Los ojos de Sunset Shimmer mantenían a Wane confundido, más que todo cuando lo observaba directamente, sin embargo, comprendía la prontitud de la desaparición del molesto sentimiento, solo faltaban unos pocos días más y dejaba de lado su preocupación por analizar dicho sentimiento.

- Necesito que me digas si alguna vez oíste hablar de una tal Sun Shine. – El joven mantenía una expresión seria, haciendo del ambiente cargado de suspenso.

- No, ¿Por qué lo preguntas? – Sunset mantenía su interés en el tema ¿Quién podría ser esa persona?

- ¿Facilitaste tu foto de 15 a 17 años a alguien en el pasado?

- No, no me gustan las fotos. – Aclaró la veinteañera fuera de toda comprensión de las palabras de su amigo, quien mantenía en alto aquel nombre extraño.

- ¿Nunca estudiaste en Canterlot High?

- Te dije que no… ¿Por qué me haces estas preguntas? – Cuestionó la de ojos turquesas más ansiosa a causa del comportamiento extraño del hombre que ahora se situaba cada vez más cerca y con una expresión exasperada.

Wane mantuvo el silencio por mucho tiempo, estaban en el departamento de Sunset, en un sillón de color verde claro, el alfombrado gris de terciopelo en sobre el cual se encontraban sus pies era un verdadero problema.

Aún tenía en la cabeza una idea que podría resolver sus problemas respecto a la falta de concentración y las molestas interrupciones en sus pensamientos, la imagen de Sunset Shimmer era de por sí un problema después de hallar a su objetivo. Ahora también tenía cierta reticencia al momento de pensar en la demonio, pues al momento de recordar su imagen en el periódico, era casi inevitable que recordara a Sunset Shimmer, sus palabras "tengo una cita con alguien más", de inmediato trataba de indagar quién era ese "alguien más"…

Era lamentable, pero necesitaba eliminar a Sunset Shimmer, si no podía utilizar su magia para cambiar la configuración de su cerebro, entonces debía quitar el objeto de su deseo, emoción o lo que fuera de en medio, así podría pensar claramente, así podría enfocar sus esfuerzos en eliminar a la demonio, tomar su núcleo y después empezar con la retoma de Pachapaqariy, los conocimientos de su creador estaban almacenados allí, pero primero debía asegurarse de tener todo el poder posible.

Bien… ya no era tiempo para pensar más, Sunset estaba terriblemente cansada, según ella había tenido una noche bastante agitada, un baile y se la había pasado hasta altas horas de la madrugada junto a su cita; debido a ello estaba a punto de dormitar aproximadamente cada cinco minutos, el momento era ahora.

- Es que vi a una de esas identidades falsas de My Stable con tu foto en su portada… nada grave…

Sunset ni siquiera tuvo una reacción fuerte, solamente se recostó en el sillón, realmente estaba cansada. Wane dio un pequeño paseo a una ventana ubicada detrás del sillón, de inmediato puso sus manos sobre los hombros de la veinteañera, la confianza de esta era tal que dejó que lo hiciera, manteniéndose expectante a la razón de ello.

- Es la primera vez que te veo tan cansada, déjame darte un pequeño masaje.

Desde luego, la medición exacta de presión, fuerza y de contacto en lugares clave era preciso para relajar los músculos de la veinteañera. Sus hombros comenzaban a relajarse, podía sentir su circulación bajando, incluso su respiración se hacía más aletargada.

Era simple, solo debía sujetar su cuello con ambas manos con la fuerza suficiente, evitar que gritara y esconder el cuerpo en algún lugar cercano; si tenía claro el tiempo necesario para encontrar al culpable de un crimen, excedía al tiempo en el cual su núcleo, cuerpo y energía se vieran recuperados.

- Wane, enserio eres un buen sujeto, pero te agradecería que dejaras de hacer esto. – Inquirió de pronto la veinteañera cambiando su tono de voz y de la misma forma su cuerpo se tensó.

