Disclaimer: Los personajes de The Hunger Games no me pertenecen. Éste fic participa del reto del mes de junio: "Una pareja para... Cato", del foro El diente de león.

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Capítulo Cinco

La despedida

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Nunca me he sentido tan feliz ni he abrazado a nadie tan fuerte en toda mi vida como lo hice con mi hermano después de encontrarlo poco antes de las explosiones que le dieron fin a la guerra.

No deja de parecerme curioso que el presidente Snow haya decidido bombardear a su propia gente tan lejos del lugar adonde había asignado a mi hermano, manteniéndolo así a salvo. Viniendo de un hombre como él es extraño que haya dejado ése cabo suelto, pero no del todo, porque sus bombas lograron darle a Prim, la hermana de Katniss, asesinándola, y dejándola a ella muy malherida. Todo me resulta demasiado inusual y sospechoso. ¿Por qué atacar a capitolinos inocentes, poniendola en tu contra en un momento tan delicado? No suena lógico, sobre todo porque el bombardeo le da la ventaja final a los rebeldes.

Entonces solo necesito sumar dos más dos. Y la verdad me golpea de lleno, porque hasta yo tengo mis principios.

El ataque no fue ordenado por Snow. Conozco demasiado bien a ese hombre como para pensar que actuaría de forma tan desesperada. Pero, si no fue él, sólo queda una opción posible: Coin. Y si Coin tiene que ver con esto, entonces los rebeldes también. Nosotros hemos matado a todos esos niños. Nosotros asesinamos a Primrose.

Apenas puedo enfrento a Gale. Él lo niega, pero en sus ojos veo duda, y no necesito preguntar más. Mi primer impulso es denunciarlo, pero mi hermano me convence de no seguir indagando en el asunto, porque todavía hay demasiado caos, y realmente teme que lo metan a una celda. Y entonces pienso en Katniss, y en lo que sentirá cuando sepa quiénes mataron a su hermana realmente. Pero no tengo más que mis conclusiones, no tengo pruebas, y tampoco quiero llevarle ése problema cuando ni siquiera ha podido despertar de la anestesia.

Supongo que Finnick, Cashmere, mi hermano y yo somos afortunados de que solo estemos un poco golpeados y magullados. Perdimos a Enobaria, quien se había unido a nuestro escuadrón y terminó muriendo en las alcantarillas del Capitolio, salvando la vida de Finnick, y a Lyme en el último enfrentamiento; Gale recibió un par de disparos, pero estará bien. Sin embargo, me preocupa Katniss; ella se ha llevado la peor parte, no solo por las quemaduras que sufrió su cuerpo, eso, según dice, ya ha mejorado gracias a la alta tecnología del Capitolio, pero desde la muerte de su hermana y su salida del hospital ha vuelto a encerrarse en sí misma; ya casi no habla, ya no come ni se deja ver en público.

Voy a verla al hospital una vez, cuando es más carne chamuscada que Katniss, y aunque eso no me impresiona, no puedo evitar sentirme culpable por haberla dejado para ir por mi hermano. El pensamiento de que tengo que estar con ella me ataca, y por eso sigo yendo a verla hasta que los médicos lo prohiben.

Hace días escuché de su salida del hospital y eso de que se ha convertido en una "Avox mental", pero todavía no me atrevo a ir a verla desde que está conciente. Ella amaba a su hermana; tal vez no se sienta cómoda recordando que ella murió y que el mío está sano y salvo de regreso conmigo. Y tampoco me creo capaz de mirarla a la cara sin decirle lo que pienso acerca del ataque con los paracaídas.

Por eso, la siguiente vez que la veo después del fin de la guerra es cuando nos llaman a todos a una reunión de emergencia convocada por Coin.

Espero que se trate de una reunión del concejo de guerra para decidir cómo seguir de ahora en adelante o algo así, pero me encuentro en una sala con otras cinco personas: Finnick con una temerosa Cashmere pegada a su brazo, Johanna, Haymitch y Beetee.

—¿Qué pasa? —pregunto cuando me hacen sentarme.

—No lo sabemos —responde Finnick. A su lado, Cashmere hunde el rostro en hombro. Se ve tan asustada que me inquieta.

Al poco tiempo llega Katniss, sorprendiéndonos a todos con su apariencia tan deplorable, pero impecablemente vestida con su traje de Sinsajo. Ella nos mira, curiosa, y también pregunta:

—¿Qué es esto?

—No estamos seguros —responde Haymitch Abernathy —Perece ser una reunión de los vencedores que quedan vivos.

