Hola a todos

No saben lo feliz que me hizo ver que el prólogo recibió aceptación colectiva. Me emocionó e instó a escribir el resto de historia que me quedaba por acabar.

En un principio, iba a ser un one-shot; como no se pudo, pues pensé en un two-shot pero bueno, las cosas no siempre salen como uno quiere jajaja El fic tendrá tres capítulos sin contar el prólogo, así que lo iré subiendo día de por medio. Espero les guste, principalmente a ti, Bau :3

Un besito a todos.


Aclaraciones:

Para mi querida Bau (LaBauhaus), que me ha retado a escribir éste pequeño trabajo bajo las siguientes características:

Pairing: MIMATO

Características: Todos los digielegidos están en una fiesta (puede ser de algún casamiento o algo por el estilo), los quiero a TODOS bien rotos, bien en cualquiera (hasta a Jou y Kou y Sora, nada de responsables que cuidan al resto), algunos hasta pueden están drogados, están de fiesta alegre. Sin saber cómo, Mimi y Yamato terminan solos por su cuenta y terminan en más cualquiera (if you know what I mean)

Género: Hazlo como quieras.


Guía Narrativa:

Sucesos del presente.

Flashback.

―Diálogos.

«Énfasis».


Disclaimer: Digimon ni sus personajes me pertenecen.

Summary: ¿Sabes lo que dicen cuando pierdes algo? Que lo mejor es hacer memoria de ello, un recuento de pasos hasta hallarlo. Ya sabes, como si caminaras en reversa. La verdadera pregunta era ¿se puede aplicar la misma regla cuando despiertas al lado de tu amiga tras una borrachera y no sabes cómo acabaron así? / Reto para LaBauhaus :3


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Capítulo 1:

«Imposible. Improbable. Inasequible».


20 de Junio - 22:44 hs.


Rodó los ojos completamente hastiada, casi pudiendo pronunciar las palabras que oía tras la línea, imaginándose cuál sería ahora la excusa de su novio. Wallace podía ser un encanto, como también podía pecar de predecible si se trataban de sus acostumbradas excusas.

Te amo, preciosa, pero no puedo hacer nada. Está por encima de mis posibilidades y ésta reunión es muy importante. Los inversionistas vendrán y…

Y allí nuevamente iba con sus excusas. Se recostó contra la pared, sabía que aquella explicación duraría más de lo que su paciencia y tolerancia soportarían estando de pie.

Asentía a sus palabras, fingiendo que comprendía las palabras de su novio siendo que no era así. Por favor, ya estaba cansada de que nuevamente pusiera su trabajo antes que a ella.

Espero comprendas, Meems ―Finalizó el hombre y luego lo escuchó sonreír ―. Cuando vuelva, pienso recompensártelo.

No respondió enseguida. Estaba molesta. Suspiró.

Debo volver, Wallace. Las chicas están esperando ―Fue todo lo que dijo Mimi; nada de discusiones o aceptaciones. Sólo quería colgar y regresar junto a sus amigas ―. Descansa; te amo.

Y yo a ti, princesa.

Y allí terminó su llamada. Miró la pantalla de su teléfono y apretó con cierta fuerza las laterales de éste.

Escuchó los pasos de alguien acercándose y enseguida se volvió a ver a Hikari con dos copas de champagne, trayendo consigo una pequeña sonrisa tímida y apenada. Mimi sonrió a su amiga para guardar su teléfono.

¿Todo bien, Mimi? ―Preguntó la más pequeña al tiempo en el que tendía la copa a su amiga. Mimi sonrió y aceptó.

Wallace no podrá venir. Les envía sus mejores deseos. ―Hikari se encogió de hombros con un semblante triste, aunque la verdadera tristeza no se hallaba en el que no pueda asistir a su boda.

¿Y tú estás bien con eso? ―Mimi bebió un sorbo profundo, aguardando por responder. Hikari sabía lo ilusionada que estaba la Tachikawa de que esa sería la primera boda a la que asistirían Wallace y ella como pareja oficial. Era una pena que nuevamente vuelva a cancelarla.

Ey, hoy y mañana son tu noche, preciosa. Tú eres la protagonista ―Hikari sostuvo la mirada a su amiga con un poco más de insistencia. La Yagami podría ser la más joven del grupo, pero no por eso era la menos asertiva. Mimi lo sabía, así que tomó a Hikari por la muñeca para regresar hacia el interior del pequeño salón en donde se encontraban otras muchachas más celebrando la despedida de soltera de su pequeña amiga.

¡Ey, ésta niña se casará mañana, ¿podrían poner un poco de esmero en la despedida?! ―Habló Mimi, haciéndose oír por encima de la música, consiguiendo que todas las presentes rieran a carcajadas y se abalanzaran sobre Hikari. ―¡Eso es de lo que estoy hablando! Háganle saber de lo que se perderá llegado el amanecer. ―Continuó Mimi aventando una almohada con forma de pene en una perfecta combinación con la decoración misma.

Las carcajadas no hicieron más que aumentar, mientras Hikari debía cumplir ciertos juegos "tradicionales" que toda despedida de soltera debía tener.

