la punta del acantilado de donde se dejó caer y lo último que pudo ver antes de que su oxigeno se convirtiera en agua, fue un cielo oscurecer mientras la profundidades de aquel rio frenético la sumergiera en sus depresiones.

Trato de no respirar, trato de que sus pulmones no fueran victimas de aquellas aguas enfurecidas, las corrientes movían su cuerpo con brusquedad de un lado a otro, nunca imagino que el agua pudiera ser tan letal. Trato de encorvarse y protegerse como lo suelen hacer los gusanos pero las piedras no perdonan al material blando humano del cual estaba formado su cuerpo.

Aguanto y aguanto hasta que un último golpe expulso de ella todo el aire que aún mantenía, sustituyéndolo por agua helada y tierra hidratada. Sentía que sus órganos respiratorios se quemaban, nunca pensó que ahogarse se sintiera como si se carbonizara todo por dentro. El desespero del momento no le dio tiempo de ver toda su vida pasar por sus ojos como había leído en relatos e historias. Luego de la nada solo escucho una voz grave, masculina y caballerosa, la oscuridad se apodero de todo y dudo si estaba en el cielo con Dios o en el infierno con el diablo.

Escucho los pajaritos, una luz intentaba hacer abrir sus parpados, la calidez que la envolvía la motivo a querer despertar, se movió un poco para disfrutar más de aquella manta suave que envolvía su cuerpo, fue cuestión de segundos el tiempo que necesito su entidad para avisar que nada andaba bien y fue cuando sintió pinchazos profundos en sus caderas y costillas. Un fuerte gemido de dolor hizo estremecer su garganta la cual ardía como nunca – Si no te mueves no sufrirás las consecuencias de tus heridas – escucho decir.

Abrió los ojos lo suficiente para identificar el autor de aquellas palabras, un hombre alto, un tanto moreno, de cabello largo con ondas y de color blanquecino como la nieve, nieve fría como aquella voz, hermosa como sus ojos claros, delicados como sus fracciones faciales y disipado como su expresión. Intento hablar pero la voz no le salió, el voltio la cara para posarla en la ventada que les permitía la entrada de luz a un costado de aquel domicilio tan cerrado.

Un vistazo general al lugar y un resumen doloroso de lo que había pasado la hizo volver en si – Pensé que estaba muerta – Se dijo mentalmente luego de adquirir detalles que lograban confirmar que aún estaba entre los vivos. Volvió a mirar a aquel hombre como queriendo saber si lo conocía, recordaba o si quiera reflejaba algún aspecto que la hiciera sentir más segura, la intranquilidad de no poder hablar, de no poder saber a dónde estaba y en que condición se encontraba la asía carecer de pausada condición. Intento moverse por segunda vez, esta vez más desesperada y con resultados más dolorosos.

El instintivamente recibió la consternación de aquella mujer a través de sus ojos – Tranquila… – Dijo mientras se acercaba con una jeringa – Esto te calamara… – Fue lo único que escucho antes de quedarse completamente dormida. Sus parpados pesados se cerraron y el dolor que emergía con facilidad comenzó a descender.

Unos días después…

Lo primero que hizo fue moverse, levanto su torso quedando sentada en la cama con sus ojos aun cerrado, un mareo repentino invadió su cabeza acompañado de una jaqueca que amenazaba con explotar su cerebro – demonios – Grito mientras llevaba sus manos a un ajuste frustrado nuevamente de su cabeza.

Contemplo el lugar con una visión borrosa pero certificando que aún se encontraba dónde por última vez se había localizado, sus heridas la victimaban menos y sus piernas comenzaban a responder. Logro levantarse e ignorando su escasa ropa camino hacia la única salida del lugar, se encontró con una pieza un poco más grande, tenía ventanales grandiosos y pocas paredes, a pesar del reducido espacio aquello se administraba con una cómoda cocina, un espacioso comedor y una pequeña y acogedora sala. Se recostó de la pared mientras recuperaba el aliento que había perdido al dar unos pocos pasos, miro a través de las ventanas los frondosos árboles moverse al compás del viento – Debo estar en algún bosque o área muy alejada de la civilización – Especuló antes de escuchar el choque de una tasa contra la madera de la mesa en el comedor, dirigió la vista con rapidez hacia aquel hombre que yacía en la cocina, aún estaba débil tenía que ser cuidadosa con la situación en la que se encontraba, no saber a quién tienes al frente es más peligroso de lo que se supone que debería ser.

