DON'T GO HOME WITHOUT ME
XVIII.
El hogar está donde el corazón duele.
A diferencia de él, Kagura es un espíritu libre.
Es gracioso que ella haya acabado siendo justo lo contrario a lo que aparenta. Es gracioso porque parece, por esta vez, que es él del tipo que se aferra. Se supone que no debería ser así, ¿cierto? Él no luce como ese tipo de hombre.
Okita se da cuenta de esta cosa curiosa de los papeles invertidos no como algo que sea una casualidad ni un pequeño detalle. No, cuando ella regresa esa noche a la fiesta sin ningún atisbo de intranquilidad en ella, lejos de él, de sus brazos y sus besos, Sougo nota que él no podría hacer eso. Y no es que ella esté fingiendo no estar turbada, es que de verdad no lo está.
Pero Okita no tiene derecho a recriminar nada. Sus encuentros son a escondidas y nunca le han puesto una etiqueta a esa cosa que hay entre los dos. No quieren y, probablemente, tampoco puedan.
