DON'T GO HOME WITHOUT ME

XVII.


El hogar está donde el corazón duele.


Okita se da cuenta de que se está volviendo dependiente a ella cuando una tarde luego de hacer un poco de sparring la detiene para que no se marche. Ella le mira como si no supiera lo que significa el gesto ni el grito desesperado que es su silencio, pero, al final de cuentas, ella se queda a su lado discutiendo cosas sin sentido.

(Y él está contento así, por esa charla carente de fundamentos porque todo lo que quiere es pasar otro rato con ella —con besos o sin ellos—).