—¿Sólo quedamos nosotros? —pregunta, y entonces me doy cuenta de lo desinformada que está.

—El precio de la fama —responde Beetee —: fuimos el objetivo de ambos bandos. El Capitolio mató a los vencedores sospechosos de colaborar con los rebeldes, y los rebeldes mataron a los sospechosos de aliarse con el Capitolio.

Johanna mira a Cashmere con el ceño fruncido y dice:

—Entiendo lo de Cato porque nos ayudó, y blablablá, ¿pero qué hace ella aquí si no nos ayudó en nada?

—Cuenta con la protección de lo que llamamos el Trato del Sinsajo —explica Coin al entrar en la sala detrás de Katniss —Katniss aceptó apoyar a los rebeldes a cambio de la inmunidad de los vencedores capturados. Ella ya cumplió su parte del trato, así que nosotros también.

Cashmere parece sentir un poco más de confianza con eso, porque levanta la cabeza del hombro de Finnick y le sonríe a Johanna.

—No te ilusiones, linda. Te vamos a matar de todos modos.

—Siéntate, Katniss, por favor —le pide Coin antes de cerrar la puerta, y ella se sienta entre Haymitch y yo, dejando una rosa blanca sobre la mesa. Por un momento tengo la impresión de que es una de la fragantes rosas de Snow, pero no creo que sea posible.

—Los he llamado para zanjar un debate. Hoy ejecutaremos a Snow. En las últimas semanas hemos juzgado a cientos de cómplices de la opresión de Panem que ahora esperan la muerte. No obstante, el sufrimiento de los distritos ha sido tan extremo que las víctimas consideran éstas medidas insuficientes. De hecho, muchos piden la aniquilación de los ciudadanos del Capitolio. Sin embargo, para mantener una población sostenible, no podemos permitirlo.

"Qué amable", pienso con ironía. Lamento que la nueva presidente no pueda matar a todos cuantos quiera por un problema de censo.

—Por tanto, se ha puesto sobre la mesa una alternativa. Como mis colegas y yo no llegamos a un consenso, se acordó dejar que los vencedores decidan. Necesitamos una mayoría de cuatro votos para aprobar el plan. Nadie podrá abstenerse —sigue diciendo Coin —Se ha propuesto que, en lugar de eliminar a toda la gente del Capitolio, tengamos unos últimos Juegos del Hambre simbólicos con los niños relacionados directamente con los que ostentaban el poder.

Los siete nos volvemos hacia ella.

—¿Qué? —dice Johanna.

—Que tengamos otros Juegos del Hambre usando a los niños del Capitolio —responde Coin.

—¿Es una broma? —pregunta Finnick, absorto.

—No. También debo decirles que, si hacemos los Juegos, aunque mantendremos en secreto los votos concretos por cuestiones de seguridad.

—¿Fue idea de Plutarch? —pregunta Haymitch.

—Fue mía —responde Coin—, para mantener el equilibrio entre la necesidad de venganza y la menor pérdida de vida posible. Pueden votar.

—¡Claro que mi voto es un no! —exclama Finnick, levantándose de un salto y llevándose a Cashmere con él —¡No podemos tener otros Juegos del Hambre! ¡Y usted está mal de la cabeza si cree que puede hacerlo!

—¿Y por qué no? —pregunta Johanna— A mí me parece justo. Y Snow tiene una nieta. Mi voto es un sí.

—¡Johanna, no! ¡Fue justamente por eso por lo que nos rebelamos, ¿recuerdan?! —insiste Finnick, mirándonos a todos— ¡Sé que todos saben que esto es una locura! ¡Annie no hubiera querido esto!

—Tampoco hubiera querido que Snow la torturara hasta la muerte— responde Johanna— Y no voy a cambiar de opinión.

— ¡No puedo creer que no vean el mal que están haciendo!— Finnick vuelve a dejarse caer en su asiento, junto a Cashmere, y, esperanzado, sujeta su mano— ¿Cashmere?

Cashmere, que había escuchado todos los argumentos anteriores con expresión pensativa, lentamente se suelta de su agarre.

—Lo siento, Finnick, pero tú mejor que nadie sabes el daño que nos hizo esa gente— solloza, y, a diferencia de las de las últimas entrevistas, sí creo en esas lágrimas— Snow asesinó a Annie, y a mi hermana, además también fue responsable de la muerte de Gloss...

—Esa fue Katniss— murmura Johanna, pero Haymitch la hace callar.

