DON'T GO HOME WITHOUT ME

VII.


El hogar está donde el corazón duele.


No lo ha negado lo suficiente (en realidad, no lo ha negado ni siquiera la mitad de las veces que le gustaría), pero lo admite con la mirada medio vacía, la mano derecha en la empuñadura de la katana, y la izquierda en el bolsillo del pantalón.

Han sido unos buenos veinte años de vida, se dice mientras camina con cierta dificultad en contra de la dirección del ventarrón que azota a Edo. Todo muy metafórico si lo analiza bien.

Suspira derrotado con la certeza de que, de ahora en adelante, esa será su nueva forma de exhalar.

Sí, han sido unos buenos veinte años de vida, casi veintiuno, los que ha llevado antes de que se topase con aquel sentimiento. Por eso Okita Sougo sigue caminando de manera poética mientras repite en sus adentros que sí, que, efectivamente, tiene un flechazo grande por la chica de la Yorozuya.