Mimi veía al cuarto con una pequeña sonrisa en los labios, aunque se sintiese tan lejana en esos momentos. Por favor, la pequeña del grupo iba a casarse. Miyako y Sora estaban casadas y ahora lo haría Hikari. ¿Qué sucedería con ella entonces? Oh, por supuesto, Mimi Tachikawa era la Madrina de Bodas, esa era su función.

Suspiró con algo de molestia. Ya no quería estar en ese lugar.


22 de Junio - 11:51 hs.


Sus pasos acelerados se hacían oír con fuerza. Ambos iban con el rostro magullado por la tremenda noche que se mandaron y en esos momentos, todo (literalmente) les dolía. Con ojos entrecerrados, labios fruncidos, cuerpos tambaleantes y el alma por los suelos, iban avanzando por el pasillo de la nave que correspondía a las habitaciones; ambos renegando en su cabeza por todo lo que les rodeaba, por el ruido, por la luz, por los colores, por el dolor, por todo.

―¿Segura que es por aquí? ―Inquirió Yamato con voz ronca.

―Me he hospedado en este hotel muchos años. Lo conozco como a… ―Sus palabras quedaron en el aire al tener la vista del lobby delante de ellos, con un millar de personas yendo y viniendo, niños correteando, el sol dándole a los vidrios, las voces de las personas por encima de la música ambiental.

Ni siquiera se atrevió a mirarle a Yamato, porque estaba segura de lo que le diría.

―Ya, no digas nada ―Sentenció ella de mala gana, sobándose la sien a causa del dolor.

―¡Mimi! ―La voz de Miyako subiendo el volumen por encima del gentío sólo los hicieron renegar por lo bajo, como dos lunáticos. Vieron a la esposa de Ken acercarse a ellos con una flamante sonrisa― Al fin apareces. Las chicas ya están aguardándote para tomar sol.

―¿Sol? ―Preguntó ella como si acabara de mencionarle un tipo de tortura medieval. Y para qué negarlo, en esos momentos, el concepto era igual.

Miyako pasó de Mimi a Yamato, con curiosidad.

―¡Ah, Yamato! Lo lamento, no vi que venías con Mimi. ¿Para dónde van con las batas? ―Tanto Mimi como Yamato se miraron entre ellos para recalcar que su desnudez estaba siendo cubierta por batas de dormir que hallaron en el placard en el se escondían de las empleadas de servicio.

Aún tenían el susto anclado en sus gargantas producto de haber estado a unos segundos de ser descubiertos. Y es que la adrenalina corrió por sus venas al escuchar los pasos de una de las mujeres acercándose al placard, con toda la intención de abrirlo. Yamato sólo podía pensar en lo que les diría como excusa sin que suene una estupidez.

―¡Mako! ―Dijo la otra mujer que la acompañaba a limpiar, deteniendo la mano de la empleada en el último momento― ¡Mira el baño! Ayúdame aquí, que huele tremendo.

El recordar que gracias al espectáculo de vómito que había en el sanitario, Yamato y Mimi lograron abandonar el placard, tomar unas batas limpias del carrito y salir disparados del cuarto, se les revolvía el estómago a ambos. Ese tipo de emociones no era nada saludable para el estado que traían ambos.

―íbamos a la piscina ―Se atrevió a decir Yamato, intentando que por esa única vez, se le dé bien mentir. Mimi asintió a las palabras de su acompañante para darle apoyo.

Miyako enarcó una ceja con duda.

―¿Y van de batas de dormir a la piscina?

Tanto Yamato como Mimi se quedaron de piedra, intentando que sus sonrisas fingidas no se cayeran gracias a la auto-humillación que se dieron.

―En realidad ―Comenzó a hablar Mimi, tomando el brazo de Yamato―, pude convencer a Yama para ir al spa y de allí iríamos a la piscina. ¿No es verdad?

Él sólo pudo asentir.

Miyako los miró por un segundo y antes de oír su veredicto, Mimi jaló de Yamato para pasar de ella.

―¡Lo siento, Miyako! Tenemos prisa ―Y así comenzaron a dejar el lobby para internarse de regreso a las habitaciones, en búsqueda de la suya propia.

Mimi encabezaba la huida, seguida de un muy mareado Yamato que acabó por soltarse de ella, una vez fueron perdidos de vista. Ambos se recostaron contra la pared del pasillo, con la respiración acelerada y el mundo dándoles vueltas a ambos.

―Necesitamos tomar algo para el mareo… Siento que vomitaré en cualquier momento ―Sentenció Yamato a lo que ella asintió―. Necesito ponerme ropa y tomar algo ―Él miró a Mimi, aun sosteniéndose por la pared, como si su vida dependiera de ello. Tragó pesado y apartó la vista―. Iré a mi cuarto; haz lo mismo. Nada de esto tiene que saberse.

