-¿Qué?
-¿…Que si entonces vienes al final esta tarde o qué?-Preguntó por tercera vez Emma, con una expresión de enfado en su cara.
Estaban en la cafetería del instituto, como todos los recreos. Lovino estaba bastante distraído pensando en sus cosas. Últimamente todo había sido bastante confuso. Habían pasado ya un par de semanas desde que se había encontrado a Antonio por primera vez en el metro. Aunque pareciese extraño, aquel español que le había parecido un loco sociópata la primera vez que se cruzó con él, se había convertido en una persona cercana para el italiano. Hablaban mucho por mensajes de móvil a pesar de ser dos personas completamente opuestas y diferentes. Aunque también tenían gustos comunes, como algunos grupos de música, películas, libros…
No habían quedado todavía para ver la ciudad, por que Antonio no podía por sus horarios en la universidad y también por todos los exámenes que estaba teniendo Lovino en la escuela, pero aun así, casi todos los días se veían en el metro. Tenían una hora en la que a ambos les venía bien(a las tres, cuando Lovino ya había acabado las clases y Antonio había terminado su turno en la cafetería en la que trabajaba) y aunque fuesen poco menos de diez minutos, los dos chicos podían verse.
-Bueno, tendré que ver si puedo. Creo que sí-Dijo Lovino desinteresadamente mirando el libro que tenía en las manos, uno que tenía que leerse para la clase de literatura.
-Hemos quedado a las puertas del instituto, para que tú no te pierdas-Dijo Eli, mirando al chico mientras se llevaba un trozo de patata frita a la boca. Lovino frunció en ceño al ver eso. Eli nunca cambiaría. Todos los días se compraba un paquete de lo que fuese en la cafetería. Cuando no eran patatas fritas, eran bollicaos, y cuando no eran bollicaos eran chucherías y demás porquerías varias.
-Ya te tengo dicho que dejes de comer tantas mierdas, te sentarán mal-Respondió Lovino con una mirada acusadora.
Eli le miró con una extraña mueca entre enfado y resignación y, acto seguido, le saltó al cuello abrazándole.
-Aaaaaw, pero que adorable que eres Lovi, siempre preocupándote por nosotras.
-Q-quita de encima de mí, maldita loca-Tartamudeó el italiano sintiendo su rostro enrojecer por tanto contacto físico.
-Aaaaaw, eres demasiado lindo, Lovi-Siguió Eli, dándole un beso en la mejilla enrojecida de Lovino. Mientras, Emma y Lili se reían, la primera más estruendosamente, atrayendo algunas miradas de estudiantes de otras mesas.
-Ni que estuvieras enamorada de mí, idiota-Dijo un bastante sonrojado Lovino, apartando a Eli de encima de él.
-Lo siento, Lovi, pero a mi me van los chicos más mayores que yo-Dijo la chica quitándose de encima del chico.
-Pues no lo parece, haciendo todas esas tonterías de niños chicos. Ningún chico mayor que tú podría tomarte en serio con esa actitud-Respondió Lovino quitándose de encima las migas de la comida basura que su amiga le había dejado al abrazarle.
-Pues que sepas que con esas 'tonterías'-Dijo Eli simulando las comillas con los dedos-Atraigo a muchos chicos mayores que yo.
Dicho esto, la morena se levantó orgullosa de su sitio y fue caminando hasta una papelera de una manera que se podría calificar 'sexy', en donde tiró la bolsa vacía de lo que fuese que había estado comiendo, mientras Lovino le miraba con desaprobación.
-No deberías andar así-Dijo centrando su atención de nuevo en su libro.
-¿Así como?-Preguntó Eli mientras sacaba una libreta de su mochila y se ponía a estudiar.
-Así, tan fresca como has andado antes.
Eli soltó una risotada parecida a las que Emma solía soltar y tocó de manera afectiva el cabello del italiano.
-¿Celoso quizás?-Preguntó la morena alzando una ceja.
-Más quisieras-Respondió Lovino sin prestar mucha atención a lo que decía.
-¿Entonces te gusta alguien?
-Mm…-Se lo pensó el chico-Puede
-¿Puede?
-Exacto-Dijo Lovino divertido, sin pensar en donde podría desembocar la conversación.
-¿Se trata de alguien del insti?
