Odio a Karee.
¿Por qué había tenido que hacer esas patrullas de reconocimiento? ¿Y por qué demonios tenía que tocarme a mi un turno de noche?
No, era mentira el que odiara a mi hermana. Sólo se preguntaba por qué narices tenía que mandar cosas como esta. Aunque estas medidas habían evitado ya varios ataques de trolls aliados de los gigantes.
Maldita Karee y malditos y efectivos métodos. No entiendo como Yorick no se retiraba ya y la dejaba al mando de una vez. Negué con la cabeza y continué con mis amigos.
Skylar resoplaba continuamente y me miraba mal, igual que Geri.
-Basta ya- dije al cabo de un rato-. ¿Se puede saber qué os pasa a vosotros dos?
Geri y Skylar me miraron mal mientras Kristof y Fedric reían suavemente y negaban con la cabeza.
Desde que Karee me había dicho haría ya un año, que aceptarían a Elyn, lo hicieron ipso facto.
Aún dolía la muerte de mamá. Agradecía que Karee se guardase esas cosas. Al final si tenía razón en que no quería saber.
Vivía mucho mejor en la ignorancia.
Mi hermana había madurado increíblemente ese año. Si antes ya creía que era toda una mujer, ahora lo era aún más. Pero daba gracias a los dioses por que aún no hiciera caso a los chicos. Luego ella me llamaba denso...
-Lo que pasa- me espetó Skylar, devolviéndome a la realidad-. Es que tu hermana, la que, por cierto, es como mi hermanita pequeña, es la jefa. ¿Por qué no me ayudaste a librarme de este turno de patrulla?
Casi de resorte recibió una colleja de Kristof.
-Las patrullas nos vienen bien para dar un paseo y estirar las piernas- le regaño-. No es bueno estar todo el día encerrados.
Fedric le miró mal, lo cual era raro.
-También debemos estar alerta.
Kristof rió y le quitó importancia con un gesto de mano.
-Sí, eso también.
Skylar rodó los ojos con exageración y yo resoplé. Mucha veces no entendía a ese par, pero bueno, qué se le va a hacer.
Bromeamos mientras dábamos media vuelta, saludando al equipo que iba a sustituirnos.
Entramos en la cabaña y bajamos a sus entrañas, dirigiéndonos a nuestra habitación para cambiarnos y limpiarnos el sudor. Titubeé en la puerta. Kristof me vió y rió.
-Vamos, ve. Ya te bañarás cuando vuelvas, aunque si se apartan de tu camino, no me digas que no te advertí.
Sonreí y me fui corriendo.
Tenía los mejores amigos del mundo.
Estaba en la Sala, sola frente a la chimenea, con el pelo dorado siendo resaltado por las brasas. Geri fue directamente a apoyar la cabeza en su regazo. La abracé por detrás y le di un beso en la sien.
-Hola- me dijo con una sonrisa alegre.
-Hola- respondí. Seguramente tenía cara de idiota enamorado, pero no me importaba-. ¿Cómo estás?
-Bien- titubeó-. ¿Y tú?
Descanse la barbilla en su cabeza.
-Mejor imposible.
Ella rió y me dió un beso en los labios que me dejó la cabeza en las nubes.
-Karee me dijo que fueses a verla a la biblioteca cuando llegases- la miré sorprendido-. No hace falta ser ella para saber que me vendrías a ver a mi en cuanto llegases- dijo con una sonrisa radiante-. Pero voy a recuperar el tiempo que nos robe tu hermana.
El corazón se me paró medio segundo.
-¿Donde siempre?
Ella asintió y tragué saliva para calmar mi garganta seca. Ella rió y me dio un beso en la nariz, pues siempre decía que mi barba le hacía cosquillas.
-Nos vemos luego- me susurró en el oído, haciendo que un escalofrío me recorriera la columna vertebral.
Miré hipnotizado cómo se iba con ese suave contoneo de caderas.