Mimi lo miró con duda y estuvo a punto de protestar, cuando cayó en cuenta que ya no tenía dieciocho años, en los que podía pegarse el lujo de actuar como niña. Ella encontró culpa y frustración en los ojos de Yamato. No se trataban de borracheras tontas de universitarios o travesuras adolescentes, como meterse a un cuarto oscuro durante siete minutos. El tiempo había pasado y ellos... Bueno, ya no había una historia que los mantuviese juntos.

Pensó en Wallace y su estómago comenzó a revolverse. Nuevamente, las ganas de llorar la asaltaron.

―De acuerdo ―Sentenció ella, recomponiéndose contra la pared, mirando hacia donde tendría que ir para llegar a su cuarto.

Sus ojos se encontraron por un momento, pero enseguida el Ishida se apartó de su castaña mirada. Él comenzó a avanzar en sentido contrario a la que debía ir ella y no sabía si agradecerle o no.

Tragó aire profundamente.

Adormecida y entumecida. Mareada y confundida. Agitada y tranquila. Malestar y… Culpa.

Era así como se sentía.


20 de Junio - 00.15 hs.


Fue fácil salir del salón que reservaron dentro del «Destined Hotel», complejo hotelero perteneciente a la familia Ichijouji ―entiéndase al feliz matrimonio Ken y Miyako Ichijouji―, como también fue sencillo disponer del lugar para la recepción de la boda y permitir que algunos invitados se hospedaran en él.

Y cómo siempre, allí estaba la mano organizadora de Mimi Tachikawa; excelente recepcionista de bodas, pero dejaba mucho qué desear si se trataba de conseguir que su novio viese más interesante su trabajo que ella.

Detuvo sus pasos casi de golpe con ojos sorprendidos, mirando a la nada. Los cerró con fuerza al igual que sus manos en puños. «Estás siendo injusta», trató de comprender a Wallace y trató de no molestarse con él. Sin embargo no pudo conseguir demasiado.

Demasiado sentimental, así era ella. Cuando sintió la primera lágrima acariciando su mejilla recostó su espalda contra la pared y trató de contenerse. No era momento ni lugar para llorar; mucho menos por algo como eso.

Miró hacia sus espaldas el lugar que había dejado atrás donde la música y las risas se oían y se sentían apetecibles. Saber que una de sus mejores amigas se casaría le llenaba de alegría y emoción; pero había una parte de ella que se encogía de hombros y miraba el suelo con pena. Ella también quería estar en su fiesta de soltera a horas de saber que su novio la esperaría en el altar y tomaría su mano, la besaría y los anillos les diría que su compromiso era hasta que la muerte los separe.

Rió con un sollozo de ironía y rabia. La más romántica era la última en casarse. No, no era un consuelo.

Negó con la cabeza, se limpió el rostro y se enderezó sobre sus tacones altos. Así cómo podía agachar la cabeza para llorar, también la levantaba para continuar. No era el fin del mundo, se dijo y eso la ayudó para retomar los pasos. Ella se casaría, por supuesto; ese año quizá no, pero lo haría.

Mimi recorrió el pasillo que llevaba a las habitaciones con toda intención de pegarse una ducha y meterse a la cama. No tenía ánimos de nada en esos momentos.

No avanzó demasiado. Su atención fue robada cuando el sonido de un chapuzón la distrajo. Sus ojos, caramelos curiosos y llenos de brillo, viraron hacia la zona paralela a la suya donde un letrero rezaba: «piscina térmica» en su superficie. Miró su teléfono celular corroborando que no eran horas de andar de nadador; normalmente había mucha quietud cuando la noche llega, pero podía jurar oír el movimiento del agua de la misma.

Su curiosidad la instó a caminar hacia la piscina; después de todo, no perdía nada. Aquella le servía de distracción, si lo pensaba detenidamente y era un ejercicio positivo; era eso o continuar autoflagelándose con pensamientos poco alentadores.

Las luces yacían apagadas, eso podía darse cuenta desde lejos, pero el sonido del movimiento en el agua era claro. Sonrió con diversión pensando en quién podría estar quebrantando las leyes en el hotel.

La puerta yacía abierta y no dudó en entrar, pudiendo apreciar el interior por la iluminación percibida desde el exterior como también descubrió unas prendas pulcramente dobladas en un banco de metal a orillas de la piscina. Efectivamente, había alguien nadando al estilo libre en la piscina térmica.

Su espalda ancha, sus brazos y piernas fuertes, sus movimientos gráciles pero duros yendo contra el agua y mezclándose con ella. Era hipnótico verlo; siempre se sintió atraída por su forma de nadar. Se acercó a las prendas eso sólo le confirmó la identidad que ella muy bien conocía.

Vio la cabeza saliendo por fin del agua tomando aire en silencio aunque aún no se percataba de su presencia.

¿Sabías que meterte a la piscina de noche va contra las reglas del hotel? ―La sorpresa de oír otra voz dentro del cuarto se vio en el hombre girándose a verla; leyó su expresión de curiosidad y luego lo vio relajarse. ―Podría acusarte, ¿lo sabías, Yama?

No sabía que había vigilancia nocturna ―Comentó con cierta gracia. La hizo sonreír. Yamato Ishida tomó las barandas de la escalera de aluminio y salió a la superficie.

