Me ausenté una semana. Pero estoy seguro que la espera valió la pena; pues como dije, estos capítulos serán más y más interesantes.


[SSE]

Sunset Shimmer mantenía sus dientes apretados ¿Se estaba volviendo loca? O ¿Estaba bajo una broma de alguna criatura extraña? No admitía aquella tonta teoría. Cualquier desvelado que conociese su historia podría haberla creado. No existía forma alguna: lo habría notado desde que era una niña. Los demonios eran criaturas detestadas tanto en Equestria como en el mundo humano, las leyendas de estos eran terriblemente descriptivas; el repudio hacia ellos era inmediato. Incluso ella detestaba con todas sus fuerzas haberse trasformado en una, a causa del elemento de la magia.

Era absurdo pensar en ello, luego estaba la pesadilla. Pensando en todo aquello, la adolescente ignoraba la obra del extraño insecto, que quería asemejarse a la telaraña de Charlotte, para seguir analizando todo lo que había pasado. Dirigiéndose hacia la cocina en otra habitación, repensó bien lo que significaba.

Hasta donde había estudiado los sueños eran producto del subconsciente y también utilizaban todas las experiencias pasadas, dentro de un sueño no se tenía consciencia. algunos sabios ponis como Star Swirl tenían conciencia en los mismos y hasta los usaban para resolver algunos problemas, pero generalmente, cuando ella se daba cuenta de ello despertaba de forma rápida. Ahora bien, quizás tenía varias preocupaciones en la cabeza o recuerdos… sí quizás estuvo pensando demasiado en aquella noche. Mas ignoraba la parte final de su sueño.

¿Y si realmente esa figura demoniaca que la salvó de la pesadilla era su subconsciente? ¿Si realmente estaba tratando de comunicarse con ella?

No podía ser cierto, ella no estaba transformándose en un demonio. Había dejado su personalidad atrás, dejó de ser cruel, arrogante; en síntesis, dejó de ser malvada y egoísta, para pasar a ser quien era… había construido su propio camino desde cero. No podía ser una demonio; no ahora, pues era alguien diferente, era diferente a la de antes. Después de colocar la caldera llena con agua se dirigió al baño para mojarse la cara, necesitaba despertar por completo.

Cuando consideraba darse una ducha fría antes de salir, observó el espejo sobre el lavamanos, dio un grito y cayó al piso.

Evitando entrar a un colapso nervioso, comenzó a rearmar todo lo que había visto en el espejo. Su rostro era normal, salvo… ¡por sus ojos! Estos se habían convertido en dos esferas que expulsaban una bruma obscura, a través de estos solo era reconocible algo que se podría llamar iris. Tenía el color de sus ojos pero esa era la única semejanza que guardaba con lo que entendía por ojo.

Con una calma infinita y hasta entonces desconocida para ella, se levantó del piso y se acercó unos centímetros a la superficie reflectante. Evitó gritar nuevamente, pero seguía allí, no fue un error de visión. Entonces recordó que Fluttershy se alarmó el día anterior al verla. ¿Sería lo mismo que ella observó?

Evitando el pánico acercó sus manos para hallar su párpado, pero dentro de este existía carne negruzca con miles de fibrillas pequeñas. Y lo peor de todo era esa bruma obscura, salía por sus ojos y se disipaba en el aire como el talco. Tomando aire y al borde del pánico, hizo algo inexplicable para ella… acercó su dedo a la bruma que parecía tener forma esférica, parecía ser su ojo. Pero cuando tocó lo que parecía ser la córnea, se aterró al comprobar que no era sólida, sino más bien que su dedo ingresaba en la cavidad donde debería estar su ojo.

Y podía verlo claramente, siguiendo la curiosidad y la desesperación por sentir contacto con algo, siguió adelante y cuando finalmente tuvo más de la mitad de su dedo dentro tocó algo demasiado duro para ser su cornea, no tardó en darse cuenta que era una superficie algo áspera; el terror finalmente la invadió cuando comprendió que era su cráneo.

No tenía ojos o bien poseía unos nuevos ojos; de entre ambas posibilidades la segunda fue la que se llevó las palmas. Pero ¿Qué le estaba ocurriendo? Se negaba creerle a la cosa esa sobre su identidad demoniaca… pero ante lo que tenía en frente, incluso al hecho de no estar desmayada o de seguir cuerda, no tenía opciones de donde elegir. Un maldito demonio, no, no podía ser cierto, deseaba que aquellos ojos se fueran. Añoraba con todas sus fuerzas dejar de tener aquellos lapsos dignos de una esquizofrenia.

Nuevamente y con gran esperanza se vio nuevamente al espejo y su sorpresa fue aún más grande al ver sus ojos normales… se estaba volviendo loca, era la respuesta más racional y la que prefería creer antes de aceptar las palabras de una criatura extraña y desconocida. O quizás esa cosa estaba detrás de sus cambios. Quizás, de alguna, forma le estaba induciendo aquellas mutaciones, espejismos, imágenes mentales, etc. De ser así, tenía que encontrarla y hacer que revirtieran los cambios.

