Hola a todos, me desaparecí levemente, pero ya estoy de vuelta. Con un nuevo capítulo, y deseando que sea del agrado de todos.
Tengo que confesar que Rei estaba bien uke xD creo que tomó muy en serio su actuación, sin embargo, eso se acaba; próximamente verán un Rei más grrrrr sin hormonas femeninas y muy decidido. Pero quise ponerlo en aprietos, porque todos sufrimos así alguna vez en la vida, no necesariamente una pena de amor, sino que una tristeza en general, algo demasiado grande para lidiar con ello. En fin… ahora de lleno al fic. Disfruten.
Genero: Shonen-ai (aunque ya pasó a ser Yaoi en toda su expresión)
Parejas: Clásico trío favorito de la mayoría
Disclaimer: Beyblade no me pertenece... bla, bla, bla... no hago esto por algún beneficio de lucro, créanme que si así fuera no ganaría nada... quién se molestaría en leer historias tan malas.
o.O.o.O.o.O.o.O.o.O.o Un juego de tres...? o.O.o.O.o.O.o.O.o.O.o
By
Brychat
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El tiempo pasaba demasiado lento desde que Rei había partido. Esos ojos, no podía olvidar esos ojos. Luceros ámbar, iris de cristal ¡Qué brillo más hermoso! sin embargo… el dolor, aún podía verlo reflejado en sus rostro, no, no sólo en su rostro, sino en sus ojos. Juró que nunca le haría daño, y simplemente lo dejó partir. Estúpido, estúpido, estúpido.
El aroma de su cabello azabache lo envolvían en una red de seducción, cada hebra atrapa sus extremidades dejándolo indefenso. Quería estar con él, disfrutar la gloria y caer dormido otra vez, vivir el sueño de los campos Eliseo, disfrutar del tacto de su piel, suave y terso; con un brillo canela que acentuaban cada parte de su ser. Ese chico de rasgos asiáticos, no era simplemente bello, sino que su alma reflejaba en sus facciones cosas maravillosas. Estar con Rei calmaba su espíritu melancólico. Su espíritu salvaje jugaba perfectamente con las llamas de su corazón. Ellos estaban hechos para estar juntos, su historia estaba escrita en las estrellas. ¿No es así si?
-Señor Kai.
La voz de la secretaria resonó por la habitación, el tono chillón lo hizo sobresaltarse. Estaba de espaldas a la puerta, su mirada se perdía entre los edificios enmarcados por el ventanal. Una lágrima escocía su garganta. Así que no dijo nada. Con la mano le indicó a la secretaria que se fuera, ésta tímidamente acercó unos papeles a su escritorio y se fue de la misma manera que llegó, silenciosamente.
"-¡No! Por favor Kai, no me pidas explicación."
De nuevo, podía ver el llanto tan claramente, recordaba ese fatídico día. Apenas le había dirigido la palabra, se sentó a la mesa-la cual ya estaba pulidamente arreglada- todo en orden, cada servicio en su lugar, la comida humeante frente a él. ¿Qué estaba mal? ¿Qué faltaba en toda esa escena? El llanto. Suspiros. Dolor. Por qué no podía recordar nada más que eso.
"-…en el amor no hay condición…"
Tomó su saco, estaba muy cansado para revisar los papeles de la oficina, sólo podía hacer una cosa, revivir una y otra vez la partida de Rei. No podía olvidar las lágrimas que se deslizaban hasta su mentón, sus hipos ahogados, los puños estrujados sobre sus rodillas. Esa imagen, de verlo tan indefenso. Quería abrazarlo, decirle que él cambiaría, que las cosas estarían mejor, y que nada podría separarlos ahora. Sin embargo, tenía miedo de que sintiera el olor de otro; el perfume de la traición, y que escuchara su corazón mentiroso.
"-Nunca te pedí nada, sólo un poco de tu calor…"
Fue lo último que escuchó de los labios de su novio, ya que al día siguiente no encontró ninguna de sus pertenencias, incluso el celular que le había regalado estaba sobre la mesa de centro.
