DON'T GO HOME WITHOUT ME

XXXIII.


El hogar está donde el corazón duele.


Pasa el tiempo y nada cambia entre los dos. Se ven menos, pero pasan más noches juntos. Es una cómoda rutina la que manejan: insultarse, golpearse, mandarse al hospital, besarse y hacer el amor.

Quizá Okita debería estar feliz, pero todo es más vacío de lo que aparenta.