—Mi voto es un sí— dice, entre lágrimas. Finnick la mira, enfadado al principio, pero termina abrazándola para consolarla.

—No— dice Beetee— Sentaría un precedente. Tenemos que dejar de vernos como enemigos. Llegados a éste punto, la unidad es esencial para sobrevivir. No. ¿Cato?

Todos me miran ahora, y justo cuando creo que es una decisión demasiado sencilla me quedo sin palabras.

El 2 destruyó al Distrito 12, y ellos mataron a cientos de nuestros ciudadanos inocentes, pero nunca vi que eso aliviara sus pérdidas. La venganza no alivia al corazón, y si Coin quiere que esos niños paguen por lo errores de sus padres, ¿qué diferencia hay entre ella y Snow, que nos hacía pagar la traición de personas de generaciones atrás, cuyos errores ni siquiera eran nuestros? Ya he visto demasiadas venganzas, y sé que nunca llevan a nada. Además, si Coin inicia otros Juegos del Hambre, ¿quién la detendrá si decide continuarlos?

Entonces imagino a quienes controlaban el Capitolio hace más de setenta años, reunidos en ésta misma mesa, hablando sobre organizar unos únicos Juegos del Hambre donde harían participar sólo a los hijos de quienes se habían revelado contra ellos. ¿Qué nos garantiza que Coin no decida restablecer los Juegos apenas un distrito le dé problemas?

Ya no quiero venganza. Estoy harto de ver sus desastrosas consecuencias.

—No— digo, tan bajito que por un momento temo que no me hayan escuchado— Voto que no— repito. Varios me miran con sorpresa.

—Solo quedan Katniss y Haymitch— dice Coin, claramente decepcionada con mi respuesta.

Katniss lo piensa durante varios segundos. Parece demasiado ausente todavía, y su rostro ha perdido toda expresión de vida.

—Yo voto que sí...por Prim— dice, dejándome verdaderamente sin palabras, pues fue ella quien me convenció de unirme a la rebelión con la esperanza de un mundo mejor, y ahora quiere regresar todo atrás. Sé que la muerte de su hermana le afectó, pero no puedo evitar sentirme molesto con ella.

Aunque, más que molestia, siento una profunda decepción, algo que nunca antes me había pasado.

Esa no es la Katniss que creí conocer, la Chica en Llamas, el Sinsajo por el que hubiera llegado a dar mi vida.

—Haymitch, depende de ti— dice Coin.

Finnick, furioso, vuelve a separarse de Cashmere e insiste en el error que sería si Haymitch formara parte de eso, pero él parece más concentrado en mirar a Katniss.

—Yo estoy con el Sinsajo— responde.

—Excelente. Eso decide los votos— celebra Coin— Ahora tenemos que ocupar nuestros puestos en la ceremonia.

— ¡Finnick!— grita Cashmere cuando él se levanta bruscamente y sale de la sala; ella sale corriendo tras él mientras yo voy detrás, pero no puedo alejarme mucho, porque debo tomar mi lugar como vencedor.

El Círculo de la Ciudad está lleno, y hay y gente abarrotando las calles laterales. Los otros ocupan sus lugares en el exterior: guardias, oficiales, líderes rebeldes y vencedores.

Katniss no está aquí, puesto que será la encargada de llevar a cabo la sentencia de Snow, así que después de que la presidenta salga al balcón la vemos avanzando con su traje de Sinsajo por la terraza de la mansión presidencial, lista con su arco y flecha.

Hay un breve silencio expectante. Katniss prepara el tiro y mira fijamente a los ojos del Snow. Entonces, sin que nadie se lo espere, cambia la dirección de su flecha hacia arriba, suelta la cuerda y la presidenta Coin cae por el borde del balcón y se estrella contra el suelo. Muerta.

Ni siquiera yo sé cómo hice para llegar tan rápido hasta Katniss y detenerla antes de que se meta el veneno en la boca.

Y todo a nuestro alrededor se vuelve un caos.

oOo

Después de la muerte de Coin las cosas en Panem se encaminan poco a poco.

Paylor es una buena presidente, o al menos creo que es mucho mejor de lo que Coin pudo haber sido. Lo sé porque desde que asumió el poder he trabajado para ella y Plutarch en el Capitolio, como su Jefe de Seguridad Nacional, expulsando a los últimos aliados al Capitolio de los distritos.