Pero por qué lo haría, lo más seguro era que deseaba dominar Equestria o el mundo humano convenciéndola de ser algo que no era. Los cambios que realizaba debían hacerse en la noche, o, quizás hasta era una especie de virus que estaba mutándola como en los videojuegos de Rainbow Dash. Todo ello lo haría para ponerla en contra de sus amigas; de esa forma sería mucho más fácil lograr la victoria y si se hallaba bajo su dominio… podría conquistar Equestria con mayor facilidad, Twilight sería el primer blanco a atacar, su confianza la haría tener la guardia baja. Entonces con los elementos ya inhabilitados, Equestria perdería su medio de defensa más importante y tendría vía libre para atacarla por sorpresa; pero lo que pasaría después era totalmente desconocido para ella.

Cómo llegó a estructurar toda aquella hipótesis en menos de tres minutos, era un completo misterio. Pero ahora, temiendo ese escenario que era mucho más posible, o al menos que aceptaba con mayor seguridad, frente a ser una demonio; tenía la necesidad, el deber de aclarar lo que sucedía con ella. De ser la situación así, necesitaba encontrar a la criatura lo más antes posible. Había hecho su telaraña en algún momento de la noche, así que no debería estar muy lejos del lugar. Estaba completamente segura de que, si revisaba bien todo el perímetro, lo hallaría.

Pero el zumbido y el tono de su celular la distrajeron de la tarea, de inmediato lo sacó y observó el mensaje de Rarity: "No se olviden del picnic" Sunset se golpeó con la palma en la frente, lo había olvidado por completo. En el estado en el que se encontraba no sabía qué hacer, si se presentaba y tenía uno de esos extraños cambios, de seguro que la impresión en sus amigas no sería una aceptación inmediata, en especial porque no sabía qué sería lo que cambiaría exactamente.

Se veía envuelta en un campo lleno de incertidumbre, no sabía porque tenía las transformaciones aleatorias o por qué se asemejaban más a…

- No, no soy un demonio ¿Entiendes? – Decía observando a cualquier lugar y esperando que el insecto ese la escuchara.

Era en absoluto inaceptable la loca teoría de sus cambios, debía ser la magia de la amistad que hacía que sufriera leves transformaciones, así como al tocar música con sus amigas. Sí, esa era la razón. El único detalle era que no estaba "cambiando" como en los juegos de la amistad.

Se tranquilizó al pensar aquello, ignorando por completo el hecho de que sus transformaciones tenían más en común con una hibridación con un demonio que con un poni. Se sentó a seleccionar algo que llevaría al picnic, tenía un poco de mortadela para preparar sándwiches, unas cuantas verduras.

Era raro que pudiera comer carne, a pesar de su pasado regido por una dieta estricta en verduras. Un poni jamás podría comer carne, pero con un nuevo cuerpo y con nuevas necesidades, se había visto obligada a probarla, y debía admitir que le encontró el gusto.

Unas cuantas frutas; su refrigerador necesitaba reabastecimiento, pero tomando la cesta que había buscado en la noche, tomó una tela colorida para poner sobre el césped y decidió abandonar la casa, deseando no volver en un buen tiempo y olvidarse de la pequeña fantasía del insecto que recorría su mente sin cesar.

*[SST]

El día no podía ser más curioso de lo que ya era, un joven, como lo era Wane, observaba con gran intriga todo su alrededor. Los niños del orfanato se hallaban corriendo de aquí para allá; tomando sus respectivos cargos repartidos, desde conserjes, meseros, teloneros hasta actores, magos y gimnastas, todos daban los últimos retoques de su presentación. Los observaba atentamente, niños, niñas, adolescentes, todos cooperaban en la tarea de manera conjunta; incluso los pequeños de cinco años pasaban con prisa, llevando pequeñas bolsas blancas de plástico con vestuarios a los vestidores. El orfanato anteriormente había sido una mansión de Star Swirl.

- Ven, sígueme. – Informó la veinteañera empujándolo por la espalda hacia el interior de la mansión.

Wane se dejaba llevar por la fuerza que ella imprimía, si bien no le importaba en gran medida las actividades que realizaría en el lugar, no tenía nada más que hacer. Había revisado la documentación de la ciudad, incluso algunos reportes de anomalías en los colegios. Pero no encontró nada que pudiera llevarle con ella. Sus posibilidades se reducían a esperar que el momento idóneo se presentase y finalmente su magia se desbordara por unos segundos, haría una transportación al lugar preciso; de esa forma, aunque estuviese con otros humanos, la hallaría en el instante. Pero hasta que llegase el momento para ello, no tenía nada en que pasar la ardua espera. Además, observando la conducta de los humanos, dentro de aquella pequeña actividad que realizarían los jóvenes, podría llegar a aprender algo más sobre ellos.

