Cinco semanas, ¡Cinco! Por fin puedo continuar con el fic, disculpen la demora.


- Sunset, ya despierta. – Una voz bien conocida por la adolescente resonó dentro de su cabeza; obedeciendo de forma inmediata, abrió los ojos para poder observar a la directora Celestia en una pijama rosa con encajes.

Desde luego, la directora abrió sus ojos de par en par al notar que el cabello de su estudiante estaba como nuevo, no pasó mucho tiempo hasta que pudo apreciar su brazo ahora sin vendajes, pero mucho más importante todavía, sin ninguna cicatriz ni recordatorio alguno de su accidente.

- Sunset ¿Qué te pasó?

- A qué se refiere… - En milésimas de segundo, la pelifuego recordó con exactitud lo pasado durante la noche, su vista fue a dar directamente con su brazo; si pudiese existir una esperanza que todo lo ocurrido fue un sueño, fenecía en ese instante.

Sin premeditación, Sunset se sentó para ver su otro brazo, así como parte de su cuerpo; allí estaba, como si no hubiese ocurrido nada en absoluto, su torso, sus muslos, piernas, manos, todo estaba como nuevo, incluso su tono de piel era bastante normal… luego estaban esas sensaciones, podía percibir todo a su alrededor, hasta el más mínimo detalle era apreciado: todos y cada uno de los cabellos de Celestia, la piel muerta que se desprendía de su cuerpo, sus células, sus órganos, sus huesos, los minerales, las enzimas que estaban en plena producción y consumo… incluso sus conexiones neuronales eran percibidas, aquello era por demás perturbador, pues aquella información no llegaba como una mera imagen visual… era una combinación distinta de percepciones, olores, sonidos, imágenes, cadenas, secuencias y mucho más complejo aún, sentía los objetos de forma tan compleja que a duras penas podía concentrarse en solo un estímulo a la vez.

- Sunset… ¿Qué te ocurre? – Celestia sonaba increíblemente preocupada y no era para menos, la adolescente estaba sentada sin decir una sola palabra, con su mirada en el infinito, completamente estática.

De un momento a otro, Sunset comprendió que aquella forma de percepción era de la cual Ocllo y su padre se preciaban en sobre medida, también que podía prescindir de dicha percepción por todo el tiempo que quisiera. De un segundo a otro, mientras conjuraba de forma silenciosa el flujo necesario para regresar el mundo percibido por ella a la normalidad, el rostro de Celestia denotaba cada vez más su preocupación, pero por fin, los colores, las paredes, todo volvía nuevamente a la normalidad. Sin demora, la adolescente llevó su mano derecha a la cabeza.

- Lo siento… es que, aun me siento débil… anoche pasó algo raro.

Celestia sabía bien que si ella decía "raro" era extremadamente preocupante y ni siquiera terminaba de creerse su recuperación de ciencia ficción, de hecho la mayor parte del tiempo no podía creerse aún que la chica frente a ella, junto con sus amigas poseían lo denominado como magia… no sabía nada al respecto, pero le costaba un montón mantener el secreto, de todas formas era algo tan increíble que la tacharían de loca solo por decirlo.

- Supongo que pasó por arte de magia ¿Verdad?

La pelifuego observó con mayor atención a su interlocutora mayor, su mirada denotaba cierta intranquilidad, pero no podía culparla, cualquiera tiene miedo ante lo desconocido, la magia era pues desconocida, incluso para ella misma; aun cuando había sido una de las mejores estudiantes de magia de la historia… estuvo lejos de conocer la magia de forma tan profunda como la conocía en esos instantes. Pero nada de aquello le importaba en ese instante. Volviendo a recostarse observó la pared y fingiendo una sonrisa habló.

- Sí, pasó en mitad de la noche… brillé por un momento hasta que de pronto perdí la consciencia, fue bastante extraño… pero heme aquí, estoy tan contenta de haberme recuperado.

- Pero Sunset, No crees que lo que te sucedió... ¿Sabes por qué pasó?

De inmediato la interrogada llevó su mirada hacia su mano, al extenderla pensó fugazmente en decir la verdad detrás de su pronta y casi milagrosa recuperación. No pasó mucho para recordar el sueño que tuvo días atrás… cada vez comprendía mejor su preocupación; si decía quién era en realidad, no existía esperanza de mantener la vida que tenía, aquella con la cual se sentía feliz, completa; no, definitivamente no estaba dispuesta a perderla.

