JAJA, Adivinen quién perdió la lista con los "Momentos" que tenía que escribir y ahora tiene que improvisar hasta encontrarla...
Sí.
Como sea, ¿Cómo están? espero que estén teniendo una semana excelente, y si no, que la próxima lo sea. Muchísimas gracias por todos esos comentarios en éste fic, la verdad que sin ustedes no habría continuación. Me hacen sonreír. Gracias.
—Dios, Shouyou, te lo dije una y mil veces...¿por qué nunca me escuchas?—decía Tobio, mientras sostenía la pierna lastimada del otro un poco más arriba que su cuerpo.
El pelirrojo cerró los ojos, frunciendo el ceño mientras intentaba concentrarse en otra cosa que no fuera el dolor.
—Arde, arde, arde muchísimo, Tobio...
—Lo sé, sólo un poco más y terminamos con ésta—contestó el pelinegro, causando un gemido de molestia de Hinata.
—Arde.
Tobio suspiró, terminando con la desinfección de una de las rodillas llenas de sangre de su novio, para vendarla y pasar a la otra.
Se había asustado un poco cuando el pelirrojo había llegado a casa con ambas piernas prácticamente cubiertas de sangre, hechas por las raspaduras de las rodillas de la práctica de volley que tuvo.
Aparentemente, sus compañeros habían querido ayudarlo, pero él había dicho que simplemente "no era la gran cosa", y a medida que se acercaba más a casa, la herida empeoraba y la sangre brotaba con más fuerza.
—Te pasa por no llevar las rodilleras a la práctica, te dije que lo hicieras.
—Mhhhhhnn...lo sé, perdón, me olvidé, pe-¡Auch!
—Ya, ya, ya casi termino, me falta terminar de desinfectar ésta. No está tan mal como la anterior.
El pelirrojo tiró la cabeza para atrás. Le dolía todo el cuerpo, estaba cansado y las rodillas le quemaban. Cerró la boca, mordiéndose suavemente el labio para acallar las quejas que intentaban salir, y dejó que el otro se encargara del resto.
—Listo. Ya están vendadas y desinfectadas, y si alguna vez vuelves a hacerlo, no puedes jugar. Voy a decírselo a Keji.
—Nhhg...
Tobio suspiró, pasándose la mano por el cabello, y mirando a su novio. Era raro tenerlo tan callado y tan silencioso.
—¿Vamos a la cama?
Shouyou simplemente estiró los brazos, indicándole al otro que tenía que cargarlo.
Igualmente, el otro ya estaba bastante acostumbrado, y lo llevó a la cama, en donde pasaron la mayor parte de la noche entre besos y mimos suaves, más que nada para calmar el dolor del más pequeño.