Sunset obligó a su coetáneo a llegar hasta la oficina de la directora, con un gran cansancio de debido a la poca cooperación que este le ofreció. Mas, cuando estuvieron en el lugar, esta los recibió con una gran sonrisa.

- Señor Wane, estoy sorprendida de que le interese participar de esta actividad. Espero que no se deba a las tácticas evasivas de la señorita Shimmer. – Sugirió con cierto tono de burla y logrando incomodar a Sunset Shimmer.

- Desde luego que sí, los niños no son el tipo de personas con las que me gusta convivir, pero le debía un enorme favor, así que haré lo que pueda. – Respondió el joven con una sonrisa de lado mientras observaba por la ventana los jardines; estos comenzaban a llenarse de gente que llegaba.

De inmediato la veinteañera sacó una caja café con unas cuantas poleras; observándola con cierto recuerdo fugaz del pasado.

- Ten. – Afirmó poco antes de pasar una de las prendas, que calculaba era de la talla de Wane, parecía tener algo fornido, pero no era de los que amaban las pesas.

- ¿Qué es esto?

- Una polera. – Contestó de forma sarcástica la veinteañera, al ver la reacción poco contentada de su coetáneo esbozó una sonrisa poco antes de hablar. – Las usan para identificarnos como el equipo de voluntarios. – Aclaró finalmente poco antes de salir de la habitación hacia los baños.

Con cierto asombro por la vestimenta obligatoria para participar del evento, el joven posó sus ojos turquesa sobre el diseño del mismo. Un color rojo sobre el cual se lucía un escudo de armas, seguramente del orfanato, con unas letras en blanco y negro que decían "voluntariado de actividades de recolección de fondos".

- Nos vemos luego. – Señaló, mientras seguía con la mirada a la humana que de pronto parecía estar extremadamente emocionada por cooperar con el orfanato. No comprendía exactamente la razón por la cual lo estaba, pero de alguna forma llegaba a importarle, su curiosidad le llevaba a seguirla a través de los pasillos mientras esta corría por llegar al baño.

Cuando esta atravesó la puerta sabía bien que no existiría modo alguno en que pudiera verla dentro, le constaba que los humanos observaban esa conducta como terriblemente reprobable. Así que al ver el símbolo del baño de varones en la puerta de al lado ingresó sin la menor duda, probablemente estaría cambiándose de vestimenta y esperaba que él hiciera lo mismo.

Una camisa beige con unos lentes negros habían sido su elección para el día, pero no importaba lo que llevaba puesto, así que no tuvo el más mínimo problema en sacársela y ponerse la polera roja. En menos de un minuto salió para ver a Sunset con una polera similar, los colores de la polera y algunos mechones de su cabello eran casi idénticos, cuando esta lo observó, apreció una sonrisa por parte de este.

- ¿Me veo bien? – Fue la única frase que a Wane se le pudo ocurrir.

- No estás tan mal. – Fue la respuesta de la pelifuego, poco antes alejarse del sujeto que había conocido de forma tan esporádica, dejándolo con las palabras en la boca.

El demonio se preguntaba por qué todavía tenía una confusión respecto a la identidad de la fémina, entendía que ella tenía una personalidad particular con respecto a las humanas de su edad, sin embargo, pasar el tiempo junto con ella resultaba ser algo casi tan grato como disfrutar de la música.

En medio de su andar, la veinteañera se dio media vuelta para observarlo y hacer una mueca.

- Hey, el día está a punto de empezar y ya estás bloqueado, vamos, tenemos que ayudar. – Advirtió poco antes de seguir con su paso.

Otra de las razones por las cuales la hembra le tenía intrigado era el carácter cambiante que poseía, ciertamente sus conocimientos del comportamiento en otras especies no bastaban para poder comprender a la perfección a la humana, en especial la emoción que ella tenía al tratarse del apoyo dirigido a las criaturas más jóvenes.

Sus pasos lentos volvieron a seguir a la casi mujer por los pasillos, bajando unas escaleras con sus respectivas alfombras, algunas imágenes de antiguos huérfanos sobresalientes, personalidades de la antigua mansión y demás.

La fémina espero al mocetón en el jardín por unos cuantos segundos. Cuando este finalmente la alcanzó reparó en que su aspecto no era en definitiva repudiable, conocía a muchas chicas que habrían dicho un montón de piropos al respecto del cuerpo que se gastaba; pero por experiencias pasadas la pelifuego había comprendido que lo importante estaba dentro y, aunque el mundo entero había popularizado la frase y llegado a repetirse de la forma más superficial, ella sabía bien a lo que se refería. Pero también apreciaba que el desconocido se hubiera ofrecido a ayudarla; aunque pregonara que era una forma de reparar el disgusto que le había hecho pasar en el centro comercial.

La función de teatro se hallaba en una de sus partes cumbres, el personaje principal era atravesado por una espada en una finta tramposa por parte de su rival acérrimo, se trataba de un conde de peinado simple, con una coleta y una casaca de militar; sí, el amor del poeta hacia una dulce doncella finalmente se veía frustrado con el horrible susurro de la muerte en su oído, todo el público expectante observaba conmocionado la escena final de una obra hecha por el mismo Star Swirl.

