Siempre me levanto de buen humor después de visitar a Ebbe. No sé por qué, pero es así.
Había algo en la tranquilidad de los claros donde vivían los Landvaettir y en el aire del bosque que siempre conseguía relajarme, por tensa que estuviera. Y eso es lo que había ocurrido.
Un encuentro con Percy, una diosa y un fylgja. Desde luego, ayer había sido un día movidito.
¿Por qué siempre tendría que caerme todo de golpe? Pregunto yo, desde mi ignorancia, al universo en general.
¿Qué me pasaría hoy? ¿Me encontraría con Helhest, el caballo de tres patas de mi prima Hela, que sólo auguraba desgracias? ¿Me devoraría Fenrir, el siniestro lobo que era primo mío por cortesía de mi odiado tío Loki?
Enserio, ser hija de un dios era horrible. Lo pasaría mejor siendo una babosa platanera, mira tú por donde.
Cogí mis bultos temprano y salí con Freki al bosque normal para pegarme la pateada de vuelta. Podría transportarme con Freki directamente a La Casa, pero me gustaban mucho estos bosques como para renunciar al placer que constituía recorrerlos.
Estaba segura de que debería haber nacido Landvaettir, como Ebbe, en vez de semidiosa.
Malditas Nornas.
Como había dicho, me encamine con Freki, que tenía la lengua por fuera como un cachorrillo, hacia La Casa. Levaba puestos unos vaqueros gruesos y unas botas cortas de nieve, además de una abrigada camisa de cuello alto y mi inseparable abrigo hasta las rodillas de piel de lobo. Freki nunca se había mostrado enfadado por este abrigo, así que siempre lo llevaba. Era muy cómodo y calentito.
El bosque estaba tranquilo tras los incidentes de ayer, como si hubiese decidido dejarme descansar.
Ya, claro, y luego me convertiría en la reina de Inglaterra, ¿no?
Unos pájaros pasaron volando demasiado cerca para mi gusto, haciendo que Freki gruñera y se tensase de inmediato. No me extrañé ni saqué las armas: odiaba a los cuervos.
No tenía ni idea de dónde venía esa manía, pero la tenía profundamente arraigada.
Miré hacia arriba, hacia donde estaba posada la pareja de cuervos. La nieve caía muy ligera, pero aun así yo llevaba la capucha del abrigo puesta. Se coge esa costumbre después de salir y provocar unas cuantas ventiscas. Mis amigos también habían cogido esa manía, no se por qué.
Había algo extraño en esos cuervos... no lo lograba identificar, pero no me parecían normales.
En otras cirscunstancias, los habría ignorado, pero la experiencia de ayer volvió a mi memoria y me tensé. No te visitan tantos de golpe por nada.
Me quedé allí, mirando a esos cuervos que estaban tan extraordinariamente quietos, mirandome también fijamente.
No era común que hubiese cuervos tan al norte: las aves solían preferir los climas cálidos, así que, excepto en época de emigración, que se había visto pospuesta por el clima invernal que estaba tomeando este verano, no había multitud de aves por aquí.
¿Y ahora me encuentro dos pájaros de golpe? Raro.
Un cuervo acercó su pico a la cabeza del otro.
-Creo que nos a pillado- su voz era muy aguda, como un graznido.
Su compañero movió el ala que tenía hacia el otro, haciendole perder el equilibrio y caer en picado al suelo. Se levantó a tiempo y volvió a su lado.
-Ahora sí que nos a pillado, idiota- le espetó su compañero-. Bajemos a presentarnos, anda. Es el mínimo respeto que le debemos a una princesa de Asgard.
Arrugué la nariz. Me gustaban más cuando finguían que eran cuervos normales.
Sí, a estas alturas de mi vida ni siquiera me sorprendía cuando dos cuervos comenzaban a hablarme. Cosas que tenía el ser una semidiosa.
Se acercaron hasta posarse en un viejo tronco demasiado cerca para mi gusto. Sus ojillos negros me miraban fijamente.