Su rostro tomo firmeza y logro solidar un poco más sus pasos – Ven debes tener mucha hambre – comunico aquel hombre mientras se sentaba de anverso a las ventanas, tomando un poco de té. La jaqueca había sido tan compleja que bloqueo todo dolor estomacal que la ausencia de comida en su cuerpo le estaba provocando. Con cautela camino hacia la mesa y se sentó a un lado de su acompañante – ¿Puedo saber quién es usted? – Expreso la joven sin quitar la vista de su adjunto, el por su parte no reflejo expresiones faciales, al contrario parecía ignorarle mientras tomaba otro sorbo de té – Quiero darle las gracias, no sé cómo llegue aquí ni por cuanto tiempo lo he estado molestando, solo quiero realmente agradecerle el que me haya salvado la vida – la chica insistía en conversar y corregía el toque de altanería que pudo haber enunciado en sus palabras anteriores – Me llamo kykio – finalizo diciendo mientras penetraba su mirada en la comida que reposaba justo debajo de ella y encimada en la mesa.

Luego de unos segundos eternos para ella, un suspiro rompió el hielo – No es nada – comentó el hombre para acto siguiente tomar otro sorbo – Era eso o tener un cadáver en el rio que cruza mi patio – se levantó caminando con fastidio a dejar la taza en el fregador de la cocina.

Kykio lo persiguió con la mirada – ¿Me podría decir su nombre? – pronuncio antes de tomar un sorbo de té, el aún seguía manteniendo una postura firme en su estado puro de indiferencia – Okey, supongo que usted no quiere responderme, yo tampoco quiero seguir molestándole – La joven acentuó estas últimas palabras levantándose de la mesa e intentando dirigirse a la salida – Sesshomaru… – Kykio se detuvo con los puños apretados – Deberías vestirte… – La chica observo su cuerpo casi desnudo y en un intento fallido de taparse se sonrojo un poco – Si supiera donde está mi ropa eso no fuera un problema – sonrió un poco al notar su falta de sensibilidad ante su condición.

Sesshomaru le lanzo un Kimono para luego cruzar su brazos y recostarse de la pared – Gracias… – Rápidamente se lo coloco sin pasar por alto la sonrisa sarcástica y los aires de superioridad que destilaba aquel hombre protagonista de su atención. El no poder ignorar ni un solo detalle de todo lo que significaba su personalidad y aun peor, mantenerse en una posición deslumbrada por alguien que le debía miles de preguntas, preguntas que no valían ni la cuarta parte de lo que ahora le debía ella a él, la vida…

El caballero en cuestión camino hacia la entrada – Bien… ¿Supongo que finalmente te vas? – Kykio totalmente seria asentó con la cabeza mientras caminaba hacia él, el, la siguió con la mirada anta que ella finalmente salió del lugar – Vamos debo guiarte, estamos en la punta de una colina – Tomo la delantera mientras la joven lo seguía – Bastante lejos de la ciudad – continuo diciendo mientras caminaba, miro a Kykio y repuso – ¿Estarás bien?– La brisa soplo con brusquedad haciendo mover sus cabellos – Si… Debo irme, es urgente resguardar el objeto por el cual casi pierdo la vida – El silencio le dio prioridad al sonido del bosque, cada quien a su paso camino por un camino terroso colina abajo. Sesshomaru se cuestionó un poco las señales de preocupación que expreso, dudo si fueron cortesía o realmente en algún momento le intereso el paradero de la mujer presente a su lado, ¿Qué tenía que resguardar? Tampoco era algo que le interesara, ya había lidiado lo suficiente con ella, si realmente consideraba que se sentía mejor… Lo mejor sin duda era precisamente eso, marcharse de una vez y quitarse esa responsabilidad de encima.