- Sí, practicaba, estaba cantando en voz baja cuando pasó… creo que esa es la única forma de liberar la magia de manera… voluntaria. – Replicó haciendo comillas con los dedos para dar a entender la connotación de la palabra voluntaria.

-Sunset, hemos hablado al respecto un par de ocasiones, pero… Tú y tus amigas me preocupan; siempre ponen en riesgo sus vidas para salvar tanto al colegio como a todos.

- Prin… Directora Celestia, debe creerme cuando le digo que esa magia no se irá aunque me vaya, incluso si me llevara a las sirenas conmigo… mi control de la magia en este mundo es bastante limitado; es por eso que trabajo junto con Twilight para buscar la manera de regresarla al mío.

- No quería decir eso Sunset.

En ese instante, la postura, incluso la respiración de la fémina de piel rosa se volvió más tranquila.

- Qué tal si llegas a investigar esa magia pero no para extraerla, sino para aprovecharla… la idea me ha estado rondando la cabeza desde hace un buen tiempo… a fin de cuentas, es un tipo de energía ¿Cierto?

- Yo… - Aquel fue un fuerte golpe en la mente de la muchacha, tenía pensado utilizar una excusa para quedarse en aquel mundo, su mentira no serviría si ella deseaba darle esa dirección a la investigación que mantenía junto con Twilight. – No estoy segura, nos valemos del poco equipo que tenemos, solo somos dos investigadoras y finalmente, no me parece correcto mantener la magia en este mundo.

- Ya veo, bueno, era solo una idea; no te preocupes. – Aclaró la directora poco antes de levantarse para bajar a la cocina.

Las escaleras sonaron con un ritmo lento, seguramente Luna regresaba de hacer su rutina matutina de ejercicios; al llegar a la puerta de la habitación abierta, de inmediato le dirigió la palabra a la adolescente.

- Sunset, tus amigas vinieron a…

Sin dejarle terminar el enunciado; dos muchachas salieron de la nada, la primera con un cabello rosa ondulado por poco derriba a Luna quien se mantenía apoyada a un extremo del marco de la puerta con una mano, la segunda con mayor consideración pasó con un disculpen, eran Rarity y Pinkie Pie. Al verlas, la mirada seria, fría y casi perdida de Sunset cambió de forma drástica por una de alegría total; tanto Luna como Celestia se dieron cuenta de ello, pues en el corto tiempo junto a ellas, la adolescente de pelo bicolor había tenido esa mirada exclusivamente cuando sus amigas estaban presentes, pero cuando se iban, cambiaba de forma drástica… se podría decir que se ensimismaba: ¿Pensamientos?, ¿Sueños? ¿Remordimientos? fuera de sus amigas, nadie más tenía acceso a dicha información.

- Pinkie… Rarity. – La adolescente extendió sus brazos para recibir a sus amigas con un abrazo cálido.

Desde luego, al tiempo de corresponder el afecto de la muchacha, las amigas se percataron de inmediato de su mejora, especialmente Rarity que pudo apreciar con un simple golpe de vista el cabello de Sunset, había recuperado su tamaño, tonalidad, volumen… pero además, el abrazo fuerte que les daba en ocasiones regresaba.

- ¡Sunset! ¡wow! – Pinkie Pie saltó de emoción luego de percatarse del estado actual de la pelifuego.

El sol iluminaba débilmente el cuarto debido a las persianas; mas los ojos de la muchacha parecían brillar con una intensidad propia. Finalmente, después de más de dos días, una sonrisa se esbozaba en su rostro.

- Querida… estás curada, cómo…

- Magia Rarity, pero eso no importa ahora, me siento como nunca; qué tal si hacemos el picnic que teníamos planeado hacer antes de que me accidentara. – Sugirió la adolescente sin contener su emoción al respecto.

- Mmm, me parece una fantástica idea, bueno, hay que llamar a las demás… creo que Rainbow tendrá un partido dentro de media hora.

- Podemos alcanzarla e ir al parque después, estoy segura que tendrá mucha hambre después del juego.

- Sí, me parece una fantástica idea. – Agregó Pinkie con una sonrisa amplia.

