Kai, Kai, Kai, Kai, era el único nombre que zumbaba en su cabeza, igual que una mosca molesta incapaz de correr, un dolor de cabeza, un, un… ya no había palabras para lo que sentía. Sin embargo, debía actuar con calma, sin demostrar sus emociones, encontrar la paz esp- al carajo, odiaba a Kai al punto que lo molería a golpes, no lo mataría porque no era tan generoso. Por su culpa todo se fue al demonio, sentía mucho rencor contra aquel hombre de cabello bicolor. Tampoco podía llorar, ya que no lo entrenaron para ello. Pero, en cambo, podía sentir mucho odio a tal punto de dañar a los demás. Así había sucedido cuando tuvo que jugar contra Rei y salió muy lastimado; aquella batalla la perdió, sin embargo vio la perseverancia del oriental y odió aquella esperanza no justificada.
Ahora era su amigo; lo vio llorar, reír, quejarse durante la noche, gritar con desesperación cuando creía que nadie lo escuchaba. Él fue testigo de aquellas confundidas emociones que embargaron a Rei. Pensaba en aquello mientras paseaba por las calles de Rusia, caía una leve escarcha cuyos copos de nieve se deshacían antes de llegar al suelo. No tenía frío a pesar de que llevaba una chaqueta ligera. La gente iba y venía, algunos niños lloraban porque sus madres no le compraban los juguetes que deseaban, era molesto, pero en cierto punto lo tranquilizaba , lo traía devuelta a la realidad, a su solitario mundo, porque extrañaba a Rei, y nunca lo admitiría frente a los demás, su tranquila compañía, sus gestos de gato ronroneando por las cosas que le gustaban, esos ojos ámbar que alegraban sus mañanas y lo mantenían de buen humor en su trabajo, además al llegar sentía el rico aroma de una comida recién hecha. Nunca tuvo que dejar que se fuera, tal vez si hubiese pasado más tiempo con él se habría quedado, si lo hubiese ayudado a olvidar los besos de Kai tal vez, y sólo tal vez, las cosas serían mucho mejor. No pensaba en Rei de forma amorosa, bueno… un poco, sino que lo veía como el hermano menor cansado de llorar.
Pensaba en aquello cuando chocó hombro a hombro con otra persona.
-Más cuid- calló bruscamente.
-Ey
-Ey
Se hizo un silencio incomodo. Boris no podía dejar de mirar aquellos cabellos rojo cual fuego, incluso había olvidado que desprendían un olor embriagador, sus ojos azules como el cielo lo hipnotizaban, deseaba tocar su nívea piel, pero se detuvo, él le había entregado su corazón para hacerlo feliz, sin embargo corrió a los brazos de otro apenas tuvo la oportunidad, y con la sangre que salía de aquel hueco vacío se dibujó una sonrisa.
-¿Cómo estás?
-Perfecto- disimuló frente a Yuriy
Se miraron si saber qué más decir, la presión aumentaba y la gente a su alrededor comenzaba a molestarse por aquellos hombres que no paraban de mirarse en completo silencio. El pelirrojo hizo el ademán de continuar con su camino, sin embargo el fuerte agarre de Boris lo detuvo, su mano apretaba la muñeca de Yuriy, la cual comenzaba a doler.
-Suéltame
Boris ignoró la orden
-Te lo advierto
Yuriy comenzaba a enfurecerse, la sangre le estaba subiendo rápidamente mientras movía su muñeca. Boris tenía el flequillo gris cubriendo sus ojos. ¿Qué haría? Soltó la muñeca del pelirrojo para mover sus dedos una y otra vez, tratando de descansar y pensar en qué podría hacer. Luego, volvió a agarrar al pelirrojo pero esta vez tironeó su brazo para que lo siguiera. Yuriy trataba de quitar el agarre usando su otra mano, pero Boris era mucho más fuerte que él cuando se trataba de fuerza bruta. Lo arrastro a uno de esos callejones en el que había botes de basura, gatos y otras alimañas ariscas a la presencia de humanos.
