DON'T GO HOME WITHOUT ME
XXVI.
El hogar está donde el corazón duele.
Sabe que Kagura envía cartas a menudo porque Kondo siempre comenta sobre los extravagantes regalos (muchas veces criaturas de largos tentáculos, otras ocasiones es comida y muy pocas recuerdos femeninos como pinturas o llaveros) que le llegan puntualmente a Otae cada sábado por la tarde cuando va a acosarla desde la copa de algún árbol (todavía no se acostumbra a entrar por la puerta), junto con las largas cartas de muchas hojas y pésima ortografía con las aventuras de esos últimos siete días. También sabe que esos correos los recibe Shinpachi, Gintoki y Sadaharu (a pesar de que el perro no sabe leer), así como Tama, Catherine y Otose en menor medida.
Él no recibe ninguno. Ni una sola palabra, ni una foto o algún recuerdo. Supone que es lo correcto porque su relación nunca fue definida, nunca pasaron más allá de besos furtivos y una noche juntos, y juntos nunca han sido del tipo sentimental respecto al otro. Empero, incluso sabiendo eso, se siente traicionado al saber por casualidad que Kagura se ha tomado la molestia de averiguar la dirección de los nuevos escondites de Katsura mes con mes para enviarle saludos cortos y burlas largas.
