¡Hola! ¿Cómo están? Yo bien, cansada, tengo un trabajo y me agota. A los que leen el otro fic "Sonríe"...Perdón, es que estoy bloqueada. Sé qué quiero escribir, pero empiezo y me trabo, prometo no tardar mucho más en actualizar. Me siento muy inservible(? (No sé si recuerdan pero éste fic nació para distraerme del otro fic JAJA) No crean que me inventé la lesión, investigué(?
28- Miedo.
No había demasiadas cosas a las que Kageyama le tuviese miedo. Al rechazo, quizás, a Oikawa, y al mar -o a nadar, en general-, pero estaba bien siempre que fuese con Shouyou y usara flotadores.
Hinata, en cambio, le tenía miedo a muchas cosas. A estar sólo en la oscuridad, a los fantasmas, a morir, a las alturas, a la gente alta, y a los caballos. Había...una lista, bastante grande.
Pero estaba bien, al final, porque siempre se tenían el uno al otro. Cuando iban a la playa y Kageyama se olvidaba sus flotadores, el pelirrojo le sostenía la mano y se quedaban hasta donde podían hacer pie, y esa vez que el más alto se fue de viaje y Shouyou quedó sólo en casa, Tobio habló con él por teléfono hasta que se quedó dormido.
Hasta que Kageyama descubrió un miedo más grande, uno por el que nunca pensó que iba a pasar, uno que lo llevó a estar en su cama, con el rostro empapado de lágrimas, esperando, deseando que todo fuera una pesadilla.
"Cirugía"
"No podemos arriesgarnos"
"Por lo menos un año"
Tuvo un golpe bastante serio. Terminó con una lesión en los ligamentos de la rodilla, y al principio Tobio no estaba demasiado preocupado. Seguro, se había roto un brazo en el pasado, así que no era nada que unos meses no pudieran curar, hasta que el médico le dijo que, al ser un deportista con un estilo de vida bastante activo, era mejor recurrir a una cirugía, además de que la lesión había sido en un lugar no muy conveniente.
Un año.
Un año era todo lo que Kageyama tenía que esperar.
Y estaba destrozado. Todo lo que había practicado, todos los torneos, sus compañeros de equipo, todo iba a ser diferente en un año. Se iba a perder tantas cosas que ni siquiera quería ponerse a pensar en eso.
Llegó un momento en el que no supo si eran sus lágrimas, o las de Hinata.
—Vas a estar bien—le aseguró, abrazándolo fuerte, haciendole caricias en el cabello y la espalda—te lo prometo, vas a estar bien.
No iba a estarlo.
Shouyou sólo se lo decía porque no se le ocurría qué más decir. Sabía que sus intenciones eran buenas, y que estaba muy triste, también. Ambos compartían una pasión muy grande por el deporte, especialmente voley, así que el más bajito entendía, si le pasara lo mismo, también estaría destrozado.
Así que se quedó allí, aferrado a Hinata, llorando, hasta que se quedó dormido. Tenía miedo, mucho miedo, pero para ésto también, Shouyou estaba para él.
