Llovía a cántaros, las gotas de agua golpeaban fuertemente los tejados de las casas del Valle de Godric, pero a nadie parecía importarle demasiado, pues las familias llevaban horas dentro de sus hogares resguardados de la húmeda y fría noche de invierno.

Un sonoro y brillante relámpago atravesó el cielo iluminando una alta y delgada silueta que casi sin poder mantenerse en pié caminaba por la calle en la que se encontraba la casa de Potter y Evans. El hombre de piel cetrina y ojos negros como una noche sin estrellas arrastró los pies con las últimas fuerzas que le quedaban. Había pasado una noche horrible, pues hacía una hora escasa que aquella asquerosa marca que identificaba a los seguidores de Voldemort había quedado grabada en su piel de por vida.

A escasos metros de la puerta del futuro hogar de los Potter, Severus se arrodillo y remangó la manga de su negra camisa, la marca le ardía y aquel penetrante y agudo dolor le congelaba la sangre, no podía creer lo que había acabado de hacer, no le cabía en la mente que se hubiera podido unir a aquel asqueroso bando. Era cierto que para ganarse la confianza del Señor Tenebroso Snape había tenido que ponerse a prueba, y no iba a excusarse diciendo que había actuado bajo la maldición imperius, pues en un principio había sido un febril creyente del régimen que El-que-no-debe-ser-nombrado quería imponer en el mundo mágico una vez llegara al poder. Pero después de dos años al lado de Voldemort, observando lo que era capaz de hacer para conseguir lo que quería, había estado tentando en más de una vez en huir del país e intentar esconderse hasta que el ambiente se relajara un poco. Pero estaba seguro que aun que fuera un gran maestro oculmántico a pesar de solo tener veinte años, no podría huir de el El señor oscuro por mucho tiempo, sabía que si abandonaba a los mortífagos acabarían matándolo, y aun que pareciera un gesto de cobardía, no lo era, pues estaba dispuesto a hacer lo que fuera por ver caer a aquel hombre - si se le podía llamar de tal manera- que quería conseguir la pureza de sangre aún siendo él mestizo.

El joven de nariz aguileña se levantó como pudo y llamó a la puerta de la casa que según le habían dicho ahora estaba habitada por James y Lily. No tubo que esperar mucho hasta conseguir una respuesta, pues en escasos segundos la pelirroja abrió la puerta. De inmediato se echó las manos a la boca ahogando un grito al ver quién se encontraba detrás de esta y en qué estado estaba. La lluvia empapaba el largo y enmarañado cabello de Severus, y las gotas camuflaban sus lágrimas de remordimientos, rabia y odio hacia si mismo. Su camisa algo desgarrada le daba un aspecto de dejadez y el dolor provocado por la reciente marca de su antebrazo izquierdo y los múltiples cruciatus lanzados por los mortífagos para demostrar el aguante del muchacho hacían que éste casi no pudiera tenerse en pié.

Liliana pareció olvidarse al momento de todo lo sucedido años atrás en Hogwarts y agarró a Snape por un brazo haciendo que éste apoyara parte de su peso encima de la chica para caminar. Cruzaron el hall hasta llegar al pequeño pero acogedor salón y la pelirroja hizo que su ex-amigo se sentara en el sofá. Las amargas lágrimas de Severus ya no se escondían bajo la fuerte lluvia y estas cruzaban su rostro, el cuál ahora expresaba angustia, pena y algo de miedo.

-Lily... yo... - Dijo el muchacho jadeando.

-Sev, cállate, no tienes porqué darme explicaciones. Espera aquí, voy a buscarte algo para beber.

Al escuchar aquellas palabras, una reconfortante sensación invadió cada rincón de su cuerpo haciéndolo creer por un momento que se encontraba suspendido en una nube mientras flotaba tranquilamente sobre el paraíso. Pues eso significaba que la estrecha relación amistosa que Severus había roto hacía años y creía ya inexistente no había desaparecido del todo. Lily se había preocupado de él al encontrarlo detrás del umbral de su puerta y si había olvidado sus diferencias al ver a su amigo en apuros, esta vez, esta segunda oportunidad que le había brindado el destino no iba a ser desaprovechada. Si había sido capaz de afrontar el echo de que Voldemort lo había reclutado para sus filas y que también afrontaría el peligro diario de muerte pues pensaba traicionar a este, sería capaz de decirle de una vez por todas a la de ojos verdes lo que sentía por ella, y lucharía hasta el final con tal de tenerla solo para él.