-Emmm-Pensó el chico. Mierda, ¿A qué había estado jugando? Ahora Eli pensaba que realmente le gustaba alguien, cuando en realidad no era así… Aunque…AAAAAH ¡NO! ¿¡Por qué demonios se le había venido Antonio a la mente justo en ese instante!?
Mientras, las tres chicas observaban como cambiaba por momentos la cara del italiano. Al principio era pensativa. Luego había sido relajada, y finalmente se había ido enrojeciendo hasta que había puesto una cara de psicópata.
-AAAAAH-Gritó levantándose y yéndose de allí, directo hacia algún sitio en el que aclararse las ideas.
-Por su cara diría que está bastante enamorado-Dijo Emma divertida mientras observaba a su compañero irse corriendo.
-Quizás es alguna de nosotras la afortunada-Comentó Eli pasando de página sin despegar la vista del cuaderno.
-Sería muy romántico si fuese así…-Dijo Lili soñadora, mientras recargaba su mentón en la mano, la cual estaba apoyada encima de la mesa.
-¿En serio te gusta Lovino, Lili?-Preguntó descaradamente Eli, mirando sonriente a su amiga. Ésta se sonrojó negando rápidamente con la cabeza.
-¡No es así! Solo opino que el hecho de que Lovino enamorado sería tierno y romántico, nada más-Dijo agachando la cabeza, sin querer mirar a ninguna de sus dos amigas, por que si lo hacía, estas descubrirían que la mentira era demasiado evidente.
-Yaaa-Dijo Eli dando una patada juguetona a la rubia sonrojada por debajo de la mesa.
-Podrías aprovechar esta tarde para hablar con él y conocerle a fondo, ya sabes. Podrías intentar que te cuente cosas sobre su vida, pues no suele hablar mucho sobre ese tema-Dijo Emma mirando tiernamente a su amiga.
-Es verdad, esta tarde quizás venga-Dijo Lili alzando la cabeza al frente mirando a Eli con una gran sonrisa en el rostro-… pero hay un problema-Dijo Lili bajando tristemente la cabeza.
-¿Cuál?-Preguntó Emma preocupada. No había visto en muchas ocasiones a Lili decaída.
-Soy demasiado tímida para hablar con los chicos. Siempre me corto cuando estoy con ellos. Me da mucha vergüenza…
-Pero si vamos a estar nosotras también. No te preocupes, te ayudaremos a que entables una buena conversación con él-Dijo Eli guiñándole un ojo a su amiga
-Ojalá sea así…-Murmuró Lili tan bajo que no se oyó ni ella, mientras pensaba en lo que podría pasar aquella tarde.
Por otra parte, el italiano del gracioso rizo estaba en los cuartos de baños de los chicos echándose agua a la cara intentado no pensar en Antonio.
-Nomegustanomegustanomegustanomegusta-Repetía sin cesar, meneando la cabeza de un lado a otro como queriendo echar así a Antonio de su cabeza.
Después de unos largos minutos, Lovino se calmó y se dispuso a volver junto con sus amigas en la cafetería, pero justo bajando las escaleras sonó el timbre que anunciaba el fin del recreo.
Entró al aula justo cuando el maestro se acababa de sentar en su silla y comenzaba a sacar el libro para dar la clase.
Lovino fue hacia su asiento intentando evitar a sus amigas, que intentarían sonsacarle quien le gustaba (aunque obvio, nadie le gustaba… Mierda, de nuevo acababa de pensar en Antonio). Respirando profundamente para no montar una escena parecida a la de antes, se sentó en su asiento y buscó el libro de texto en la maleta.
Mierda.
Era matematicas la asignatura que tocaba
Resoplando, cogió sus cosas y fue a sentarse con Emma como siempre que tocaba mates. Ésta sonrió pícaramente al ver al chico, que le rehuía la mirada a posta.
-Y bien… No respondiste a lo de antes-Susurró la joven mientras el profesor comenzaba a explicar.
-No se de qué estás hablando-Respondió el italiano, fingiendo estar bastante atento a lo que se estaba explicando.
-Sabes perfectamente qué te estoy diciendo, así que deja de hacerte el sueco.
