Por fin había terminado el trimestre y ya habían empezado al fin las ansiadas vacaciones de Navidad. Las calles de la capital española estaban abarrotadas a más no poder. Muchos compraban la lotería, llenando incluso calles de colas de personas que esperaban su turno. Por otra parte, otros hacían sus compras navideñas. Los más jóvenes salían con los amigos a las plazas para pasar el rato, y este era el caso de nuestro protagonista, Lovino Vargas.
A regañadientes había aceptado salir a dar una vuelta con Emma y los demás. No tenía ninguna gana de salir fuera de casa con el frío que estaba haciendo, pero la belga podía llegar a ser muy insistente, por lo que al final tuvo que acceder, después de que la chica le llenara el móvil de mensajes y llamadas.
Se habían pasado la tarde dando vueltas de un lado a otro de la ciudad, entrando a parques, tiendas y al final habían acabado en una cafetería que se encontraba cercana a la Plaza Mayor.
Lovino miraba distraido por la ventana, pensando en otras cosas muy lejanas a las que estaban hablando el resto.
-¿Y tú, Lovi?-Oyó que le llamaban. Volvió a la tierra y se encontró con cuatro pares de ojos mirándole. Se puso nervioso, no le gustaba que le mirara tanta gente y menos así, sabiendo que estaba en las nubes.
-¿Qué?-Preguntó muerto de vergüenza. Eli no paraba de decirle que siempre estaba en su mundo y nunca prestaba atención a lo que ocurría a su alrededor. Más de una vez al chico le entraron ganas de soltarle una bordería, pero se contenía.
-Que qué vas a hacer en nochebuena y nochevieja. Tío, estás en babia-Le soltó mordaz Gilbert, el novio de Eli que se había unido a la quedada y que en ese instante tenía a Eli agarrada de la cintura. Mientras ésta descansaba su cabeza en su hombro. Al final, habían vuelto a pesar de todo, y parecían estar ambos más felices que nunca.
-Ehhh... pues no lo sé. Y no estoy en babia, solo me había distraido un momento-Dijo mirando con odio las pupilas rojizas del albino. Le había conocido ese mismo día, y ya le odiaba con todo su ser. Podría ser buena gente, pero Lovino no se lo acababa de tragar. Demasiado ególatra y molesto... no era el tipo de compañía que al italiano le agradaba.
-Pues ese momento dura ya bastante-Comentó Gilbert llevándose su vaso de cerveza a los labios. Lovino le echó una mirada de odio pero pasó de él. No tenía ganas de comenzar ninguna disputa por culpa de un maldito bastardo al que, con un poco de suerte, no vería nunca más, a no ser que Eli se lo siguiera trayendo cuando quedasen(Cosa que el moreno deseaba con todo su ser que no ocurriera).
-Yo me quedo aquí, como todos los años-Dijo Emma.
-Yo... en teoría también me quedo aquí-Agregó tímidamente Lili.
Los dos enamorados empezaron a hablar bajito, riéndose y besándose cada dos o tres segundos. Lovino resopló observando a la pareja.
-Dejen de hacer muestra de lo asquerosos que son y parad de hacer esas porquerías-Dijo con sorna, pero ni Gilbert ni Eli le dijeron nada. Es más, apenas se separaron y siguieron besándose. Parecían no haberle escuchado, estaban demasiado en las bocas del otro.
- No te harán caso, asi que no te esfuerces-Dijo Emma al ver los intentos del italiano para que pararan.
-Son idiotas-Respondió mirándoles con asco. Una cosa era el amor y el estar enamorado. Pero otra era montar un espectáculo en público como el que estaban montando esos dos. Eli estaba ya encima de Gilbert, abrazándole para no caerse al suelo. Parecia que de un momento a otro fuesen a...
-¡PARAD HE DICHO, CARAJO!-Gritó Lovino bastante exasperado levantándose de su asiento. Gran parte de la cafetería se le quedó mirando. Algunos le señalaban, pero al menos la pareja ya había parado su numerito.
-¿Qué demonios pasa contigo?-Preguntó enfadado Gilbert, levantándose también de su asiento, una vez que su novia se había quitado de encima suya.