Sí, estaba estúpida y perdidamente enamorado.
Meneé la cabeza e hice un gesto a Geri para que me acompañase. Karee nunca había tenido mucha paciencia.
Caminé por los pasillos hasta llegar al sitio que se había convertido en el refugio-cárcel de mi hermana. Una vez me había confesado su deseo de quemarlo hasta los cimientos. Lastima que era demasiado húmedo para lograr que una llama prendiese.
Yo no solía entrar en la polvorienta biblioteca. Bueno, ni yo ni nadie a excepción de Karee y Freki.
Karee estaba sentada en una de las mesas de roble, rodeada de papeles y escribiendo mientras Freki no paraba de dar vueltas para llamar su atención.
Karee había madurado mucho ese año, aunque a costa de eso ahora era incluso más callada. Había dado tal estirón que ya me llegaba a la barbilla, y sus gafas para ver de cerca no hacían sino que se la viera más mayor aún.
-¿Te vas a quedar todo el día ahí embobado, Dave?- inquirió con sorna, levantando la vista.
Sonreí y me senté a su lado en el banco mientras los lobos se tumbaban cansados en el suelo.
No sabía cómo mi hermana podía trabajar tanto. Sino estaba entrenando o dando clases a los pequeños, estaba de misión o diseñando estrategias. No tenía ni idea de dónde sacaba el tiempo para hacer todo.
-¿Qué haces ahora?- dije inclinándome sobre los papeles.
-Necesito que me ayudes con una cosa- dijo ignorando mi pregunta mientras tapaba unos papeles con unos símbolos que no podía reconocer y que me enviaron un escalofrío por la columna vertebral.
-¿El qué?- no oculté mi inquietud.
-Ayúdame a convencer a Yorick para que eche a Alrick y a Axell.
Me quedé estupefacto.
-¡¿Qué?!
-¡Shh!- me calló con gesto hosco-. No seas escandaloso, Dave, por el amor de los dioses.
-¿Por qué quieres echarlos?- a ella no le gustaban, eso estaba claro, pero hasta ahora nunca había hecho algo parecido.
-Son peligrosos- dijo en tono sombrío-. Causarán mucho daño. Hay que librarse de ellos.
-No puedes echarlos.
-Sí, sí que puedo. Si no me ayudas, rebelaré quién es su padre. Después de eso los lincharan vivos y quedará en más de una conciencia.
-¿Quién es su padre? Es imposible que sea tan malo como para que los linchen. Y, ¿no le molestará eso a tu conciencia?
-Hay muchas cosas que molestan a mi conciencia- dijo con furia-. Pero esa no será una. Y sí, Dave, su padre sí es tan malo.
-Estás algo paranoica- dije sin darme cuenta hasta que fue demasiado tarde.
Ella solo sonrió amargamente y se quitó las gafas para frotarse el puente de la nariz.
-Probablemente- aceptó -, pero no quiero correr riesgos.
Hacía bastante que había aprendido que debía confiar en mi hermana. Si hacía algo, debía de tener una excelente razón.
-¿Por qué?- dije solamente por curiosidad.
Ella se tensó un segundo.
-He...practicado- la miré sin comprender y rodó los ojos-. He mejorado mis habilidades. Ahora casi siempre veo lo que me interesa.
-¿Ganaremos la guerra?
Ella resopló.
-Por supuesto, pero no será gratis ni fácil. Y no me refería a ellos- titubeó, calibrando qué decirme y qué no-. Hay dos visiones que siempre se repiten. Una es del futuro, de la cual no te puedo contar mucho porque habrían cambios que no me interesan- hizo una mueca pesarosa-. La otra...me va mostrando distintos momentos. No se si es del pasado o del presente. No acabo de verlo claro.
-¿Por qué me cuentas esto?- estaba confuso. Ella no solía hablar de sus visiones a menos que fuera completamente necesario.