Freki gruñía, con el pelaje totalmente erizado y una mirada malvada en el rostro.
-O, venga ya- se quejó el primero que había hablado-.¿En serio sigues resentido por eso? Nosotros sólo se lo dijimos, no es culpa nuestra que tuvieses que esconder a Gungir como si fuera un simple palo y no el arma más poderosa de Odín.
Freki siguió gruñendo hasta que le di un ligero capón a modo de advertencia. Se calló y se echó al suelo, aún con todos los pelos erizados y enseñando los dientes, rabioso.
-No voy a defenderle- dije mirando fijamente a aquellos cuervos-, pero no me gustan los chivatos. Y menos aún si esos chivatos me espían. Si no os aso y os doy de comer a Freki, es por respeto a mi abuelo y a todos los años de servicio que le habéis prestado. Y ahora, Hugin y Munin, decidme qué haceis aquí.
-Yo soy Hugin- dijo el segundo cuervo que había hablado-, y aquí presente está mi hermano, Munin. Ya habrás notado que para ser la memoria de los dos, le falta algo de cerebro. Por suerte, yo tengo suficientes neuronas para los dos.
-¡Eh!- Munin le dio un picotazo y se empezaron a pelear.
-Parad ya- dije en tono siniestro-. Id al grano.
-¿Grano?- si a un cuervo se le pudiese caer la baba, a Munin le estaría saliendo un río de la boca en estos momentos.
Su hermano le dio un picotazo en la sien.
-Es una expresión, idiota.
-Ya lo sabía.
-No, no lo sabías.
-Sí.
-No.
-Sí...
-Parad- mi tono hizo que ambos se estremecieran-. Decidme a qué habeis venido o iros con viento fresco antes de que decida que Freki puede cenaros.
Munin se giró hacia Hugin.
-¿Por qué se tiene que parecer tanto al padre?
-Porque es su hija, por mucho que reniegue de él.
Les fulminé con la mirada hasta que temblaron. Eso tenía efecto hasta con capucha.
-Verás, hija de Asgard, antesdeayer... Bueno, oimos una curiosa conversación- fruncí el ceño. No me gustaba como sonaba eso-. La misma de la que te advirtió Skadi. Tranquila, no nos chivaremos. Sólo hacía un favor a la madre de nuestro soberano.
-¿Y eso en qué me concierne?
-En que debes librarte ya del topo que tenéis. Nosotros no sabemos quién es, pues no podríamos entrar aunque quisieramos. Pero tú sí.
-Era fácil saberlo por la expresión que tenías- rió Munin.
Fruncí fuertemente los labios. No sabía si lo hacía mas por molestia o por ansiedad.
-Gracias por la información, ahora decidselo a mi abuelo.
-Ya lo hicimos- pió un alegre Munin-. El fue quien nos dijo que viniesemos.
-Saludos de su parte y de tu abuela- continuó HUgin.
-Y de tu padre también.
Me estremecí mientras ambos desaparecían para llegar a Asgard.
Miré a Freki. Debíamos volver a la Casa ahora mismo, aunque acabase durmiendo una semana.
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Hacía cinco días que mi hermana y Elyn se habían ido y aún tardarían en volver. Debía admitir que estaba algo insoportable.
-Joder, Dave. Tu preocupación por Elyn la entiendo, pero ya con Karee... No estaría tan segura ni en Asgard- me intentó animar Skylar.
-Cierto- dijo Fredric con orgullo-. Ella es la mejor. Sabrá cuidar a los demás.
Así se habían pegado desde que se fueron. Puede que hubiesen salido ya mil veces, pero no podía evitar sentir una opresión el el pecho cada vez que se asomaba la posibilidad de que les hubiera pasado algo. Era insoportable.
Estábamos en el salón, sentados en una de las numerosas mesas jugando al poker con Jonas Kingster, Richard Bouvier, y sus respectivos equipos. Ambos eran capitanes de equipos muy fuertes.