De inmediato el joven de ojos turquesa pudo percatarse del cambio drástico, sin dejar de sujetar el cuello de Sunset comenzó a registrar de forma rápida su cuerpo, el simple tacto y ya pudo percatarse de la cantidad de moretones que tenía, varios capilares estaban dañados, los músculos de su brazo derecho estaban exhaustos, sus muslos tenían varias marcas de arañazos, no muy a lo lejos, en su dormitorio estaba el vestido a medio romper, con la tela corrida. Finalmente su pulso volvía a incrementarse, la cantidad de adrenalina en su sangre se incrementaba, sus pupilas se dilataban. Pero poco antes de hacer cualquier cosa, tenía un pequeño corte en su pelvis.

Algo se apoderó de Wane, un sentimiento que por mucho venció todo control que mantenía; Sunset todavía no podía observar el rostro de Wane, por fortuna para este, pues sus ojos eran ya una bruma absolutamente obscura, como si sus ojos hubieran desaparecido por completo. Aquel sentimiento en particular lo guiaba en un impulso irracional, deseaba eliminar al responsable, hallarlo, de un momento a otro, soltó el cuello de Sunset para pasar observar hacia la ventana.

- ¿Quién te hizo eso? – Cuestionó de pronto sin poder fingir la furia que pronto comenzó a apoderarse de él.

- Un idiota al que dejé, no sé por qué; pero siempre me tocan los peores hombres de este mundo.

- La pregunta es tonta pero ¿Estás bien? – Indagó el hombre manteniendo su rostro lleno de preocupación al respeto, afortunadamente Sunset todavía no podía observar su rostro directamente.

- Bueno, si te refieres al dolor del cuerpo, pues no, pero me siento mejor por haber terminado con ese imbécil, me esforcé para que las cosas salieran bien… pero no puedes cambiar a los idiotas.

Wane finalmente pudo contra aquel sentimiento, pensando en que no era su problema, en que quizás no había cabida en su mundo para preocuparse por problemas tan mundanos como una simple discusión llevada al extremo con su ex. Pero aun así…

- Quién es… - inquirió el de piel grisácea.

- Nadie importante Wane, no pienses que no puedo cuidarme sola o que necesito a un tipo defendiéndome, no soy alguien débil ni una doncella de Disney. – Aclaró de forma seria la veinteañera, recuperando su carácter normal.

Aquellas palabras eran suficientes, pero tuvieron un efecto diferente al que Sunset esperaba, de pronto Sunset se hizo realmente atractiva para Wane, ella estaba furiosa, no deseaba que alguien la protegiera, ni lo necesitaba, pero era esa independencia la cual la hacía superior a muchas personas en aquel mundo, era ese pensamiento el cual el lado completamente racional de Wane podía apreciar, pues ignorando los efectos químicos de su cerebro inconsciente, aquellas palabras demostraban una cualidad que solamente los mejores podían tener, al menos en el caso de los demonios.

- Nunca lo pensé; siempre fuiste alguien dura como para pensarlo. – Respondió de forma hábil el joven poco antes de volver a poner sus manos en los hombros de la pelifuego.

- Sin embargo, con lo que necesitas ayuda es con quitarte los moretones; conozco algunos remedios caseros muy útiles. – Expresó de forma relajada el de cabello negro, invitando con sus manos a su amiga a recostarse y quitarse la chaqueta de cuero.

- Estás loco si piensas que voy a dejarme auscultar por alguien que no es médico.

- Confía en mí, te prometo que no pensaré mal ni haré nada que no sea ayudarte a reducir el dolor o borrar esas feas marcas.

Las palabras de Wane eran extremadamente convincentes, hasta ese día Sunset no podía evitar sentir cierta impresión por la confianza que le despertaba, era difícil creer que eran amigos cuando todo el mundo, incluso quienes no conocían pensaba que eran algo distinto. Mientras pensaba en aquello, comenzaba a quitarse la chaqueta para mostrar la parte superior de su pijama rosa, desde luego esta era holgada.

- ¿Por qué haces esto? ¿Acaso no decías que nadie era realmente generoso a causa de no buscar realmente suprimir el dolor de otros sino el de uno mismo al verlos?