Pues estarías perdido si yo fuese la guardia nocturna ―Sentenció Mimi y a pesar de la oscuridad, lo vio sonreír.

Mimi sonrió como una niña al apreciar cómo el agua caía de su cuerpo, delineándolo. Era su amigo, por supuesto, pero seguía siendo humana y no podía negar que el estirado se mandaba un muy buen cuerpo. Trató de disimular su sonrisa al verlo acercarse con una toalla secándose el cabello.

¿Qué hacías aquí? ―Preguntó con curiosidad mirándolo de pie.

Nadaba, creí que lo entendiste ―Ella le aventó la playera que se encontraba pulcramente doblada a su rostro y se oyó la risa de Yamato. Era grave y zumbaba en sus oídos. Podía encantar si se lo oía más seguido.

Tonto Alegó―. ¿Cómo conseguiste la llave?

¿Me acusarás? Ella sonrió Se la pedí a Ken; sabe que me gusta nadar de noche Ella también lo sabía perfectamente. Él la miró con cierta curiosidad―. ¿Qué haces tú aquí? Creí que estarías en la despedida de soltera de Hikari.

La sonrisa en ella comenzó a hacerse menos radiante y se reacomodó en su sitio.

Sí, bueno, me sentía cansada ―Se excusó mirando a la piscina. Luego pareció recordar algo y miró a Yamato con una ceja enarcada―. ¿Y tú qué? Tú tendrías que estar en la despedida de Takeru. Eres un pésimo hermano mayor y padrino de bodas. ¿Qué haces aquí?

Un suspiro profundo salió de Yamato; Mimi comprendió que había una historia semejante a la suya en él. Ella se hizo a un lado cuando Yamato tomó asiento en la banca.

Todo iba bien hasta que al genio de Taichi se le ocurrió traer bailarinas y no precisamente de ballet.

Oh y por eso viniste a darte una chapuzón en la piscina. No sé tú, Yama, pero para eso se necesita agua fría ―Yamato se encogió de hombros al oírla reír, tirándole su toalla mojada encima― ¡Está mojada, Yamato!

A veces no sé quién es peor: Taichi o tú ―Él la miró con una sonrisa de costado que frenó toda protesta en Mimi. Ella se aclaró la garganta para acercarse a él, como si quisiese decirle un secreto.

Sólo para que lo sepas, siempre soy la número uno. ―Yamato sólo negó con la cabeza escuchándola reír.

El teléfono de Mimi comenzó a sonar avisando la llegada de un mensaje. Ishida observó con detenimiento cómo el rostro de su amiga, escenario idóneo de sonrisas radiantes, comenzó a flaquear casi sin que ella pudiese hacer algo para evitarlo.

¿Está todo bien? ―Se animó a preguntar Yamato, recibiendo un asentimiento silencioso por parte de Mimi, quien no despegaba la vista de su teléfono móvil.

Sí; sólo es Wall dándome las buenas noches. ―Y aunque ella quisiera alegar a un tono alegre, no consiguió convencer demasiado a su acompañante. Él tenía la mala costumbre de reconocer cuando mentía.

Yamato asintió a sus palabras, mas no podía evitar sentirse conmovido ante la innegable tristeza que denotaban los ojos de Mimi. Con la toalla continuó secándose el cabello, quizá para darle algo de privacidad a ella.

¿No vendrá entonces? ―Preguntó por fin.

No… ―Dejó salir en medio de un suspiro. La sintió desinflarse, como el semblante alegre de hace un momento―; asuntos del trabajo. Lo de siempre.

¿Tú estás bien con eso? ―Yamato sintió la mirada de Mimi. Era probable que la sorpresa de oírlo preguntar tanto al respecto fuera razón para buscar su mirada. Él prefirió resguardar sus orbes en la piscina―. Lo siento, no es de mi incumbencia.

Escuchó a la banca chirriar ligeramente cuando dejó de sentir el peso de Mimi encima de éste, alertando a Yamato de su partida. Él giró su mirada hacia ella y la encontró con una sonrisa en sus labios; una que lo sorprendió.

¿Acaso tengo el privilegio de causar preocupación en el Tempano Ishida? ―Inquirió y por un momento, el alivio llegó a él. Le gustaba ese lado divertido de ella, porque el anterior ―el cargado de tristeza―, no le sabía a Mimi. Ella se acercó a él y formando un puñito de su mano, se lo llevó a la barbilla de Yamato para rozarla ligeramente, mostrándole un semblante confiado―. Soy más fuerte de lo que crees. Vine a divertirme, así que eso haré: con o sin Wallace.

Se alejó entonces de Yamato, pero no dejaron de verse. Ella comenzó a abandonar la piscina.

Más vale que te acuestes temprano, Yamato ―habló Mimi volviéndose a sus espaldas y caminando en reversa hacia la salida―, porque te haré bailar hasta sacarle brillo a la pista.

Él no se guardó una risa baja y ella tampoco pensaba hacerlo. Se despidió de él con una mano y salió de allí.