-¿Y contigo? Era asqueroso veros así. Si queréis estar en plan romántico iros los dos por ahí, pero no montéis esto estando con nosotros-Dijo el moreno señalando hacia donde Emma y Lili se encontraban.
-Pero si no hacíamos nada del otro mundo. Que tu seas un desesperado y tengas estrés acumulado no es mi culpa.
-Gilbert, no te pases, quizás tenga razón...-Dijo Eli.
-¡Pero defiéndeme a mí, que soy tu novio!
-Y el mi amigo-Contestó tranquila la morena, consciente de que todo lo que Lovino había dicho era verdad, y ahora sentía vergüenza.
-Además, el momento en el que se ha visto cómo vuestras lenguas se tocaban y eso ha sido realmente asqueroso-Comentó Emma con una expresión de asco en su cara.
-Tal vez Lovino tenga razón y... ya sabes-Dijo Eli bajando la vista sonrojada.
-¿Qué?-Preguntó el albino.
-Quizás deberíamos irnos, solos tu y yo-Respondió alzando la vista, notablemente colorada. El ojirrojo al principio no dijo nada y luego comenzó a reirse estridentemente.
-Nos vemos, adiós-Gritó mientras se llevaba a Eli del brazo hacia la salida, quien se despedía de sus amigos con un movimiento de mano.
El italiano soltó un suspiro y se llevó la mano a las sienes, notablemente relajado después de la partida del ojirrojo.
-En el fondo es buena persona, aunque a primera vista parezca un arrogante egoísta-Dijo Lili sonriendo, sacando a Lovino de sus pensamientos.
-Es idiota y me cae mal, no hay más que decir.
Emma rió. Conocía a Gilbert desde hacía muchos años, y esa siempre era la misma impresión que causaba en la gente. Aunque había excepciones, como Eli, quien se enamoró de su narcisista personalidad.
- Por cierto, ¿volviste a ver a mi primo?-Cambió de tema la belga.
Lovino al principio se quedó en blanco. No tenía la más remota idea de quien podría ser su primo... Hasta que se acordó de ese chico de ojos verdes y sonrisa de plata.
-Em... realmente no. Desde que acabaron las clases apenas me he dejado caer por el metro, he estado ocupado-Mintió el chico, sintiendo como sus mejillas se coloreaban. Para evitar que las otras dos chicas notaran su sonrojo, se llevó su coca-cola a los labios y comenzó a beber.
-Lo decía por que ayer le vi y hablé con él. Echa de menos verte por allí-Dijo Emma sonriendo, provocando que Lovino se atragantara con su bebida y comenzase a toser, ahora ya si con la cara totalmente roja.
Emma y Eli se rieron, mirándose cómplices. Cuando el chico terminó de toser, se puso a balbucear, sin saber qué responder.
-¿Pero sigues hablando con él, no?-Preguntó Emma maliciosamente.
-C-claro que sigo hablándole a ese bastardo de la guitarra. Además, el sabe por qué no me he pasado a verle. He estado ocupado haciendo cosas.
-¿En serio?-Preguntó Lili alzando una ceja.
-Sí. He tenido que arreglar unos problemas familiares-Respondió el moreno seriamente.
Esto último era completamente cierto. Su padre había encargado a su madre la custodia de Feliciano, por motivos de negocios. Al parecer, le habían dado un aumento en la empresa en la que trabajaba y ahora tenía que viajar de aquí para allá, y lo mejor para su hijo sería ir con su madre y su hermano durante ese tiempo. Su madre había aceptado sin dudarlo en ningún momento, completamente feliz de que su querido hijo volviese a casa. Lovino también estaba contento, pero la toda la ilusión de su madre le hacía sentirse totalmente celoso. Estaba seguro de que si él fuera quien iba a irse a vivir con ella, seguro que no habría estado tan contenta. Pero Lovino ya se había acostumbrado, para su suerte o desgracia, a que sus padres siempre prefirieran a su hermano antes que a él.
-¿Y eso?-Preguntó Lili escrutando con sus ojos aguamarina al muchacho al que hacía apenas un par de semanas se había resignado a dejar ir. A pesar de que Lovino era un muchacho bastante inseguro, había conseguido que en poco tiempo confiase en ella para las cosas realmente importantes.
