Me desperté con las piernas completamente doloridas.
Me estiré, tirando conscientemente a Freki de la cama al suelo y abrí lentamente los ojos.
Ignoré el hecho de que Elyn no estuviera presente en la habitación y me fui al baño para arreglarme mientras las otras tres se levantaban.
Linnae no tardó en llegar, con el pelo rojo fuego hecho un desastre y los ojos aún cerrados. Parecía un zombi, como todas las mañanas antes de tomarse su café matutino. Tenía un vicio con ese líquido amargo que yo no soportaba. Maija, en cambio, estaba perfecta nada más levantarse, como si fuera a sacarse una foto, con una desastrada trenza que recogía su pelo rojo oscuro y una sonrisa cansada.
Salí del baño y levanté a Astrid tirándola al suelo. Nos lo solíamos hacer mucho la una a la otra.
-Me cago en tus muertos, Barbie- maldijo.
Reí y me senté en mi cama con las piernas cruzadas, haciéndome una trenza.
-No tengo ninguno que me importe lo suficiente como para que eso me moleste, así que puedes despotricar contra ellos todo lo que quieras.
Me miró con el ceño fruncido, intentando descifrar mi tono misterioso y la frase que nadie en su sano juicio diría. Al final desistió y me metió en el baño como un tornado de mal humor.
Por eso siempre me levantaba la primera. No era bonito que cinco mujeres compartieran un solo baño. Y menos cuando una de esas cinco mujeres era Astrid.
Al cabo de un rato llegó una sonrojada y despeinada Elyn y le pasé mi peine mientras me terminaba de trenzar el pelo.
-Toma, te hace más falta que a mí. ¿Debería preguntar o es mejor que ni lo sepa?
Se sonrojó todavía más si cabe y negó con la cabeza. Se peinó mientras esperábamos al desastre de compañeras que teníamos.
Cuando salimos, nos topamos con los chicos y fuimos todos juntos hasta el comedor, donde nos esperaban mi hermano y su equipo.
Los miembros del equipo de mi hermano siempre me habían tratado como a una mascota-hermana pequeña por lo que les tenía bastante cariño.
Dave... Bueno, no sabría muy bien como describirlo, pero básicamente era un niño atrapado en el cuerpo de un hombretón. Mediría más de metro noventa, y era muy ancho de hombros y musculoso. Siempre llevaba esa capa de piel de oso y una barba de tres días, además de nunca peinar el desastre de pelo que tenía. Podríamos decir que era guapo del tipo casual.
Era muy, muy, muy confiado. Por eso solía echarle broncas, pero él era así y ya lo daba por perdido en ese aspecto.
Sus compañeros estaban como siempre, Kristof conteniendo a Fedric y a Skylar para que no se peleasen como los dos niños pequeños que eran, aunque ahora se había sumado a esto Hanne, la novia de Skylar e hija de Nótt, diosa de la noche.
Debía admitir que nuestro pequeño grupo familiar había aumentado mucho últimamente. Además de Hanne, estaba la líder de su equipo, Cybelle, una entrometida hija de Frey, dios se las cosechas y la fecundidad, que a Elyn de caía como una patada en la boca. Pero supongo que era normal cuando ella iba detrás de Dave. Elyn a veces era muy celosa con mi hermano.
Creo que por eso mismo a Astrid le caía bien Cybelle. Si no, lo más probable sería que su cabeza se le hubiera separado radicalmente de los hombros hace tiempo. Astrid nunca había sido famosa por su paciencia.
También estaban Sanna y Tove, las dos miembras restantes y pareja reconocida desde que me alcanza la memoria.
Kristof y Fedric no se daban por aludidos respecto esto, pero allá ellos.
También se nos habían acoplado dos jefes de equipo que eran buenos aliados: Jonas y Richard, aunque ignoraba las constantes muestras de afecto por parte de Richard.
Supongo que parte de este acercamiento se debía a que Linnae se hubiera encaprichado con Borje, que era hijo de Vidar, el dios pacifista, y formaba parte del grupo de Richard.
¿Por qué tendría que estar precisamente en ese grupo?
Estaba segura de que Sjofr, Hnoss y Freyja me tenían manía.
Malditas diosas del amor y sus malditas manías de emparejar a todo el maldito mundo.
Me senté al lado de Fedric, para separarlo de Skylar. Los demás se dispersaron por toda la mesa.
Siempre me había gustado callar y observar en las comidas.
El aire era caliente y lleno de olores deliciosos. La gente reía y gritaba a voz en cuello para hacerse oír entre todo el gentío.
Adornando las paredes, había escudos pertenecientes a los más valientes de nuestros hermanos, tanto de tiempos antiguos como de los modernos. Una de las mayores glorias que podías esperar, era que, a tu muerte, pusieran tu escudo ahí.
Mi mirada se posó en el escudo de Beowlf. Él siempre había sido mi héroe. Su escudo era de cuero oscuro, adornado con Gishjalmir, el metal de los dioses.