No he vuelto a casa desde entonces, aunque por mi hermano sé que muchas cosas han cambiado para bien, pero no puedo regresar. Simplemente no puedo caminar por las calles sin sentir que de alguna forma traicioné a todas esas personas. Es parte de mi educación, parte de lo que soy y algo que nunca se irá. Además fueron ellos, mi propia gente, quienes asesinaron a Madge, y no sé cuál de las dos razones es la que pesa más. Mi hermano me pide que regrese, y, aunque me alegra saber que al menos él sigue con vida, realmente no puedo olvidar todo lo sucedido. Los entrenamientos, los tributos, la Arena...

Sin embargo, lo s Juegos del Hambre ahora están solo en los libros de historia, y allí se quedarán porque Paylor canceló la demente edición que había planeado Coin; ya no habrá más muertes ni Juegos, pero pasará mucho tiempo para que yo y los demás vencedores podamos olvidarlos.

Finnick regresó al Distrito 4, donde acaba de asumir como alcalde. Se llevó a Cashmere y Johanna con él, ya que a ninguna le quedaba nada en sus distritos. Beetee también volvió a casa, a encargarse de los planos y el diseño de maquinarias o algo así para la reconstrucción de todo Panem. Oí que Haymitch quiere criar gansos; tal vez pase a hacerle una visita más adelante.

Y Katniss... Ella simplemente desapareció del mapa.

Plutarch y Effie a veces la mencionan; dicen que está sola en su casa de la Aldea de los Vencedores, y que la mayor parte del tiempo se niega a hablar con ellos.

Es curiosa la forma en que una persona puedo estar tan ausente pero presente a la vez. Ya no he visto a Katniss desde su partida del Capitolio, pero eso no significa que haya dejado de pensar en ella. A veces, mientras hago mis rondas diarias, me encuentro a mí mismo preguntándome cómo estará en su nueva vida, qué estará haciendo o si tal vez pensará en mí. No es que me importe, pero a veces no puedo evitarlo.

Supongo que es normal. Katniss salvó mi vida en más de una forma, y tal vez nunca se lo haya dicho, pero estoy muy agradecido por ello. O al menos eso es lo que dice el doctor Aurelius cuando voy a buscarlo para saber qué hay de malo en mí. Es un hombre extraño. Sólo hablamos media hora y después, cuando ya no quiero decir nada más, me pregunta si puede dormir en el sofá. Supongo que no puedo decirle que no, porque sus breves charlas me han ayudado bastante con el asunto de Katniss.

Con el correr de las semanas, cuando no encuentro nada mejor que hacer, la llamo por teléfono. No hablamos mucho porque ninguno de los dos en muy bueno haciéndolo, en realidad. Ella fue siempre así, y mi "encanto" era solo para la cámara; nunca fui alguien muy amigable, realmente.

Katniss me pregunta cosas sobre los amigos que dejó en el Capitolio, yo le pregunto a ella sobre Haymitch y el clima en el 12. Después nos quedamos sin tema de conversación, pero ninguno cuelga. Creo que ella se siente tan sola como yo, incluso en su propia casa.

Es durante una de esas llamadas que prometo ir a verla cuando todo termine. Katniss nunca responde a eso, pero aún sin verla puedo imaginarla encogiéndose de hombros. Quizá porque sabe que muchas veces son palabras vacías, que me incomoda ir al 12 tanto como a ella le incomoda volver al Capitolio.

A veces también pienso en Madge. Pienso en sus ojos, su sonrisa, y la hermosa música que solo ella era capaz de tocar. Katniss me ha dicho que se encargó de enterrarla en un bonito lugar junto a su hermana Prim. Espero que sea así. Ella realmente se lo merecía.

Antes de irse del Capitolio, Katniss dejó un sobre para mí, y dentro del sobre iba la insignia de Sinsajo que le había pertenecido. Había también una nota que decía que ahora me pertenecía, así que se ha vuelto parte de mi nuevo uniforme. Me recuerda a Madge, pero también a Katniss.

Casi todo me recuerda a ella.

oOo

Han pasado dos, cuatro, seis meses desde que la guerra acabó, y solo hasta ahora he reunido el valor para regresar al Distrito 12.

Es impresionante lo mucho que ha cambiado. Todavía está formado básicamente por escombros pero también ha crecido la hierba, dándole aun así un aspecto más vivo que nunca.

La tumba de Madge es bella, así como era ella. No está en el cementerio con las demás, sino que Katniss se las ingenió para enterrarla en lo que ella una vez llamó la Pradera, donde el pasto siempre es verde y las flores crecen hasta cuando hay nieve. Es un bonito lugar para descansar, y aquí también lo hace la pequeña Primrose Everdeen. Sobre su tumba hay un montón de flores amarillas que me recuerdan a ella.