Acorraló a Yuriy en una pared y colocó sus manos a cada lado cerrando el escape del otro ruso, éste lo miró confundido ¿Qué se creía haciendo algo así? Entonces el Peligris lo besó con desesperación, las manos de Yuriy empujaron a Boris, golpeaba con su puño, pero éste no se movía. Estaba atrapado y acorralado entre la pared y Boris. Sus lenguas se tocaron y Yuriy se quejó, no podía estar sucediendo. El peligris acercó sus cuerpos, bajó los brazos hasta la cintura de Yuriy y con su rodilla separó las piernas del pelirrojo. Ahora todo su cuerpo se posaba sobre Yuriy evitando cualquier escape o golpe por parte de ese lobo hecho una furia, sólo podía agarrar las ropas tironeándolas y rendirse a aquel beso y disfrutar de ello, tal vez ésta sería su despedida, el adiós, el fin. Su temperatura corporal comenzó a subir y su espalda sudaba, nunca imaginó que los besos de aquel ruso testa rudo, mal hablado y odioso, fueran así, sacados de… odiaba admitirlo, pero parecían sacado de una novela romántica. Sus besos eran bruscos con un toque de sensualidad y la lengua de Boris era la que mandaba y hacía un baile dentro de su boca que no podría describir; con todo ese peso sobre si era imposible moverse y el aire comenzaba a faltar, el de ojos verdes lo notó y separó sus bocas, un pequeño hilo de saliva quedó colgando entre ambas bocas. Yuriy bajó la mirada, nunca se había sentido tan débil y lo odiaba, empujó al otro ruso teniendo la suerte de que éste se moviera, pero Boris volvió a sujetarlo, volteó su cuerpo he hizo chocar su rostro contra el muro, eso lo enfureció removiéndose impaciente.
-¿Qué diablos haces?
Boris mantenía un mutismo nunca antes visto, como si actuara por instinto en vez de racionalidad. Empezó a desabrochar el pantalón de Yuriy, el sonido del sierre bajando lo colocó nervioso, qué pretendía aquel idiota. Luego, escuchó el mismo sonido proveniente del pantalón del ojiverde. Presionó con más fuerza al pelirrojo contra la pared, su mejilla estaba aplastada y dolía, con la mano que tenía libre, Boris bajó los pantalones de Yuriy hasta las rodillas. El frío caló su piel y su miembro. La parte más intima fue tocada con brusquedad, primero un dedo, luego otro; se movían con desenfreno, entonces apretó su mano hasta convertirla en un puño cuando sintió el miembro de Boris entrando con brusquedad, respingó por el dolor pero mordió su labio para no darle en el gusto a su ex compañero de departamento, el movimiento era irregular, primero lento, luego rápido, también sentía cariños en su trasero y una mano que apretaba con fuerza su miembro. Que dolor sentía, técnicamente lo estaban violando, no quería aquello y por aquel pensamiento contrajo su ano, y la penetración se volvió más dolorosa, hubiese gritado pero en cambio golpeó su frente contra la pared.
-No más.- Pidió Yuriy
-Te lo mereces, perra.- susurraron en su oído.
Siguió con la penetración, esta vez con fuerza, sin cariño y sin sentimientos, sólo era sexo y nada más. Era lo que se merecía el pelirrojo, un perro que haría lo que fuera por su amo, moviendo la cola esperando una caricia o premio.
Yuriy Lanzo un grito de dolor mientra Boris jadeaba ronco. Como pudo agarró la pierna de Boris con su mismo pie y con su peso se lanzó sobre el peligris, ambos cayeron. El duro miembro de Boris soltó el agarre de su compañero, pero tenía a Yury cogido de la cintura, no lo dejaría ir tan rápido. Se volteó quedando Yuiy debajo, así la penetración sería más placentera. Sujetó el miembro del pelirrojo subiendo y bajando con urgencia, haciendo suspirar a Yuriy por las caricias que le brindaban. Boris realizaba un buen trabajo al complacerlo, y con sus dos piernas en un solo hombro del ojiverde volvió a penetrarlo, siendo un movimiento lento y cuidadoso, soltó el miembro de Yuriy para Concentrarse en ese movimiento de entrar y salir.
El pelirrojo acabo sobre su ropa, manchando la camisa negra que traía. Boris aún lo penetraban, sus movimientos aumentaron lo que indicaba que acabaría pronto, dio un suspiro ronco sacando su miembro afuera regando su semen sobre Yuriy, aquello le gustó; ver a Yuriy tan indefenso, con los ojos perdidos y confusos, sus manos temblorosas por la ira. Boris se separó del pelirrojo solo por el puñetazo que le llegó, él cayó de bruces al suelo y se acomodo el pantalón como pudo mientra Yuriy hacía lo mismo. Boris sonrió de medio lado y luego mostró sus blancos dientes.
