DON'T GO HOME WITHOUT ME

XLIII.


El hogar está donde el corazón duele.


Todas esas mañanas juntos se desvanecen en cuestión de segundos, como arena entre los dedos. Sougo se pregunta por qué ha sido lo suficientemente estúpido como para acostumbrarse a ella, a su cara modorra por las mañanas y a sus quejidos a la hora del desayuno.

Sabía que no debía hacerlo, pero lo hizo.

Por eso, cuando ella se va otra vez al espacio, como siempre y sin avisar siquiea, Okita se da cuenta de que poco a poco Kagura lo está dejando más vacío de cualquier otra cosa que no sea ella, más molesto, más irritable, más sentimental, más ansioso y más perdido. Es tanto y tan poco que apena y puede soportarlo, pero sigue atado a ella. Sigue atado a ella mas no sabe cuando todo va a terminar.

(Okita se siente a punto de explotar).