22 De Junio - 12:45 hs.


Yamato se tomó la cabeza con ambas manos, doblándose sobre sí mismo para acunar su rostro entre las rodillas. El zumbido y el aguijonamiento que se concentraba en su cabeza era horrible. Ya había tomado unos medicamentos para hacer pasar la sensación desagradable que dejaba una borrachera.

―Maldita sea... ―Renegó con rabia.

Era consciente de haber hecho muchas estupideces en su vida; ebrio o no, las había hecho y en su mayoría, se arrepentía. Pero en ocasiones anteriores podía poner mil y un excusas por las cuales hacer tremendas tonterías.

En cambio, en esos momentos…

―Maldita sea... Eres un idiota… ―Estaba más que molesto. Había una mezcla de rabia, culpa y desilusión que parecía asfixiarlo en esos momentos.

No recordaba demasiado; sólo era consciente de que la noche anterior, su hermano se había casado, él había salido de padrino y testigo, había bebido mucho. Pero aún no comprendía, ¿cómo es que acabó, precisamente, con Mimi en la cama? Intentaba dar con algún recuerdo que le ayudase a ubicarse en el tiempo, pero parecía que conseguiría que su cerebro explotase, antes de comprender lo que acabó cometiendo.

Lo que podía recordar de Mimi era su risa, aún la tenía presente en su cabeza y parecía no querer salir de allí. Ella tenía un bonito vestido rosa pastel que jugaba en terrenos ambiguos: una parte de ella parecía tierna e inofensiva, mas la manera en la que se ajustaba a su cuerpo, decía todo lo contrario.

Un recuerdo vago: la de sus manos arrebatándole aquel vestido.

Un fuerte sonrojo se apoderó de su rostro y se recompuso sobre la cama, con la consciencia queriéndole colgar una soga al cuello. Se tiró contra la cama y dejó que el color claro del techo amortiguara sus recuerdos.

Sí, recordaba haberse deshecho de aquel vestido y otros recuerdos sin nombre que asaltaban su mente. La imagen de Mimi desnuda volvió a asaltarlo, con su sonrojado rostro y sus ojos ―normalmente enseñado un brillo de infantilismo o ternura― se habían tornado oscuros, profundos y llenos de lujuria.

―… ―Se fregó los ojos con las manos y volvió a maldecirse mil y un veces más, antes de quedarse quieto contra la cama, frenando todo pensamiento que pudiese saltar en esos momentos. Estaba consciente que si seguía el camino que le llevaban sus recuerdos, acabaría con su miembro duro y otra ducha fría no se le apetecía.

Escuchó a su puerta llamando. Mal momento. Demasiado.

La voz de Taichi lo asaltó. No, muy mal momento.

―Abre la puerta, Yamato. Te he estado buscando casi todo el día ―Con una almohada, el Ishida se tapó el rostro e intentó volverse invisible. Los alaridos de Taichi no cesaban y eso sólo hacía imposible la tarea de sus medicamentos por hacerlo sentir mejor.

No podría continuar así. Se puso de pie a regañadientes y abrió la puerta, mostrándose tan poco agraciado como se sentía. Tai contuvo una risa al ver su rostro.

―Vaya, los rumores son ciertos ―Por primera vez, Yamato se sintió curioso por saber a lo que Taichi se estaba refiriendo. El Yagami pasó de largo y entró al cuarto sin ser invitado, tirándose contra la cama del rubio, importándole como mucho su opinión.

―¿Rumores? ―Trató de no sonar ansioso, por más que eso no sea cierto. La idea de saber que su noche con Mimi haya salido a luz, le aterraba.

Taichi lo miró con gracia.

―Que el alcohol te viene fatal ―Respondió y Yamato se atrevió a esbozar una risa pequeña por lo bajo, aliviado de oírlo decir eso―. Koushiro fue a quien le pegó la peor parte; claro que, pero lo tuyo se entiende: habías mezclado muchas cosas. Si te soy sincero, no creí que acabaras aceptando fumar marihuana ―dijo entre carcajadas que a Yamato no llamó la atención hasta la mención de tal droga.

Se paró en seco y miró a su amigo con los ojos abiertos como platos.

―Yagami… ―Nombró con la voz siendo arrastrada, de ultratumba. Él lo miró aún con la gracia renuente en su semblante, a pesar de verlo tan furioso― ¡¿Cómo que fumé marihuana?!

El moreno lo miró un momento sin decir nada, hasta que otra tanda de risas se escapó de él. Unas notorias venas en su sien fueron suficiente muestra de lo tan cabreado que estaba con su mejor amigo. Caminó hasta él y lo tomó por el cuello de su playera, levantándolo de la cama.

―¡Dime, maldita sea! ¡¿Qué sucedió ayer?!

Taichi lo miraba con gracia hasta pasado un momento, en el que el raciocinio del Yagami hizo contacto y entonces la sorpresa quedó plasmada en su amarronada mirada.

―Espera, Yamato… ¿De verdad no te acuerdas? ―Ishida negó sin aflojar su agarre. Taichi negó con la cabeza― No puedo creerlo. ¿Lo dices de verdad?