-Pues no sé…
-Dejad de hablar, Lovino y Emma-Interrumpió el maestro a los estudiantes, que se callaron, dejando que el maestro siguiera dando clases.
-Averiguaré quien es tu amor tan secreto-Susurró Emma muy bajito, de forma que solo Lovino pudiera oírle.
-Pues me da que no hay nada que averiguar-Susurró igual de bajo el moreno, mirando desinteresadamente a la pizarra, aunque sin tener la más remota idea sobre lo que estaba escrito en ella.
-Jejeje eso está por ver-Dijo la rubia, dando la conversación por finalizada.
El resto de la hora fue aburrido para ambos, que estaban perdidos en sus respectivos pensamientos.
La sirena pitó. Emma se levantó con intención de salir al pasillo a charlar con sus amigas y Lovino, pero éste seguía sentado en la silla, inmerso en sus pensamientos. Emma tuvo que poner su mano delante del moreno y chistarla para que éste le prestara atención.
-Escucha, Lovino-Empezó, una vez que chico le prestó atención-Te voy a dejar el libro de matemáticas para que lo fotocopies o algo. Al menos la parte de ejercicios o la que consideres oportuna, para no tener que armar todo este lío cada vez que tengamos mates, ¿sí?
Lovino asintió firmemente, tomando el libro que su amiga le tendía y guardándolo en su mochila.
Las tres chicas y Lovino salieron al pasillo a charlar, hasta que llegó la maestra de la clase siguiente y tuvieron que entrar de nuevo al aula.
Las horas siguientes pasaron volando, a pesar de ser aburridas. Cuando el timbre sonó dando por finalizada la última de las clases, el grupo de amigos recogió sus cosas y se reunieron en las puertas del instituto.
-Bueno, Lili y yo nos tenemos que ir ya-Dijo Eli dando un suave codazo a su amiga, quien sonrió tímidamente despidiéndose de Emma y Lovino.
-Bien. Ahora te contaré todo lo que tendrás que hacer esta tarde para que triunfes-Dijo Eli emocionada abrazando a la rubia menor cuando hubieron perdido de vista a los otros dos. Lili se limitó a mover ligeramente la cabeza, algo perdida.
-¿Eh?¿Qué quieres decir?-Preguntó la muchacha observando a la morena, quien parecía estar bastante emocionada.
-Pues tu cita con Lovi, claro está.
-¿C-cita? N-no digas tonterías, por favor Eli… si Emma y tú venís, no será una cita, sino una quedada-Razonó la menor.
-Pero quizás puede que surja un imprevisto a última hora y Emma y yo nos tengamos que largar, dejándoos a ti y Lovi solos-Dijo maligna Eli a su amiga.
-¿Qué? ¡No podéis dejarme sola con él! Me da mucha vergüenza ya de por si hablar con el cuando estáis Emma y tu delante, así que imagínate lo que pasaría si estuviéramos solo el y yo…-Dijo apenada la rubia, mirando al suelo.
Habían llegado al portal de Lili. Estaban paradas junto a él, esperando a que Lili sacara las llaves de su casa.
-Bueeeeno, quizás nos podamos quedar-Dijo divertida Eli.
-¡No! Quiero que estéis. Las dos. Por lo que por favor, no faltéis-Pidió en un tono autoritario poco común la pequeña muchacha rubia, que en ese momento estaba colorada tanto por la vergüenza como por el enfado que la morena le estaba produciendo con sus tonterías.
-Está bien. No faltaremos, aunque estropearemos el aire romántico…-Cedió la mayor.
-Además… él solo me ve como una amiga-Murmuró tristemente Lili, dando la espalda a su amiga y comenzando a abrir la puerta del portal.
-Ahí está la cosa. Tienes que pasar de ser su amiga a ser algo más-Le respondió su amiga, que le había escuchado-Adiós, hasta esta tarde. A las seis al final. No llegues tarde.
La morena se despidió de su amiga con un movimiento de mano y siguió su camino.
Lovino y Emma vieron a las otras dos chicas alejarse en dirección opuesta a la que el chico solía ir.
-¿Hoy no te recoge tu hermano?-Preguntó Lovino al ver que su amiga estaba parada frente a la puerta del instituto.