El mariscal finalmente lograba vencer al maldito poeta, este caía al piso con la espada traspasando su axila, pero emulando la terrible estocada que atravesaba sus vísceras causándole un dolor enorme; su vista se alzaba victoriosa mientras el cuerpo del poeta caía, definiendo así el final de su vida, llena de sufrimiento y angustia. La doncella, atrapada tras las rejas de aquella catacumba, observaba horrorizada la muerte de su amado.

- ¡Oh mi Señora! Hoy no solo he matado a este infeliz que le robo el corazón, sino que también he matado a una parte de mí junto con él. – El público desconocía que semejante obra pudiera ser escrita por el viejo Star Swirl. Veía atónito la escena final de una obra que los mantuvo al borde de las butacas del teatro, el cual construido bajo órdenes del mismo propietario antes de morir.

Así finalmente, el increíblemente joven mariscal de tan solo veintiocho años se acercaba hasta la fémina que lo observaba aterrorizada.

No hacía falta saber que dentro del orfanato existía una exigencia al máximo, así como un cuidado y protección únicos; lo mejor de todo era que los estudiantes eran quienes se exigían entre ellos sacar lo mejor, eran una familia unida. A la que lamentablemente nunca pudo unirse. Pero dejando de recordar el pasado, Sunset se contentaba con la maravillosa interpretación; recordaba la obra línea por línea.

La señorita Spring Rose yacía sentada en el piso, producto de la enconada lucha de sus pretendientes, una estaca le había llegado al hombro, inmovilizándola con absoluto dolor, pero ahora se podía apreciar el dolor, el sufrimiento que le causaba el hecho de perder a su amado a manos del pretendiente que había rechazado, y también estar a varios metros de distancia, dentro de una celda solo incrementaba su agonía.

Las botas del mariscal chocaban fuertemente con el piso a medida que avanzaba hacia el lecho de la bella dama, tomando un frasco de vidrio dentro de uno de sus bolsillos, lo extendía hacia ella.

- Si él es tu elección amarlo hasta la muerte, no puedo obligarte a amarme; pero tampoco puedo verte sufrir sin tener la cura de tus males.

Spring Rose comprendía muy bien el significado de las palabras del joven mariscal, así como el público, incluso algunas muchachas que habían acompañado a sus padres a regañadientes ahora no podían evitar derramar una lágrima, incluso un par de caballeros comenzaban a hacer el ademán de no ver la tragedia que se suscitaba tapándose el rostro con sus manos, pero, aun así, dejando un espacio para ver lo que ocurriría.

- No hay barreras para el amor, no hay límite para aquello que se hace por él. Mi buen mozo, quizás si las cosas hubiesen sido distintas... pero no viviré sin mi amor. – Exclamó finalmente poco antes de ingerir el veneno que había dentro del frasco que obviamente era jugo de uva.

Entonces, la doncella poco agraciada por la que se había librado una batalla en la política, en la guerra e incluso en la poesía caía muerta, sus vestimentas harapientas la envolvían mientras su vista se perdía y finalmente dejaba de respirar.

-Es pues justo que los justos ganen y los injustos pierdan. – Clamaba finalmente el mariscal poco antes de sacar otro frasco y beber su contenido que resultaba ser vino. Poco después comenzó a caminar a la salida del calabozo, allá afuera le esperaba la gloria, el poder… la victoria ya era suya.

En ese instante el telón se cerró, la audiencia se levantó completamente maravillada por la actuación, cautivada hasta lo más profundo. Incluso los adolescentes silbaban de gozo ante tal presentación. Más de uno deseaba conocer a los actores que no los superaban en edad, incluso la actriz de Spring Rose tenía una edad inferior a la mayoría de las muchachas que estaban presentes.

Sunset también deba aplausos. Con todas sus ansias había leído la obra hasta el cansancio dentro de la biblioteca del barbado. De pequeña lo había adoptado como ejemplo a seguir, aunque lo hacía a su paso, a su lado Wane daba unos pequeños aplausos pese a no haber captado la obra de la misma forma. Donde todos vieron amor y lágrimas, el observó un proceso de progreso de la civilización, de ideas que comenzaban a cambiar la vieja sociedad. Una victoria que evidentemente tuvieron que ganar y que se merecían. Star Swirl había captado de forma impecable todo aquello.

- Como pocos llegaron al inicio de la obra, se perdieron el siguiente dato importante. – Aclaraba la directora con un gran placer. – Esta es una de varias obras, que según se dice, Starswirl escribió, la encontramos en un rincón de una vieja casa del árbol hace siete años, pero por desgracia…

Las palabras de la directora, servían como dato curioso y deseado por las personas que escuchaban mientras salían del teatro. Sunset comenzaba a pasar por un pasillo diseñado para los actores al frente del escenario, donde un pequeño se paseaba sin que nadie le pusiera atención en absoluto. Wane lo observó intrigado, gesticulaba cierta melancolía, pero se tapaba inmediatamente con una de sus manos para que lo vieran, Sunset estaba tan emocionada que no lo observó. De inmediato ambos llegaron al escenario que ya tenía el telón abajo. Los muchachos seguían allí.