―¿Tengo cara de estar mintiendo?

Taichi se mordió la lengua, consciente de lo que estaba sucediendo. Yamato apreció colaboración en su amigo, por lo que acabó soltándolo, retrocediendo lo suficiente como para aminorar las ganas que tenía por degollarlo.

―Vaya, no creí que te olvidarías de todo. No es uno de los efectos más comunes que tiene la droga ―Yamato se pasó ambas manos por el cabello, desesperado―. Ey, tranquilo que era sólo marihuana; lo hemos fumado varias veces.

―¡¿Crees que me importa eso?! ¡¿Cómo se te ocurre traer droga al a boda de tu hermana?!

―Yo no la traje ―Lo miró ceñudo, sin recibir credibilidad por parte de Yamato―. ¡Lo digo de verdad! Fue uno de los invitados, un amigo mío que me dio unos pocos. Luego todos comenzamos a fumar un poco; no fue demasiado, lo juro.

Yamato afinó sus ojos, escrutándolo con la mirada.

―¿Quiénes más lo han consumido?

Taichi sudó frío. Estaba claro que Yamato no se lo perdonaría y se encargaría de hacerle sentir su odio a como dé lugar.


21 de Junio - 19:05 hs.


Todo lucía tan bello, tan puro, tan alegre. El blanco entremezclado con un ligero rosa eran algunos de los detalles que adornaban la sala en donde se disponían mesas y sillas tan bien presentadas; un bufet con exquisiteces y un barman ya dispuesto a preparar todo lo que uno fuese a pedirle. La música sonaba y llenaba el lugar, donde las luces hacían su trabajo. El pastel en escala se encontraba en el foco visual del salón y en su cima, unos preciosos muñequitos representando a los recién casados, se hallaban.

Cuando Hikari llegó junto a su ―ahora― esposo, Takeru, las damas de honor hicieron sonar destellos de pétalos de rosas que recibieron a los recién llegados, siendo felicitados con aplausos.

Los recién casados iban saludando a sus invitados, recibiendo felicitaciones personalizadas por éstos. Lucían más que felices, se leía en la forma en la que se miraban o sonreían.

Mimi, desde su posición, no podía sólo pasar por alto la belleza que enseñaban juntos. La forma en la que Takeru buscaba la mirada de Hikari o la de la castaña rozaba la mano de su esposo en cada oportunidad que tenía. Había tanto amor en ellos que ella los seguía viendo como los niños de antes, con esa ternura e inocencia de los tiempos pueriles. Suspiró.

Y sin darse cuenta, el momento del vals había llegado. Mimi recordó su función como madrina y organizadora, acomodando a las personas en la fila que aguardaba sacar a bailar a los esposos. Cuando se fijó que todo estuviese en orden, sus castaños ojos dieron con el hermano del novio y padrino del mismo.

Se acercó a él y tomó su brazo con total familiaridad. Él se encogió de hombros rendido. Sabía lo que significaba.

No te escaparás tan fácilmente, Ishida.

Lastimosamente, soy consciente de ello ―Respondió y fue arrastrado por Mimi para encabezar la fila de invitados, aguardando el momento de bailar con los recién casados.

No pongas esa cara ―Le alentó Mimi―; es tu hermano y tu cuñada.

Lo sé. Pero sabes que odio bailar. ―La vio rodando los ojos.

No hagas que mis clases de baile hayan sido en vano ―Finalizó Mimi para luego centrar su atención en Takeru y Hikari: ambos danzando al compás rítmico del vals, luciendo la más bella sonrisa cada uno.

Cuando el tiempo juntos hubo terminado, Hiroaki y Natsuko avanzaron para bailar con los agasajados, siendo seguidos por Susumu y Yuuko Yagami, posterior a ellos. Tras los padres y suegros, Mimi y Yamato ―ambos tomados por el brazo, como las dos primeras parejas― fueron hasta los novios y bailaron con ellos. Mimi danzando con gracia junto con Takeru, mientras Yamato no despegaba la vista del suelo, intentando lo pisar a su querida cuñada.

No fue tan malo ―Alegó Mimi cuando Yamato y ella dieron paso a Taichi y a Sora para bailar con los esposos.

Yamato, quien tomó asiento en su respectiva silla, sólo emitió un sonido gutural a modo de respuesta para su acompañante. Ella hizo un mohín.

Piensa lo que quieras: te he salvado el pellejo con mis clases de baile.

Gracias ―la miró entonces sin borrar el ceño fruncido en su rostro, que se aminoró con la sonrisa en Mimi―. ¿Contenta?

No ―sentenció―. No hasta hacerte bailar el resto de la noche.

Él no disimuló su risa irónica que no la molestó.

Necesitarás un milagro ―Ella sonrió y negó.

Milagro o no, mi solución tiene alcohol de por medio ―Ella sirvió cerveza en el vaso de Yamato para beber de un trago, sorprendiéndolo.

Quien diría que la princesa no es tan fina como se decía. ―Mimi sonrió a sus palabras para servirle cerveza al rubio. Se puso de pié, con toda intención de marcharse, tendiéndole el vaso antes de hacerlo. Yamato la miró con desconfianza.