-Quedas perdonado
-Eres un puto infeliz.- Yuriy escupió sobre el pecho del otro ruso.
-¿De que hablas? Te lo merecías ¿No te bastó ir tras Kai?
Yuriy cerró la boca y desafió a Boris con la mirada.
-Vamos cariño, no te enfades.- tocó el hombro del pelirrojo pero éste lo alejó con un manotazo.
-No te atrevas.
Limpió sus ropas, alisó su camisa y limpió los restos de semen, ajustó su gabardina para que no se notaran las manchas de aquel asqueroso acto que lo avergonzaría por siempre. Salió del callejón con la mirada en alto. Boris sintió un deje de culpa, que luego reemplazó con una risa burlona. Aquello había sido excitante y en cierto punto divertido, sin embargo Yuriy sintió miedo en algún momento, sus ojos lo demostraron y su cuerpo lo confirmó. Tal vez nunca lo volvería a ver, aquello no le entristecía, por el contrario sería un alivio no volver a verlo, a él y Kai. Ambos merecían estar juntos.
Boris no alcanzó a fijarse en sus manos temblorosas, las cuales metió en los bolsillos, pero el temblor continuaba, sus piernas dolían y el corazón aún palpitaba con rapidez, estaba apunto de hiperventilar. No deseaba demostrar el miedo que sintió en algún momento, Boris se veía diferente, su aroma era embriagante; tocó sus labios, estaban hinchados, todavía sentía el tacto y las mordidas que le dio su ex compañero de equipo ¿Qué haría ahora? No podía negarlo, le gustó, si no hubiese sido placentero entonces no habría acabado sobre su ropa. No fue miedo por el ataque inesperado, sino por volver a perder a Boris, nunca sería capaz de disculparse con él, su orgullo no se lo permitía, sin embargo encontraría la forma de atraerlo a su lado. Podría seducirlo como en el pasado, no estaba seguro de que funcionaría, pero Boris disfrutaba de aquel cuerpo salido del infierno.
El pelirrojo suspiró, lo había arruinado de nuevo, aunque Boris lo hizo peor; con rabia, dolor, tristeza, resentimiento, lo sabía por las caricias que le dio y tal vez se lo merecía, todo lo que le estaba pasando se lo merecía.
A Rei le punzo el pecho, se sobó para aliviar el dolor entonces llamaron a su celular, se alegró por el número que apareció en la pantalla. Dejó de lado su lápiz y las guías que revisaba.
-Te demoraste mucho en llamar.
-Estaba ocupado.- sonrió al otro lado de la línea.
-No te creo
-¿Sabes? Hoy vi a Yuriy
-Y tuvieron sexo.- arrugó el entrecejo- ¿Cierto?
-Si, pero no lo disfrute en ningún momento
-Vamos. Sólo deseabas tocar esa espalda y muslo blancos como la leche.- Rei habló en un tono sexy y con lentitud.
-Ay Rei, harás que me caliente de nuevo
-Será mejor que resuelvan las co-
-Olvídalo.- Boris interrumpió las palabras del Kot- Además las cosas ya están resueltas.
-Tener sexo no resuelve las cosas.- volvió a fruncir el entrecejo
-¡Claro que si!
-Tengo que cortar y no arruines lo que podrías tener con Yuriy, y NO lo atraigas con sexo
-Ya te escuché mamá
-Hablo en serio.- cortó enfadado.
No podía creer lo niños y orgullosos que podían llegar a ser los rusos, todavía no lo entendía. Podrían arreglar todo como adultos responsables. Sin embargo, la situación entre él y Kai tampoco terminaron bien, ninguno se disculpó y Kai no lo volvió a llamar, todo había terminado entre ellos dos.
Pensar en Kai lastimaba su corazón, no quería saber de qué, cómo o el por qué Kai no lo llamaba. A pesar de que habían pasado varios meses, el dolor seguía, el suspiro que dio le reafirmó que aún sentía algo por ese bicolor.