Celestia observaba la forma en la cual las jóvenes trataban el asunto, para ellas era asombroso, magnífico, no veían riesgos ni posibles implicaciones al respecto. Su experiencia como directora le decía que los adolescentes por lo general tenían una discapacidad para actuar con madurez, pero también estaba la manera en la cual Sunset se preocupaba en extremo por la magia que había traído al mundo… su actitud, su comportamiento, su carácter eran tan diversos que a duras penas podía identificarla por uno solo. Con sus amigas era una persona totalmente distinta a cuando estaba sola. ¿Serían así todos los habitantes de su mundo?

- ustedes también pueden ir si lo desean. – sugirió la muchacha de cabello alocado, poco antes de sentarse al lado de su amiga.

Sunset sentía una felicidad inigualable cuando estaba con sus amigas y lograban quitarle cualquier dolor, cualquier penuria de encima. Con un suspiro imperceptible sonrió una vez más al verlas a su lado, sentadas a ambos lados de la cama.

- Bueno, supongo que primero debo atender una importantísima urgencia. – Señaló mientras se levantaba mostrando su restablecimiento total, sin sentir vergüenza al respecto caminó hasta el saco de ropa que le habían dado.

Intrigada, Rarity levantó una ceja mientras preguntó:

- ¿Cuál?

Sacando una toalla, la de ojos turquesa se volteó para ver a sus amigas.

- Darme una ducha, todavía huelo como si estuviera quemada. – Señaló con humor, logrando que sus amigas respondieran con una risa moderada.

Luna se hizo a un lado para dejar a la muchacha pasar, pero no sin antes advertirle algo importantísimo, al menos por las circunstancias.

- No te acabes el agua caliente.

- Seguro. – Respondió la muchacha.

No pasó mucho tiempo hasta que las amigas de Sunset salieran de la habitación despidiéndose cordialmente de las dos hermanas, pasando por la puerta del baño.

- Sunset, nos vemos en el campo deportivo del colegio, te estaremos esperando. – Señaló

Pinkie de forma veloz poco antes de marcharse junto con Rarity.

La recuperación de la adolescente se hizo mucho más notable cuando terminó de darse una ducha para dirigirse a su habitación y cual adolescente normal, sacó toda su ropa para decidir qué ponerse, desde luego, a comparación de su amiga modista se decidió por un conjunto de una remera blanca con la insignia de los Wondercolt y una falda que le llegaba hasta las rodillas, tenía un color azul marino con encajes en los bordes y una línea amarilla a cada lado. Revisando su cabello para apreciar mejor su recuperación, bajó hasta la cocina para tomar un poco de jugo. Pero allí estaban las dos hermanas tomando el desayuno. A esas alturas se había olvidado absolutamente de todo; lo único que le importaba era pasar el resto de la mañana junto a sus amigas.

- Directora, espero no molestarla, pero ¿De casualidad no tendrá una cesta para llevar unos cuantos bocadillos?

- Sí, está en la repisa superior de la izquierda… - Respondió la directora mientras observaba extrañada el enorme cambio que presentaba su, por ahora, protegida.

- Gracias, volveré en la tarde.

- Nos vemos. – La única en responder fue Luna, quien también tenía planeado salir de paseo con Cadance.

Lo cual dejaba a Celestia sola en casa, o al menos eso cambió de un momento al otro, cuando su celular comenzó a sonar.

Discord, decía en la pantalla, de inmediato, su mano interceptó su celular sobre la mesa, ganando por solo una centésima de segundo a su hermana, quien ya había extendido la mano para tomarlo; si bien eran adultas, sus rencillas de pequeñas no se esfumaban aún. Sin embargo, Luna sonrió con una mirada de burla.

- Alcancé a ver el rostro… así que… por fin se decidieron. – Dijo de pronto. La mujer de cabello multicolor se apenó casi de inmediato, su rostro comenzó a sonrojarse, sin evitar azorarse por las palabras de su hermana, Celestia no tardó en dar una respuesta.

- Al menos no asusto a los hombres con la simple mirada.

Luna rodó los ojos ante la expresión, tenía cierta verdad, pero no le causaba ninguna ofensa, incluso le daba cierta risa al ver que ese era el mejor esfuerzo de defensa por parte de su hermana.

- ¡Hay! El amor es algo tan maravilloso y confuso... – añadía con una mueca de ternura. – Casi ni te reconozco hermana.