Cariño, continúa subestimándome y el que termine fino, serás tú ―Él no disimuló la gracia de sus palabras, aceptando el vaso de cerveza.

¿Es una amenaza? ―se llevó a los labios el vaso, pasando por alto la cercanía de Mimi hasta sentir los labios de ésta en su mejilla con un sonoro beso.

Dalo por hecho ―Sin más, se alejó de él para ir junto a las damas de honor.

Él no apartó su vista de la castaña, sin poder ocultar la sonrisa en sus labios.


22 de Junio – 11:51 hs.


Volvió a bajar su teléfono con el sonido que indicaba que la línea de Wallace estaba ocupada. Acunó el teléfono sobre sus piernas y miró la pantalla ponerse negra. Cerró los ojos con fuerza, sintiendo aún el punzante dolor de cabeza.

Mimi se levanta de la cama en la que se hallaba sentada segundos atrás, caminando hasta donde el placar, buscando alguna prenda que pudiese usar sin dar a conocer las marcas que evidenciaban su infidelidad.

Detuvo sus pasos cuando encontró su reflejo en el espejo del armario y observó su rostro magullado por las lágrimas. Se centró en la bata de baño que traía encima y con un muerto movimiento, dejó que ésta cayera contra el suelo, apreciando su desnudez.

Marcas de chupones, mordidas, entremezclados con el tacto aún ardiente del agua del baño. Se observaba y encontraba el cuerpo de una mujer en cuya piel latía la culpa y en su mirada se centraba el anhelo. Maldijo en su interior. Hacía tanto que no tenía un encuentro como el que Yamato le dio la noche anterior.

Wallace estaba tan ocupado con su trabajo de empresario que se olvidaba muchas veces de intimar con ella. En muchas ocasiones, cuando ella le proponía hacer el amor con besos insinuantes en su cuerpo, él la apartaba excusándose con el trabajo o el cansancio. Trataba de comprenderlo, no era sencilla su labor; pero una parte de ella, comenzaba a pensar que él la dejaba de ver como la joven que era tiempo atrás y se descubría cuestionándose sobre su atractivo muchas veces.

Recuerdos borrosos traían a ella los azules orbes de Yamato mirándola como si fuese lo más bello que vio en la tierra. En la memoria de su piel aún palpitaba el recorrido que sus manos dieron, donde él estrujaba, acariciaba, sobaba… Cerró los ojos y se amedrentó por desear sonreír ante tal recuerdo. Saberse deseada de esa manera, era reconfortante.

«Nada de esto tiene que saberse».

Había dicho él antes de separarse en el pasillo, cada quien a su cuarto. Sabía que tenía razón. Era lógico desear que aquel suceso entre ambos, aquel accidente del que no recordaban casi nada, se mantuviera en lo oculto; pero a pesar de eso, oírle decirlo le supo amargo.

―Eres una tonta… ―Le dijo a su reflejo y se volvió a la ropa que buscaba en un principio.

No podía mantenerse oculta en su cuarto el resto del día. Los malestares no se hacían sentir tanto como hace unos momentos. El mundo necesitaba saber que ella estaba tan radiante como siempre y se lo demostraría.

Con el maquillaje surtiendo efecto sobre las evidencias de su piel, tomó su bikini favorito, un pareo de playa ajustada a sus caderas, su cabello amarrado en una trenza, su bolsón de mano con sus cremas listas y con la cabeza en alto, salió del cuarto.

Encontró a Miyako y a Sora en la terraza de uno de los bloques del gran hotel, en compañía de otras chicas que les tenía un rostro familiar pero que no indagó demasiado.

Cuando Sora la vio, enseguida levantó su mano para saludarla, mientras la otra sostenía un trago con una sombrillita encima y un color llamativo color naranja que iba a juego con el triquini rojo que la sentaba de maravilla.

―¡Mimi, al fin llegas! Ven, te hemos guardado un lugar ―La castaña sonrió a su amiga y se acercó a ellas, bordeando la piscina al aire libre en la que muchas personas disfrutaban con el sol encima. Las demás jóvenes la saludaron amenamente y aunque ella tratara de corresponder a su saludo, el brillo del sol y las voces entremezcladas, le daban por querer meter la cabeza en el agua y no salir más.

―Gracias. La cama no me dejaba levantarme ―Mintió pero sin que se notara demasiado.

―Después del spa, te lo tienes bien merecido ―Acotó Miyako a lo que Mimi parpadeó sin comprender―. Tú y Yamato… ―Ofreció como ayuda sin que Mimi pudiera caer en cuenta de eso, sonrojándose hasta las orejas―; ¿no habías ido al spa con él?

―¡O…Oh…! Claro…, sí, nos ha sentado de maravilla ―Fingió una risita y trató de mirar otro punto, así no se fijaban en el semblante de terror que traía puesto. Se fue quitando el pareo de tejido y se recostó en la cama de sol, colocándose mejor los lentes y así comenzar a ponerse bloqueador―. ¿Dónde está Hikari? Me resulta extraño no verla por aquí.