-Sí, pero tiene que venir un poco más tarde-Explicó la muchacha mientras sacaba de su maleta papel y lápiz. Se puso a hacer unos extraños garabatos. Lovino no apartó la mirada de la chica, con el ceño fruncido. No sabía si acompañarla hasta que la recogieran o irse.
-Bueno, yo creo que me voy a ir yendo ya…-Soltó Lovino mientras daba pasos cortos y lentos, separándose de Emma.
-¡Espera!-Exclamó Emma guardando sus pertenencias en la mochila y tendiéndole lo que acababa de apuntar a su amigo. Éste miró el papel con el ceño fruncido, cogiéndolo dudoso.
-¿Qué se supone que es esto?-Viendo el extraño croquis que acababa de hacer su amiga.
-Mira-Dijo Emma poniéndose a su lado, dispuesta a explicarle-Esto es una especie de mapa, para que sepas como llegar a mi casa.
-¿A tu casa?-Preguntó descolocado Lovino.
-Claro, para que me devuelvas el libro de mates, tonto-Rió la chiquilla-A ver, éste es el instituto…
Estuvo explicándole durante un par de minutos como se llegaba desde el instituto a su casa, hasta que finalmente a Lovino le quedó claro.
-Está bien. Pues supongo que estaré en tu casa sobre las… ¿cinco y media?
-Acuérdate de que hemos quedado aquí a las seis-Recordó Emma.
-Vale, pues a las… seis menos cuarto, y así venimos tu y yo juntos hasta aquí-Dijo Lovino.
-Está bien. Pues hasta luego-Dijo Emma sonriente, dándole un pequeño beso al moreno en la mejilla. Éste se sonrojó bastante e intentó actuar natural.
-Eeeeh si, bueno, hasta luego-Se despidió Lovino serio, aunque con la cara tan roja como un tomate.
Anduvo hasta el final de la calle y se volteó a ver a Emma. Su hermano acababa de llegar y le estaba tendiendo el casco de la moto. Ésta lo cogió y se lo puso, y luego se subió rápidamente a la moto. En seguida había desaparecido. Lovino se tranquilizó sabiendo que su amiga ya no estaba sola esperando.
El italiano se apresuró y fue a paso rápido al metro. Quizás Antonio ya se había ido, pues habían pasado ya unos cuantos minutos…
Llegó con el corazón desbocado, encontrándose con que el español estaba guardando su guitarra en la funda, preparándose para irse. Lovino sonrió muy levemente y se acercó a él.
-Hola.
El español, que estaba arrodillado en el suelo, alzó la vista y se topó con ese par de ojos café que le miraban desde las alturas. Antonio sonrió dulcemente y se puso en pie.
-Lovi, cuánto tiempo-Dijo abrazando al menor, quien no le abrazó de vuelta, pero tampoco se apartó.
-Joder, pero si nos vimos ayer, idiota-Refunfuñó Lovino.
-Como sea, hoy tengo prisa y me tengo que ir-Dijo Antonio poniendo una mueca triste en su cara.
-No me importa-Respondió Lovino, intentado sonar indiferente.
-Claro que te importa. Si has venido justo para verme-Dijo sonriendo esta vez Antonio, abrazándose de nuevo a Lovino. Éste se sonrojó muchísimo, pero como Antonio no le veía la cara poco le importaba
-Aaah, deja de decir estupideces-Gritó el menor, intentado quitarse a Antonio de encima.
-Pero si es verdad-Rió Antonio
-Cállate. Además, ¿tu no tenías tanta prisa hoy o qué?
-Es verdad. Me voy ya, que tengo una comida familiar. ¡Adiós!-Dijo despidiéndose Antonio, abrazando por última vez a Lovino, yéndose mientras se despedía con la mano.
-Adiós, idiota…-Dijo Lovino una vez que ya estaba solo.
Arrastrando los pies, salió del metro. La verdad era que le hubiera gustado que Antonio no se hubiese ido tan temprano aquel día. Para un día que tenía realmente ganas de hablar con él y contarle cosas…
Cuando llegó a su casa, Lovino se encontró que estaba vacía, como siempre. Su madre estaba trabajando, y como todos los días, le había dejado la comida ya preparada. El italiano la calentó en el microondas y fue a comer los macarrones a la boloñesa al salón.