Sin embargo, Celestia ya había salido de la cocina contestando su celular.

- Aló buenos días… qué… qué se le ofrece.

- ¡Así no se hace Tia! – Gritó una vez más la molesta hermana menor.

Mientras la mayor subía hasta su habitación, el celular de la menor comenzaba sonar, no tardó en contestar.

- Sí Cadance, no llegaré tarde… Agh, créeme que esta vez no te fallaré.

El edificio 7 de la calle Riverside se hallaba bajo un estado de conmoción, todos sus inquilinos tenían un grave problema; este llegó de inmediato al dueño de dicho edificio, el control de plagas se sorprendió al notar la cantidad de animales que el lugar poseía; de hecho, tuvieron que suspender cualquier control, porque existían insectos que no podían pertenecer a una ciudad, de hecho, existían insectos que no eran del continente; no eran ratones, sino ratas las que caminaban por los pasillos de forma indiscriminada, sin temor alguno, incluso si llegaban a golpearlos con pantuflas o palos de escoba, estos continuaban con su camino, en medio de todo el pánico causado por la extrañas plagas, todos comenzaban a salir de las habitaciones, abandonando por completo el edificio… todos salvo el inquilino del departamento 17, la puerta estaba cerrada desde hace tres días atrás, sin embargo, un evento como aquel era insignificante, invisible para cualquiera.

Si bien, el control de plagas regresaría dentro de un par de horas, nadie podía saber que ocurría dentro, nadie salvo claro, esa persona. Detrás de la puerta con un diecisiete grabado, una habitación con ningún objeto propio, salvo ropa y un celular sobre una mesa de noche eran todo lo que existía dentro de dicha habitación. Los insectos, las ratas, incluso varios cuervos se hallaban por todo el edificio, caminando, reptando, volando… todas se convergían en un único punto: la puerta 17 del piso cuatro. Sus ojos, antenas, oídos, todos estaban al tanto de lo que ocurría en el lugar.

Si alguien tenía la osadía de acercarse, todos los animales le observaban con una atención aterradora. Otra de las razones por las cuales todos abandonaron las instalaciones, muchos incluso sacaron sus equipajes y se marcharon en completo pánico.

Finalmente, justo cuando el control de plagas llegó junto a personal especialista en animales extraños, estos comenzaron a abandonar el edificio, los cuervos, las palomas, incluso un par de águilas salieron del tejado, los insectos salían reptando, volando o simplemente caminando por la calle hasta llegar a un sumidero por el cual desaparecían, las ratas salían corriendo por sus vidas, en menos de cinco minutos, el lugar no presentaba rastros de la plaga.

Nuevamente en la habitación diecisiete un brazo se extendía con fuerza hacia el aire, saliendo de la cama con sábanas blancas, era el inquilino de la habitación diecisiete; su piel casi gris, sus ojos turquesa, finalmente todo su cuerpo comenzaba a cobrar vida.

Cuando Wane abrió los ojos, pudo notar la ausencia de humanos en el edificio, era lo más comprensible después de haber utilizado un hechizo tan desesperado para salvarse la vida; sus músculos tardarían un tiempo en responderle de forma correcta, la jaqueca que tenía no se iría en algunos días, lamentablemente la energía que podía utilizar era limitadísima, apenas podría alcanzarle para mantener un proceso de recuperación lento, su estado rayaba en el colapso, pero si ella no lo hallaba, su supervivencia estaba asegurada.

Frustración, miedo, pero más que todo intriga, mantenían su cabeza en funcionamiento; la poca luz que ingresaba era relajante en la medida en que era consciente de que podía verla por un tiempo más…

Un error, eso era, el terrible error de subestimar a la muchacha, apenas era una adolescente humana, o al menos así lo pintó su cuerpo. Pero durante todo el enfrentamiento estaba el hecho de que él había luchado por el poder, ella en cambio por su supervivencia; el tiempo que demoró en atacarla fue el peor de todos, finalmente estaba el hecho de que nunca antes había visto a otra criatura de su especie comportarse como ella lo había hecho, sus palabras, incluso no tenderle una trampa cuando perfectamente podría hacerlo… después, apelar a un sentimiento moral, ético que bien sabía ningún demonio poseía, el juicio de los demás… ¿Válido para un demonio? ¿Cómo era posible eso?