Todas las miradas pasaron de Mimi entre ellas, como si esperaban que fuese algún tipo de broma o semejante. Mimi no comprendía a qué iban esas miradas hasta que Sora habló.

―Ella y Takeru se fueron a su luna de miel…, ¿lo recuerdas?

Mimi parpadeó tras los lentes de sol y una carcajada salió de su boca, consiguiendo que las presentes, la mirasen extrañadas.

―¡Claro que lo sé! ―Mintió y continuó poniéndose el bloqueador― Es sólo una forma de decir que ya la extraño. ¿No les da esa sensación?

―Por supuesto ―Apoyó una de las chicas presentes que Mimi no recordaba―. Aún no puedo hacerme a la idea de que Hikari ya esté casada. Si la veo como a una niña aún.

Todas comenzaron a hablar al respecto, recordando anécdotas que involucrasen a la castaña, mientras Mimi se recuperaba de aquel episodio de amnesia bien disimulada. A veces le sorprendía sus dotes actorales, porque en cualquier otra situación, hubiese entrado en corto.

―Vaya, por un momento, creí que la noche anterior te hizo mal ―Comentó Miyako con diversión, siendo correspondida por una risa fingida de Mimi, intentando no mostrarse sospechosa.

―Oh, vamos. ¿Qué acaso seguimos siendo colegialas que se emborrachan con facilidad? ―Preguntó otra joven y eso fue suficiente como para herir al orgullo de Mimi.

La conversación continuó, mientras las jóvenes mujeres se exponían al sol, con tragos refrescantes yendo y viniendo, sin que Mimi pudiese evitar sentir ganas de vomitar. Con una educada disculpa, pasaba de los tragos y se concentraba en tomar agua. Había vomitado demasiado y necesitaba recomponerse.

―Por cierto, Mimi ―Se dirigió a ella una de las jóvenes. Mimi sólo le dirigió la mirada cubierta por sus lentes de sol―, tienes que decirnos dónde conseguiste el vestido de ayer. Era precioso ―Los comentarios comenzaron a surgir por parte de las demás mujeres, elogiando el precioso vestido rosa que portó la Tachikawa la noche anterior.

Mimi no se contuvo con las sonrisas poco modestas. Tenía un muy buen gusto para la moda y vaya donde vaya, siempre acababa llamando la atención. Se acomodó sobre el asiento playero y miró a las jóvenes.

―Con unas semanas de antelación y las tiendas apropiadas, hallarán muy buenas opciones.

―¿Podríamos ver el vestido nuevamente? ―Preguntó otra joven de ojos brillantes por tener una respuesta afirmativa de su parte.

―¿De qué hablan? ―Dijo Miyako entonces, interviniendo― Los vestidos de Mimi son incomparables y no tienen por qué andar de fisgonas.

Las muchachas se quejaron pero eso no hizo que el buen ambiente desapareciera. La conversación giró en torno a otros lares, cuando Miyako codeó a Mimi, llamando por su atención.

―Claro que a tu mejor amiga tienes que mostrarle el vestido. Lo amé, Mimi.

―Por supuesto; sólo tengo que… ―Detuvo sus palabras abruptamente, preguntándose en dónde había puesto su vestido. Se llevó una mano al mentón y trató de hacer memoria, indagando en lo más profundo de sus recuerdos sin demasiados detalles, salvo uno en particular.

Una habitación hecha un desorden colosal, oscuridad y sábanas desperdigadas, ropas deshechas y olvidadas en el suelo mientras se veía a sí misma encima de Yamato, recibiendo embestidas que la hacían delirar de placer.

Su rostro era la personificación de la vergüenza, el pánico y la incertidumbre. Se puso de pié como cual resorte, llamando la atención de las otras mujeres. No supo qué decir; no tenía excusas ni para sí misma. Sólo sabía que tenía que ir en busca de sus pertenencias que de seguro las encargadas de la limpieza debieron de haberlas recogido.

Se revolvió los cabellos con desesperación, maldiciéndose a sí misma y maldiciendo a Yamato con todas sus fuerzas.

―¿Mimi? ―Preguntó Sora con preocupación. Mimi volteó a verlas y ni siquiera forzó una sonrisa reconfortante― ¿Qué sucede?

―Olvidé algo ―Fue todo lo que dijo―. Miyako, ¿dónde puedo recurrir en caso de haber perdido algo?

Lo gracioso de la pregunta era que por más búsqueda que hiciese, su memoria no regresaría a los acontecimientos pasados. No importaba; era feliz con el recuperar su amado vestido y sus demás pertenencias.


Respuesta de Review:

*Lady Mimato: Lamento haber dejado justo en el momento más tenso jajaj tenía que engancharlos con algo ;) Muchas gracias por tu comentario, Lady :3 Me puso muy feliz leerte y pues, ya podrás responder tus dudas con el transcurso de los flashbacks. Nos estaremos leyendo, linda. Un besote~

Notas Finales:

¿Qué les pareció? ¿Les gustó? ¿No? ¡Háganmelo saber! :D

Beso a todos~