No hay pretexto para mi tardanza, bueno sí, la inspiración a esta historia no venía, y cada que venía ésta era destruía por otras ideas COFCOFJUEGODELADRONESCOFCOF.

En fin, las advertencias ya están incluidas desde antaño, y cómo estoy un poco apurada son las mismas que se han establecido en capítulos anteriores.


Ángel de media noche

By KellenHakuen

Capítulo dos

Defectuoso


Desde sus principios, Ichimatsu sabía que estos sentimientos lo asfixiaban, lo atrapaban en una penumbra retorcida y lo obligaban hundirse junto a un circo de anormalidad, con los días encanándose hacia él, como sentencias definitivas, el mismo Matsuno se envolvía en una manta de deformidad, una manta que no podía ser el escudo de los leoninos gestos hacia él. Ataques inevitables que lo lacerarían si algún día le declarará su amor a su hermano.

Por eso, ahora se torturaba su autoestima con sus podridos pensamientos de inmoralidad. El mismo se ponía los limites, pero el mismo trataba de pasar encima de ellos.

—Brother!

Ese estrepitoso ingles le equilibró un par de ominosos escalofríos en la espalda, Ichimatsu no necesitaba tener un conocimiento de quién fue el maldito inquilino que se atrevía a indagar en su ahora pútrida habitación. Un recinto repleto de soledad, silencio y sentimientos enfermos hacia su hermano.

—¿Qué quieres?

—¿Te molesta que me quedé contigo a tomar el té?

El chico de virtudes felinas no respondió, sólo se metió más a su mesa, como un gato que huye atormentado de un día de lluvia, sus dedos se ceñían alrededor de su taza y prefirió morir en ese absurdo momento de felicidad.

Karamatsu quería pasar tiempo con él, lo prefería a él que a sus hermanos.

—Los demás se fueron y me quedé solo, ¿te molesta pasar tiempo de calidad con tu maravilloso, Brother?

Retiraba todos los buenos comentarios que habían aflorado. Karamatsu, púdrete en el maldito infierno junto a tus estúpidos lentes de sol.

—¡Lo tomaré como un sí!

Karamatsu se deslizó a través de la alfombra, sintiendo el terciopelo que le hacía cosquillas en los calcetines, y efímero terminó a un costado de Ichimatsu. Ambos bípedos consanguíneos terminaban mezclando sus pensamientos con el enmudecido cuarto.

Los minutos pasaban, eran lentos y alargados. Karamatsu no sabía como incoar una conversación entre ellos, no quería hacer refunfuñar a su hermano, Ichimatsu, estaba más concentrado en el desborde de sentimientos que pululan en él.

Al fin, después de un eterno periodo, Ichimatsu masculló monótono:

—Karamatsu, ¿qué pensarías si yo te amará?

—Me sentiría la persona más afortunada del mundo, Ichimatsu.

—No, no entiendes —Ichimatsu mordió sus labios, la piel se estiraba y se magullaba ante el filo de sus dientes, pero no se comparaba con el dolor interno que ahora estrujaba su pecho, esos sentimientos le quemaban, ¿por qué no podían apagarse? —¿Qué pensarías si yo te amará de esa forma?

Karamatsu al fin, acompañó a su hermano con un horrido silencio. Ichimatsu pensó, jamás anheló tanto una respuesta como hoy.

—Sería algo extraño, Brother, ¿por qué la pregunta? —Karamatsu migró de la humeante taza de té hacia el Matsuno de la polera morada. Se sintió extraño, ahí estaba Ichimatsu, tácito, pero terminó arrastrándose con pereza en la mirada hacia él. El Matsuno mayor sucumbió ante su presión, se sentía atrapado —, ¿por qué? —Subrayó otra vez, quizá un poco perturbado de su mirada.

—Por nada.

Ichimatsu advirtió como esas palabras terminaban atravesándole como dagas envenenadas, recorrían su cuerpo y lo destrozaban con el prejuicio que la sociedad les había otorgado desde su nacimiento.

Los hermanos no pueden enamorarse, si Ichimatsu se atrevía a recorrer más allá de esa línea estaría cruzando la buena conducta que regula la sociedad. El carril de lo puro estaba en su derecha, en ese circulaba su hermano, y él, estaba en el otro extremo, perdido, deambulo bajo los comentarios leoninos de gente que no quiere mirarlo

Los entendía, ni el mismo se atrevería a mirarse al espejo, estaba roto, nadie quería repararlo. Él era defectuoso.

Ya lo sabía, ese hecho siempre se esclarecía en su criminal moral, Ichimatsu sabía que estaba defectuoso.

Y defectuoso, destrozado y anormal, no podía evitar amar a Karamatsu con la poca cordura que le quedaba.

—Karamatsu, tengamos una cita.

Notas finales de la autora.

Gracias por leer c: 3