¿Qué era esa demonio? ¿Qué le había ocurrido? ¿Era un defecto intencional por parte de su creador?

"Escucha, esto no tiene por qué ser así… no debemos hacer esto"…"No. Te aseguro que este no es el camino; si continuas con esto, solo terminarás sufriendo"…"Me refiero a que… mírate, estás obsesionado con el poder… créeme, yo te entiendo, conozco bien el estado en que estás, tienes miedo, estás solo". Esas frases, le carcomían todo el tiempo, no pasaba ni siquiera un minuto sin analizarlas.

Cómo era posible que ella pasara de un estado de racionalidad superior a otra inferior; no tenía sentido claro. Pero ¿Qué tal si no era una involución, sino una forma de desarrollo distinta? Era extremadamente difícil de creerlo, más para un demonio que había visto la gloria de su especie durante un periodo de su vida; era una idea loca, no valía la pena explorar aquella posibilidad. Aunque, quedarse desprotegida de aquella forma, no fue capaz de actuar a tiempo, debía de haberla liquidado en ese instante, pero algo fuerte lo llamó a escucharla.

Era incomprensible, al menos de momento, una antinomia a la naturaleza de los demonios, pero no tenía por qué ser una aberración para la especie… quizás era un ejemplo de errores que no se debían cometer, lo tomaría en cuenta cuando le tocara dar parte de su núcleo para crear a dos demonios más.

De momento en todo lo que debía concentrarse era en planear un mejor ataque, un enfoque diferente para apoderarse del núcleo de aquella demonio…

De pronto, el celular sobre la mesa de noche comenzó a vibrar, la mano de Wane se extendió para tomarlo con cierta intriga; al ver la imagen de un sol pintado de amarillo con rojo se percató de quién le estaba llamado, además, ese mismo número había tratado de contactarse con él desde hace ya dos días atrás, diez llamadas perdidas… eso era algo importante, nuevamente las configuraciones de su cerebro que dejó intactas para investigar la naturaleza humana comenzaron a funcionar fuera de su voluntad, creándole un dolor inmenso, una consciencia de falta, inmediatamente su respiración se elevó, así como los latidos de su corazón, el tiempo pareció ralentizarse, incluso podía llegar a decir que necesitaba contestar la llamada; dándose de cuenta de inmediato de todo el fenómeno, estuvo a punto de dejar el aparato donde estaba y continuar con sus pensamientos, Pero nuevamente, ese sentimiento no lo abandonó, esta vez contestó el celular.

- "Hola, habla Sunset, mira, te he estado llamando durante todo el fin de semana, nos faltaba gente para la seguridad y meseros, no contestaste y faltaste al trabajo ayer; solo necesitas confirmar si renunciaste o no"

De inmediato, Wane ingresó en un dilema que no debería darse; comprendía que haber dejado aquellas funciones primitivas funcionando en su cerebro probablemente era un error, ya no tenía caso pasar el tiempo junto a la hembra humana, si bien entendía también los sentimientos que ese funcionamiento primitivo brindaba, no deseaba tenerlos.

- Lo siento, tuve un accidente… no podré seguir con el trabajo. – Comunicó el individuo postrado en cama.

- De acuerdo… - Sin dejarle tiempo a continuar con la plática, el de ojos turquesa colgó, para después apagar el aparato.

Tenía que racionalizar la energía utilizada al máximo, así que no podía permitirse aún cortar el funcionamiento de las emociones primitivas. Sus músculos estaban entumidos, el frio se extendía desde la punta de sus dedos hasta su frente, un sudor frio le recorría todo el cuerpo y sin embargo, prefería estar echado en el piso de madera de su habitación, observando pasar algún insecto desubicado. Incluso tenía hambre… no podía retroalimentarse con magia, debía usarla toda en su recuperación, el traspaso de un cuerpo a otro mediante magia era en suma complicado, su subconsciente estaba al ciento por ciento en ello, pero aun ignorando eso estaba algo que no podía dejar de lado.

Ella… la duda recaía sobre ella ¿Qué tipo de demonio era ella? Era completamente diferente a todo lo que podía entender de un demonio, una aberración… no, las aberraciones no existían, solo errores genéticos, productos destinados a fracasar por su constitución; mas esa muchacha, logró postrarlo en aquella cama en corto tiempo, solo con conocimientos hereditarios, no desarrollados por ella, la consecución de hechizos fue diversa, incluso aleatoria, no había patrón alguno en los distintos flujos realizados por ella, hechizos de levitación, maldiciones, transformación, transportación.