- Hola, lo hicieron fantástico, me gustaría un autógrafo de cada uno de ustedes – decía con entusiasmo mientras procuraba que su remera fuese apreciable. – Wane y yo somos los voluntarios que se presentaron.

- Hola, perdonen que no podamos saltar de alegría, estamos agotados. – Aclaró un muchacho con la voz algo ronca, mientras se deshacía de su utilería de soldado y la guardaba cuidadosamente en una caja.

- Bien, mejor los dejo solos. – Respondió Sunset.

Nuevamente Wane fue prácticamente empujado fuera del escenario, para salir al espacio exterior de la mansión, el patio trasero era inmenso y la mayoría de los huérfanos allí solían jugar todo el tiempo en ellos, además de cuidarlo.

- ¿Oíste lo que dije? Agh, no sé qué me pasa, actúo como una tonta aquí – Dijo la pelifuego con algo de vergüenza, sus mejillas estaban algo ruborizadas.

- Yo diría que te gusta bastante, eso es todo. – Aclaró el joven a su lado mientras tomaba nota de las extrañas pulsaciones del corazón de la fémina, así como un aumento en la irrigación de sangre.

- ¿Tú crees? – cuestionó la veinteañera con cierta impresión.

- Desde luego, quizás te guste ser voluntaria, hasta el punto de ponerme a trabajar aquí por nada. – Continuó el joven en tono de burla. Ganándose una sonrisa por parte de la mujer.

- Sabía que podías sonreír. – Agregó poco antes de recibir un ademán de golpe por parte de esta.

- Ajá, ahora vamos a hacer nuestro trabajo. – Acotó la fémina poco antes de seguir empujando a Wane.

- Podrías dejar de hacer eso, no escaparé ni nada por el estilo.

- Es que me está gustando hacerlo. – Respondió de forma juguetona la veinteañera.

*[SSE]

El sol estaba en ese punto donde es perfecto para pasar el tiempo bajo él y estar relativamente fresca, la piel de Rarity lo agradecía y Fluttershy también se alegraba de no sufrir de su furia.

- Vamos, estoy segura de que ninguna de ustedes antes había visto antes algo tan alocado. – Mencionaba Pinkie Pie mientras sostenía el objeto de su completa atención en la mano.

- Pinkie es solo una piedra con forma de pato. – Señaló Applejack con cierta curiosidad. – Es bonita y todo, pero.

- Pero nada, es el pisapapeles perfecto. – Advirtió la adolescente de pelo alocado mientras tomaba la piedra y la ponía en uno de los bolsillos de su falda.

Sunset sonrió, apreciaba de forma irrefutable cualquier momento junto a ellas, en cierto sentido el tiempo junto a ellas valía el precio de todo su pasado, hacía que sus decisiones valieran la pena. Es cierto, muchas veces había pensado tirar la toalla ante la actitud de algunos de sus compañeros en el pasado, cuando cambiar parecía una tarea tan pero tan difícil cuando le ponían apodos; cuando la ignoraban por completo y mostrarle el resentimiento que se había ganado con todas las de la ley.

Por esos momentos todo fue confusión, pero no se comparaba en nada con los de ahora. En absoluto deseaba que ellas supiesen de sus cambios repentinos, no aceptaba las palabras del molesto insecto; pero, aunque no quisiera hacerlo, a cada segundo parecían hacerse más y más verídicas.

- Y eso básicamente es lo primero que debes saber acerca de los chicos. – Sostenía Rarity mientras Twilight tomaba notas en un cuadernillo pequeño.

- Esto tiene un método, leyes… variables; dudo mucho que hubiera aprendido esto en un libro. – Decía completamente impresionada la adolescente de piel morada mientras volvía a revisar sus apuntes que habían excedido las diez páginas, las palabras clave y detalles importantes eran resaltados.

- Y ¿Por qué preguntas todo esto? – Cuestionó Rarity mientras observaba a Rainbow Dash que también había tomado algunas notas mentales de la clase magistral de su amiga, claro, sin dejar de parecer indiferente al tema.

La pregunta de la modista de inmediato puso a la adolescente entre la espada y la pared, la entretenida clase terminaba con la pregunta que realmente importaba y aquella que no deseaba responder. Eran evidentes las sospechas levantadas a raíz de la pregunta, pero a Rarity le encantaba comprobar las cosas de primera mano.

- ¿No es obvio? – Esquivó la adolescente con una mirada apenada.

- Pues, no lo es para mí. – Continuó Rainbow Dash con un gesto de complicidad entre ella y Rarity que se selló con una mirada entre ambas.

- No se lo digan a nadie.