-Pues... se trata de mi hermano pequeño, Feliciano-Explicó el italiano observando a las chicas. Hacía poco que les había explicado cómo era su peculiar familia. Al finalizar la charla había pedido que ninguna se compadeciese de él, y así lo habían hecho-Quizás venga aquí a vivir con mi madre y conmigo.
-¿De verdad?¡Eso es genial!-Exclamó Emma sonriendo, feliz por su amigo.
-Sí... solo espero que no sea tan tonto como es y no acabe en problemas, como hacía siempre antes-Gruñó Lovino, intentando disimular su alegría en esas palabras desdeñosas.
-Tranquilo, seguro que todo estará bien-Le animó Lili.
-Eso espero...-Dijo Lovino suspirando.
Cuando salieron de la cafetería, se dirigieron a paso lento hacia una parada de autobús, para acompañar a Lili a su casa.
-De verdad, no hace falta que os toméis tantas molestias por mi-Insistía la pequeña rubia.
-No es molestia, en serio-Dijo Emma sonriendo.
-Pero si sigues insistiendo nos vamos de verdad-Soltó el italiano con bordería. Al ver que las dos chicas se habían quedado serias comenzó a reirse nervioso-¡Era broma!
-Aaah jajaja es extraño verte a ti diciendo bromas-Dijo Emma.
-Perfecto, ¿ahora se supone que soy serio todo el tiempo?
-Pues la verdad es que si-Rió Lili.
-Qué bien. Pues entonces supongo que no volveréis a ver nunca más mi extraña pero existente faceta bromista-Dijo el moreno, subiendose en el bus, que acababa de llegar.
-No digas eso. Es raro pero divertido verte así. Además, desfrunces el ceño-Señaló Emma sacando su tarjeta del bus.
-Pues entonces no digais que soy serio todo el tiempo-Dijo con un intento de sonrisa lovino mientras se dirigía a buscar asiento.
Tras un largo tiempo en el vehículo, llegaron al fin a la parada de Lili.
-Me bajo aquí. Felices fiestas, por si no os vuelvo a ver-Dijo la chica abrazando a Emma.
-Igualmente-Le dijo su amiga devolviéndole el abrazo.
-Lo mismo digo-Respondió Lovino poniéndose en pie para despedir a su amiga.
-¿Me vas a abrazar?-Preguntó extrañada Lili.
-Sí. Después de todo es Navidad, ¿no?-Dijo frunciendo el ceño el chico, sintiendo sus mejillas arder.
-Jajaja que raro estás hoy, Lovi-Dijo la menor dándole un abrazo a su amigo, que se la abrazó de vuelta torpemente.
-Hoy estamos descubriendo muchas facetas tuyas, Lovi-Señaló Emma. Lovino suspiró. Aun no acababa de acostumbrarse a que sus amigas le llamaran Lovi. Y si se quejaba se reían de él y seguían llamándole igual, así que desistió y permitió que le llamasen así.
-Pues aprovecha que no me volverás a ver tan cariñoso en mucho tiempo. Quizás hasta la siguiente Navidad.
Emma rió, mientras que Lili esbozó una sonrisa y se dirigió hacia la puerta y bajó del bus. El transporte comenzó a moverse de nuevo.
-Por cierto, Lovino-Dijo Emma llamando la atención de su amigo-Me dijo mi primo que ibais a quedar para algo...
-¿¡QUÉ!?-Gritó el chico, totalmente rojo como un tomate.
-Que habiais quedado para algo...no me acuerdo exactamente bien para qué me dijo que era...-Dijo la belga con malicia.
-P-pues tu primo está completamente equivocado. ¡N-no habíamos quedado para hacer nada!-Chilló el italiano apretando los ojos.
-Creo que era para algo como... ¿Enseñarte la ciudad, tal vez?-Preguntó la chica, sonriendo aún. Al oir esto el muchacho se relajó notablemente.
-Aah. Con que te referias a eso...Si, el muy bastardo me dijo que me enseñaría Madrid pero aún no lo ha hecho. Es un informal-Dijo Lovino cruzándose de brazos.