Es curioso que las dos estén juntas. Madge fue especial en mi vida desde el momento en que la vi, y Prim, de alguna forma, lo había sido también; era una niña amable y dedicada que no merecía irse tan pronto. Ninguna lo merecía. Supongo que nunca me perdonaré el no haber podido salvarlas, a las dos, porque ambas, de una forma u otra, fueron importantes piezas de todo el cambio. De mi propio cambio.

El Distrito 12 me llena de pensamientos y recuerdos tristes, pero no sé cómo reaccionar a ellos; he pasado por tantas emociones en los últimos años que es como si algo dentro mío todavía creyera que todo es parte de un mal sueño, y que pronto mi hermano me despertará para ir a la academia.

Pero me gusta éste lugar, su aire tan limpio y fresco, al menos en la Pradera. El resto de la ciudad no ha sido reconstruida del todo aún, y todavía faltan muchas cosas por hacer, pero el ambiente es mucho más acogedor que la primera vez que estuve aquí. La primera vez que vi a Madge y supe que querría pasar el resto de mi vida con ella; tener hijos, una familia y ser felices. Es irónico que ahora que podríamos serlo al fin ella ya no esté.

Suspiro. El doctor Aurelius dice que no tiene caso pensar en esas cosas. El 'qué hubiera sido sí' realmente no ayuda mucho, y dice que no necesito seguir echando más sal en la herida.

Asiento a mis propios pensamientos, y con la mano saco algunas hojas que caen sobre la brillante placa con el nombre de Madge. No sé cuánto tiempo llevo aquí, pero por ahora no planeo ir a ningún lugar.

Me siento a descansar un momento y cierro los ojos mientras la brisa corre, levantando algunas hojas; a lo lejos puedo escuchar a los sinsajos cantar un par se notas que me suenan extremadamente conocidas. Uno pasa volando sobre mi cabeza y se posa en una rama cercana, repitiendo su canto como si fuera una advertencia; y de pronto siento que algo suave choca contra mi cabeza, distrayéndome. Me doy vuelta y lo recojo. Es una fresa.

—Hey— dice Katniss Everdeen, apareciendo al otro lado del bosque con su arco en la mano. El sinsajo canta otra vez y ella silva cuatro notas que el ave se apresura a repetir, volando con los demás, que también repiten el mismo canto.

La miro fijamente durante unos segundos y me levanto, sacudiendo mis ropas de civil.

—Hey— respondo, notando las pronunciadas ojeras que surcan su rostro cansado.

En estos meses que no la he visto su apariencia ha desmejorado, y mucho. Su piel está extremadamente pálida, sus ojos tristes y hundidos, y su cuerpo peligrosamente delgado. Ya casi no es la chica irreverente y grosera que conocí durante su primera visita al Distrito 2, pero me esfuerzo a sonreírle como si nada hubiera cambiado.

Katniss me mira pero no se mueve por varios segundos. Es como si igual que yo estuviera pensando en qué decir o cómo actuar después de tanto tiempo, pues nunca fuimos precisamente amigos ni muy cercanos.

No obstante, parece encogerse de hombros mentalmente, ya que no tarda en volver a moverse.

—Oí que estabas aquí —dice, dándome la espalda mientras deja un puñado de fresas en la tumba de Madge, acariciando las letras de su nombre con cariño —Te ves bien.

—Tú no —contesto con una sonrisa. Ella tuerce la boca y frunce las cejas, así que, como mi broma no le ha gustado, intento cambiar el tema —Supe que tu amigo está en el 2 y que es alguien importante.

Katniss me mira; sus ojos ya no parecen tan sagaces y brillantes como antes. Se encoge de hombros.

—Lo merece, supongo —dice, y se queda callada por un rato mientras se queda arrodillada junto a la tumba de Prim, donde deja más flores amarillas. Finalmente, pasados unos segundos, vuelve a hablar:— ¿Por qué no me dijiste que vendrías?

—Porque no voy a quedarme mucho. Solo vine a despedirme por última vez. No era necesario molestar a las personas con la llegada de su héroe —me río. Parece que Katniss quiere decir algo, pero finalmente se queda callada y suspira.