- Bueno, si nos ponemos en ese plan, digamos que todavía deseo verte en bikini. – Afirmó en sentido de burla él dejándose llevar por la situación.

- Incluso en momentos como estos no dejas de ser un pervertido y fastidioso. – Aclaró Sunset mientras trataba de relajarse al comenzar a sentir las palmas de Wane rozar por su abdomen.

Desde luego, el de ojos turquesa sabía bien dónde hallar todas las marcas y malos recuerdos en el cuerpo de Sunset, de inmediato tomó un vaso de cristal de la mesa, así como un poco de requesón.

- ¿Qué vas a hacer con todo eso? – Cuestionó la de cabello bicolor observando de reojo la concentración con la cual él se metía a la tarea.

En realidad pensaba distraer la atención de la paciente, no conocía forma alguna de curar sus heridas ni de desaparecer los moretones de su cuerpo sin utilizar magia, el vaso, el requesón y un encendedor eran meras tapaderas del proceso real de restauración.

- Confía en mí; pronto estarás igual de suculenta que antes.

- Enserio Wane, te estás propasando. – Advirtió la veinteañera con algo de desconfianza.

- Sabes que no sé cuándo parar. Ahora…

Prendiendo el encendedor y colocando el vaso sobre la pelvis de Sunset Shimmer pudo lograr engañarla o al menos eso pensó.

- Vi ese truco en una película de Karate, no me digas que…

Pronto la de ojos turquesa sintió un calor en su herida; Wane por su parte concentraba una mínima cantidad de energía en la palma de su mano para que al entrar en contacto con la piel de ella, pudiera reponer su herida y recuperar el tono natural de su piel.

Todo el tiempo que Wane pasó auscultando con sus manos calientes el cuerpo de Sunset, esta no pudo evitar notar el cuidado con el que realizaba la empresa, realmente no tenía más intención que ayudarla, aunque poca era su creencia en que realmente estuviera logrando algo. Aquel calor leve en un punto seguramente era por el vaso y el calor del fuego del encendedor. Finalmente él dejaba de recorrer su cuerpo para levantarse e invitarla a hacer lo mismo.

Sin embargo, Sunset se levantó levemente su camisa para dormir, sin poder hallar la cicatriz ni la cortada, de inmediato abrió la boca con impresión.

- ¿Cómo lo hiciste? – Preguntó impresionada la de ojos turquesa.

- Te dije que confiaras, es un secreto gubernamental, tendría que matarte si te lo dijera. – Dijo entre dientes y con una imitación barata de alguna película de acción.

- Si claro señor secretillos. Gracias de todas formas… - Espetó algo resignada la de cabello bicolor. – Bueno, hoy es domingo así que no hay tanto trabajo, si quieres puedes presentarte mañana. – Aclaró una vez más regresando al mundo de su negocio para ganarse la vida.

Claro, claro, quiero trabajar desde hoy, me siento revivido.

- Apuesto que sí. – Respondió algo inquieta la pelifuego.

Cuando Wane se levantó para dirigirse a la salida, fue interrumpido por la voz de su amiga, quien con cierta autoridad, pero al mismo tiempo, cierto cariño se dirigió hacia este.

- Prométeme que esta vez no te irás, eras uno de los mejores guardias de seguridad que tuve.

- Solo si me prometes que no volverás con un idiota y me invitas a comer esta noche.

- Trato hecho. – Cerró la veinteañera poco antes de que Wane abriese la puerta principal para salir de su departamento. Esta por su parte se limitó a tenderse en el sillón; estaba exhausta, pero por alguna razón: contenta.

/ SSE

El rostro de Sunset Shimmer era acariciado de forma suave por el viento proveniente del sur. Su cabello se agitaba dulcemente a su son, sus ojos sin embargo miraban de forma centrada el atardecer; era noche de películas en casa de Applejack solo que todavía la noche no llegaba y todas fueron a pedir permiso a sus respectivas casas y ella… bueno, de pronto no pudo ir junto con Applejack, de pronto no podía dejar de pensar en el peligro que sus amigas corrían, incluso en lo ingenua que era tratando de ignorar el problema en lugar de enfrentarlo. La cuestión era que no sabía exactamente cómo hacerlo.