-Por supuesto que me referia a eso...¿En qué estabas pensando tú?-preguntó Emma malévola. El chico enrojeció más que antes aún si eso era posible.
-N-no había pensado en nada, i-idiota.
-¿En serio?
-Por supuesto. Si eres una malpensada ese es tu problema, no el mío.
-Yo no he malpensado nada, ¿No será que aquí el malpensado eres tú?
-¡¿PERO QUÉ DICES?!-Emma rió. Le encantaba provocar al chico. De hecho, se estaba convirtiendo ya eso en costumbre.
-Nada, nada. Pero como te iba diciendo-Dijo antes de que Lovino replicase-Mi primo me dijo que esta semana le venia bien, y que cuando pudiera te avisaría.
-Entiendo. Pues... que me avise, joder.
-¿Tan desesperado estás en verle?
-Digamos que tengo curiosidad en conocer Madrid, solo eso.
-Como tú digas-Dijo la rubia, sonriendo de manera extraña.
Cuando llegaron a su parada, bajaron rápidamente. El cambio de temperatura se notaba. Emma se tuvo que poner su bufanda, que se la había quitado cuando subió al bus, y Lovino tuvo que abrocharse el abrigo y ponerse los guantes, que había llevado todo el rato en el bolsillo y que hasta entonces no había tenido que utilizar.
-Bueno, me voy. A ver si volvemos a vernos. Por cierto, ¿En nochevieja te vienes? Vamos a ir todos a la Puerta del Sol.
-Eh, no sé. Supongo que sí. Para ese entonces es probable que mi hermano ya haya llegado. Quizás, si todo marcha bien, venga pasado mañana, pero no es seguro.
-En fin. De todas formas seguiremos hablando por mensajes, ¿No?-Lovino asintió-Pues entonces nos vemos. Adiós.
La chica había dado un par de pasos cuando Lovino la detuvo tirándole de la manga. Ella se giró sorprendida, para encontrarse a un Lovino sonrojado, que le daba un aire bastante tierno.
-¿Qué ocurre?
-Pues ya sabes... como antes he abrazado a Lili por ser Navidad... sería lo justo que hiciera lo mismo contigo.
Emma soltó una risotada y se le echó al cuello riendo.
-Pero que considerado que eres, Lovi.
-P-pero no te creas que me gustas ni nada parecido.
-Claro que no-Dijo Emma-Es solo por que es Navidad, ¿No?
-¡Exacto!-Exclamó Lovino. Cuando se separaron, Emma sonrió a su amiga y se fue hacia su casa, deseando que Antonio estuviese allí y contarle todo lo que Lovino había hecho esa tarde y cuáles habían sido sus reacciones en el bus al hablar de él.
Lovino, por otra parte sonrió. Después de todo, tener amigos no era algo tan horrible como el había pensado que era.
El cielo estaba despejado de nubes, y era un día perfecto para viajar en avión. Lovino esperaba junto a su madre en el aeropuerto madrileño de Barajas la llegada de su hermano gemelo, Feliciano.
-El avión debería haber llegado ya...-Dijo su madre, con un deje de preocupación en la voz, observando el cartel que mostraba la llegada y salida de los vuelos.
-Tranquilizate, mamá. Solo se ha retrasado por cinco minutos-Le respondió su hijo con expresión tranquila en el rostro, aunque en verdad se moría de ver a su hermano.
Tras unos veinte minutos de espera, los pasajeros del vuelo de Roma-Madrid comenzaron a llegar. Lovino se puso en pie, buscando a su hermano con la mirada, al igual que su madre. Y finalmente lo vio. Venía empujando una maleta que parecía pesar bastante, pero con una sonrisa enorme en su cara. Cuando vio a su madre y su hermano esperándoles, intentó ir más rápidamente hacia ellos, hasta que no pudo esperar más y soltó la maleta, yendo con los brazos abiertos hacia sus parientes. Lovino se cruzó de brazos, sin embargo. Sabía que por mucho que su hermano le quisiera, iba a saludar primero a su madre, y luego a él. Cuál fue su sorpresa cuando su hermano se le abalanzó al cuello y ambos cayeron al suelo.
-¡Fratello!-Gritaba su hermano dándole besos, mientras Lovino se sobaba la cabeza, que se había golpeado al caer.
