Tardé en irme de la biblioteca. Daven, en cambio, salió escopetado en cuanto me encontré un poco mejor y le animé a irse.

Tendría alguna cita con Elyn, eso era bastante común. En todo caso, me hacía una idea de lo que hacían en esos ratos en los que nadie podía encontrarlos. Preferiría no hacerme ninguna idea respecto a ese tema, pero siendo yo eso era bastante complicado.

Suspiré. Al menos Dave tenía un buen futuro asegurado, aunque tuviese un final glorioso y prematuro.

Había intentado ver por todos los medios cómo cambiar eso, pero no había manera. Ya lo resolvería a su tiempo, aunque me dejase la piel a tiras en el proceso.

Eché la cabeza hacia atrás y cogí aire profundamente, llenándome los pulmones de ese aire húmedo y rancio que reinaba siempre en la biblioteca. Estaba realmente agotada, aunque no lo dejase traslucir siempre. Sentía como si cada parte del cuerpo me pesara una tonelada y, hasta al menos un rato, no podría levantarme sin caerme.

Esperé con los ojos cerrados hasta que la sensación remitió ligeramente y me levanté, seguida por el celoso Freki.

Caminé por los pasillos que sabía desiertos a esa hora, puesto que ahora no tenía muchas ganas de socializar, y me puse a esperarle en su cuarto particular. Maldito suertudo que tenía una habitación para él solo.

Cuando entró y me vió sentada en su cama, casi le da algo.

-Joder Karee- dijo Yorick después de dar un respingo-. Que susto me has dado. Casi me provocas un infarto.

Me levanté con gesto serio y el ceño ligeramente fruncido.

-Exageras. Eres demasiado joven para sufrir un infarto- repliqué-. Ahora, sabes a qué vengo.

Él gruñó, exasperado por mi tozuda insistencia.

-No sabes lo que pides.

-Sí que lo sé- expuse con tranquilidad-. Echa a los gemelos de La Casa.

-¿Y qué les digo?- se burló amargamente.

-Nada que ellos y nosotros no sepamos- continué implacable-: no pertenecen a este lugar, y no pueden seguir fingiendo que sí mientras nos ponen en peligro a los demás.

-Este es el único lugar al que pertenecemos todos.

-No ellos- negué-. Todos nosotros menos ellos. Nunca deberían haber nacido.

-Muchos piensan lo mismo de tú y Dave.

Bufé, sabiendo que estaba perdiendo terreno. No sabía qué le pasaba a Yorick últimamente que nunca me escuchaba. Hacía oídos sordos a todo lo que le decía o directamente hacía lo contrario.

-¿Por qué no me escuchas? Sé tan bien como tú que echarlos es tirarlos a las puertas del Niflheim. ¿Crees que no lo haría a menos que hubiese otra alternativa?

Se cruzó de brazos y apretó los labios, creyéndose en una pose imponente, aunque a mi me pareció más que ponía los morros como si fuera un niño pequeño.

-No se van a ir. Sólo porque no te caigan bien no pueden ser malos. No siempre se hará lo que tu digas, Karee.

Me quedé petrificada, sabiendo por qué actuaba de esa forma.

-Tienes miedo. Miedo a que te quite todo el poder antes de tiempo- él apretó aún más los labios, aprobando mi suposición. Esto era increíble-. ¿Sabes lo poco racional que es esto? ¡Muchos podrían morir por un capricho tuyo! ¡Y fuiste tú el que quiso que te sucediera!

Continuaba igual. Me abrió la puerta de su cuarto con un seco movimiento de brazo y la señaló con la barbilla, despidiéndome.

A punto de atravesar la puerta, me paré a su lado y le taladré con la mirada, sabiendo que siempre obtenía el mismo efecto.

Yorick se encogió en su sitio.

-Como muera una sola persona por esta rabieta tuya- susurré amenazante-. No habrá agujero lo bastante hondo como para que te ocultes de mi, Yorick. Ten eso buen en cuenta mientras sopeses las opciones que se abren ante ti.

Freki asintió con un oscuro gruñido en dirección de ese idiota antes de seguirme.

Salí a paso rápido y amplio, sin ganas de hablar con las personas que me saludaban a mi paso.

Fui directa a mi habitación y la cerré con un golpe después de que Freki pasara.

Me derrumbé contra la puerta y enterré la cabeza entre las manos, completamente agotada. Me destapé la cara y cerré los ojos, suspirando. Freki me lamió la mejilla, en un intento de mejorar mi humor.

Reí y le acaricié.

-Ay, chico- suspiré-. Estoy preocupada. No sé qué se supone que debo hacer.

Él sólo me miró, con esos ojazos dorados que tenía y restregó su hocico contra mi mejilla.

Me levanté y me fui a la ducha. Eso siempre aclaraba mis ideas y me ayudaba a razonar mejor.

Cuando salí, más tranquila y secándome el pelo, las chicas me estaban esperando inquietas y mirando cómo Freki y Ursa se lamían el uno al otro, enternecidas.

-Has tardado- dijo Astrid de sopetón.

-¿Pensando?- inquirió mi cuñada.