Sunset también escuchaba atentamente las palabras de su amiga, apreciando la inocencia que todavía poseía, ciertamente, no sabía muchas cosas de tener amigas como ella en un inicio, un secreto era algo vinculante entre ellas, fuese como fuese, lo mantendrían oculto y jurarían no revelarlo bajo ninguna circunstancia.

- Claro que sí, lo juramos. – Se apresuró a responder Rainbow, mientras se acercaba junto al resto de sus amigas para escuchar mejor los casi susurros de la adolescente.

- Flash me gusta. – Admitió finalmente con un gesto de vergüenza y al mismo tiempo con una sonrisa de nerviosismo por finalmente librarse del secreto.

Ante la impresión del grupo, la nueva estudiante del CHS estaba impaciente.

- No es el secreto más secreto de todos terroncito. – Dijo de forma sincera Applejack con Pinkie Pie comenzando a servir unos Sándwiches que preparó junto con Fluttershy.

- Y bueno… te quiero comentar. – Comenzó a decir Sunset.

- Twilight, no creerás lo que pasó ayer. – Interrumpió Pinkie Pie. – vi un montón de globos de todos los colores y entonces se apareció uno morado, entonces te recordé, recordé que hasta ahora no habíamos tenido una pijamada contigo, así que yo propongo hacer una – Gritó, pero al instante siguiente hizo el ademán de toser y poniendo un puño en su boca continuó hablando haciendo como si tosiera. – Aaaa Applejack pone el lugar Chuuu.

- Qué. Espera yo…

- Voto a favor. – Se adelantó Rainbow, seguida de Fluttershy que dijo de forma baja un sí, Rarity, incluso Sunset confirmó de manera inmediata.

- Bueno, vivimos bajo una democracia, así que señorita Applejack, usted pondrá la casa. – Sentenció Rainbow de forma puntual e imitando a la señorita Harshwinny, incluso su tono de voz.

Twilight todavía no comprendía muy bien la forma en la cual todo el grupo de amigas al que ahora pertenecía lograba tener un vínculo armónico con peleas, riñas e incluso con apodos entre ellas, recordaba que una vez memorable, la venerabilísima Rarity había hecho enfurecer tanto a Rainbow Dash con su falta de feminidad entendida bajo sus términos que Rainbow se había acercado y como si de un chico se tratara dio un fuerte golpe con la palma de su mano al trasero de la modista.

En aquella ocasión estuvieron a pocos segundos de aniquilarse la una con la otra; en su anterior colegio habría sido causa de una batalla a muerte si no es que de una ira de por vida, pero después de una semana ambas volvieron a hablarse, aunque claro, todo aquello estaba bajo el perpetuo silencio de las siete.

- Por cierto Twilight, el otro día estaba leyendo un artículo de… - Comenzaba a decir Sunset con la alegría del momento para ser frenada de inmediato por Applejack.

- Twilight, será mejor que vengas antes para que la señorita olvidadiza de aquí no te deje dormir en algún rincón frio. – Advirtió la vaquera con su tono campirano.

Las miradas de Applejack y Rainbow se cruzaban mostrando una capacidad casi telepática de comentar el vergonzoso momento en el que Big Mac le devolvió a la fémina su sujetador negro en la granja semanas después de haberlo olvidado. Hasta ese momento, el chiste interno de la Apple era casi irrefutable y que, para una mente malpensada, podría convertirse en un tema candente y muy sugerente. Eso se ganaba por proclamar una falsa democracia.

Desde hace un tiempo, las muchachas le ponían una atención enorme a la más reciente estudiante del CHS, incluso en momentos como aquel, la ignoraban, comprendía que estuvieran algo ansiosas por conocer a la Twilight de su mundo que era diametralmente distinta de su contraparte poni, por lo que sabía, realmente era otra persona, alguien un poco más cerrada y con cierta inquietud por la magia de la amistad.

Estaba a punto de comenzar a hablarle a Twilight, pero un dolor fuerte de cabeza le vino de repente, esta vez venía seguido de un mareo, ninguna de sus amigas notó el reciente estado en el que se encontraba, pero sin darse cuenta se levantó del césped, ante la vista de sus amigas se llevó la palma a la frente.

- ¿Qué te pasa querida? – Cuestionó Rarity con preocupación.

- Nada, solo un dolor de cabeza, iré a mojarme un poco. – Advirtió la adolescente poco antes de retirarse.

Si esos cambios se daban, prefería realizarlos en un lugar alejado de ellas, que mejor que el baño del parque para hacerlo. Lo que menos deseaba era que la vieran como un monstruo nuevamente. Debía descubrir la causa y necesitaba la ayuda de Twilight, por mal que sonara, sus amigas no tenían un carácter científico, objetivo y abierto que poseía su amiga de lentes.

El mareo bajaba lentamente, pero volvía a incrementarse, los baños estaban a no más de cien metros, pero el costo de llegar a ellos fue tal, que apenas pudo dar diez pasos seguidos sin tambalearse. Sus amigas no la observaban, por suerte.