Era claro que él, estaría dispuesto a cualquier cosa con tal de quitarle su núcleo, incluso si ello implicara dañar a inocentes, a sus amigas… ahora podía ver claramente la seriedad del asunto, mejor dicho, ahora ya no ignoraba más la realidad.

Allí, parada en la azotea de Canterlot High sus pensamientos cobraban vida, de pronto todo adquiría un sentido nuevo. Quienquiera que fuera, donde fuese que estuviera, seguramente aguardaba el momento oportuno para atacar si es que no estaba tramando un plan ya. Cierta emoción la invadía por completo. Sabía bien que él estaba todavía en proceso de recuperación, pero necesitaba intentarlo.

De un momento a otro, voluntariamente comenzó a liberar energía en su entorno, esta no originaba ni cambio ni fenómeno alguno todavía. Estaba preparada para su llegada, anteriormente había vencido; ahora necesitaba volver a hacerlo, pero de forma definitiva. Solo así podría liberarse de la amenaza.

Sus ojos comenzaron a obscurecerse hasta perderse, necesitaba tener una visión amplia de su entorno; de un momento a otro, aquella extraña percepción regresó, mostrándole hasta a las partículas más insignificantes a su alrededor. Tenía pensados una diversidad de hechizos a utilizar en el caso de que él llegara.

Pero antes de todo eso, estaba segura de que podía hablar con él de que al menos podría tratar de convencerlo a cambiar de opinión respecto a la razón por la cual deseaba robarle el núcleo; si su intento no funcionaba, no tendría otra más que acabarlo. Le había vencido una vez, así que estaba segura de su capacidad.

Sin embargo, él no osaba aparecerse, por mucho que pusiera un cebo tan claro, la energía liberada era excesiva, era como un faro invitándolo a aparecerse, sin embargo este ni se atrevía a asomar su rostro en toda el área.

- Vamos, esto es lo que deseabas. – Susurraba entre dientes, esperando que oyese sus palabras

De un momento a otro, Sunset decidió usar la energía que iba liberando; en un santiamén el hechizo de transportación la llevó hasta una cordillera, en la cima de una montaña rocosa observaba la lluvia bajar de forma torrencial, no muy a lo lejos las cumbres de otras montañas rebosantes de vegetación y vida comenzaban a iluminarse por los rayos de la tormenta en medio de la noche más obscura.

Sin embargo él ni siquiera daba señales de aparecer; era evidente que no estaba en estado para librar una batalla en contra de ella. Con cierto ímpetu de llamar la atención de su ansiado antagonista, Sunset tomó control de la energía a su alrededor para convertirla en flujo, finalmente toda aquella energía comenzaba a convertirse en magia. Sin previo aviso, las rocas comenzaron a flotar, los anímeles aledaños eran capturados por rayos de energía, casi instantáneamente estos comenzaban a acudir al encuentro de Sunset Shimmer, subiendo riscos, volando, reptando. En el aire comenzaban a formarse pequeños puntos relucientes de distintos colores, cuando estos bajaban a tierra, se fundían con rocas, vegetación e incluso animales; después estos elementos eran trasformados lentamente, las rocas se unían lentamente, unas líneas comenzaban a iluminarse por toda la superficie; a su vez, todo el conjunto de rocas adquiría una forma desconocida por la adolescente, tres brazos, dos cabezas arriba y tres abajo conformaban parte de una criatura que se alzaba juntamente con toda la vegetación que se encontraba a su paso. En poco más de un minuto nacía una criatura de veinte metros de altura, arrastrándose hacia donde ella se hallaba. La energía que lograba mantener con vida semejante criatura era mínima.

Observando todos aquellos hechizos, de pronto Sunset comenzó a entender aquel nivel del cual habló Supay e incluso Ocllo, aquella magia era terriblemente atrayente; ser capaz de generar una forma de vida, con inteligencia, con voluntad… alterar todo lo que estaba a su alrededor, cambiarlo como ella quisiera y al nivel que ella deseara y mucho más, comprenderlo todo hasta su última relación física. No era solamente magia, aquello era poder real.