Ella titubeó y apretó los labios, con gesto preocupado.
-Quiero mostrarte la segunda y que me des tu opinión. No he podido descifrarla, y me trae loca. No sé por qué, pero...- hizo un gesto raro con la mano sobre el corazón. Negó con la cabeza-. No se explicarlo.
Sonreí tontamente.
-¿No te habrás enamorado?- eso me molestaba un poco, pero si ella iba a ser feliz, aguantaría todo. Como ella había aguantado y ayudado a Elyn con los demás, convirtiéndose en un pilar para una chica que nunca le había caído muy bien.
Rió amargamente, lo que me sorprendió.
-No, Dave. El camino que he elegido es uno muy solitario- parecía triste, pero sonrió-. Tú en cambio serás feliz.
Me tendió la mano, dispuesta a enseñarme esa visión que tanto parecía atormentarla.
La cogí sin dudarlo.
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Estábamos en un apartamento que estaba hecho un desastre.
Había ropa por todo el suelo y cajas de pizza en un rincón, además que olía a cerveza rancia, lo que me recordó a aquel horrible orfanato donde habíamos vivido.
Se notaba que alguien había intentado arreglar el desorden, pero no lo había logrado muy bien.
El sofá con algunas manchas que había en una esquina estaba despejado de basura, y enfrente de él una pequeña televisión. La cocina estaba impecable, y desprendía un delicioso olor.
Entonces oí un grito de mujer.
-¡Por favor, Gabe!
Oí un golpe. No había entrenado durante años como para no reconocerlos. Una mano en mi brazo me detuvo de ir a parar los gritos. Karee miraba con tristeza al final del pasillo.
-No podemos intervenir; estamos aquí de forma extracorpórea.
Me fijé en que éramos semitransparentes, como fantasmas. Karee parecía muy triste, y cerró los ojos cuando se oyó otro golpe y un sollozo.
Me cogió la mano y me llevó hasta la esquina del sofá, donde se veía un pequeño cuerpo acurrucado.
Tendría unos seis años, y rastros de lágrimas le surcaban las mejillas. Tenía unos ojos verde mar intenso rojo e hinchados, y la marca de una mano descansaba en su bronceada mejilla, aún regordeta por la infancia.
Se me rompió el corazón cuando Karee se sentó a su lado y el niño y este se acurrucó hacia donde ella estaba.
-¿Estás segura de que no podemos intervenir?- susurré sentándome al otro lado del niño.
Ella asintió, sonriendo suavemente mientras acariciaba el revoltijo de pelos negros que tenía el niño.
-Muy segura, pero parece un niño muy perceptivo- me respondió también a susurros.
Poco a poco, los sollozos del niño remitieron y se quedó dormido.
Karee me cogió la mano y volvimos a aparecer en la biblioteca, donde se dejó caer un uno de los bancos, agotada.
-¿Estas bien?
Ella sonrió cansada.
-Estupendamente, solo necesito unos momentos.
Asentí y me senté a su lado.
-¿Sueles ir?
Nos quedamos en silencio un tiempo, pero al final contestó.
-Sí. Sé que no puede percibirme, pero me gusta estar ahí para él. Me... Me hace sentir en paz.
Tenía una mirada de desesperanza. Ella no lo admitiría, pero se había enamorado un poco de ese niño de apariencia de ángel.
-No sé qué quieres que te diga- le dije cuando me preguntó-. No noté nada especial. Aparte, claro está, de querer partirle la cara al que estaba pegando a la mujer.
Ella asintió, un poco triste y la abracé.
-Se llama Sally- me dijo acurrucada contra mí.
Apoyé mi barbilla en su cabeza.
-¿Y el niño?
Se tenso.
-Perseo, pero su madre le dice Percy.
Entonces la niña dulce y tierna creció, y se convirtió en la mujer fría y calculadora que devora corazones con una sonrisa.
