DON'T GO HOME WITHOUT ME
XXIV.
El hogar está donde el corazón duele.
Okita se da cuenta de que ella está a su lado sin estarlo, pero no, no de un modo místico o espiritual; tampoco es que su presencia lo acompañe en todo momento, sino todo lo contrario. Ella está allí, a su lado, tangible como cualquier ser humano, respirando y balbuceando, pero en realidad no está allí; no le mira realmente ni le habla a él. Es como si Kagura estuviera hablando por la inercia de la rutina, como si le hablara al Okita Sougo de sus recuerdos y no el que la ve todos los días y busca respuestas en el mar azul de sus ojos.
Parece como si Kagura quisiera verlo, pero al mismo tiempo no.