Karee tenía buen ojo para los alidos, debía admitirlo muy a mi pesar.
A mi no se me daba muy bien el poker, así me quedaba mirando como jugaban ellos por si aprendía algún día de estos. Era algo aburrido, pero cuando había una pequeña ventisca fuera, no había otra cosa que hacer.
Lo que nadie se esperaba, era que se formase otra ventica aquí dentro.
Ocurrió derepente, dejándonos a todos con un palmo de narices mirando a la figura envuelta en un abrigo de piel de lobo y a su acompañante.
Se me hizo un nudo en la graganta mientras se quitaba la capucha y miraba a todos con esos ojos azules.
-Karee.
Todos se levantaron de golpe e íbamos a avanzar cuando ella nos hizo un gesto con la mano.
-No hace falta. Dave, Kristof, Fedric y Skylar conmigo- se giró hacia Jons, ignorando la mirada de cachorrito de Richard-. ¿Dónde está Yorick?
-Aquí.
Yorick la miraba con algo que no supe identificar en lo ojos. Kirstof frunció el ceño al ver su reacción y Fedric llevó la mano a la empuñadura de su hacha.
-Debo hablar contigo en la biblioteca. Es urgente.
Fuimos todos hasta la biblioteca como flotando en un nube.
¿Dónde estaba Elyn? ¿Qué había pasado con los otros? ¿Por qué Freki se había puesto a dormir con tanto cansancio cuando llegó que ni siquiera levantó la vista cuando mi hermana lo dejó en el salón con los pequeños?
Cada una de estas preguntas era como un puñal clavándoseme en el alma.
Cuando llegamos a la vieja y polvoirienta biblioteca, Yorick hinchó el pecho como un gallo de pelea. Karee solo lo miró fijamente desde su metro ochenta y cinco. Le sacaba una buena altura.
-He venido precipitadamente porque Hugin y Munin vinieron a advertirme de que había un topo en La Casa. Antesdeayer oyeron una confabula de como nos iban atacar. Debemos librarnos de ellos. YA.
Soltó todo esto de un tirón, sin pararse a respirar. Tenía el pelo algo húmedo, ya fuera por el sudor o algún travieso copo de nieve que se le había colado en la capucha y se había derretido. Sus ojos miraban con fuerza.
-No vamos a echar a nadie- Yorick temblaba-. Tu no mandas aquí, Katherine.
Me sentía completamente desconcertado. Kristof tenía un brazo cogido a Skylar y otro a Fedric para que no se lanzacen contra él. Mi hermana lo miró fijamente, sin sorprenderle su exabrupto.
-Ten en cuenta que pienso a informar de esta situación a las Valkirias. Si no les ha informado ya el Padre de Todos.
Yorick irguió la cabeza, intentando parecer más alto. Fracaso total.
-Ya veremos, Katherine- dijo en un tono que me puso la piel de gallina-. Cuida tu espalda.
Se marchó a paso amplio y pisotón fuerte.
-¿Se puede saber qué demonios ha sido eso?
Karee levantó la cabeza para mirarme a los ojos. Yo y Fedric aún éramos más altos que ella.
-Eso, ha sido la confirmación de mis peores temores. No deberé tardar mucho en poner a funcionar mi plan B.
-¿Y en qué consiste?- inquirí.
Sus ojos se nublaron y bajó la mirada.
-En nada agradeble. Elyn y los otros deberían llegar como máximo pasado mañana por la tarde. Me voy a mi habitación, a ordenarla un poco y darme una ducha.
Se fue sin decir nada más y sin ni siquiera levantar la cabeza.
Mi hermana JAMÁS había ido con la cabeza gacha. Jamás.
-No comprendo nada- informé a los chicos.
-Ni quieres- replicó Sklylar.
Suspiré y fui detrás de Karee.
No me contaría qué era aquello que tramaba, pero eso no indicaba que no la pudiese confortar.
Muchos te querrán por lo que eres, y otros tantos te odiarán por la misma razón.