Negué con la cabeza, dejando de divagar y me serví la comida: chocolate caliente, unas magdalenas y beicon con huevos fritos.
La mesa estaba llena de gritos, y en un rincón, Astrid golpeaba la mesa mientras discutía con Holger. Podría hacerse siempre el tonto y tener un humor casi peor que el mío, pero era uno de mis aliados más importantes. Aaren me dedicó una sonrisa frustrada mientras trataba de separarlos sin éxito.
No pude evitar reír. Quizás no poseía la familia que habría deseado. O el destino. Pero no podía evitar disfrutar de momentos como este.
-¡Karee!
Me giré hacia un miembro del equipo de Jonas y otro de mis pretendientes frustrados: Kary.
-¿Sí?- dije sin dejar ver mi molestia ante las miradas divertidas de los amigos de mi hermano además de su novia y la mirada molesta de este último.
-Mira- dijo extendiéndome un periódico del día. Lo miré, confusa, pero en cuanto me fijé en la portada me di cuenta.
-Maldita sea- dije al ver la portada. Me levanté y miré al estrado que estaba a la cabeza de la sala, donde comían Yorick y las Valkirias-. ¡Yorick!
Éste me miró con el ceño fruncido. Será crío.
Le lancé el periódico y algunos silbaron y aplaudieron cuando lo cogió sin problemas.
-¡Esa Karee!
Holger se calló cuando le tiré un trozo de beicon a la cara y Freki saltó sobre él para comérselo.
Astrid y unos cuantos más casi se mueren allí mismo de la risa que les dió el ver a Holger lleno de babas hasta las tranquas.
Yorick palideció al leer la portada. ¿Es que nunca se informaba? Puff, al final sí iba a ser que me explotaba.
Miré a mi hermano y este me dedicó una sonrisa de: "qué se le va a hacer".
A mí se me ocurría algo, pero aún no había llegado el momento, pensé mientras daba otro trozo de beicon a Freki e ignoraba la mirada asesina patética que me lanzaba Holger.
Que fuera un importante aliado no significaba que le dejase tocarme las narices.
Yorick le pasó el periódico a Sigrún y esta frunció el ceño con gravedad. Se levantó y todo el mundo calló.
-Karee, quiero que salgáis inmediatamente tú y las personas de tu elección a solucionar esto. Sed discretos.
-¿Pero qué pasa?- inquirió Linnae.
-Los monstruos están descontrolados- le contesté, hace do que varios dieran un respingo-. Algo está causando que aumente su actividad, sobretodo en cierta zona de Alaska.
Astrid y Holger gimieron. Lo único que tenían en común esos dos era que son un par de vagos.
-¿Por qué nosotros? ¿Qué os hemos hecho, dioses?
Gracias a esos mismos dioses que Holger maldecía, Aaren lo sacó a tirón limpio de oreja para ir a prepararse. Lennart y Sven los siguieron entre risas.
Mientras todos salían del comedor, fui a por Dave y Elyn.
-Ve al cuarto a prepararte, necesito hablar con él.
Ella asintió, con el ceño fruncido y se despidió de Dave con un beso.
Me lo llevé a parte.
-Tienes que convencerlo.
Suspiró.
-¿Y cómo lo hago, Karee? Si no te ha escuchado a ti, dudó que lo haga conmigo.
-Insiste, tú eres más razonable que muchos, aunque está muy cabezota. Nada se pierde por intentarlo.
Me iba cuando Dave me agarró el brazo.
-¿Y si no me hace caso? Dices que son peligrosos, ¿qué haremos entonces?
El corazón se me oprimió y miré esos grandes y angustiados ojos azul oscuro como la misma noche.
-Tengo un plan B, pero reza para que Yorick razone y no tenga que recurrir a él.
-¿Tan malo es?
-Depende del punto de vista- dije con amargura-. Pero todo vale por un bien mayor. Haga lo que tenga que hacer, nunca lo olvides. Te quiero- dije besando su mejilla mientras me miraba, más preocupado que antes-. Cuídate y no te mates mientras no estoy.
Me fuí a mi habitación antes de que Dave pudiese decir nada más.
Me paré a la puerta de mi cuarto, oyendo divertida cómo Astrid me maldecía.
Si los lobos pudieran reír, Freki lo habría hecho a grandes carcajadas.
Adoraba cuando Astrid se ponía a maldecir y decir palabrotas como una verdadera marinera. Esta muy divertido ver a las pobres Maija y Elyn sonrojadas. Cada vez que se enfadaba, Linnae y yo nos reíamos mucho, haciéndola enfadar aún más.
-Que aprecio me tienes- dije entrando en la habitación, olvidando mi carácter sombrío de hacía unos segundos.
-Cállate, Barbie de los huevos, cállate. No me pongas de peor humor o probarás el filo de mi hacha.
Esta vez sólo sonreí, porque sabía que si me reía sólo haría que quisiera cumplir su amenaza y me puse a hacer mi maleta mientras Freki se echaba una siesta antes de partir..
No tendré la vida más perfecta del mundo, pero no querría otra.