Se escucharon algunos truenos, Kykio se detuvo y vio a las cabeceras – Creo que va a llover – Sesshomaru la siguió con la mirada certificando lo comentado, la joven apresuro el paso, el sudor comenzó a recorrer su cara, la respiración un poco más cortante cada vez que avanzaban – Hay que resguardarse, la lluvia no tardara en caer y en tu estado el mojarte solo empeorara las cosas – su voz se mantenía fría y distante, nada que Kykio ya allá experimentado en las cortas y fugaces conversaciones con él. La vista comenzó a tornarse borrosa, el aire la consumía con dificultad, poco a poco todo se tornó negro hasta ya no sentir más que solo voces fugaces.

La lluvia se tiraba con fuerza contra todo lo disponible por debajo de aquellas sobrias nubes que lloraban sin ningún motivo aparente. Entre truenos, relámpagos y aquella brisa que amenazaba con destrozar todo por su paso, Sesshomaru miraba la piel pálida de Kykio, notaba ciertas partes erizadas y aquellos labios finamente oscurecidos a causa del frio – Está haciendo mucho frio – expresó la chica mientras reaccionaba – Hmp… – Replico el mientras miraba por la ventana de la choza que los aparaba – Con suerte y no nos estamos mojando – Continuo mirando por la ventana mientras sostenía su ceño fruncido y su gestos de indiferencia – Siento darte tantos problemas Sesshomaru – Kykio apenas lograba articular palabras fluidas, el frio mantenía sus labios oscurecidos y sus dientes rechinaban como una puerta vieja. El, la miro durante un rato largo y ella correspondió un par de veces, mirando aquellos ojos claros alumbrados de cuando en vez por las luces procreadas por los relámpagos que el cielo enojado enunciaba. Deseo estar más cerca de él y el solo dudaba de su paradero y su destino al lado de aquella mujer desconocida que ya tiempo tenía absorbiendo su tiempo.

El sonido creado por el frio fusionándose cada vez más con el cuerpo de Kykio hacia irritar a Sesshomaru, por lo que termino teniendo impulsos tangentes ante aquellos sonidos enojosos –Ven… Dándonos mutuo calor tal vez no tiembles tanto – La tomo entre sus brazos y juntando sus cuerpos comenzó a ceder el calor y disminuir el frio. Kykio enterró su rostro en el torso bien formado de aquel hombre, separándola de su cálida piel una simple línea de algodón – Estorbosa ropa – Pensó la joven mientras se aferraba un poco más al cuerpo ajeno que la acobijaba. Sesshomaru contemplaba por episodios el cambio de semblante que la chica dejaba evidente por el color de su piel, sin ignorar ni un minuto la estancia turbia que el clima les ofreció en aquel día en que sus vidas finalmente se desprendían.

Mientras sus ojos se perdían en el cielo ya casi cediendo al escampe, sintió una finas y delicadas manos heladas tocar sus mejillas, llevo lentamente sus ojos a los de aquella mujer, la cual tenía una mirada brillante y resplandeciente – G-Gracias por todo Sesshomaru – sus palabras fueron lentas a la vez que sus rostros poco a poco se acercaban – No es necesario que hagas esto – Replico el mientras trataba de alejarse sin lograr ninguna separación entre ellos. Sus labios se unieron invadiéndolos en una sublime acalorarían a pasional. Sesshomaru se encontraba trastornado pero inmerso en una sensación agradable que no le permitía acudir a una acción desviadora, ella se acomodó entre sus brazos e involucro sus manos con aquella piel desconocida que la ropa no permite ver – Estas muy cálido – Susurro casi en el oído Kykio mientras contemplaba aquella única expresión muerta que Sesshomaru le permitía ver.

Beso su cuello, acomodo sus caderas y lo acurruco con sus brazos, el por su parte se inmuto a solo corresponderle indirectamente, como queriendo dejar en claro que un rechazo no era el invicto por causas caballerosas a las cuales él se acogía o simplemente se excusaba. Kykio nuevamente hizo de las suyas al lograr chocar sus pechos desnudos provocando un gesto diferente en el que sin querer, ella logro divisar por medio del resplandor de la Luna. Las caderas de la chica comenzaron a proporcionar protagonismo y a acatar la atención instintiva de aquel hombre que poco a pocos dejaba de luchar contra sus ganas primitivas y sus deseos carnales. Tomo sus caderas y la ayudo en movimientos sutiles que los convirtió en un solo cuerpo y en un mismo calor…

...Las personas olvidaran lo que dijiste, pero jamas como los hiciste sentir...


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Hasta un próximo capitulo...