Usar hechizos de forma ineficiente como aquella era prueba de su desesperación, pero incluso sin recurrir a una medición de su energía, ni a una estrategia en el uso de sus hechizos, le había derrotado o al menos vencido en una batalla. Los movimientos posibles de su cuerpo eran cada vez mayores, lentamente su cerebro tomaba el control del que sería su nuevo cuerpo; era exactamente igual, pero era uno nuevo, el anterior yacía en los alpes de aquella montaña, muerto.

Quienquiera que fuese, le demostró en menos de una hora una forma distinta a la que estaba acostumbrado de realizar magia. Sus facciones, su rostro, el olor que emanaba de su cuerpo, los pulsos de su corazón, la cantidad de información que su cerebro procesaba, el movimiento particular del flujo, la diferencia de este, las variaciones tan imprevisibles, su voz. Todo estaba grabado de forma profunda en su particular psique, en su cabeza no existía forma alguna de comprender aquello, de momento no podía hacerlo.

**** [SSE]

El mero hecho de poder observar a Rarity encaprichándose por un poco de mortadela en su ropa era algo que nadie más que Sunset Shimmer podía dar un valor tan alto.

- ¡Applejack! Esta ropa la diseñé yo.

- Lo siento Rarity, pero el frisbi venía a toda prisa, no vi para atrás en ningún momento. – Se disculpaba la vaquera tratando de evitar el contacto directo con la modista, bien sabía que no debía mirar el daño ocasionado, porque generalmente eran miniaturas que nadie podía notar, más que ella claro estaba.

- Está bien, no, no fue tu culpa. – Resopló la adolescente que había contado mentalmente hasta diez antes de responderle.

- Oigan, dejen de pelear y coman este delicioso pastel. – Acotó Pinkie Pie mientras mostraba una bandeja sacándola de una cesta de un tamaño minúsculo, ¿Cómo había logrado meter un pastel en una cesta? Era un misterio.

Incluso Twilight estaba acostumbrada al comportamiento dentro del grupo.

- Ahora verán un truco de magia, haré que el pastel aparezca cortado en partes exactas. – Señalaba la adolescente de pelo alocado mientras colocaba sobre el postre de aspecto sublime un pañuelo de seda.

- ¡Pinkie es mi pañuelo! – Nuevamente le daban a Rarity donde más le podía llegar a doler.

- Es para una buena causa… ahora lo ven. – Señaló poco antes de cubrir el pastel con la servilleta haciendo una mueca tanto de seriedad como de locura, incluso sus ojos comenzaban a desviarse. – y ahora ¡presto! – Añadió poco antes de quitar el pañuelo.

Desde luego, al levantar la prenda, el pastel estaba completamente intacto, pero al hacerlo con tanta fuerza para impresionar a sus amigas, parte de la decoración con nata fue salpicada en el rostro de todas.

- ¡Pinkie! – Gritaron al unísino.

- Upsi… - Las mejillas de la muchacha se tornaban rojas. – Lo siento chicas, juro que me salió bien esta mañana.

Puede que lo que sea que tuvieras que hacer fuera con ese cuchillo. – inquirió Rainbow Dash señalando el utensilio en el piso.

- Claro, sabía que se me olvidaba algo. – Respondió la fémina rosada dándose un golpe de palma en la frente.

Finalmente, con el truco fallido, la repostera tomó el cuchillo, lo limpió con el pañuelo para después partir el postre.

El sabor dulce de la frutilla utilizada en el centro, con la leche condensada, juntamente con una fruta que Sunset no podía reconocer, adicionado a la masa increíblemente fresca fueron un verdadero manjar; si algo podía hacer Pinkie sin intentarlo, era impresionarla con la inmensa habilidad de crear aquellos postres sabrosos; era como si pudiera hacerlo con los ojos cerrados, de igual forma, "su prima" Applejack podía crear postres semejantes, aunque ella era una dogmática en cuanto al uso de la manzana como ingrediente principal de todas sus creaciones.

- Te quedó riquísimo ¿Podrías hacer el pastel para el aniversario de los Wondercolts? – Preguntó Rainbow sin contenerse un poco al respecto.

