DON'T GO HOME WITHOUT ME

III.


El hogar está donde el corazón duele.


No ve siquiera su sombra cuando Kamui arriba a la Tierra. China está muy ocupada con su hermano, mostrándole los alrededores y destruyendo vecindarios enteros cuando hace sparring con él. Al único que ve es a un Gintoki demacrado luego de salir del pachinko arrastrando los pies pasado el mediodía. Lo más probable es que ya haya perdido todo el dinero que llevaba y ahora arrastra su culo derrotado hacia un sofá lo suficientemente cómodo como para aguantar su pereza.

—Esos hermanos van a matarme —se queja el hombre cuando Okita comienza a caminar a su lado por ninguna razón en particular. De cerca el samurái luce todavía más acabado, con ojeras como moretones y las mejillas bastante menos rellenas—. Ni siquiera puedo dormir en mi propia casa. Es como.. Como la guerra, ¿sabes?

—Creí que los piratas espaciales tenían dinero suficiente como para alquilar una habitación en un hotel.

Gintoki desestima su comentario con un ademán.

—Eso díselo a la niña Yato. Dijo que la familia debe estar junta y a mí me han quitado el futón para dárselo a Kamui.

—Suena como una mala vida, Jefe —pero eso te mereces por no pagarle el salario, añade en su mente mientras desenreda los audífonos que guardaba en su bolsillo.

—Y no conformes con eso me mandan a hacerles de comer como si fuera una criada; todo porque Shinpachi es un listillo y no se ha pasado por la Yorozuya desde hace tres días. Se ha perdido el día de paga, lástima —el samurái de alma plateada continúa con sus quejas, ignorando que Sougo se ha puesto los audífonos y ha encendido el reproductor de su katana—. ¿Sabes cuánto como un Yato? Se devoran el supermercado entero de un bocado y ahora tengo que alimentar a dos. Al menos el niño pirata paga por la comida o ya estaría sin blanca. Ser pirata espacial es muy lucrativo, ¿sabes, Sofá? ¿Cuánto ganas tú en un mes? Seguro que menos de lo que Kamui pesca en una semana. Ni siquiera jugando al pachinko tres días seguidos con buena racha conseguiría el sueldo semanal de sus negocios turbios.

—Gano más que tú, Jefe. Con eso me basta. ¿Y sabes acaso lo que le estás contando a un poli? Podría arrestarte por cómplice.

—¿Por qué mejor no lo ves como un chivatazo y me pasas un poco de plata, eh? He visto que hay recompensas por ser testigo o dar información sobre traficantes.

—Lo sabía. Eres un gran sádico, Jefe. Eres capaz de vender al hermano de tu empleada por un poco de dinero.

—Qué va. Si tengo mucha confianza en Kamui. Seguro que se les escapa por inútiles. Lo importante aquí es que yo tenga mi dinero para pudín.

—Estás haciendo que me den ganas de arrestarte.

—Tal vez ser arrestado sería bueno. La comida es gratis en la cárcel. Y no la tengo que preparar yo.

Gintoki se queda callado y sigue haciendo esfuerzo para poner un pie adelante del otro. Okita mira siempre recto, escuchando una canción de Tsuu Terakado que se le ha colado en la lista de reproducción. La tiene a un volumen bajito, casi como música de fondo. Las canciones de la idol no han cambiado mucho con el paso de los años, siguen hablando de guarrerías, pero a veces dicen cosas con sentido en medio de tantos desvaríos de idol impura. Eso no significa que las letras sean buenas ahora.

"¿Dónde estás, frijoles quemados? Deberías estar en casa, en casa… Y tu casa es donde estoy yo, ¿no? ¡Se te quema el agua, purikura!".

—Kamui le ha dicho que se vaya con él —dice Gintoki de repente. El tono jocoso se ha marchado, pero la energía sigue sin regresar a él. Suena como un hombre viejo recordando a todos sus amigos que ya le han ganado en el camino a la tumba—. Parece que lo está pensando. Quizás sí se vaya.

"China puede hacer lo que quiera".

—Qué bien.

Pero, a pesar de lo que piense y diga, Okita sabe que no está bien.


Última edición: 29/07/2016

Con agradecimientos especiales a Haibara20