Se puso a zapear y dejó una cadena de bromas y chistes. No prestó mucha atención a lo que estaba viendo, pues su mente estaba en Antonio… ojalá el idiota ese tuviese tiempo para quedar y le enseñase de una buena vez Madrid. Quizás lo que estaba haciendo era evitarle… aunque eso no tenía mucho sentido, viendo como se portaba cuando estaba con él. Parecía que guardaba una sonrisa especial para él, aunque eso sonase jodidamente cursi.
Terminó de comer la pasta y llevó el plato al lavavajillas. Por una vez en su vida, se sintió útil, pues no lo dejó en remojo como hacía siempre, sino que lo lavó y lo puso a escurrir. Normalmente eso la hacía su madre. Y cuando estaba en Italia, quien hacía eso solía ser Feli.
Sintió una punzada en el corazón al recordar a su querido hermano. ¿Y si de nuevo estaba sufriendo bulling? Lo más seguro era que sí. Después de todo, no sabía defenderse. Lovino siempre lo había tenido que sacar de esas situaciones…
Cogiendo el teléfono, Lovino marcó a su antigua casa, importándole un carajo el pedazo de factura que iba a llegar el mes siguiente. Tras varios tonos, alguien cogió el teléfono al otro lado de la línea
-¿Sí?-Preguntó una voz insegura. Lovino sonrió tiernamente.
-Soy yo, fratello idiota-Respondió Lovino. No tardó en escuchar al otro lado un grito de alegría. Tuvo que alejarse el teléfono de la oreja para no quedarse sordo. Cuando Feli dejó de gritar, lo acercó de nuevo.
-Escucha, esto que te voy a preguntar es importante y no me puedes mentir, ¿entendiste?-Dijo Lovino con tono serio. Feli, por su parte, se acojonó.
-C-claro que no te voy a mentir, fratello. Dime-Dijo tartamudeando su hermano con voz temblorosa.
-¿Cómo estás?-Preguntó el gemelo mayor seriamente. Feli se quedó bastante descolocado. ¿Esa era la pregunta importante?
-B-bien… ¿Por qué no habría de estarlo?-Dijo con unas risillas intentado tranquilizar a su sobreprotector hermano.
-Sabes muy bien a lo que me refiero-Dijo Lovino cortante-Así que te lo preguntaré de nuevo, ¿Cómo estás?
-En serio que estoy bien. De verdad, fratello. Cuando te fuiste papá me cambió de colegio. Ahí hice muchos amigos. Todos son muy simpáticos. Estoy seguros que todos de caerían genial por que además...-Empezó Feli bastante alegre.
-Está bien-Le cortó su hermano, sonriendo ampliamente. Sabía cuando hablaba su hermano estando contento y cuando estaba triste o preocupado-Te creo.
-¿Sí? Que bien. A ver si puedes venir a visitarme. Quiero presentarte a todos mis nuevos amigos.
-Ya veremos…-Dijo Lovino esbozando una sonrisa cargada de tristeza. Sabía que sería muy difícil convencer a su madre para eso-Bueno, solo era eso, Feliciano. Te echo de menos…
-Yo a ti también-Dijo su hermano, bastante melancólico-Te extraño de veras, fratello…
-En fin… me tengo que ir. Adiós-Dijo Lovino colgando.
-Adiós-Dijo Feli, aunque su hermano ya había colgado.
Tras haberse asegurado de cómo se sentía su hermano, Lovino cogió el libro que Emma le había dejado aquella mañana y bajó a la papelería que había debajo de su casa.
Después de unos largos diez minutos, el libro de matemáticas ya estaba fotocopiado. Pagó y se fue de nuevo hacia su apartamento. Eran las cinco y cuarto. En media hora tenía que estar en casa de Emma. Cogió el croquis que ésta le había hecho ante, lo metió en uno de los bolsillos del pantalón y se preparó para irse. Antes de salir por la puerta, le escribió una nota a su madre explicando que había salido y que volvería tarde. La pegó con un papel adhesivo a la puerta de la entrada, cogió el libro de Emma, que ya se le estaba olvidando (se maldijo internamente por esto) y salió.
