Estábamos todos juntos en el salón, celebrando la llegada de los amigos de mi hermana mientras tomabamos chocolate caliente y unos dulces. Todos reíamos por las idioteces conjuntas que decían Holger y Skylar. Esos juntos eran demasiado para todos nosotros.
Luego estaba Astrid, soltando palabrotas con sus hermanos por los malditos monstruos que se habían encontrado por el camino mientras Maija parecía querer estar en cualquier otra parte que no fuese esta y Linnae reprimía la risa con una máscara de severidad.
Sven y Lennart estaban riendo mientras Aaren trataba de calmar a la pequeña pelirroja, sin éxito alguno. Le hubiese sido más fácil ponerle un sombrero a una leona salvaje, sobretodo si Holger no la estuviera pinchando.
-¡Ven aquí, sønn av en tispe(hijo de put*)- rugió Astrid, haciendo que Maija se pusiera casi tan roja como su pelo.
-¡Acércate si te atreves, pelirroja! ¡Ven aquí si tienes huevos!
-¡Te mato!
Aaren no pudo retener a la pelirroja por más tiempo y ella se desembarazó de él, tirándose encima de Holger para asfixiarlo, tirándolo al suelo.
Acabaron los dos revolcándose por el suelo; Holger riéndose y Astrid gritando amenazas mientras intentaba asfixiarlo.
Elyn apoyó la cabeza en mi pecho ante todo ese espectáculo y me miró con esos brillantes ojos verdes, el pelo enmarcandole la cara en una perfecta aureola dorada.
-No pararan, ¿verdad?- me preguntó con la sombra de una sonrisa bailando en sus labios.
Reí entre dientes y la besé en la frente.
-A menos que bajen los dioses, dudo que se pueda disuadir a Astrid de que no lo mate.
Rió entre dientes, pero se puso seria de repente, tensándose.
Seguí su vista hasta mi hermana, que acababa de entrar por la puerta con una de las caras más sombrías que le había visto nunca. Fue a zancadas hacia Holger y Astrid y los separó cogiendolos a cada uno por su camisa y poniéndolos de pie de golpe.
Todos quedamos sorprendidos por su actitud, pero sobretodo por su expresión sombría. Una vez había dejado a sus amigos separados, se giró hacia unos de los pequeños que se habían quedado tiesos ante su llegada.
-Id a por las Valkirias y todos los demás. Daos prisa. Ya.
Los niños corrieron sin dudarlo a cumplir sus órdenes, no sabría decir si porque la adoraban o por el rerror que les transmitía su rostro.
-¿Qué ha pasado?- inquirió Kristof, alarmado y acercándose a ella.
Ella le miró con expresión funesta.
-Los gigantes han capturado al imbécil de Yorick. Y a todos nuestros hermanos y hermanas con él.
Nadie pudo pasar por alto la distinción que hizo, desentendiéndose de cualquier parentesco que pudiera tener con Yorick.
Cuando llegaron las Valkirias, les informó de la aparición de Hugin y Munin, y la zona donde habían sido capturados.
-Barbie- dijo Astrid a modo de advertencia cuando se acercó a nosotros mientras llegaban el resto de personas.
Ella bufó y negó con la cabeza. Parecía Cansada como no la había visto en mucho tiempo.
-No, Astrid, no iremos nosotros. Hemos tenido demasiadas misiones en muy poco tiempo- suspiró con una expresión cansada que le sumaba muchos más años de los que tenía-. Y encima el imbécil de Yorick tuvo que mandar los mejores equipos fuera por su testarudez.
Me miró, cansada y deprimida.
-Karee- llamó Fedric-. Hace tiempo que nosotros no vamos a ninguna misión. Estamos más que frescos.
Ella se estremeció. Bajó la mirada, rehuyendo nuestros ojos.
-Lo sé- susurró-. Esperaba que no me lo recordases.
Kristof se golpeó el pecho con el puño.
-Déjanos a nosotros. Sabes que lo haremos bien, Karee.
Cerró los ojos y se frotó el puente de la nariz. Finalmente abrió los ojos y suspiró.
-Irán con otros diez grupos, pues son quince gigantes. Considero que siendo cuarenta contra quince deberían ir seguros. Los menores tendrán catorce años. Escojan los equipos ustedes. Y no lleven a nadie con menos de tres años de experiencia. Es una orden.
Kristof y Fedric asintieron y empezamos a escoger los grupos rápidamente.
En menos de una hora, estábamos en la puerta, despidiendonos de todos.
Elyn se acercó a desearme suerte y darme un beso en la boca. Me sonrojé como un tomate, y estoy seguro de que se me quedó una cara de bobo increíble. Mi hermana no me ayudó a disimularlo.
-Deja de sonreír como un imbécil, Dave. No te hace ningún bien.
No pude evitar resoplar. Ella siempre era tan seria.
-Sí, mi sargento. ¿Algo más?
Me sonrió fugazmente antes de volver a ponerse seria.
-Dave, ten mucho, mucho cuidado, ¿vale? Esto no es un juego, es una de las misiones más serias que has tenido.
Le di un beso en la sien, para tranquilizarla, pues aunque no permitía que su rostro o su voz lo demostrara, estaba histérica. O quizás era porque aún no sabía los resultados de un partido de hockey.
De las dos, me parecería más entrañable la primera, pero prefería con mucho la segunda.
Algo que pusiera histérica a Karee…
Reprimí un escalofrío mientras salíamos a ayudar a los otros.
Lo último que vi antes de salir, fueron el rostro preocupado de Elyn y el solemne de mi hermana. Ellas dos, tan distintas pero ambas tan esenciales para mí.
No sé qué haría si una de las dos me llegaba a faltar algún dí me volvería loco de la pena.
Cruzamos el lago en unos de los barcos grandes que teníamos en el puerto y arribamos a la costa. Nos internamos rápidamente en el bosque y aunque no fuesen las cuatro de la tarde, parecía medianoche.
Íbamos demasiado confiados, por eso nos cogieron por sorpresa.
De repente, una red cayó sobre nosotros, haciéndonos caer de boca al suelo. No pudimos ni desenvainar nuestras armas.
Vi como Fedric trataba de llegar al cuchillo de su cinto y un pie se puso encima suyo.
Un gigante de hielo de dos metros y medio me dio una semidesdentada sonrisa.
-Creo que hemos hecho una buena pesca, ¿no les parece chicos?- dijo bruscamente en una de las lenguas nórdicas.
Unas graves risas concordaron con él y yo gemí mentalmente, sabiendo que Karee me iba a desollar vivo por dejarnos atrapar con tanta facilidad.
Gracias por darme la mano cuando solo veía puñales.