—¿Regresarás al Capitolio o de nuevo tienes que viajar a otro distrito? —pregunta, bajito, después de unos segundos. Me sorprende que sepa tanto de mi vida y mi trabajo, pero después recuerdo que yo mismo, tras quedarme sin tema de conversación, le contaba sobre mi vida cada vez que hablábamos. Entonces me sorprende que realmente me hubiera prestado atención.

—No. Ya terminé mi trabajo en los distritos, y lo que no he hecho lo terminará alguien por mí.

Ella asiente y baja la mirada. Se sienta junto a la tumba de Prim, sobre la hierba verde, y remueve un poco la tierra con una pequeña excavadora que sacó de su bolsillo, plantando las flores amarillas. Después se queda mirando fijamente la tumba de Madge, me mira a mí y suspira.

—La extraño mucho... A Madge —dice, terminando su trabajo con las flores —Fue mi primer y única amiga. Y si ella y Prim estuvieran aquí...—cierra los ojos un momento, y es como si se transportara a otro universo.

—También yo la extraño —digo, refiriéndome a Madge. Katniss levanta la vista y me mira —Y la vi sólo una vez en mi vida. No sé cómo estaría si hubiésemos estado juntos por más tiempo... No es lo mismo que perder a Primrose, pero...

Katniss suspira, e intenta sonreír, pero solo esboza una débil mueca.

—Todavía recuerdo el día en que Gale y yo te vimos en la casa del alcalde durante tu gira; tú lo golpeaste —rememora, con la sombra de una sonrisa juguetona bailando entre sus labios —, y él también te golpeó. Jamás lo volví a mencionar, pero siempre lo recordaba cuando estábamos en el 13 y los veía lanzarse miradas de odio —admite, haciéndome bufar. También yo lo recuerdo, aunque a decir verdad no había reparado en eso en mucho tiempo, tampoco en que ese chico era el mismo Gale de la resistencia, y su compañera la propia Katniss. Descubrirlo me sorprende, pero no más de lo usual cada vez que pienso en el pasado.

Después de ese comentario los dos guardamos silencio por unos segundos que me parecen eternos, hasta que ella, con esa inseguridad que siempre muestra cuando no usasu traje de sinsajo, vuelve a dirigirme la palabra.

》No sabía que la querías —suelta de pronto, sorprendiéndome aún más esta vez —No así... Y sé que debí adivinarlo. Ella era grandiosa, y ahora hasta me siento un poco culpable por haberla nombrado para que te unieras a nosotros...—admite, y después desvía la mirada hacia la tierra, perdiéndose en sus propios pensamientos a la vez que yo hago lo mismo antes de mirarla y encogerme de hombros, porque lo que dice ya no importa. Después repaso sus palabras y las pienso por varios segundos más. En realidad Katniss acaba de abrir una puerta que hacía tiempo se había cerrado para mí, y sin embargo descubro que no es en absoluto desagradable volver a abrirla frente a ella.

—Pude haberla querido. A Madge. Mucho. Pero ya no tiene caso pensar en eso —digo, porque es lo que ahora siento cada vez que miro al pasado, porque he aprendido a dejar ir las cosas —. El doctor Aurelius dice que es probable que siendo tan joven encuentre a alguien más. Claro, aunque diría cualquier cosa para terminar la sesión y dormir al menos por diez o veinte minutos.

Katniss ríe débilmente. Había olvidado cómo era su risa.

—A veces también pienso que pude haber querido a Peeta —suspira —¿Sabes? Todavía no puedo dormir bien. No le he hecho desde su muerte, y todo empeoró después de la de...— su rostro se contrae con dolor y las lágrimas nuevamente amenazan, así que intervengo rápidamente:

—Pues yo sí duermo. Estoy entrenado para que nada de eso me afecte— le recuerdo, Katniss hace una mueca.

—Tal vez podrías enseñarme. Haymitch está harta de mis gritos nocturnos. Dice que hasta cruzan las paredes de su casa.

Me río, pero de forma moderada porque no quiero parecer irrespetuoso.

—Tal vez.

Los dos guardamos silencio un momento mientras la brisa remueve las briznas de césped verde sobre la tumba de Madge, y despeina la trenza de Katniss en muchos mechones pequeños.

—¿Qué harás cuando regreses al Capitolio?

La miro, pero casi de inmediato regreso la vista hacia las fresas que reposan sobre la brillante placa. Me siento a la derecha de Katniss y tomo una. No sé si le importe pero se ven bien. Le doy un mordisco, descubriendo que resulta ser muy dulce, y después contesto:

—No lo sé. Creo que es hora de seguir otro camino.