Los insectos comenzaban a multiplicarse en tamaño para alzarse fuertes e innumerables, los mamíferos comenzaban a transformar sus cuerpos desde cero en criaturas más imponentes; los reptiles se agigantaban, desarrollando cierta capacidad para la magia, desde luego, Sunset les proveía de energía. Pronto las montañas también comenzaron a cambiar, la vegetación comenzaba cambiar de color en ciertas secciones, las hojas verdes variaban hacia un color rojo, negro y morado, las flores caían para resurgir como esferas llenas de hebras de aspecto débil.

Un fragmento de cristal verde comenzaba a formarse en el centro exacto entre cuatro montañas, flotando de forma independiente en el aire; su función era la de ser una fuente de almacenamiento de energía para todo el lugar Sunset depositaba allí una parte de la que producía.

Aquel era el poder que hacía especiales a los demonios, la capacidad de poder crear lo que se les viniese en gana, seres vivos imposibles, inexplicables, ilógicos eran creados, alterados, mutados y todos programados para reconocerla como su ama. Ama… sí, eso era lo que era, su ama, su creadora, su diosa… Si deseaba podía crearlos, reproducirlos, adaptarlos; pensaba mientras los observaba a la espera de sus deseos. Pero pronto tomó a una de las criaturas para hacerla levitar; una rata con los ojos rojos. Y si lo deseaba, también podía eliminarlos; eran criaturas inferiores…

De un momento a otro, Sunset cerró los ojos para después caer a la tierra… su respiración comenzó a acelerarse, un miedo tremendo comenzó a recorrerla por completo, sin poder contener su respiración elevada ni un escalofrío que le recorría todo el cuerpo. Sus manos comenzaron a temblarle, era difícil tragar saliva, sus músculos estaban tensos y muy a pesar de ello, comenzó a llorar.

Acurrucada entre las rocas y piedras mojadas, sintiendo los impactos de cada gota de agua en su cuerpo, fluyendo por su rostro y empapando su cabello; aquella Sunset Shimmer no era ella. Había cambiado ¿No es así?

- ¿Sunset Shimmer estar preocupada por poder? – La voz ahora ronca del insecto cambia formas sorprendió una vez más a la adolescente.

- Nunca pedí ser esto… un demonio, tener poder o estar metida hasta el fondo en este círculo vicioso. No deseo ser nada de esto. – de pronto la adolescente se levantó sobre sus rodillas sintiendo las piedras puntiagudas lastimándole sus pulmones se llenaron de aire para mostrar su rostro lleno de agua fluyendo por este y las lágrimas. ¡No puedes obligarme a hacer esto! – Gritó deseando con todas sus fuerzas que tanto Supay como el otro demonio pudieran escucharla.

Al mismo tiempo, Ocllo se hallaba intrigado en absoluto por Sunset Shimmer, su preocupación, el motivo y la profundidad de aquellos sentimientos le eran completamente extraños, desconocidos e incomprendidos… no tenía la idea más mínima del estado de ella; pero de todas formas se quedó a su lado para observar mejor. ¿Era aquella la demonio encargada de depurar a la especie de su amo de su mayor mal?

Sin premeditación, Sunset se recostó en las rocas, sintiendo que estas comenzaban a servirle de lecho. La lluvia era en cierta medida cálida, sus ropas empapadas, así como todo su cuerpo la llenaban pronto de una sensación de calidez; el agua se evaporaba ni bien hacia contacto con sus ojos. Allá arriba, la luz de los rayos iluminaban las nubes grises, extrañamente no pudo evitar sentirse acogida por aquel ambiente surrealista, con el cristal enorme flotando, las criaturas creadas y toda su "obra".

Sabía a dónde llevaba el camino opuesto a la sed de poder que había tenido antes; sabía bien lo que significaba tener aquel particular talento con la magia… al menos en Equestria; una princesa era elegida por tener potencial elevado en magia, tenía una educación especial a cargo de otra princesa… le enseñaban qué estaba bien y qué estaba mal; más allá de magia, les enseñaban a ser princesas sin decirles nada al respecto. Entonces pensó en una posibilidad algo loca: ¿Qué hubiera pasado si se hubiera entregado a todas las lecciones de Celestia, si no se le hubiera opuesto en tantas de sus enseñanzas? ¿Qué hubiera pasado si su pensamiento hubiese sido diferente al principio?