-¡Levántate de encima de mí, joder!-Soltó de manera brusca, intentado así esconder su felicidad.
-Es que te he echado mucho de menos...-Dijo tristemente Feliciano viendo como su hermano fruncía el ceño e intentaba ponerse en pie.
-Pero esa no es razón para que intentes matarme, idiota.
-Perdón-Dijo entristecido Feliciano, levantándose, ayudado por su hermano.
Cuando vio a su madre, que había ido a por la maleta de su despreocupado hijo, le abrazó con fuerza, siendo correspondido. Lovino vio esta escena con el ceño fruncido. Le era bastante familiar... Demasiado.
-Te he echado muchisimo de menos, Feli-Dijo su madre cuando finalmente, después de un buen rato abrazada a su hijo, se separó
-Yo también a ti-Respondió sonriendo idiotamente Feliciano.
Así fue la llegada de Feliciano a Madrid. Aunque Lovino no quisiera admitirlo, estaba bastante contento. Consideraba la vuelta de su hermano a su lado como su regalo de Navidad, cosa que sonaba estúpida, pero que sentía así en el fondo.
La adaptación de Feliciano a su nuevo hogar no fue para nada dificil. Ayudaba a su madre en todas las tareas de la casa. Lovino se alegraba por su hermano, aunque de nuevo se sintiera opacado por el hijo perfecto. Aunque tampoco era culpa de Feliciano. Él era tan tonto que apenas notaba ese favoritismo que sus padres le habían dado a lo largo de todos esos años. Pero Lovino ya se había resignado. Le molestaba, pero no podía hacer nada. No era su culpa que limpiar y hacer las tareas domésticas se le diese mal. Tampoco podía hacer nada por no tener un caracter tan perfecto y magnífico como el de su hermano.
Estaba absorto en su mundo cuando su móvil comenzó a sonar. Estaba tumbado en su cama(que ahora debía compartir con Feliciano) y el móvil se encontraba en la mesa. Le daba tanta pereza levantarse... pero acabó cogiéndolo.
-¿Diga?-Preguntó sin mirar el número.
-¡Lovi!-Gritó una voz bastante conocida para el italiano-Llevaba dias intentado contactarte. Verás, es que he estado liado con los trabajos en la universidad, por que resulta que los había ido aplazando y no los había hecho y entonces el otro día comencé a hacerlos todos y...
-Calla, bastardo, que me duele la cabeza. No me has llamado por que eres un vago que no hace sus tareas. Ve al grano-Dijo Lovino.
-Pues verás, me preguntaba si mañana por la tarde podrías quedar. ¿Te acuerdas que te prometí enseñarte Madrid?-Preguntó Antonio ignorando el mal humor del italiano.
-No.
-¿Eh?-Preguntó descolocado Antonio-Pero si fue una de las primeras cosas que te dije...
-Idiota. Era sarcasmo.
-Aaaah jajajajajaja entonces vale. Menos mal, me habías dado un susto-Rió el español-¿Entonces a que hora te recojo?
-¿Cómo que a que hora me recoges? ¡Ni que fueras mi novio!-Chilló el italiano sonrojado por lo que acababa de decir.
-Jajajajaj no importa que no seamos novios para que no pueda ir a recogerte. Por cierto, ¿Donde vives? jejeje es que nunca antes he ido a tu casa.
Lovino bufó y le dio su dirección.
-Bueno, pues sobre las cuatro me paso por tu casa, ¿Sí? ¡Adiós!-Se despidió alegremente el español, dejando a Lovino descolocado.
-iIdiota! ¡Ni siquiera sabes si puedo quedar esta tarde!-Le chilló al telefono, a pesar de que la llamada ya había finalizado.
-¿Fratello? ¿Estás hablando solo?-Preguntó su hermano, asomandose tímidamente por la puerta. Era normal que su hermano se pasase el dia enfadado, y a veces hasta le había llegado a arrojar objetos por preguntarle que le ocurría, así que por preocupación no se atrevía a entrar del todo en la habitación.
-No, bastardo, ¿Cómo voy a hablar solo? Ni que estuviera loco...