Sí, Elyn vivía conmigo y las chicas ahora.

Su grupo se fue al completo y ella se quedó sola aquí. Era eso o ver a Dave de morros durante más de un año. Él y los chicos se iban en cuanto terminase este verano, así que Elyn este año los acompañaría y se irían a vivir a un pueblo con universidad.

Que fuésemos un tanto brutos no significaba que no tuviesemos estudios.

-Más o menos- asentí-. Id a cenar vosotras, hoy no tengo demasiada hambre.

-¿Estás segura?- Maija estaba preocupada-. Últimamente faltas a muchas comidas.

Astrid asintió.

-No te nos estarás volviendo anoréxica, ¿verdad, Barbie?

Le sonreí. Siempre habían sido como unas hermanas para mí. Hablando de hermanas...

-Estoy bien. Solo tengo sueño. Necesito descansar un poco, estoy agotada.

Ellas asintieron y, aún preocupadas, se fueron.

Me senté en mi cama, con las piernas cruzadas y aún secándome el pelo mientras Freki se acostaba a mi lado y bostezada.

-Vago- bufé-. Pasas demasiado tiempo con Geri. Pero tranquilo, con Yorick así de enfadado, no tardará en enviarnos a alguna tontería para no vernos en un par de días. No por nada llevamos años trabajando con él.

Él sólo volvió a bostezar y me acabé durmiendo con él.

La verdad, ahora se me hacía bastante fácil controlar mis poderes, sobretodo cuando dormía.

Imagínate que tu mente consiste en un sistema de tentáculos que alcanzan cada persona o tema en el que quieres pensar. Y que forzando un poco esos tentáculos, te pudieran mostrar imágenes y escenas.

Vale, no es una descripción muy agradable, pero es lo que más se le asemeja.

Extendí un trazo de mi conciencia hacia mi hermana pequeña, Andrea. Hacía mucho que no hablaba con ella. La primera vez que la alcancé en sueños, ella se sobresaltó tanto que despertó enseguida. Con suerte, durante el paso del tiempo, más o menos se había acostumbrado.

Ahí estaba. Un destello que denotaba profundo aburrimiento. No me haría notar ahora; aún continuaba despierta. Estaba con unas chicas a las que consideraba unas hurracas. Estaban hablando de chicos.

Enarqué mi invisible ceja.

"¿Enserio, hermanita?", no pude evitar intervenir.

Ella dio un respingo y sobresaltó a las demás. Se disculpó y se fue a dormir.

No tardé en notar cómo se entregaba a los cuidados de Nótt, la diosa de la noche.

"¿Estabas espiándome, Karee?".

Sonreí y, aunque que no lo pudiera ver, se lo dejé notar.

"Muy joven para perder el tiempo con hombres", la regañe cariñosamente. "Con tu edad hay mejores cosas que hacer que mantenerse ociosa y pendiente de ellos".

Andy bufó.

"Quizás, pero están buenos. Lástima que sean tan bobos".

Reprimí una risa.

"Pues acostúmbrate; no cambian con la edad".

Noté como suspiraba con exagerada frustración, algo divertida.

"¿Y Daven?"

"Tan meloso y asquerosamente empalagoso como siempre. No te has perdido mucho. ¿Y tú? "

"Bien. En la escuela no me va mal, aunque no soy muy buena".

Hice una mueca para mí misma. Debía ser muy malo estudiar con dislexia y TDHA. Hasta Andrea no había conocido a nadie con ellos, y no parecía agradable.

Nosotros no estudiábamos tanto, aunque había insistido en mejorar la educación de los nuestros, pues solo sabíamos lo básico, pero nunca uno de nosotros había tenido un problema como ese.

"¿Para qué estudias?", le pregunté.

"No tengo ni idea, pero me gusta la mitología, así que a lo mejor me pongo a trabajar en un museo".

Un escalofrío me recorrió la espalda.

"¿Y tú? ", preguntó al final, después de un silencio.

"Quiero ser física ", le confesé. Muy pocos lo sabían.

La noté reír y la interrogué silenciosamente.

"Perdón", dijo. "Solo es que debería habérmelo imaginado".

"¿Por qué lo dices?"

"Tienes la cabeza e inteligencia de un científico", respondió con simpleza.

No discutí a pesar de mi escepticismo. La notaba muy convencida de ello.

"Vale", dije. "Buenas noches, Andrea".

"Buenas noches".

Me sentí mal al irme, pues notaba todo el cariño que me tenía.

¿Qué clase de hermana era que me comportaba así? ¿Cómo podía abandonarla allí, sola y lejos de Daven y de mi?

Es para protegerlos, me recordé. Eso es lo único que importa: el futuro de ambos.

Yo no sería feliz, no estaba escrito eso para mí, pero haría todo lo posible porque ellos sí.

Aunque Andrea me tenía confusa. Aún había muchas cosas que no lograba y, entre ellas, estaba el ver su futuro.

Suspiré mentalmente y me rendí al esfuerzo mental que había realizado.

Una noche de sueño tranquilo era una buena recompensa por tanto esfuerzo.

No me hacen falta enemigos, mis "amigos" hacen un buen trabajo.