Su vida se había convertido en una pesadilla, dejó de dormir en su cama, pues la esencia de Rei estaba allí, su tristeza aún flotaba en el aire. Y con el tiempo, los encuentros sexuales con Yuriy se volvieron menos intensos, eran una rutina. Sí, era doloroso estar con una persona por placer, ya que al final del día, se iría solo a casa, y nadie estaría en la puerta para recibirlo. ¿Quién preguntaría por su día, o le haría cariños en los cabellos hasta caer dormido? ¿Quién? Todos sus sueños se iban arrastrando hacia la inmensidad. En aquel lugar de sombras podía ver la silueta de un ser inalcanzable, se veía tan lejano a esta realidad. Un ser tan puro como incierto, tan bello como irreal. Entonces despertaba sudando frío. Instintivamente se sentaba a la mesa esperando algo o a alguien.
Dónde podría haber partido Rei, era como si su cuerpo se hubiese desvanecido tal humo, pero él sabía que el fantasma del ojiambar seguía en aquella mansión, cuya alma en pena lo torturaba una y otra vez, le susurraba promesas rotas, palabras llenas de dolor. Un alma en el purgatorio. Qué había sido de ese asiático lleno de vida.
Yuriy también lo notó más distraído, apenas prestaba atención mientras tenían sexo, luego se vestía rápidamente para dejar al pelirrojo en aquella habitación de motel o habían veces en que Yuriy se iba rápidamente, sin siquiera mirarlo, mejora así; sentía vergüenza de si mismo. ¡Kai Hiwatari sintiendo pena por si mismo! Y fue en uno de esos tantos encuentros pasionales, que Yuriy salió con el corazón destrozado, y él lo dejó partir. Entonces caminaba sin rumbo, intentando buscar la solución, intentado decir perdón. Lo ensayaba en su mente, creaba la escena… Rei estaba frente a él, y con un simple roce en la mejilla de su novio podía encontrar el valor para continuar, su Rei cerraba los ojos y medio sonreía inclinando la cabeza, ahora podía decirlo. Perdón. Y el corazón bondadoso de Rei lo perdonaba.
Pero ¿en la vida real podrían perdonarlo? el alma generosa de Rei no era tan grande. Lo había lastimado demasiado, lo hizo llorar, dejó de cuidarlo, y no lo arrulló con ternura (como él siempre se lo pidió). Todavía puede sentir el aroma de su novio, es como a canela y vainilla. La nota perfecta en este mundo de decepciones. Un aroma tan fuerte y claro que pareciera que estuviera a su lado…
-Rei.- susurró.
Al voltear su mirada no distinguió nada, gente con rostros impasibles. Por un momento logró sentirlo, caminando a su lado, casi podía tomarle la mano… tomar su mano y arrastrarlo a la pesadilla que vivía en una mansión de cristal. Un lugar demasiado frágil para vivir, y al mismo tiempo igual de solitario.
-Ya déjame tranquilo. Ni siquiera sé cómo conseguiste este número.
-Habla con él.
-Claro que hablaré con él, pero no le diré nada de ti.
-¿Está bien?
-Mejor que tú, pedazo de mierda.
-…dime algo sobre él…
-Éste no eres tú.- silencio al otro lado de la línea. Luego un suspiro- ¿Kai?
-No importa. Tienes razón.- la compostura había vuelto. El viejo Kai era quien hablaba.- gracias
-Espera…
"-¿Rei? Levántate.
-No tengo sueño.
-No puedes estar en medio de la sala. Rodeado del olor a pintura.
-No quiero dormir.
-¿Qué sucede?
-Lo vi...
-¿Cuándo...?
-Hoy... al comprar la comida. Ni siquiera me miró, simplemente... caminó.
-Ven.
-No sé quién soy..."
-Eso es todo.- Boris terminó de relatar la historia. Un deje de melancolía se sintió en su voz.
-No era un sueño…- susurró el bicolor.
-¿Cómo dices?
-No es nada.- carraspeó un poco- Gracias por la información. Nos vemos.
Antes de que el pelilavanda pudiera decir algo, Kai ya había colgado. El gato de ojos ámbar no había sido el único afectado, Kai también estaba viviendo un luto. Aquella despedida en el aeropuerto no saldó los asuntos pendientes entre esos dos, aún debían decirse muchas cosas, incluso tener un buen revolcón. Eso era lo que pensaba Boris, pero de sólo imaginar a Kai seduciendo a ese inocente Kot, le encrespaba los nervios. ¡El bicolor no merecía el amor de Rei! Nadie merecía ese amor incondicional.