—¿Entonces regresarás al 2?

Lo pienso unos segundos. El jugo de la fresa me cae entre los dedos.

—No lo creo. No hay... No creo poder volver ahí y ver esa montaña y no pensar en todas las personas que aún están bajo tierra. Y no es que quiera una disculpa o algo así. No. Sólo... No creo poder regresar— admito. Ella asiente, un poco distante.

—¿Y qué harás?

—No sé. Finnick me invitó a unirme a él y Cashmere en el Distrito 4, pero no lo veo como una buena opción. Él todavía trata de superar la muerte de su novia, y Johanna también está con ellos, y sigue igual de loca...

—Asesinaron a Annie frente a sus ojos cuando estuvieron presos en el Capitolio, y torturaron a Johanna hasta el cansancio. Supongo que tienen todo el derecho de estar algo locos. No ha de ser fácil para ellos.

—No, no debe serlo.

—Pero Finnick ya no está tan triste. Johanna dice que él y Cashmere se "consuelan" mutuamente al menos dos veces al día— dice, y me río porque solo Johanna podría haber dicho algo como eso— Dice que Finnick se ve un poco mejor desde que está con ella... Y que no es justo que la vida haga que esté rodeada de chicos guapos y que ninguno le haga caso.

Me río otra vez, y Katniss me acompaña con una pequeña sonrisa. Después de eso los dos guardamos un nuevo silencio por un rato. En algún momento hemos empezado a caminar y ya estamos llegando al límite de la ciudad, donde antes había una enorme valla que separaba la Pradera del distrito.

—¿Y entonces, qué harás ahora?— insiste Katniss cuando nos acercamos al centro, esquivando a algunos trabajadores.

Me encojo de hombros.

—No lo sé. Pero no creo que regrese a casa.

Katniss piensa por varios segundos mientras seguimos caminando, parece indecisa pero finalmente habla, algo dubitativa:

—Si quieres puedes quedarte aquí— suelta, tomándome por sorpresa— Haymitch puede necesitar ayuda con sus gansos, y yo... Bueno, ahora tengo muchos cuartos disponibles, y... No sé— dice, jugando con la punta de su trenza.

Me río, sin muchas ganas, pero no puedo evitarlo.

—¿Tú quieres que me quede aquí, contigo? ¿Tan cerca de tu cuello?

Katniss tuerce los labios y frunce las cejas, de seguro recordando la última vez que mis manos sujetaron tan "delicadamente" su cuello.

—Es un distrito muy grande. No tendríamos que vernos si no quieres. Además, aquí siempre tengo mi arco a mano— se encoge de hombros. No puedo evitar reír nuevamente.

—Supongo que podría vivir con eso.

Ella me mira. De nuevo parece querer decir algo, pero no lo hace.

No se lo digo en voz alta, pero ya he tomado mi decisión al instante en que me lo había pedido.

Seguimos caminando en silencio, pero antes de llegar a su casa soy yo el que me detengo.

—Oye, Katniss...— digo. Ella se gira a verme, curiosa.

—¿Qué?

—Gracias.

—¿Por qué?

—Por haber ido a pedir mi ayuda aquel día —ella parpadea, baja la mirada y sonríe cuando cree que no puedo verla.

Es la primer sonrisa sincera que le he visto en mucho tiempo.

oOo

Es curiosa esa sensación de querer cuidar de otra persona; estar atento a sus penas, su salud y sus nececidades, sin esperar nada a cambio.

No entiendo lo que me pasa con Katniss, pero así me siento al estar con ella.

La guerra la ha marcado profundamente, y no es que la conociera de antes, pero aun así es evidente. Yo también he cambiado, pero mi disciplina me obliga a no demostrarlo, aunque tampoco necesito hacerlo. En el Distrito 2 no sólo entrenaban tu cuerpo, sino que lo más importante era entrenar tu mente, haciéndola más fuerte y resistente.

Una bolsa de músculos no servía de nada si su mente era débil como un montón de avena. Uno siempre debe mantener el objetivo claro y las ideas despejadas. Si las emociones te dominaban entonces no eras digno de ser un vencedor. Claro que no todos los días se lograba el ideal, pero yo fui siempre un buen alumno, y logré desde muy temprana edad que mi mente estuviera lista para cualquier cosa. Incluso una guerra.