Comenzó a andar a paso tranquilo y no muy rápido por las calles de Madrid, que estaban bastantes concurridas. Muchas personas hacían cola en sitios para comprar boletos de la lotería de navidad y creaban colas larguísimas
Cuando llegó a la puerta del instituto, sacó el croquis del bolsillo. La letra de Emma era bastante incomprensible, así que al moreno le tomo unos cuantos minutos entender el nombre de todos los lugares que aparecían escritos. Sin más demora, se guardó de nuevo el papelillo siguiendo las instrucciones de Emma, yendo a un paso más rápido que antes.
Finalmente llegó a un bloque de pisos bastante alto. Lovino consultó por última vez el papel de su amiga y pitó al porterillo. Miró la hora en su móvil y soltó un pequeño suspiro. Llegaba puntual, cosa bastante extraña en él. Sin preguntar de quien se trataba, le abrieron el portal y fue lentamente hacia el ascensor Lovino entró algo inseguro, después de todo no conocía a Emma bastante. ¿Y si en verdad le pensaba raptar o algo parecido?
Mientras Lovino seguía planteándose más dudas tan extremistas, el ascensor llegó a su destino. Se bajó y pitó al timbre de casa de Emma. Se oían muchas voces de fondo. ¿Y si era una mafia? Cerró los ojos con fuerza.
Cuando estaba pensando huir rápidamente por las escaleras y no volver ahí más, la puerta se abrió rápidamente y una cálida voz le dio la bienvenida.
-¡Lovino!-Oyó que le gritaba y se le abalanzaba encima suya.
El aludido había abierto los ojos mientras entraba en shock. ¿Qué carajos hacía Antonio en casa de Emma?
-¡Lovi!-Oyó a Emma que le llamaba. No la veía, pues al cuerpo de Antonio no se lo permitia, pero sintió como ella se unía al abrazo. Cuando salió del shock, intentó apartar a los otros dos jóvenes.
-Quitaos de encima de mí, bastardos-Gritó intentado separarse.
Emma se separó, pero Antonio siguió apretándole fuertemente hacía sí. Cuando por fin se separó Lovino vio que tenía una enorme sonrisa en la cara.
-¿Has visto, Em? Esto es el destino-Dijo Antonio codeando a Emma, quien miró con una extraña sonrisa al italiano.
-¿Qué está pasando aquí?-Preguntó Lovino con la cara como tan colorado un semáforo-¿Qué haces en casa de Emma? Al final va a resultar que sí que eres un acosador.
Tras decir esto, emma y Antonio estallaron en carcajadas. Cuando pararon, Antonio le explicó todo
-Verás, Emma y yo somos primos. Y hoy había reunión familiar aquí, en su casa.
-Ah-Dijo únicamente Lovino. Un silencio les envolvió a los tres, hasta que Lovino lo rompió acordándose del motivo de su visita
-Emma, traje tu libro de matemáticas-Dijo dándole a la chica el objeto.
-Ah gracias. Pasa, no te quedes en la puerta-Gritó Emma mientras se iba a guardar el libro.
Antonio y Lovino se quedaron solos. Éste último dirigió la mirada al suelo, bastante avergonzado
-¿Sabes? Emma me ha dicho que si me apetecía que me podía ir con ella esta tarde-Empezó Antonio, rompiendo el silencio-Y pensaba no ir, pues hoy tengo mucho sueño y lo único que me apetece es llegar a mi casa y ponerme a dormir. Pero ahora que he visto que tú también vas, he decidido a ir. Después de todo, tenemos una promesa, ¿No es cierto?-Preguntó Antonio guiñándole un ojo a Lovino.
-Me trae sin cuidado lo que hagas o dejes de hacer-Respondió el italiano cruzando los brazos y mirando al suelo. En el fondo sabía que eso no era para nada cierto. Que Antonio fuera sería algo genial…
-Bueno, ya estoy lista, vámonos-La voz de Emma le sacó de sus pensamientos.
-Al final yo también voy, prima-Dijo Antonio abrazando a la chica.
-¿En serio? ¡Guay!-Exclamó su prima, cogiendo las llaves de la casa y saliendo de la casa.
Tardaron poco en llegar a las puertas del instituto. Durante el camino, Emma le explicó a Lovino que ella era belga, y su hermano holandés, pero que a los cinco años se habían mudado a Madrid. Antonio era su primo por parte de madre, y él y Emma siempre habían sido muy cercanos. Sin embargo, Antonio se llevaba fatal con Vincent, el hermano de Emma.
