No fui a cenar, pues no soportaba tener que mirar a los otros a la cara. Y menos tener que acercarme a ese maldito tozudo de Yorick.

Si se me volvía a acercar a ese maldito cerdo lo más probable sería que le arrancase la cabeza de los hombros sin ni siquiera pensarlo dos veces.

No dormí bien entre el barullo de pesadillas sin orden que me acorraló esa noche. Eso no me había pasado en mucho tiempo, así que, desde luego, no era buena señal. Quizás fuera un mensaje para que no llevara a cabo mi plan B...

No, eso ya era demasiado esperar. Nunca tendría una suerte como esa, me conocía lo suficientemente bien para pensar eso. Probablemente eran Urd y Verdandi, que habían decidido que era hora de torturarme un poco otra vez.

Pero, ¿todo de golpe? ¿Enserio? Deberían encerrarlas de una maldita vez por sádicas.

Cuando me levanté de sopetón sin Freki a mi lado, ya había asumido que iba a ser un día funesto.

Para aullentar mi mal humor, empecé a maldecir a Yorick como solo Astrid podría hacerlo.

-Dan deg, feiging. Sonn aven tispe. Bastard orc og troll(Maldito seas, cobarde. Hijo de put*. Bastrad* de orco y troll).

Paré en cuanto oí las risas en la puerta, que provocaron un gruñido de la aún dormida Astrid.

-Pues sí que estás cabreada, Karee.

Gruñí con furia.

-Cállate, Skylar, o te aseguro que envidiarás la suerte de todos los trolls que han probado mi acero. Te recuerdo que cuando quiero puedo ser muy, muy imaginativa- le recordé en tono oscuro.

El bufó, haciendo un gesto con la mano.

-Ya, claro. No podrías hacerme más daño del que le harías a Daven, por mucho que te empeñes en ocultarlo. Te conozco demasiado bien como para caer en eso, Karee.

Suspiré pesadamente. Había dado en el mil veces maldito calvo.

-Lo que tu digas- le espeté con fingida acritud mientras iba al baño para darme una relajante ducha.

Cuando salí, se le habían unido los demás y estaban sentados en las camas.

-Sabéis que los chicos no pueden entrar en los cuartos de las chicas, ¿verdad?

Skylar bufó otra vez. Estaba a muy poco de cruzarle la cara de un puñetazo.

-¿Para qué crees que formas parte del grupo? Tu eres la que evita los problemas cuando incumplimos las normas.

Le fulminé con la mirada y, gracias a Frigg, Fedric le dio una colleja.

-¿Enserio crees que, tal y como es ella, te librarías de un castigo?- le espetó Kristof.

Daven y Skylar lo pensaron un rato. Los demás nos miramos entre nosotros nos miramos. Solo esos podían ser tan bobos como para no saberlo ya.

-Mierda, es verdad.

Pasé el taco por alto y me encaminé al comedor, donde me encontré con un aún somnoliento Freki. Apenas abrió los ojos cuando me senté a su lado y me puse a acariciarlo.

Mi pobre cachorrillo, aún no se había recuperado del titánico esfuerzo que le conllevó traernos. Iba a darle una ración triple de carne fresca por el esfuerzo.

-Parece una mezcla entre Dave y Skylar- observó Fedric mientras se sentaba a mi lado-. Deberías dejar de explotar al pobre lobo.

-¡Fuera la violencia animal!- abucheó Skylar.

Rodé los ojos y me extrañé por la quietud de las mesas de al lado.

-¿Dónde están los equipos de Richard, Jonas y Cybelle?- me extrañé.

Kristof se pasó la lengua por los labios, en un gesto que sólo hacía cuando estaba muy inquieto. Me tensé.

-¿Qué parte quieres primero, la buena o la mala?- se le adelantó Daven.

-¿No son lo mismo?- repliqué.

Mi hermano se quedó pensativo un momento antes de asentir.

Dioses, amaba a mi hermano, pero es que a veces era demasiado lento hasta para mí, que están acostumbrada a él.

-Yorick los a mandado fuera, pues a oído cosas de semidioses lejos de aquí. Fue Malin el que lo avisó, si no me falla la memoria. Pero dijo que no estaba seguro del todo.

Apoyé los codos sobre la mesa y junté las manos, donde posé la barbilla.

