DON'T GO HOME WITHOUT ME

XLI.


El hogar está donde el corazón duele.


Esa es la primera noche en que Kagura se queda a su lado luego de tener sexo y Okita no sabe qué hacer cuando despierta con la espalda desnuda de ella frente a sus ojos, así que no hace nada más aparte de deslizarse afuera de las mantas y ordenar algo para desayunar. Entra a la ducha y posterga el tema de Kagura con un incómodo aleteo en la boca del estómago.

Sale de la ducha y algo dentro de él espera que ella no esté más allí, que desaparezca como siempre y entonces pueda seguir con su rutina normal para no sumar una preocupación más a su día. Pero en lugar de eso se la encuentra con un plato de ramen humeante frente a ella y los ojos llenos de estrellas brillantes cada vez se lleva los fideos a la boca y los saborea como si fueran el manjar definitivo.

El cuadro de ella comiéndose su pedido de ramen con nada más encima que su camisa le deja sin habla durante medio segundo. Okita está seguro de que se le han muerto miles de neuronas en esa ínfima cantidad de tiempo porque no hay nada hermoso ni deslumbrante en los mofletes llenos de comida de Kagura como para que el estómago le haya dado una voltereta de júbilo.

—Hey, cerda; no ordené eso para ti —espeta ásperamente.

—No seas egoísta, es obvio que no ibas a comerte cuatro platos tú solo, sip.

—Por supuesto que iba a hacerlo.

Ella niega con la cabeza vehementemente.

—Mientes —dice muy segura de sí misma.