Cuando finalmente llegaron, Lili y Eli ya estaban esperándoles allí. La primera parecía bastante nerviosa y emocionada, y la segunda levantó bastante las cejas al ver que Antonio venía. Saludó a todos y se enganchó del brazo de Antonio.
-¿Tienes algo que contarme?-Preguntó al español, quien se rascó la cabeza, perdiendo su habitual sonrisa.
Lovino, al ver esta escena, sintió como si algo se rompiese dentro de él.
-Hola, Lovino-Dijo Lili tímidamente. Apartando los ojos de Antonio, el italiano los fijó en Lili. Se veía bastante hermosa. Llevaba un peinado bastante bonito, que recogía los pelos de la cara, y Lovino podría jurara que llevaba maquillaje.
-Hola-Dijo rudo
-¿Cómo estás?-Preguntó Lili.
Habían comenzado a andar hacia un lugar que Lovino no conocía. Emma iba con Lili y él, mientras que Antonio y Eli iban pasos detrás hablando cogidos del brazo.
-¿Qué es lo que hay entre tu primo y Eli?-Preguntó a Emma el chico italiano.
-¿Celoso?-Preguntó Emma con una extraña sonrisa.
-Para nada. Es mera curiosidad-Respondió Lovino intentando no ruborizarse.
-Yaaa. Bueno. Es complicado-Empezó Emma-Tu sabes que Eli tiene mucha fama entre los tíos, ¿No? Bueno, pues Eli comenzó a salir hace un año con un amigo de Antonio, Gilbert. Les iba muy bien y era el chico con quien Eli más tiempo había estado. Entonces apareció otro chico en la vida de Eli: Roderich. Él y Gilbert ya se conocían, y se llevaban como el perro y el gato. Al final, Eli acabó dejando a Gilbert por Roderich. Gilbert se quedó muy dolido por esto, pero como quería lo mejor para Eli, la dejó ir. Hace poco, Eli y Roderich cortaron, por que ella se dio cuenta de que no debería haber dejado a Gilbert. Dijo que Roderich podía ser divertido e interesante al principio, pero en una relación era bastante agobiante. Así que Eli le pidió a Gilbert volver, y él se lo está pensando. Él quiere volver, pero se siente como el segundo plato de Eli. Así que ahí están. No se sabe como va a acabar esto. Antonio a veces hace de intermediario de los dos, como ahora.
Después de haber oído la historia de la vida amorosa de Eli, Lovino sintió como que se quitaba un peso de encima.
-Entonces, no hay nada entre ella y Antonio…-Comentó Lovino en voz baja.
-Así es-Respondió Lili, que le había oído.
Siguieron hablando y llegaron a un parque. El resto de la tarde fue bastante divertida para todos, o eso parecía.
Lovino apartó un momento a Lili de los demás, que estaban bastante enfrascados en una conversación estúpida sobre algo estúpido que le había pasado a Antonio en la universidad.
-¿Por qué tienes los ojos vidriosos? ¿Estás llorando?-Preguntó Lovino preocupado a la menor de todos. Los ojos aguamarina de Lili habían perdido su brillo habitual, y ahora estaban como si fuera a llorar o ya hubiese llorado.
-No es nada, estoy bien de verdad-Dijo Lili pasándose la mano por los ojos. Nada estaba yendo como había planeado. Hasta Eli parecía haberse olvidado de lo que le había dicho por la tarde.
-Claro que te pasa algo. Cuéntame. Después de todo somos amigos, ¿O no?-Dijo tajante Lovino. Se sentía fatal al ver a Lili así. Lili era una persona demasiado alegre y tranquila, pero en esos momentos parecía que algo se había apagado en ella.
-Dime….-Comenzó Lili- A ti te gusta Antonio, ¿Verdad?
Aquello pilló a Lovino totalmente por sorpresa. Sintió como toda la sangre de su cuerpo se agolpaba en sus mejillas.
-¡N-no digas tonterías! ¡Por supuesto que no me gusta ese maldito bastardo de la guitarra!-exclamó Lovino.
-¿Cómo sabes que toca la guitarra? No lo ha dicho, al menos hoy-Dijo Lili atravesando con sus ojos a Lovino.