-¿Me estás diciendo que Yorick a mandado a unos de nuestros mejores equipos a una tarea de novatos? ¿Y encima sin confirmar?

-Sip- afirmó Fedric.

-Quiere alejarte de tus aliados- dijo Kristof.

Dave frunció el ceño.

-¿Por qué? Sólo es una pelea. Esto se solucionará rápido.

Bendita ignorancia. A veces envidiaba a mi hermano mayor. ¿Cómo se podía vivir tan despreocupado de todo?

Negué con la cabeza hacia Kristof.

-De todas formas, sólo a cometido una enorme estupidez. Los otros se habrán dado cuenta de ello a la legua. Y, además, yo soy la que suele dirigir a los grupos grandes, así que soy buena conocida más o menos de todos los líderes de grupos. Aunque sean de los pequeños, saben escucharme. Yorick hace años que no ejerce su mando de manera firme.

Kristof, Fedric y Skylar se vieron obligados a asentir ante mi razonamiento. Dave solo frunció el ceño, confuso, antes de centrarse otra vez en su comida.

Bendito Dave.

Comí hasta que no pude más. Necesitaría las energías para afrontar este pésimo día.

Antes de que me fuera con los chicos al gimnasio, Yorick se subió a la mesa, llamando la atención de é a las Valkirias, y Olrún me hizo un gesto de querer hablar conigo más tarde. Asentí de forma casi mecánica.

-Hermanos y hermanas- empezo con su tono siempre dramático-. Los gigantes de hielo han atacado un pueblo a dos kilómetros al sur de aquí. No hay supervivientes.

Se armó un jaleo enorme, solo aumentado por el llanto de uno de los niños que debían de haberse quedado huerfanos. Yorick intentó si éxito llamar al silencio.

Me miró con furia y luego señaló al dormido Freki, que descansaba junto al vago de su hermano, Geri. Hice un gesto de impotencia con los hombros, sin lograr del todo ocultar una sonrisa.

Dijera lo que dijera, no le hacían el más mínimo caso. Al final, me apiadé de él y silbé tan fuerte que Geri y Freki llegaron al techo de un salto.

Todos se callaron y me miraron. Yorick se aclaró la garganta ntes de continuar.

-Enviaremos a cinco equipos a eliminarlos. Los acompañarán todos los no reconocidos de los que disponemos.

Me cogí a la mesa, pudiendo apenas ocultar el pánico que me invadía. Iba a enviar a nuestros topos justo a donde querían. No me esforzé en guardar mi pánico aún más cuando dijo que un grupo de niños de siete años iría con los mayores.

Los enviaba a una masacre.

Yorick me sonrió con prepotencia desde lo alto.

Tenía tantas ganas de...

-Karee, tienes el pelo encrespado.

Apenas escuché a Dave y me forcé a tranquilizarme. Por suerte, nadie excepto ellos me había visto. Menos mal que siempre íbamos al fondo del comedor.

Se fueron todos para comenzar su día, llorar a sus muertos y prepararse para partir. Más de uno lo hizo todo a la vez. Yorick salió el primero con una sonrisa triunfante

Hice un gesto a los chicos para que se fueran sin mi y fui con Freki hasta las Valkirias.

-¿Sois conscientes de que está participando conscientemenste en una masacre o preferís olvidarlo?

Sváva me lanzó un bofeton pero lo esquivé habilmente.

-No hables con esa falta de irreverencia, Karee- me advirtió Hilda-. Yorick todavía es tu superior.

La miré a los ojos, para encontarme una sonrisa de predador.

Todavía.

Sabían lo que planeaban, pero, ¿no me iban a detener?

-Niña- Brynhildr hablaba con un tono suave y cariñoso, como siempre-, haz lo que tengas que hacer.

La miré sorprendida. ¿Ella estaba incentivando un acto violento? ¿La pacífica Brynhildr? ¿Y de este calibre?

El mundo estaba loco.

Asentí con una pequeña inclinación y me fui lo más rápido que pude, con Freki a mis talones y un nudo en la boca del estómago.

Fui corriendo a la salida con Freki. Llegué tarde: se habían ido. El nudo en la graganta se hizo más fuerte.

Quizás lograba llegar a tiempo para detenerlos y retar a Yorick...

Las risas de las Nornas me avisaron de que ya no podría alcanzarlos.

Sonríe siempre, tus amigos lo merecen y a tus enemigos le molesta.