- Oki doki loki. – Fue la respuesta animada de la fiestera, quien se sintió alagada por el pedido. – aunque un trabajo como ese es muy grande, creo que necesitaré ayuda de la mejor prima del mundo. – Aclaró haciendo una presentación a la vaquera que de inmediato mantuvo una mirada llena de sorpresa.

- Oh, Pinkie, enserio me halagas pero.

- No se diga más, están contratadas. – Aclaró la de cabello multicolor mientras ingería otra bocanada del delicioso pastel.

Los ojos turquesa de la adolescente se paseaban impávidos por todo el parque, el temor, los sentimientos de confusión dentro de ella simplemente se borraban, se escondían; no podía comprender bien el porqué de aquel extraño fenómeno, pero desde el primer segundo que pasó no necesitó de más para continuar con aquella amistad que le daba energía y alimentaba su interior como ninguna otra actividad, pasatiempo o pensamiento, junto a ellas, cualquier cosa valía la pena, el tiempo pasaba demasiado rápido como para poder disfrutarlo tanto como deseaba, pero en la fugacidad de este, realmente era feliz, siendo quien realmente debía ser, haciendo lo que realmente quería hacer. Aquella vida tenía sus deslices así como momentos difíciles, pero por nada del mundo la cambiaría por otra.

El aroma de las flores, el movimiento de otras personas dentro del parque, todo ello conformaba el contexto de una mañana junto a ellas, los gestos de cada una, sus costumbres, sus defectos y virtudes, cada una era tan única que estaba segura jamás podría encontrar a otras amigas como ellas ni deseaba hacerlo.

- Sunset Shimmer, ¿Puedo preguntarte algo? – Cuestionó de repente la muchacha a su lado.

- Claro Twi, dime, ¿Qué necesitas?

- Es sobre lo de la investigación… no se sí… - Sunset de inmediato tomó la mano de su amiga para extenderla, una vez hecho eso tomó el platillo para pasárselo, invitándola de esa forma a comer el postre.

- Cada cosa tiene su tiempo, a mí también me preocupa; pero todo tiene su tiempo ahora creo yo es el de disfrutar el momento. – Fueron las palabras de la muchacha de cabello bicolor poco antes de tomar su pastel y hacer chocar su platillo junto al de su amiga.

- ñomi ñomi Twilight. – agregó poco antes de tomar otro trozo de la delicia.

La futura científica por su parte comprendió las palabras de su amiga, analizando su razonamiento o mejor dicho, su juicio; era una mera frase gastada y abusada de los tiempos actuales, pero cuando ella lo decía, adquiría un significado diferente, ciertamente Sunset Shimmer tenía un cerebro activo, mucho más que el promedio, el hecho de que pudieran mantener conversaciones diversas en distintos campos era ya la prueba de ello; incluso en el laboratorio demostraba tener destrezas que admitía le faltaban. Además estaba la forma única en que la trataba, era considerada, amable, observadora; pero al mismo tiempo firme y lo más destacable era que escuchaba, realmente la escuchaba como pocas personas lo hacían.

- ¿Ñomi Ñomi?

- Solo sígueme el juego Twili, te prometo que no necesitas ser un genio para sentir la magia de la amistad.

De pronto el frisbi de Rainbow Dash fue tomado por la muchacha de cabello bicolor, quien de inmediato le dirigió una mirada de desafío a su amiga.

- Oh Sunset, ¿realmente quieres una revancha después de la última vez?

- Vaya que sí, esta vez no hay nada con lo que pueda tropezar.

Con una sonrisa de oreja a oreja, la mejor deportista de la CHS, ambas se pusieron de pie, la de piel ámbar se quitó las migajas de su ropa, para después encaminarse hacia el centro de aquel espacio en medio de árboles en el que se hallaban.

Rainbow dobló débilmente su cuello inclinándolo un poco, el sonido de sus vértebras fue bastante claro, por su parte, Sunset sacó una liga de un bolsillo en su falda, de inmediato lo utilizó para hacer una coleta de caballo, dejando dos mechones de pelo a cada lado de su rostro y debido a la corta extensión del mechón de su frente, este se quedó en su lugar.

Las reglas del juego eran simples, el frisbi debía ser pasado con la mayor precisión posible en dirección a la contrincante, perdía quien no podía atraparlo en el aire o no lo devolvía de inmediato; también era obligatorio acercarse más con cada lanzamiento.