Admiraba a Rei, pues a pesar de todo, siempre sacaba fuerzas para sonreír, tenía el valor suficiente para caminar por la calle sin derramar una lágrima, pero al llegar la noche, su mundo se derrumbaba, el suelo se partía a la mitad y lograba ver a Reí caer a un infierno sin retorno. Después, al otro día, todo volvía a la normalidad.
-¿Qué será de ese gatito?
"Lo más seguro es que Rei haya vuelto a su aldea, o tal vez esté en algún lugar de china. Conociéndolo, estará ocupado haciendo cualquier cosa. Me pregunto qué tan bien lo conocía. Nunca le pregunté cómo estaba, qué había hecho durante el día. Fui un idiota. Soy un idiota. No puedo ir donde Rei y exigirle que vuelva conmigo, él está bien. Soy yo quien todavía no puede aceptar su partida. Lo necesito.
Le fui infiel, pensé que estando con Yuriy conseguiría la satisfacción sexual, mientras que con Rei conseguiría el cariño y el amor que siempre me brindó. Y lo eché todo a perder, no sé qué me ocurrió… estaba, no sé. Qué puedo decir. Lo confundí todo… estaba seguro que podría manejarlo, que Rei nunca se daría cuenta. Él fingía dormir cuando me oía llegar en la madrugada."
-Se nos acaba el tiempo cariño ¿Quieres que haga algo por ti?- la mujer a su lado tocó su muslo y lo masajeó suavemente.
-No. Puedes irte.- el bicolor tomó un trago de whisky y frotó sus cabellos.
-Nosotras sabemos escuchar, y también damos consejos.
Era una mujer bonita, cabellos negros y ondeados, con un rostro fino sin ninguna imperfección, liso como la porcelana, a excepción por un pequeño lunar en su parpado derecho. Llevaba un vestido turquesa ajustado y zapatos negros. Bebía vino.
-Mi दादी siempre decía: Si de una fea rama sale una linda flor, ¿por qué no de una bonita amistad un bello amor? - el acento hindú de la chica recalcaba cada palabra y le daban un aire de misticismo a esa simple frase- cariño, tienes que ser paciente y aprender a escuchar.
Luego de la última frase, la mujer acarició los cabellos de Kai, miró su reloj por última vez y le besó la mejilla. La hora ya había pasado, y su próximo cliente no podía esperar. Era gente importante.
-¿Qué significa…?- el susurro de Kai llamó la atención de la mujer.
Ésta parecía no comprender. Era complicado entenderse con ese hombre bicolor, y no sólo por el acento ruso que tenía, sino porque todo su espíritu era enigmático. Cada cosa que lo rodeaba parecía una simple mentira. Y ella se preguntaba cuándo vería al verdadero Kai enfrentando al mundo.
-Esa frase que siempre dices…
-¿Dil hai tumhaara?- respondió dudosa
-Su significado ¿Cuál es?
-Mi corazón es tuyo…
-Cuando lo pronuncias suena como si de verdad lo sintieras.- Kai ocultó los ojos con su flequillo.
-Y cuando tú hablas de tu Pelha Phela es como si describieras un sueño.- la mujer colocó su mano en la cadera y miró desafiante a Kai, aun sabiendo que éste no la miraba- Comienza a arriesgarte Говнюк
Sorprendido por la última palabra de aquella fanfarrona mujer, Kai la miro a través del espejo de la barra, por primera vez en mucho tiempo pudo sonreír.
A veces Kai lo hacía, contratar alguna prostituta. No se acostaba con ellas, pero conversaba, les confesaba secretos que nadie sabía. Eran las terapeutas de corazones rotos. Ángeles entre medio de diablos. Ellas sabían de lo que les hablaba; fingían amor, interés, llanto; conocían las emociones humanas, hablaban maternalmente, y podían estar sentadas a tu lado disfrutando del silencio. Estas mujeres reemplazaban el cariño que Rei le daba.
o.O.o.O.o.O.o.O.o.O.o ¿Fin? o.O.o.O.o.O.o.O.o.O.o
(*) Abuela
Pelha Phela: primer amor
Nos vemos en el próximo cápitulo.
(Huecco – Idiota)