Al ver que su hermano no estaba tan enfadado como creía, Feliciano se aventuró a entrar en la habitación.
-No se... ¿Con quien hablabas?-Preguntó sentándose en la orilla de la cama.
-Un idiota.
-¿Un idiota?-preguntó su hermano extrañado.
-Sí...digamos que es... un amigo. Pero un amigo idiota.
-¡Fratello, tienes amigos!-Gritó de alegría Feliciano abrazando a su hermano, que intentaba zafarse del abrazo sin resultados.
-Quita, bastardo
-Es que me alegra que por fin tengas a alguien con quien pasarlo bien que no sea yo...-Dijo Feliciano. Durante toda su vida, siempre había estado con Lovino. Mientras él si conseguía congeniar con la gente, su hermano se quedaba al margen, solo. O si no, se juntaba con Feliciano y sus amigos, que nunca le convencían.
-Como sea. Viene a las cuatro por aquí.
-¡Qué bien! Así me lo podrás presentar. ¿Cómo se llama?-Dijo Feliciano sonriendo. Lovino simplemente bufó.
-Antonio.
El resto del día Lovino lo pasó haciendo el vago. Tumbado en el sofá del salón, viendo la televisión, mientras Feliciano limpiaba la casa.
-Fratello, pásame el mando-Pidió Lovino desde el sofá, demasiado 'cansado' como para alargar la mano hacia la mesa.
-Pero si te pilla al lado...
-Pero esque estoy cansado y además, es una orden de tu hermano mayor
-Pero...
-Nada de peros, dame el mando-El italiano menor se acercó a la mesa y le entregó el objeto a su hermano, quien no dio las gracias siquiera.
Justo en ese momento, llamaron al timbre.
-Ve a abrir, Feli-Dijo Lovino.
-¡Voy!-Dijo alegremente el chico yendo hacia la puerta.
Lovino se quedó tumbado en el salón, sin ganas de ir a ver quien era la visita.
-Fratello-Oyó que le gritaba su hermano.
-¿Qué?-Le gritó de vuelta.
-Ven aquí, es urgente.
Lovino se levantó del sofá y fue arrastrando los pies hacia la puerta. Allí estaban dos personas. Una era su hermano, Feliciano y la otra...
-No me dijiste que Antonio era tan simpático, Lovi.
-¡Hola, Lovi!-Dijo Antonio yendo hacia Lovino con los brazos abiertos, dispuesto a abrazarle.
-No tenía por que decirtelo-Dijo el italiano esquivando el abrazo de Antonio-Como sea, voy a cambiarme, bastardo-Dijo mirando a Antonio, que lucía decepcionado al no haber recibido un abrazo de Lovino, pero se le pasó cuando Feliciano se puso a hablar de él.
Lovino fue a su cuarto a por ropas más de abrigo. Cuando volvió a la puerta, vio que su hermano y Antonio parecían haber hecho muy buenas migas.
-Ya estoy listo, bastardo. Nos vamos-Dijo agarrando a Antonio del brazo, quien no parecía querer irse.
-¿Y si se viene Feli también?-Propuso el español sonriendo. Lovino sintió un nudo en la garganta. ¿También Antonio prefería a su hermano?
-No puedo, tengo cosas que hacer-Dijo Feliciano, sacando inconscientemente a su hermano del apuro.
-Bueno, otra vez será-Dijo Antonio moviendo el pelo de Feliciano-Hasta la próxima
-Adiós. Pasarlo bien.
-Gracias, Feli.
Lovino no sabía si podría soportar eso de nuevo. Ser ocultado por la sombra de Feliciano otra vez. No quería ni pensar cómo sería la vuelta al instituto. Las chicas se pasarían el día diciendo lo mono que era Feliciano, y, seguramente, comparándolos.
-Vamos, bastardo. ¿A dónde vamos primero?-Preguntó Lovino, tragándose la decepción. No esperaba que Antonio fuese a llevarse tan bien con su hermano...
-Pues verás, había ideado un mapa...
Lovino dejó de prestarle atención en los primeros tres segundos. Se dedicó a contemplar la sonrisa del español, que parecía iluminar el ambiente. Sin embargo, el regusto amargo de la decepción seguía estando dentro de él.