Perdí a muchos amigos, a mi madre, y vi cosas terribles, pero mi mente jamás se derrumbó. No podía permitírmelo. Pero la de Katniss sí lo hizo. Ella era una persona fuerte, pero el dolor de la tragedia pudo doblegarla. Y ahora, por extraño que parezca, quiero estar aquí para ayudarla, salvarla como ella una vez hizo conmigo, allá en el Distrito 13.

Mi mudanza no es difícil. Apenas tengo un par de cosas que son verdaderamente mías en mi casa del Capitolio. Plutarch lo empaca todo y viene a traérmelo él mismo cuando viene de visita.

Me instalo en casa de Katniss, un piso más arriba de ella. No sé si es correcto o no, pero es quien más parece resentir su soledad.

Paylor aprovecha mi decisión y me nombra como Jefe de oficiales del orden, como ahora llaman a los agentes de la paz, así que los primeros días de mi estancia me la paso entrando y saliendo del Edificio de Justicia. Mi trabajo realmente consiste en llenar informes; la guerra todavía es demasiado reciente como para que los ladrones salgan a flote, aunque de vez en cuando hay algún que otro conflicto. Aun así es un trabajo pesado, y casi no puedo ver a Katniss, así que hablo directamente con Plutarch para pedir lo que ellos dicen que se llaman vacaciones. Él acepta, argumentando que he hecho un buen trabajo en estos meses, y que ahora necesito descansar.

Así que Katniss y yo empezamos a pasar tiempo juntos. Es extraño al principio, porque no sabemos como relacionarnos; no tenemos muchas cosas en común ya que somos demasiado diferentes, pero hay algo que nos gusta a ambos y es inevitable que no lo haga: la comida.

Katniss y yo tenemos un juego. Una vez fui un cocinero prometedor en el restaurante de mi familia, y ella una comensal entusiasta, lo que es nuestro mayor punto en común, así que cuando siente que la tristeza se la llevará de nuevo trabajamos en nuestro diccionario de comidas. Cada vez que algún recuerdo doloroso la ataca, ella dice una letra al azar, y entonces empezamos a recordar nombres de platillos o ingredientes que empiecen con esa letra, cosas de nuestros distritos o que vimos en el Capitolio o en cualquier lugar donde estuvimos. Y si algo se nos antoja esa noche yo lo cocino para ella, pues Katniss no es muy buena en la cocina, pero sí consiguiendo los ingredientes.

Hay días en los que en vez de hablar de comida vamos al bosque, donde ella me enseña a nadar en los días más calurosos, o a cazar cuando decidimos perdernos unos días y acampar en el bosque, con Haymitch, por supuesto.

Existe una extraña dinámica entre ambos que se creó de la nada, y es que aunque somos muy diferentes nos entendemos casi sin decir una palabra. Lo que nos viene de maravilla cuando Katniss tiene alguno de sus ataques de mutismo.

Sus pesadillas continúan, y muchas veces la escucho gritar por las noches. Cuando eso pasa voy a su habitación y la despierto. Cuesta algunos minutos convencerla de que está a salvo, y luego me recuesto a su lado, quedándome con ella hasta que vuelve a dormirse.

Es bastante incómodo al principio; jamás he tenido tanta intimidad con nadie en toda mi vida, pero con Katniss... De alguna forma no es molesto.

Así pasamos los primeros meses, entre comida, cazar y despertarla de sus pesadillas, y poco a poco, sin que me dé cuenta, inicia una verdadera amistad entre los dos.

No hay cortesías innecesarias ni palabras dulces entre nosotros; nos entendemos bien conociendo los defectos del otro y aceptándolos.

Creo que Katniss es la mejor amiga que he tenido en mucho tiempo, pero nuestra amistad no es como la que tenía con Clove u otros chicos de casa. Es distinta, más profunda y honesta.

Es extraño. Realmente ni yo mismo lo entiendo a veces. No sé lo que hago con ella, ni adónde nos llevará esto, pero sí estoy seguro de algunas cosas. Sé que Katniss me preocupa, sé que quiero verla sonreír otra vez y que ya no soporto verla triste. Sé que me gusta cocinar para ella, porque todo parece nuevo y sorprenderte a través de sus ojos, que me siento cómodo a su lado, porque no le importan las cosas malas que hice, ni la persona que yo era antes de conocerla.

Sé que me levanto pensando en cómo podré ayudarla, que me gusta tener detalles que la hacen feliz.

Sé que quiero estar con ella, porque soy la mejor versión de mí mismo cuando estoy a su lado.

oOo


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Fin

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N del A:

Solo falta el epílogo!

Qué tal el capítulo?

Nos leemos!

H.S.