Pero de pronto sus oídos se agudizaron de una forma extraordinaria, pudo escuchar unos pasos no muy lejos del lugar en el cual se hallaba, detrás de la arboleda, pisaba algunas ramas, hojas secas, pero se acercaba con cierta prisa. En ese instante, tuvo un terrible presentimiento, algo dentro de ella comenzaba a preocuparse por la situación, el sujeto se estaba acercando.

El mareo se hizo todavía más fuerte, forzando a la adolescente a aferrarse al tronco de un árbol para no caer; sin embargo el sonido se hacía más y más cercano, no perdía la intuición de que era algo malo. Sin fundamento alguno, esa pequeña preocupación comenzó a hacerse mayor, hasta el punto de desesperarla. Los síntomas comenzaron a desaparecer, pero todavía podía escuchar los pasos de lo que fuera que estuviese en la frondosidad de los árboles.

Cuando se dispuso a caminar en dirección a sus amigas, cerró los ojos a causa de un poco de polvo que le entró a los ojos y cuando los abrió, se asombró de lo que observó: estaba en un desierto y el sol comenzaba a bajar.

- No, dónde… dónde estoy. – Preguntó de repente con un susto enorme.

Un viento repentino junto con una gran cantidad de arena del desierto nubla su campo de visión. Pero de pronto la fémina sintió como si algo de ella quisiera decirle algo, como si alguien tratara de hablar con ella, era igual que ver a Fluttershy hablar cuando tenía miedo, pero no podía observar a quien deseaba hablarle, no tenía ni la más remota idea y sin embargo, tenía una preocupación inexplicable por el sujeto que escuchó caminar. ¿Irracional? No tenía otra palabra para describir lo que estaba sucediendo, y sin embargo todavía podía pensar de manera fría el estar parada en medio el desierto.

La sensación no se iba, de hecho seguía exhortándola de forma continua que caminara en dirección a una duna cercana, sin darse cuenta comenzó a realizar ese deseo, sus huellas eran borradas casi instantáneamente. Qué diantres sucedía.

"A ver, Sunset… qué pasó" se decía recordando que hace no más de treinta segundos estaba en el parque de la ciudad y ahora estaba en medio de un desierto. No era un sueño, definitivamente no estaba soñando despierta. Todo era real, se transportó a un lugar bastante lejano, conocía la sensación de transportarse, era un hechizo que antes utilizaba de manera indiscriminada, pero en este mundo, no se podían realizar tales acciones, menos manipular la poca magia a la que tenía acceso pues no estaba en la escuela. No tocó música, ni nada.

Sus pasos se vieron frenados al escuchar un sonido seco en las cercanías. Entonces la preocupación se elevó hasta casi llegar a ser desesperación nuevamente, quienquiera que fuese ¡La había seguido hasta allí! Sonaba bastante demencial, pero ella había realizado una transportación de enorme distancia sin desearlo, ni conjurarlo, si ese sentimiento o lo que fuera le decía que era el mismo sujeto… probablemente era cierto.

En ese instante sus mareos frenaron, el dolor de cabeza terminó; el sujeto que la perseguía estaba no muy lejos, de pronto sintió un empujón y casi instantáneamente las dunas, la arena y el sol a punto de ponerse desaparecieron para que ahora pudiera apreciar un montón de cajas viejas y desechadas en un callejón angosto. Una rata huyó despavorida del lugar, pero no le prestó atención, no entendía nada de lo sucedido, absolutamente todo era incomprensible de momento.

La sensación apareció nuevamente, pero esta vez junto con ella también llegó un sentimiento de seguridad al saberlo y al entender que ese algo, que le provocaba todos esos sentimientos, tenía cierto plan, era como si intuyera exactamente lo que debía hacer. Primero: dirigirse a la salida del callejón, tomar una capucha rosada y ponérsela en la cabeza. Después caminar en dirección a una estatua de un sujeto en meditación.

Sin repensarlo mejor, la adolescente siguió al pie de la letra aquellas ¿Sospechas? ¿De javus? O lo que fueren las visiones que tenía en su cabeza, sin conocer nada del lugar, se guió por una serie de imágenes salidas de quién sabe dónde, tomó una capucha rosada de un puesto que las vendía, todas las personas la observaban de extrañadas. Ignorando todo eso continuó con su camino.

La sensación de peligro ahora era mucho mayor, así que apresuró su paso, no debía mostrar su rostro, se puso la capucha rosada y se tapó el cabelló, un mechón bajó por su frente hasta llegar al frente de sus ojos, una vez ocurrió esto, cambió de color frente a sus ojos, en lugar de ser rojo se convirtió en uno negro. Entonces con un pánico inexplicable observó su mano y se percató de que esta también cambiaba de color a uno verde pálido.

Se tragó su grito de susto continuando con su caminar, las personas no perdían detalle de su avance hasta llegar a la estatua que concordaba con lo que había visto dentro de su cabeza momentos antes, sin perder más tiempo continuó con lo que ahora parecía una persecución.