-...y al final te llevo de nuevo a tu casa, ¿Sí?
-Está bien-Dijo Lovino, sin agregar ningún 'bastardo' ni palabras parecidas.
Quizás... Antonio no era tan idiota como había pensado. Resultó ser un excelente guía. Sabía mucho de historia, y le contó cómo, quién por qué construyó los edificios que a día de hoy decoraban la ciudad madrileña. Era realmente interesante escuchar a Antonio. No era pedante en absoluto, y le decía al italiano trucos que él había usado para memorizar fechas o acontecimientos importantes.
La tarde fue bastante entretenida para ambos jóvenes. Fueron al retiro, vieron el Museo del Prado desde fuera, dieron un paseo por las calles del centro iluminadas... Fue una experiencia interesante para Lovino, que acababa de conocer muchísimo acerca de la ciudad en la que estaba viviendo.
-Por cierto...-Dijo Antonio mientras iban andando ya de vuelta hacia casa de Lovino-¿Vendrás en Nochevieja a la Puerta del Sol?
-Ah... Emma me habló de eso. No lo sé aún... creo que sí.
-¡Genial! Irán mis amigos, y las chicas. Vente si puedes tú también.
-Lo intentaré-Dijo Lovino. Sin darse cuenta, acababa de dedicarle una pequeña sonrisa e Antonio. Éste no lo pasó por alto y se lo hizo notar
-¿Acabas de ... sonreir?
-¡¿Qué?! No, jamás. Yo nunca sonrío, y menos a bastardos como tú.
-Ahora puedo decir realmente que hice sonreir a Lovino Vargas.
-¡Eso es mentira y lo sabes!-Chilló el italiano dandole puñetazos suaves a Antonio, que se reía.
-Jajajaj para, me vas a hacer daño.
-Te lo mereces. Por bastardo.
Llegaron a la casa de Lovino al fin, quien comenzó a buscar sus llaves en los bolsillos del abrigo.
-Se me ocurre también que te podrías traer tu hermano también a nochevieja. Cuantos más seamos, mejor.
Lovino rodó los ojos. Otra vez no, por favor.
-Se lo comentaré-Dijo, sacando las llaves del bolsillo del pantalón y metiendolas en la cerradura.
-Yo supongo que me voy ya. Adiós, Lovi.
-Adiós-Dijo Lovino, cuando por fin abrió la puerta. Se giró a ver por última vez a Antonio, cuando notó cómo éste le depositaba un suave beso en la mejilla.
Lovino se puso más colorado que nunca, pero no se apartó.
-¿Q-q-qué haces, bastardo?-Preguntó tartamudeando cuando Antonio por fin se separó.
-Es que hay muérdago colgado en tu puerta-Dijo el español señalando hacia arriba. Alguien lo había colocado mientras Lovino estaba fuera.
-¡FELICIANO, TE VOY A MATAR!-Gritó el italiano muerto de vergüenza mientras Antonio se reía. Cerró la puerta, despidiéndose secamente del español y fue en busca de su hermano, que estaba sentado tranquilamente en el sofá tomando una pizza.
-¿Fratello, qué?-Pero no acabó a terminar la frase por que su hermano ya le estaba pegando puñetazos, aunque no muy fuertes.
-¿QUÉ DEMONIOS TENÍAS EN MENTE CUANDO PUSISTE EL MUÉRDAGO EN LA PUERTA?
-Ah, es eso. Me parecía tierno el tener que besarnos todos durante un tiempo.
-¡ERES LO MÁS IDIOTA QUE ME HAN PUESTO POR DELANTE, JODER!- Y así siguió Lovino maldiciendo a su hermano durante unos largos quince minutos. Cuando finalmente acabó, se dirigió a su cuarto y se dejó apoyó en la puerta, dejándose caer pesadamente al suelo.
-Maldito Antonio...-Murmuró en voz tan bajita que solo se escuchaba él mismo- Creo que me gusta... maldición.
Bueno. He de decir que este fic no se cada cuanto podré actualizarlo. Por cierto, muchas gracias a todos los que dejáis reviews, que me alegran mucho, y también a lo que leeis y no comentais. Espero que os vaya gustando:)
