DON'T GO HOME WITHOUT ME

XII.


El hogar está donde el corazón duele.


Su primer beso llega un día después del cumpleaños de ella, con la fría lluvia de noviembre empapándoles hasta los huesos. Han terminado así por una estupidez que Okita apenas y recuerda. Tienen las ropas sucias y el paraguas de Kagura yace en el suelo a sus pies; las palabras que se dijeron hasta hace algunos minutos han sido borradas por el contante plapeo a su alrededor.

Allí, saboreando agitadamente la pequeña boca de ella, Sougo se da cuenta de tantas cosas que había pasado por alto y que nunca se le habían ocurrido: su estatura pequeña, su cuerpo menudo y engañosamente frágil que encaja perfecto contra el suyo; lo cálida y suave que es su piel, lo largas que son sus pestañas, lo azules que son sus ojos y lo largo que se ha puesto su cabello bermellón; lo gentil de su toque, lo tranquilizador de su respiración y lo enloquecedor de sus labios…

Lo completo que se siempre por vez primera al tenerla entre sus brazos.

(Y cuando Okita la deja ir después de muchos, muchos besos más, está preparado para que ese momento sea borrado con la lluvia y todo vuelva a ser como antes).