El final de la calle estaba cerca, cuando escuchó un camión tocar su bocina de forma estridente, juró haber visto la luz en rojo, ante el susto sus reflejos, que eran buenos, no respondieron, solo siguió caminando sin prestar mucha atención al motorizado que estaba ahora a menos de un metro y un choque inminente. Sus pulmones se detuvieron, sus cuerdas vocales se pasmaron, quiso gritar pero no pudo. El miedo por su fin le quitaba todo pensamiento que pudiera realizar al respecto… pero seguía caminando, hasta que paró en seco y después de cerrar los ojos viendo pasar su vida frente a ella.

Al abrirlos, se entró a sí misma atravesando el camión, solo la parte superior de su pecho, cuello y desde luego su cabeza se hallaban visibles, pero sobre el camión, el resto de su cuerpo estaba en algún lado.

Entonces nuevamente comenzó a caminar, sintiendo que su cuerpo seguía allí, de hecho lo atravesaba, de forma horrorizada observó cómo pasaba a través del capote del motorizado y salía del otro lado con su cuerpo completo… Pero no hubo tiempo siquiera de ver el rostro del conductor o de los transeúntes aterrorizados por lo sucedido; el peligro estaba próximo. Tenía que llegar hasta el callejón.

Con los cinco sentidos alerta, la adolescente podía sentir como que tenía un sexto y hasta un séptimo sentido adicional, supo de forma inexplicable que un borde del edificio a cinco metros frente a ella estaba en mal estado y, de hecho, una fuerza parecía moverla para que cediera.

Sus observaciones se hicieron realidad, todo el muro comenzó a ceder, escuchó el sonido del cascajo, del cemento y de ladrillos desplomarse, resquebrajarse e incluso caer sobre ella. Pero en esta ocasión deseo continuar caminando, esperando que se diera el mismo fenómeno. Cerró los ojos debido al miedo, no fue sino hasta que escuchó el sonido del muro golpeándose contra el asfalto y la acerca cuando los abrió.

Sus pasos no se detenían y asombrosamente no estaba ni un poco cansada, su respiración se mantenía igual; observó el rostro de la mayoría de las personas presentes, muchos observaban con miedo lo sucedido, sus rostros denotaban el horror de ver semejantes fenómenos frente a ellos.

Por una fracción de segundo, pasó al lado de una tienda con un mostrador de vidrio de gran tamaño, lamentablemente, al observarlo, vio en su reflejo el par de ojos que había visto en la mañana; sin embargo, la sensación de peligro no se iba, dejaba para después cualquier cosa. Sin más dobló, ingresando a un callejón.

Estaba a pocos metros de que el callejón terminara cuando pudo apreciar que no había escape, todos sucedió de forma bastante rápida, de hecho, fue solamente como sentir otro cosquilleo en el estómago y como si no tuviera contacto con tierra. En una milésima de segundo, se encontraba nuevamente en el parque, pero esa vez, rodeada de personas. Sintió una especie de escozor por toda la cara y un poco de ardor en los ojos; esas sensaciones regresaban, pero esta vez la impulsaban a caminar en dirección a sus amigas, le infundían también una tranquilidad absoluta… incomprensible y en gran medida demencial, pero en vista de las circunstancias, Sunset prefirió seguir ese… Instinto.

Sus pasos lentos se encaminaron detrás del montículo donde deberían estar sus amigas; quizás la calma pudo espabilarla de un hecho fundamental: su aspecto. Preocupada, sacó su teléfono celular para utilizar la pantalla como espejo; con cierto temor apuntó directamente a su rostro. El color de su piel, su cabello y fundamentalmente sus ojos habían vuelto a la normalidad. El dolor de cabeza desapareció, así también los mareos. ¿Qué demonios estaba sucediendo? ¿Acaso se estaba volviendo loca? Se pellizcó su brazo izquierdo con todas sus fuerzas para levantarse del sueño. Pero el efecto fue dar un chillido de dolor.

- Qué pasó Sunsy. – Dijo Pinkie que se apareció de la nada. Logrando que Sunset pegara otro grito.

- Pinkie… ¿Puedes hacerte invisible o algo?

- Solo rompo la cuarta pared. – Dijo con una sonrisa la de pelo alocado.

- ¿Qué?

- Emm, nada, nos preguntábamos dónde estabas, te fuiste por más de una hora.

No podía ser cierto, el tiempo en que transcurrió todo no pudo haber sobrepasado los diez minutos.

- Sí… eeeh tuve unos mareos terribles, tuve que ir por unas pastillas que olvidé en casa.

- ¿Fuiste a tu casa? – Cuestionó Rainbow con cierta emoción. – Debiste haber recorrido la ciudad a toda velocidad.

- Sí, claro que sí. – Afirmó la pelifuego mirando hacia atrás, pero no había nadie…


Y ¿bien? Seguro ya muchos están adelantándose a lo que ocurrirá después, al menos espero haberlos dejado picados… bueno, nos leemos la próxima semana.