Seguiría siendo una cosa que no era ni poni, ni demonio, una hibridación, con la única diferencia de que jamás lo hubiera sospechado. Aquella era la maldición impuesta por Supay, a quién jamás reconocería como un padre, porque nadie puede ser tan cruel sin ganarse su odio más profundo. Odiaba con todas sus fuerzas ser aquella cosa, mucho más porque pronto revelaba algo de ella que pensaba era el pasado.

En realidad deseaba el poder, subrepticiamente siempre había estado en contacto con este, desde que Twilight le mostró aquel nuevo camino por el cual cruzaba hasta los juegos de la amistad y ahora más que nunca tenía conciencia de que en realidad ella era la poseedora de uno de los poderes más grandes, eso la convertía en una poni, humana, hibridación o lo que fuera con una capacidad superior al del resto. Solo imaginar la extensión de aquel poder hacia que sus labios temblaran, era en absoluto seductor, existían cosas que aún no había visto ni conocido, cosas que siempre había querido tener, entender y profundamente: poseer.

De pronto recibió un recuerdo en su mete, equiparable en su efecto con un golpe en su mejilla. Despertó nuevamente de aquellos pensamientos turbios y en extremo perturbadores; sus amigas: Rainbow Dash, Fluttershy, Twilight, Rarity, Pinkie Pie, Applejack, nuevamente Twilight. Ellas eran su mundo, ahora más que nada le daban una pauta poderosa. En toda su ambición, lo que más temía era la soledad, esta era tan desgarradora, tan dolorosa… a duras penas podía pensar vivir su vida sin ellas y eran la razón principal por la cual estaba allí, produciendo un faro lo suficientemente fuerte como para llamar la atención de él.

"somos independientes de una sociedad, de una cultura o una moral; nuestros límites son casi nulos" – La voz de su padre hacía eco en su cabeza. Aquella era en parte la respuesta de su principal interrogante.

Aquel poder llevaba más de una responsabilidad, afrontaba una, pero quedaba otra importante, una que en realidad era atemorizante para ella. La responsabilidad de una princesa. Tenía el poder mágico superior incluso al de una princesa, tenía sus capacidades en conocimientos y magia, también comprendía la denominada "magia de la amistad" si así lo deseara podría ser una alicornio. Pero allí estaba el problema, no deseaba ser una princesa ni una alicornio. En realidad ansiaba con todas sus fuerzas continuar su vida junto a sus amigas, con aquellos momentos divertidos, con las risas, con los exámenes, con las pijamada, sintiendo su cariño, su comprensión, sus palabras.

La pesadilla en la cual Celestia trataba de eliminarla entonces escondía aquel temor; no deseaba la responsabilidad completa de dicho poder, no deseaba ser una princesa, ni siquiera una heroína; al hacerlo solamente se preocupaba por el bienestar de sus amigas y por borrar sus errores del pasado; en ese preciso momento pudo percatarse de un hecho tan perturbador que un escalofrió le recorrió la espalda hasta llegarle a la nuca.

En realidad lo que hacía era por ella nada más… pensaba en ella, si trataba de ganarse la confianza del resto era por no sentir la crueldad desgarradora de la soledad, porque tenía un temor todavía mayor a quedar sola nuevamente. Si se preocupaba por cualquier problema que implicara magia era para mantener su confianza, para asegurarse de que nada se interpusiera entre ella y sus amigas… en última instancia, para que la aceptaran.

La desesperación comenzaba a invadirla, recostándose de lado, sintiendo las gotas de agua ya atravesando su ropa, tomó un montón de rocas con su mano para tratar de apaciguarse, aunque nada podía quitarle de encima aquellos pensamientos tan turbios y tan destructores. ¿Cuánto había cambiado realmente? Seguía temiendo a la soledad, seguía teniendo una debilidad ante el poder de la magia, sin restricciones, sin responsabilidades más que las impuestas por ella misma.