Al principio, el juego era bastante tranquilo, no se diferenciaba de la mecánica de juego normal, pero conforme se acercaban y los tiros comenzaban a ser cada vez más desviados, el movimientos e incrementaba, Rainbow saltaba para atrapar un lanzamiento impulsado por el viento, Sunset lo atrapaba con dificultad para enviarlo a los pies de su amiga, quien con una maestría digna de ella, corría adelante y cogía el objeto volador para reenviárselo a su amiga, veinte metros se hacían quince, diez, hasta que finalmente a ocho metros de distancia, los tiros eran veloces dejando un tiempo de reacción y planificación menores.

- Vamos Sunset, gana. – Animaba Pinkie, para al segundo después gritar. – Vamos Rainbow Dash, puedes hacerlo.

Entonces el momento decisivo se presentó, una pequeña roca se interceptó en el camino de la muchacha de piel cian, su equilibrio falló, el centro de su masa salió de su eje, inútilmente trató de usar sus brazos agitándolos para recuperar el equilibrio, sus ojos se abrieron de par en par; Sunset saboreaba la victoria antes de tiempo; cuando arrojó el frisbi en dirección a su amiga que ya se hallaba en el piso ambas sabían que la victoria era inevitable.

- Winona no. – Dijo Applejack de pronto.

Sunset se impresionó de que la perra de su amiga vaquera saliera de la nada, saltara con asombroso despliegue de sus habilidades físicas y atrapara el proyectil con su boca. Jadeando de alegría mientras lo ensalivaba, la canina llevó el objeto hasta las manos de su dueña, quien bajó su sombrero para no sentirse azorada por la mirada incrédula de la pelifuego.

- Lo siento Sunset.

- ¡Ja! No pudiste ganarme. – Exclamó de forma veloz la deportista.

- Rainbow, eso fue trampa, te gané y lo sabes.

- Is qui risbali con ina pidra. – Remedó la muchacha poniéndose de pie, en clara referencia a la ocasión en que los papeles se vieron invertidos.

La adolescente se limitó a acercarse donde la deportista y mirarla de forma retadora. No obstante, no tardaron en reírse al respecto.

- Bueno, supongo que deberé hacerte morder el polvo en otra ocasión.

- Ya quisieras Sunset, ya quisieras…

Volviendo al grupo de amigas, la de piel ámbar observó con sus ojos turquesa a la amante de los animales, Fluttershy le sonrió débilmente para mostrarle su apoyo; sin embargo esa expresión era suficiente para casi cualquier ocasión.

- Bueno, chicas, es mejor que vuelva a casa, Big Mac necesitaba mi ayuda con unos cuantos asuntos. – Dijo de pronto la vaquera levantándose con cierta rapidez al ver su reloj.

- Sí, mis padres se enojan mucho si no me encuentro en casa antes de la cena. – Expresó Twilight poco antes de levantarse junto con una mochila cuadrada de cuero que usaba en ocasiones especiales.

- Bueno… eso nos deja a nosotras cinco.

- Amm, lo siento, el refugio de animales necesita que alguien lo mantenga limpio. – aclaró Fluttershy manteniendo su típica timidez en su voz.

- Sí, debo reunirme con alguien dentro de una hora. – Aclaró Rarity, ganándose un ademán de burla de parte de Rainbow.

- ¡Qué no es un chico! – Reaccionó al instante la modista.

- Por tus reacciones, yo diría que sí. – Se limitó a responder Twilight.

- No tendrías que estar dirigiéndote a tu casa.

- Sí, lo siento. – fue la contestación de la fémina purpura antes de salir corriendo del lugar con su típico. – Hasta luego chicas.

- Bueno, si te hace falta, te ayudo con el refugio. – Aclaró Sunset, a quien se le agregó Pinkie Pie con entusiasmo.

- Oh, gracias, estoy seguro de que a Lou le encantará conocerlas. – Dijo sonriendo débilmente la muchacha tímida.


Espero que haya valido la espera haya valido la pena, estoy feliz de volver a escribir, aunque perdí algo de lustre; dejen sus reviews; por cierto, les recuerdo que El Legado conforma parte del primer tomo de fics que serán, creo yo, mi última actividad en el Fandom. Nos leemos pronto…