-Y-yo…
Lovino le contó todo a Lili. Cómo se habían conocido, la primera vez que se lo encontró en el metro, todas las veces que lo veía después de clase…
-Te estás enamorando-Dijo al final Lili.
-¿P-por qué dices eso?-Preguntó de repente asustado Lovino.
-Solo hay que ver la manera en que lo miras. Dices que es un bastardo y más insultos sobre él. Pero tus ojos al verle dicen lo contrario.
Lovino se quedó pensativo unos instantes hasta que Lili volvió a hablar.
-Te juro que no le diré nada a Emma ni a Eli, si es lo que te preocupa.
-B-bueno, yo… no se si me gusta, la verdad-Dijo derrotado.
-Pues parece que tu a el sí-Dijo Lili con una pequeña sonrisa.
En ese momento, Antonio apareció detrás de Lovino, apretujándole en un abrazo
-¿P-pero que haces, maldito bastardo? ¡Suéltame!-Exigió Lovino.
-Me voy. Solo te estaba dando un beso de despedida-Respondió el español, con una sonrisa.
-Adiós-Dijo simplemente Lovino.
-Ahora que eres amigo de Emma tengo la impresión de que nos veremos más a menudo-Dijo Antonio alejándose.
-¿Qué quieres decir, bastardo?-Preguntó Lovino siguiéndole.
-Aaah, es una sorpresa
-¡Odio las sorpresas, idiota!-Gritó Lovino al español
Antonio le guiño un ojo y siguió caminando. Lovino frunció el ceño y volvió junto con sus amigas.
-Bueno, yo me tengo que ir ya….-Dijo Lili mirando la hora en su reloj.
-Venga, te acompaño-Le respondió Eli sonriendo a su amiga-Adiós
-Adiós-Dijeron los otros dos, viendo como las otras dos muchachas se alejaban.
-Ay, que bien me lo he pasado estar tarde, ¿Tú no? Al final resulta que Gilbert está pensando en lo de volver conmigo y lo más seguro es que si… pero no es seguro-Dijo Eli una vez que habían dejado atrás a Emma y Lovino.
-¿En serio? Qué bien-Dijo Lili intentando no sonar triste.
-¿Y al final lo tuyo con Lovi cómo ha ido?
-Pues… no se, me he dado cuenta de que en verdad lo que siento por el no es amor, es… no se, amistad. Lo quiero como un hermano-Dijo Lili intentado proteger el secreto de Lovino o la cosa extraña que éste sentía hacia Antonio.
-¿Ah si? La verdad es que Lovi es bastante adorable, pero yo lo quiero como tu, como a un hermano-Dijo la morena sonriendo, llegando a casa de Lili. Se despidieron y Eli continúo su camino.
Por otra parte, Lovino y Emma decidieron coger el autobús para volver, que les dejaba justo enfrente de la escuela.
-Me parece increíble que no nos hayas contado que conocías a mi primo-Dijo Emma sonriendo a Lovino.
-¿Y eso?-pregunto el moreno.
-Pues por que es interesante conocer a los amigos de mi primo-Rió Emma.
-Ja-ja-Dijo Lovino mirando por la ventana. El resto del trayecto se lo pasaron hablando sobre temas triviales. Cuando llegaron a la parada, se bajaron haciendo algunas tonterías.
-Bueno, me voy-Dijo Emma dando un beso en la mejilla a Lovino como en la tarde-Adiós
-Adiós-Dijo Lovino frunciendo el ceño. Emma rio al verlo y se despidió con la mano. Lovino le correspondió el gesto y se fue hacia su casa.
Al llegar, su madre ya estaba en casa. Viendo la televisión. Lovino la saludó y fue a hacerse algo para cenar. Como le daba pereza, simplemente se tomó un yogur como cena y se quedó viendo la televisión con su madre, contándole como e había ido el día.
Por la noche, cuando estaba a punto de quedarse dormido, pensó en Antonio antes de quedarse dormido y murmuró algo arecido a 'bastardo idiota'.
¡Yay!, por fin pude actualizar después de tanto tiempo :') en este capitulo he metido más conversación que en el anterior, que casi ni había xD. En fin, espero que les esté gustando leerlo tanto como a mí escribirlo :3