Pero allí llegó un fuerte argumento que salió de lo más profundo de sus recuerdos y emociones: amaba a sus amigas, realmente las amaba. No podía especificar mucho sobre el sentimiento, sin embargo, el amor que les tenía superaba a su deseo de poder y no se sujetaba solo a su temor a la soledad. En todo el corto tiempo de su vida en el cual se hallaba teniendo amigas, compartiendo, riendo. Pudo comprender mejor aquel lazo que la unía a ellas de forma inquebrantable. No solo les estaba agradecida, no solo sentía una deuda por probablemente perdonarle la vida; sino que también lograba sentir su dolor, sus alegrías, sus tristezas, cada tarde, pijamada, comida junto con ellas era especial porque podía sentir a alguien más en el mundo, porque el contacto que tenían era especial, porque ellas, sin ser perfectas, ni famosas, ni poderosa eran el espacio y el tiempo en el cual podía ver a alguien más fuera de ella.

Eran las personas por las cuales podría darlo todo porque sabía que ellas harían lo mismo por ella. Escapaban de su voluntad pero en absoluto le era indiferente, sino que llegaban para atosigarla, avergonzarla, entretenerla, sacarle sonrisas, hablar, pensar, sentir, pasear; pero también ella amaba hacerlas sentir bien, verlas felices, pasar el tiempo con ellas era un regalo que no deseaba perder jamás. Aquello, aquello era amor…

Una sonrisa se esbozaba en el rostro de la adolescente, era evidente que él no volvería, pero había sacado mucho más de aquella batalla consigo misma que con aquel demonio aterrador.

/

Wane estaba extremadamente fascinado con el lugar, las puertas estaban cerradas, los pasillo limpios, no había señales de vida humana en aquella institución, todo estaba en completo silencio; a la vista de cualquiera un colegio en domingo no tenía nada llamativo, ni siquiera una señal de importancia. Pero mientras paseaba por los confines de toda la infraestructura y sus alrededores no paraba de descubrir un rastro de energía utilizada, pequeños residuos impregnados en plantas, insectos; en el concreto, vidrio… su percepción de la magia no podía alcanzar confines tan lejanos sin mostrar su ubicación a la demonio. Pero ahora podía percibir todo lo ocurrido allí.

Tal como esperaba, el lugar que coincidía con la imagen del periódico tenía las claras huellas de energía utilizada en grandes cantidades en hechizos distintos, el área trasera estaba llena de rastros en extremo; pero la más enigmática era la presente en el área frontal de la escuela, allí, no muy lejos de donde se formó el cráter, estaba el rastro de energía positiva y no cualquier energía positiva… esta provenía de un elemento de la armonía. ¿Qué había pasado allí? ¿Quién podría llevar un elemento de la armonía a otra dimensión? Definitivamente la magia realizada allí no se limitaba a meros hechizos aleatorios o forzados por el instinto de supervivencia de ella.

Aquel lugar era el escenario de una batalla con magia, un enfrentamiento entre energía positiva y negativa, si algo era arriesgado para un demonio era entrar en relacionamiento con un elemento de la armonía y aun peor enfrentarse a su poder… Entonces una interrogante enorme era generada a partir de aquella observación. ¿Quién ganó en aquella pugna? A simple vista podría decir que ella, pero era poco creíble, a diferencia de un demonio, la magia de los elementos podía llegar a ser infinita, simplemente no se podía vencer contra ellos en un enfrentamiento directo; la única forma de hacerlo era ir en contra de sus portadores. Pero eso suponía eliminarlos; mutilar sus capacidades racionales, emocionales, perceptivas y demás; aunque esas eran las pocas posibilidades que podía prever de momento, era muy probable que existan otras estrategias.

Asombrado por el descubrimiento, Wane no pudo evitar notar una gran cantidad de energía cerca del anfiteatro cercano al colegio; tenía una fuerte intuición de que la respuesta esperada se hallaba en aquel lugar; sin esperar más, caminó con tranquilidad hasta la puerta principal, desde luego, esta estaba cerrada, nada que una ganzúa combinada con su percepción no pudiera resolver. Una vez ingresó dentro, sus ojos completamente obscuros, salvo por dos círculos de color turquesa apreciaron en su magnitud los residuos de un enfrentamiento diferente, uno en el cual estaban dispuestas tanto energía negativa como positiva, pero ambas se enfrentaban a una tercera magia, desde luego, esta era energía positiva pero en organismos distintos a un demonio.

Mientras caminaba por el pasillo descubierto, hacia el escenario, pudo percatarse de la presencia de energía negativa en altas dosis en un monte cercano, que aún dentro del anfiteatro era visible. Sin dudar más, el demonio corrió hacia esa dirección. Al llegar todo comenzó a tener cierto sentido, obviamente no bastaba para resolver todas sus preguntas, pero daban pautas extremadamente clarificadoras. La energía residual allí presente era negativa en mucha mayor medida que la energía negativa. Pero no se quedaba allí, también tenían rastros de organismos diferentes tanto a los primeros como a la demonio. No podía descifrar exactamente qué organismos eran, solo tenía cierta cantidad de datos genéticos alterados con magia y alguno que otro dato de ciertas partículas presentes en la ropa de los humanos.

No… aquellos organismos debían ser humanos, era poco probable que existiese otra especie lo suficientemente racional como para manipular magia, aun con cambios en su constitución en ese mundo y aquella demonio no parecía tener un repertorio de hechizos capaces de generar formas de vida; manipuló a ciertos individuos para efectuar un ataque… contra quiénes tenía una importancia menor, lo esencial era que ella había ayudado a otra especie a vencer con magia a otra especie… energía positiva y negativa en un mismo lugar… era difícil de descifrar.

Finalmente, el demonio comenzó a caminar en dirección a la salida; la cantidad de datos que poseía era relativamente menor, pero muy significativo, aquellas bases confirmaban hasta cierto punto sus primeras conjeturas. Ella conformaba o era parte de cierta sociedad dentro de aquel colegio, tenía una relación directa con ciertos humanos o ciertas humanas. Por sus palabras, obviamente se preocupaba por ellas y si sus sentimientos no variaban de los que él tenía hacia Sunset Shimmer además claro de creer ciegamente en ellos, era bastante probable que estaría dispuesta a hacer cualquier cosa por ellas… cualquier cosa.

Pero todavía quedaba un último detalle importante por atender. Con una satisfacción por el plan en curso dentro de su mente, el demonio con aspecto de hombre se dirigió al frente de la escuela; era necesario realizar los preparativos para llevar a cabo una empresa de tal magnitud, con sus riesgos y sus recompensas.

De momento ignoraba cómo, cuándo y quién hubiese creado el portal hacia su mundo natal, pero era en suma uno de los descubrimientos más grandes, una fortuna inmensa; en el momento justo. Era cuestión de cargarlo con un poco de energía para activarlo, no era lo suficientemente grande ni complejo como para ser perceptible por su objetivo. Así que allí estaba, del otro lado, la oportunidad para resolver más de un problema previo antes de enfrentarla y robarle su núcleo.

Con una sonrisa de satisfacción por el hallazgo, el hombre todavía con ojos aterradores tocó la estatua de piedra, cuando esta comenzó a ceder, pudo constatarse de la funcionalidad del mismo, mientras ingresaba dentro de este no podía dejar de pensar en la prontitud de la satisfacción de sus deseos más profundos. El poder real estaba cerca y lo adquiriría.


Apuesto a que muchos están con la cara de WTF, pues mientras más analizo a Sunset Shimmer, más pienso que esta perspectiva le pone énfasis a aquello que casi nadie desea, puede que eso explique la poca popularidad del mismo; sin embargo, no por ello he de dejarlo atrás. Bueno, a modo de adelantamiento de un adelanto (Sí, suena raro) informo que pronto iniciará la producción de mi próximo fic: El reinado de Cadance, solo por si les pica la curiosidad, incluirá a los changelings. Bueno, nos leemos pronto.